sábado, 18 de julio de 2026

Diario. Viernes, 17 de julio de 2026

 San Miguel de Salinas

viernes, 17 de julio de 2026


A las siete llego al hospital y preparo todo para la misa votiva de la santa Cruz, porque es viernes. 

Oficio de lectura y laudes. 

Misa votiva de la santa Cruz. 

Después de recogerlo todo, mando un mensaje a Mauricio: que iré a llevarle la comunión por la tarde. 

Me siento para mirar fijamente al sagrario. 


A las nueve estoy de vuelta en San Miguel. Están haciendo obras en la puerta del garaje y han cortado la calle. Aún así, llego a tiempo para recibir a mi indigno sucesor, el padre ruandés Juan Berchman. 

Nos abrazamos sin llorar ni nada. Le llaman por teléfono y compruebo que no ha cambiado nada y sé que lo llamarán seis o siete veces a lo largo de la mañana. Aprovecho que está hablando por teléfono para pedirle a doña Nati las llaves de la iglesia y de la casa abadía porque las mías las he olvidado en el hospital 

Cuando vuelvo comienza nuestra gira. Primero le muestro la sacristía. Voy a mostrarle el confesonario y el archivo cuando lo llaman por segunda vez. Me siento para rezar los misterios gozosos. Me da tiempo a rezar dos. 

Cuando termina, le presento a Macarena y a su marido. Luego le presento a Gloria y a Rita Sala. Luego le muestro el confesonario y el archivo. 

Entonces llega Joan. Hago las presentaciones. 

Como tengo que sentarme en el confesonario, lo dejo hablando por teléfono. 


Tercia. 


A las once, segunda misa votiva de la santa Cruz. 

Después de misa voy con el Padre Juan  a la casa abadía y a los locales. Le presento a Iván que se ha comprometido a dejar libres lo locales antes del 31 de julio. Cuando le digo que Iván es belga, el padre se pone a hablarle en francés pero Iván se excusa: es flamenco. 

Hacemos una visita a la casa abadía. Al padre todo le parece muy bien. 

En El Paseo le presento a Gustavo, a Manoli y a Jose Miguel. Con Manoli y Jose Miguel nos dirigimos hacia la casa de doña Nati. Allí le presentamos a doña Nati y a Gema. 

Luego nos despedimos. Hay que ir a Torremendo. 

Le doy un paseo por el pueblo para que vea cómo está creciendo —hay unas dos mil viviendas nuevas en construcción— pero él va hablando por teléfono lo que me permite terminar los misterios gozosos. 


La iglesia de Torremendo está cerrada. La casa abadía también. Llamo al archidiácono: nada. A Yoli: nada. A Antonio: que si tiene llave de la iglesia. Que no. Pues nada, nos sentamos bajo el gran eucalipto de la plaza y allí le explico lo que hay que explicar de Torremendo. Todo le parece muy bien. 


De vuelta a San Miguel lo llaman otra vez. El padre Juan suele tener muchas llamadas pero hoy el teléfono arde porque en todos los periódicos de Alicante está saliendo una noticia: «Los vecinos de Relleu reúnen firmas para pedir al obispo que no se lleve al Padre Juan Berchman de la parroquia». El pobre padre Juan está muy avergonzado.


Vamos al Collie porque la emoción ha abierto el apetito al padre Juan. Él pide un bocadillo de jamón con tomate en rodajas. Yo una copa de rioja y unas aceitunas. 


Encontramos en el Collie a Tomás —hijo de doña Nati— y aprovecho para presentar al padre a todos los presentes. 


Cuando nos despedimos son las dos y toca ir a comer a casa de doña Nati con Carmen y Tomás. 


