sábado, 19 de septiembre de 2026

Diario. Viernes, 18 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

viernes, 18 de septiembre de 2026


04:30

Me despierto, me tomo un antiinflamatorio y me acuesto, pero no me duermo. 

Rezo un rosario y nada. 

Cuento ovejas y nada. 

Me siento al borde de la cama y rezo el Office of Readings

Recojo los platos de la cena de anoche. 

Me acuesto y nada. 

Veo a Gregorio Luri en Pisa es lo de menos


07:30

Me levanto definitivamente.


09.00

Cuando llego a la iglesia la encuentro abierta. Están limpiando. Una señora me saluda. Le pregunto su nombre.

—Me llamo Josefa, pero todos me llaman la Rojica o la Roja. Me gusta que me llamen así. Soy la madre de Maria José. 


Me siento para mirar fijamente al sagrario. 


09:50

Llegan Ana María —vicepresidenta de la Hermandad de la Santa Cruz— y Pep, el cronista. 

Nos sentamos en la sacristía y me cuentan muchas cosas. Yo pregunto muchas otras. 

Hacemos un plan de celebraciones y quedamos en visitar a una vecina enferma —La Navajera— que no pudo besar la reliquia de la Cruz el día de la procesión de enfermos. 


Luego vamos a la ermita para llevar la caja de la estauroteca. Me enseñan a desconectar y a conectar la  la alarma y recogemos el palio rojo para devolverlo a la iglesia. 

Volvemos a la iglesia, desmontan el palio y guardamos los varales en el garaje y la tela en un armario de la sacristía de los que vacié y limpié. Muy bien. 

Nos despedimos hacia las once y media. 

Sexta. 

Ángelus.


Atiendo a algunos suplicantes en la sacristía —primero— y luego en el despacho. 


13:00

En el palacio parroquial intento leer pero se me cierran los ojos. 

Me preparo una ensalada con lechuga, tomatitos, aceite de oliva, vinagre de Jerez y sal marina. También me zampo los restos de la cena de anoche y un melocotón. Acto seguido me acuesto y me quedo frito. 


15:00

Me despierto una hora después bastante repuesto. 

Ahora sí, puedo ponerme a leer y a trabajar. 


Quedo con Matthew para ir a Alicante el martes por la noche. 

Quedo con doña Naty para cenar y dormir en su casa el domingo. 

La TGSS —Tesorería General de la Seguridad Social— me informa de que se ha ordenado el primer pago de la pensión de Jubilación en mi cuenta terminada en ****(secreto). Soy, oficialmente, un jubilado. Pido al chat GPT que me haga un plan de viajes con el IMSERSO y, mientras el chat trabaja, celebro la noticia con júbilo y con una cerveza. 

De pronto me acuerdo del insensato del Evangelio: «Tienes bienes acumulados para muchos años. Come, bebe, holgazanea». 

¡Glup!

—¡Parsimonia!—me digo. 

—¿No te estarás haciendo Metodista?—pregunta mi Ángel. 


Confesonario. Un penitente. 

Misa y ensayo de cantos. 


Voy a Casa de Estafanía. No le importa que la llamen Fani, pero se irrita si escriben su nombre abreviado. Tomo nota. 

Las uvas que tiene en el mostrador son bastante tentadoras. Le pregunto que si está maduras y me regala un racimo de esos que vieron en la Tierra Prometida los exploradores que mandó Moisés. Dulcísimas. 

Las elogio y oigo al marido de Estefanía que dice desde el fondo de la tienda: 

—Si le han gustado las uvas, más le gustará el nombre.

—¿Cómo se llaman?—inquiero. 

—¡María!—dice. Y parece una jaculatoria encendida. 

Luego le pide a Estefanía que me enseñe una de las tablas de quesos que hace ella. 

La tabla que me enseña es una obra de arte. Las hace por encargo. ¿Puede prepararme una para mañana? Nada más fácil. 


