miércoles, 17 de junio de 2020

La piedad sincera

miércoles, 17 de junio de 2020
Miércoles de la décima primera semana del Tiempo Ordinario

Jesús habla de tres cosas santas —el ayuno, la oración y la limosna— que Él mismo practicó y enseñó a practicar a sus discípulos. Lo que puede pervertir esas prácticas no es realizarlas de forma pública sino realizarlas para el público.
Cuando venimos a Misa todos guardamos el ayuno eucarístico. Es algo común a todos y público. No tenemos por qué avergonzarnos de ello y es natural que hablemos de ello. Cuando venimos a Misa participamos en la oración pública de la Iglesia y no nos escondemos. Cuando venimos a Misa damos nuestra limosna y tampoco disimulamos o escondemos la limosna. 
Después de Misa cada uno hace su limosna, su ayuno y su oración en privado. Incluso entonces otros pueden notarlo y no pasa nada porque no es algo de lo que haya que avergonzarse. 
«No se enciende una luz para esconderla debajo del celemín sino para ponerla en el candelero y que ilumine toda la casa. Brille así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el Cielo». 
La tentación contra la que nos advierte Jesús es la de convertir el servicio a Dios y al prójimo en un espectáculo para nuestra propia vanagloria. 
Cuando alguien entra en la iglesia y, a solas, hace su oración silenciosa ante el sagrario está cumpliendo perfectamente con  el consejo de Jesús de orar en lo escondido, aunque otros lo vean. Precisamente la iglesia es esa habitación que está especialmente preparada para nuestra oración silenciosa y secreta que solo Dios conoce. Por eso es tan importante que todos en la iglesia guardemos silencio recordando que esta es una casa de oración. 
Santa María, nunca te avergonzaste de Cristo. Lo seguiste discretamente, sin darte importancia en sus momentos de gloria y con una piedad admirable en el momento de su humillación en la Cruz. ¡Gracias, Madre, por tu ejemplo de verdadera piedad!


2020 June 17th, Wednesday
Wednesday of the eleventh week in Ordinary Time

Jesus speaks of three holy things — fasting, prayer, and almsgiving — that He practiced and taught His disciples to practice. What can pervert these practices is not to perform them publicly but to perform them for the public.
When we come to Mass we all observe the Eucharistic fast. It is common to all and public. We do not have to be ashamed of it and it is natural that we talk about it. When we come to Mass we participate in the public prayer of the Church and we do not hide. When we come to Mass we give our alms and we do not hide them.
After Mass each one offers his alms, his fast and his prayer in private. Even then others may notice it and nothing happens because it is not something to be ashamed of.
“Nobody lights a lamp and puts it under a bowl. Instead they put it on its stand, and it gives light to everyone in the house. Let your light shine before others, that they may see your good deeds and glorify your Father in heaven.”
The temptation against which Jesus warns us is to turn service to God and neighbour into a spectacle for our own vainglory.
When someone enters the church and, in loneliness, does his silent prayer before the tabernacle, he is perfectly fulfilling Jesus' advice to pray in secret, even if others see him. The church is precisely that place specially prepared for our silent and secret prayer that only God knows. This is why it is so important that everyone in the church keep silent remembering that this is a house of prayer.
Holy Mary, you were never ashamed of Christ. You followed Him discreetly in His moments of glory and with admirable piety at the moment of His humiliation on the Cross. Thank you, Mother, for your example of true piety!

4 comentarios:

  1. Sí don Javier, el Silencio es fundamental en la iglesia. No es una manía ni una costumbre ni una moda es esencial a la existencia en una iglesia, como la liturgia a la Santa Misa.Abrazos fraternos.

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  2. Si a la Iglesia vas a hablar, habla solo con los Santos y procura recordar los himnos, salmos y cantos.

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  3. Y tanto, Padre Javier, tiene toda la razón. Como conversa (de hace muchos años) siempre he preferido las iglesias en las que se cultiva el silencio, la iluminación suficiente pero tirando a poca, ya que todo ese ambiente y sobre todo la Presencia Eucarística del Señor es fuente de vida sobrenatural para el hombre.
    Me alegro hondamente cuando hallo un sacerdote de pies a cabeza, como Ud. Gracias de corazón por entregarse del todo al Maestro, de manos de santa María.
    Me encomiendo a su intercesión sacerdotal y le tengo en mis oraciones diarias también.

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  4. ¡Qué alegría saber que reza por mí! Cuente también con mi oración.

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Es usted muy amable. No lo olvide.