A las tres hay que despedirse para a gloriosa rutina: visita al Santísimo, batalla contra el sueño ganada por la virtud de un rosario recitado mientras doy vueltas por la iglesia a grandes zancadas y oración ante el sagrario repitiendo cien veces «que no me duerma, gracias» hasta que —gozoso— descubro que ha pasado la modorra y recuerdo algo que me dijo san Ambrosio esta maña: «Los dones que tú posees son mucho más excelentes, porque la luz es más que la sombra, la realidad más que la figura, el cuerpo del Creador más que el maná». Ya puedo decir: «Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones..» etc. 


Tengo varias llamadas perdidas. El archidiácono me dice que le están llamando los del tanatorio porque no me encuentran. Pedro Baños, de Torremendo, me ruega que lo llame cuando pueda. 


Llamo a Pedro. Ha muerto su prima. ¿Podemos celebrar el entierro mañana por la tarde? Le informo de que mañana por la tarde tengo misa en Torremendo a las seis y en San Miguel a las ocho. Me dice que hablará con la familia para concretar la hora. 


Llamo al diácono César. ¿Podría él ocuparse del responso de mañana? El diácono César volverá de Granada mañana y procurará llegar a tiempo para el responso. 


Me llama el archidiácono. Que no me preocupe, que él está muy cerca y puede ocuparse del responso. No carezco de nada. 


Voy al hospital, vuelvo del hospital, voy a más y más, vuelvo de más y más, entro en casa de doña Nati para ver el nuevo Pasapalabra con ella, con Carmen y con Tomás y, cuando termina, me despido y voy a la iglesia. 


Está ensayando el coro. Se me acerca una señora. Su hija va a abrir una farmacia en el pueblo: ¿podría yo bendecirla? Nada más fácil. Quedamos en que me mandará un mensajito cuando sepan la fecha. Nos despedimos. 


Termino de cenar y me llama Ana, de la cofradía de la Virgen del Carmen. Planean decir unas palabras mañana en la misa de la Virgen del Carmen. Le advierto de que, si son palabras de homenaje al cura saliente, me pondré muy triste. Insiste e insisto y amenazo con salir huyendo si alguien osa hablar de mí en la iglesia. Lo explico: en la iglesia todo debe apuntar a Cristo. Lo entiende porque es muy buena y muy lista. Bendito sea Dios.

viernes, 17 de julio de 2026

Diario. Jueves, 16 de julio de 2026

 La Torre

jueves, 16 de julio de 2026


Me despierta el habitual jolgorio de los pájaros en el palmeral. 

Mientras preparo el desayuno, dejo el teléfono en el alféizar de la ventana con mi nueva aplicación para identificar a las aves por su canto. 

Cuando voy a consultar la grabación, me pasma lo variado de la congregación que se ha reunido: gorriones, un martín pescador, jilgueros, verderones, tórtolas turcas —las más ruidosas— y papamoscas grises. 


Como no hay tiempo que perder, me concentro en la recitación del oficio de lectura y las laudes. Luego me siento bajo el algarrobo para meditar en silencio procurando no prestar atención a los pájaros que procuran por todos los medios captar mi atención. 


Como no hay tiempo que perder, sigo con la tarea de abrir cajas de la Biblioteca Sacerdotal en busca de nuevos tesoros. Abro tres, las vacío —contienen vajilla— y apilo el contenido en un mesa. 


Como no hay tiempo que perder y la labor me ha hecho sudar, voy a darme una ducha. 


Me siento en el sofá de la abuela Carmen con dos ventiladores: lectura del evangelio de San Marcos. 


Me llama Rosarito: que cuando puede pasar a recoger el dinero —seiscientos dólares— para pagar la reparación de mi carro. Que cuando quiera. 


Me dirijo a la almazara —que es el lugar más fresco— con mi Mac. Allí encuentro a Elena que está teletrabajando. Nos saludamos sin hablar porque está teletrabajando. 


Me siento en una mesa redonda en la que caben diez personas pero que está libre para mí. Enciendo un maravilloso ventilador de techo y me pongo a escribir y a publicar los diarios de los últimos días. 