Vuelvo al palacio parroquial. Me muero de sueño. Me preparo una cena muy ligera y me tomo una pastilla para morir. A las nueve me meto en la cama y ni me da tiempo a apagar la luz

viernes, 18 de septiembre de 2026

Diario. Jueves, 17 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamorix

jueves, 17 de septiembre de 2026


Por la mañana —como de costumbre— voy a La Lloseta. 

Tenemos retiro. Predica don Eduardo. 


Luego vuelvo a La Torre para comer, recojo todo y salgo pronto para Granja de Rocamora porque quiero llegar con tiempo para preparar el entierro de José. 

Era viudo. Asisten al funeral sus dos hijas y su hijo. Como la costumbre en Granja es salir a la puerta de la iglesia para recibir a los dolientes, salgo a la puerta. Mari Carmen, según la costumbre en Granja, va delante de mí llevando el crucifijo de la sacristía. Mientras vamos hacia la puerta recuerdo que mi doña Arquilatría me pidió una foto de ese crucifijo, pero enseguida se me olvida. 

También es costumbre salir a la puerta para despedir a los dolientes pero, antes, anuncio que celebraremos la segunda misa en sufragio por su alma el día 23. 


A las cinco, don Paco y yo teníamos reunión con las catequista. Como el entierro ha empezado a las cinco, don Paco y las catequistas han empezado su reunión sin mí. 

Me uno a ellos cuando termino. Son cinco catequistas. Ya conocía a Ana y a Ester, hija de Mari Carmen. Don Paco me presenta a Sandra, a Beatriz y a… He olvidado el nombre de la quinta. Luego don Paco anuncia que se tiene que ir. Lo invito a cena. Acepta. Me quedo con las catequistas. 

Nos despedimos a eso de las seis y media y yo voy al  despacho para —entre otras cosas— buscar un papel que me ha pedido don Paco. No lo encuentro. En cambio encuentro la copia de mi nombramiento —el original lo perdí en la mudanza— que me ha traído don Paco del obispado. ¡Qué amable!


A las siete y media o así voy a casa de Estefanía a la que todos llaman Fani para hacer unas compras. Fani me presenta a Lola, la hermana de don Venancio.

Con mis compras vuelvo a la casa parroquial. 

Mientras preparo la cena suena el teléfono:

—Dígame—digo. 

—¿Eres Javier Vicens?—oigo. 

—Sí, soy yo—digo. 

—Soy Jose Vivancos—oigo y no doy crédito a lo que oigo. 

—¿Jose Vivancos de toda la vida?—me oigo decir. 

Como él mismo reconoce, solamente nos vemos en funerales y eso. Probablemente nos vimos por última vez en el funeral de Jorge o, quizá, en el de Arantxa. 

Jose está tratando de reunir a toda la pandilla de los que —niños entonces— veraneábamos en Villalba. Llama para convocarme y para pedirme los contactos de Pablo y de Alejandro. 

¡Vaya sorpresa!


Don Paco —ave nocturna— llega a las nueve y media o así. 

Son las once o así cuando nos despedimos. 

Brezo fompletas bedio bormido y… zzz.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Diario. Miércoles, 16 de septiembre de 2026

 La Torre

miércoles, 16 de septiembre de 2026


6:.00 

Suena mi despertador en Granja de Rocamorix. Hay que ofrecer las obras del día y desayunar con antiinflamatorios. Hay que hacer la cama y recoger la cocina y preparar una bolsa para La Torre. Hay que ducharse y asear el aseo. 

7:00  

Listo para rezar el oficio de lectura y laudes. 

Apenas he terminado, llama Mari Carmen: ha muerto un vecino. Le pido que dé mi teléfono a la familia. Poco después me llama la hija del difunto. Quedamos en que me llamará cuando decidan la hora del funeral de mañana y en que, si puedo coger el teléfono, me mandará un mensaje. 

8:15 

Toca mirar fijamente al sagrario y encomendar a Vincent, que tiene el pelo como Cucurella y a José, el primer difunto de Granja de Granja de Rocamorix desde que llegué. 

