martes, 9 de junio de 2020

San Efrén

martes, 9 de junio de 2020
San Efrén

En la oración colecta hemos pedido el don del Espíritu Santo que movió a San Efrén a servir a Dios con fortaleza y a cantar con gozo para Él. Gozo en la alabanza y fortaleza en el servicio de Dios. 

San Efrén el Sirio vivió en el siglo IV y, según dicen, era muy serio y austero. Las personas un poco frívolas solemos confundir la alegría con la risa y nos cuesta entender que un hombre serio  austero y, además, sirio y del siglo IV, pueda ser, al mismo tiempo, alegre. Cuando abundan el trigo y el vino estamos de un humor excelente y bromeamos con todo aunque eso que llamamos alegría desaparece ante la menor contrariedad. 

«Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino» dice el salmista. La alegría que pone Dios en el corazón de los santos no tiene nada que ver con la frivolidad y sí, mucho, con la seriedad de su compromiso y de su empeño por servir a Dios y al prójimo. 

En un sermón dedicado a la Virgen María se admiraba san Efrén al considerar que «aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen». Quiera Dios que, al comulgar, recordemos que estamos recibiendo a Aquel a quien adoran los mismos ángeles, y que el ejemplo de humildad de la Virgen nos mueva a alabarlo con gozo y a comprometernos seriamente en su servicio. 

Santa María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.


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2020 June 9th, Tuesday
Saint Ephrem

In the collection prayer we have asked for the gift of the Holy Spirit that moved Saint Ephrem to serve God with fortitude and to sing with joy for Him. Joy in praising and fortitude in the service of God.

Saint Ephrem the Syrian lived in the fourth century and, they say, was very serious and austere. Those of us who are a little bit frivolous usually confuse joy with laughter and we find it hard to understand that a serious and austere man, especially if he is a Syrian from the fourth century, can be, at the same time, a joyful person. When wheat and wine abound we are in excellent mood and joke easily, although what we call joy disappears when the slightest trouble comes.

"But you, Lord, have put more joy in my heart than if it abounded in wheat and wine," says the psalmist. The joy that God places in the hearts of the saints has nothing to do with frivolity but with the seriousness of their commitment and their endeavour to serve God and neighbour.

In a sermon dedicated to the Virgin Mary, Saint Ephrem marvels considering that "He whose dwelling is eternal, sits on the knees of a virgin." 

May God grant that when we receive Communion we remember the One whom the same angels adore, and that the example of the Virgin's humility moves us to praise Him with joy and to commit ourselves seriously in His service.


Holy Mary, cause of our joy, pray for us.

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