9:00 

Salgo para la Torre. En cuanto entro en la autopista empieza a sonar el teléfono y no para hasta que llego a mi destino. No pasa nada: calma, parsimonia. 

9:30 

Llego a la Torre. Miles de mensajes de WhatsApp y varias llamadas perdidas: de don Paco, de la hija del difunto, del tanatorio, de don Juan Berchman Mulumeoderwa Nyirabwiza…

Confirmo a la hija del difunto que el funeral será mañana a las cinco de la tarde. Llamo al padre Mulumeoderwa y charlamos largamente. Es de Ruanda y nunca tiene prisa. Me pregunta por mi salud y por mi nueva parroquia, me cuenta un chiste, se ríe muchísimo y le doy la enhorabuena porque lo han hecho hijo adoptivo de Relleu, la parroquia en la que ha servido durante veinticinco años. Entces me habla del motivo de su llamada: necesita alguna información sobre San Miguel de Salinas, claves del rúter y de los bancos, etc. 

Cuando termino de contestar a todos los mensajes de suplicantes, son las doce de la mañana. Rezo el Ángelus y juzgo que ha llegado el momento de dejar el teléfono, de revisar la despensa y de ir a hacer la compra. 



Después de comer salgo a pasear por el palmeral con los misterios glorioso y, acto seguido, me meto en la piscina. 

Al borde de la piscina, me aplico a la lectura de 1077.

Luego voy a la ermita para celebrar la misa sin pueblo. La verdad, no echo de menos al pueblo cuando celebro la misa sin pueblo. 

Luego me siento ante el sagrario y digo cosas que yo me sé y no oigo nada. Bendito sea el Buen y Silencioso Dios. 

Vísperas. 


Pongo una lavadora con el programa corto de catorce minutos y —catorce minutos después— saco la ropa y la tiendo. 


Hago una lista de las personas a las que he conocido estos días y cuyos nombres recuerdo o no recuerdo. 


Dramatis personae

Don Venancio, don X, don Fernando.

Obispo de Venezuela.

Domingo, Mari Carmen, Maica, Domingo, Ester.

Rosi, Laura, Jose Luis, Martín, Rebeca, Rosa, Lourdes. 

Guadalupe y Elena. 

Pepe. Ex alcalde.

Ana, Catequista.

Horacio. 

Jose Manuel (Alcalde)

Jose camisa caribeña cierra a la una.

Estefanía y Antonio (su padre).

Víctor seminarista. 

Pep y Águeda. 

Antonio cooperador.

Ramón Cuenca escultor.

Jose Antonio monaguillo.

Vincent. 

Jose Luis (o José Antonio) de la Hermandad del Sto Cristo y su madre, Rosario. 


Se nota que los días se han acortado. Ordenando mi biblioteca ojeo La luna nueva de Tagore: «Pero mi memoria sigue todavía dulce de aquellos primeros jazmines blancos que tuve en mis manos de niño». 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Diario. Martes, 15 de septiembre de 2026

 Granja de Roc Amour

martes, 15 de septiembre de 2026


Paso la mañana en la iglesia.

Un penitente pide confesión. Primera confesión en Roc Amour. 

Antonio se sienta en la capilla para mirar fijamente a sagrario. 

Horacio aparece, lo saludo, me mira y mesigue por la sacristía sonriendo. Cuandoi se cansa, se va. 

Don Paco va a ver a su madre porque es su cumpleaños. Me encarga que reciba a un obispo venezolano que viene a la parroquia en misión secreta y que le entregue un convoluto. 

El obispo llega a eso de las diez y media. No beso su anillo porque no lleva anillo, pero me inclino en ademán de besar su mano. Parece un cura de pueblo. Lleva un bastón y es bajito y jovial. Sabe que estuve en Venezuela y me interroga para conocer más detalles. Lo invito a sentarnos y charlamos largamente haciendo la lista de los amigos comunes. Resulta que es natural de Isla Margarita. Le cuento que estuve allí atendiendo al Padre Ángel cuando estaba enfermo y que luego su chófer, Guaro, me llevó de excursión a La Restinga donde comimos con los pescadores que me regalaron una aguja de remendar redes hecha de madera del manglar. 

Llevamos un buen rato hablando cuando llega don Paco y se une a la tertulia. Luego, el sobrino sobrino del obispo que está en la plaza con el carro, nos hace una foto secreta y nos despedimos con nobles palabras de amistad. 

Don Paco se va otra vez con su madre porque van a invitarla a comer y yo voy a casa Estefanía para comprar algunos víveres antes de comer. 


Paso también la larde en la iglesia rezando, leyendo y acabando de organizar la sacristía de la que saco seis bolsas de basura. Ya sé lo que hay en cada cajón y en cada armario y me siento allí como en mi casa. 


Misa de siete a las siete. Al terminar, pido a la Congregación que aguarde un momentito ara ensayar un canto. Ensayamos un canto. 

En la puerta de la iglesia saludo —por fin— a Vincent. 

Es un joven que llama la atención porque tiene el pelo como Cucurella. Lo vi por primera vez en la misa del domingo siguiente a mi toma de posesión pero no pude saludarlo porque había mucha gente en la puerta de la iglesia y se escabulló. Al día siguiente fui a comer con don Paco en el restaurante de la gasolinera y allí estaba él, en una mesa, solo. Luego lo he visto otros días en misa.Hoy, por fin, lo he abordado y lo he interrogado. Se llama Vincent, es de Miami y juega al fútbol. Yo pensaba que tendría veinte años o así, pero es posible que no tenga ni dieciocho. Tomo nota: hay que rezar por él. 


Mensaje del padre Paco: «Una santa del lugar nos hace la cena. ¿Vienes?».

Mensaje para el padre Paco: «¿A qué hora?». 

Mensaje del padre Paco: «¿A las 21:15?». 

Mensaje para el padre Paco: «Cuenta conmigo». 


Tengo tiempo para rezar vísperas y escribir el diario de ayer. 

Mi GPS dice que puedo llegar andando a la casa parroquial de Cox en veinte minutos. Mi enfermera de la artritis siempre me recomienda que camine. Pienso que hay algo de providencial en todo esto de mi venida a Roc Amour y, a las ocho y media, voto mis pasos a la Virgen del Carmen y me encamino hacia Cox escuchando a Enric sobre la magnanimidad y sus falsificaciones


Don Paco me recibe en la puerta su palacio parroquial de Cox —construido por don Paco El Viejo— y me conduce por las escalinatas principales hasta la cocina imperial. 

La santa del lugar nos ha preparado un delicioso hervido de judías con una patata tamaño sol y una cebolla tamaño Marte. Está delicioso, pero no lo mencionamos porque nuestros pensamientos están puestos en asuntos pastorales que nos dan bastante risa. Por ejemplo, un ejemplo. Mari Carmen —la santa sacristana de Granja de Roc Amour—ha dicho a don Paco en secreto: «Don Javier está abriendo todos los cajones y lo está cambiando todo». De segundo, la santa del lugar nos ha preparado unas pechugas de pollo que ya quisiera haber catado el rey Baltasar en su famoso —por impío— festín. Don Paco y yo no hablamos der eso porque en el seminario nos dijeron que es de mal gusto hablar de la comida comiendo. 

Mientras nos zampamos el pollo —humildemente— pido al Buen Dios que conceda una larga vida a la santa cocinera del lugar y hablamos de asuntos secretos. 


Creo que son las diez y media o así cuando nos despedimos. Don Paco me dirige nobles palabras de agradecimiento por mi vista a su palacio. Yo no sé si acierto a expresar con las mías el contento que me ha dado su fraternal y amistosa hospitalidad. 


Vuelvo a Granja de Roc Amour caminando en la noche. Vuelvo escuchando esto sobre el origen del hombre


Son las once o así cuando rezo completas. ¡Bendito sea Dios!