Salgo de la almazara para llamar a Félix porque no quiero molestar a Elena que está teletrabajando y se ha quemando los dedos de una mano. Hablo con Félix durante un buen rato. 


Me pongo mi uniforme de reuniones y salgo para La Lloseta. 


Cuando vuelvo a La Torre decido explorar un camino nuevo con la esperanza de encontrar algún paisaje ameno. Lo que encuentro es un paisaje desolado: una cementera, un polígono industrial, escombreras, naves abandonadas… Se diría que entrado en Mordor. Me propongo volver por aquí de noche para pasar un poco de miedo. 


Como con Elena y Rafa que han preparado una comida estupenda. Yo aporto una bandeja de chorizo ibérico. 


Después del café nos despedimos. Elena vuelve al teletrabajo y yo voy a entregarme al sueño por un rato. 


A las cuatro bajo al huerto de naranjos para rezar el rosario. Dejo en marcha la aplicación de reconocimiento de aves. Cuando termino los misterios luminosos y consulto la aplicación descubro que las criaturas que acompañaban mi oración con sus cantos eran verderones, papamoscas y gorriones. Se ve que los demás no aguantan el calor —treinta y tres grados— de la tarde. 


Me refugio en la almazara. No hay nadie. Juzgo que el día de la Virgen del Carmen puede ser muy apropiado hacer la oración de la tarde en la ermita de la Virgen del Carmen. Allá que voy y allí me siento con un ventilador para mí solo. 


Terminada la oración hago una incursión a la nevera de La Torre. Encuentro algo de gazpacho y juzgo que ni Elena ni Rafael me reprocharán que me lo zampe. Me lo zampo. 


En la almazara dedico media hora a la lectura y otra media al estudio. Luego, como ya son las seis, lo recojo todo y salgo para San Miguel. 


Al pasar por Elche, el termómetro marca 35ºC. Muy bien. 


Paro en El Realengo para tomar una cocacola. La muchacha que me atiende dice que nos estamos cargando el planeta y asegura que, cuando salió de Elche, el termómetro marcaba 42ºC. Creo que exagera un poco pero da igual porque es muy simpática. 


Llego a San Miguel con el tiempo justo para prepararlo todo y hacer la exposición con el Santísimo.  


20:00

Misa de la Virgen del Carmen. Muy bien.

jueves, 16 de julio de 2026

Diario. Lunes 13, martes 14 y miércoles 15 de julio de 2024

 San Miguel de Salinas

lunes, 13 de julio de 2026


Rutina de lunes con misa en el hospital a las 7:40 y eso. 


Emoción al volver a San Miguel. Tengo que pasar por Correos para recoger un paquete. 

En Correos me dicen que no es un paquete sino una carta de SUMA. ¡Oh! La abro. El amable tesorero del ayuntamiento me insta a pagar una multa con recargo. Al parecer la multa me la pusieron en mayo. 

Toca ir al cajero del Banco de Sabadell para pagar noventa y cinco dólares. Muy bien. 


Misa de once. 


En casa de doña Nati como con Gracia y José María. 


Por la tarde, como de costumbre los lunes, voy a La Mata para llevar la comunión a Ana María. Están sus dos hijas: la que está casada con un escocés y vive en Londres y la que vive en Madrid. 



La Torre

martes, 14 de julio de 2026


Ataque de artritis. 

Se me han hinchado los pies, los codos y las manos. Muy bien. 

Con no poca dificultad voy a la cocina para tomar un antiinflamatorio. 


10:00

Me levanto. 

Con no poca dificultad voy a la iglesia. 


11:00

Misa sin genuflexiones ni nada. 


12:00

Más antiinflamatorios. Me acuesto. 


13:00

Voy a comer a casa de doña Nati. Estoy bastante mejor. 


16:00

Wilder viene a llevarse mi coche para lavarlo. Falta le hace al coche. 

Promete que me lo devolverá a las seis y media. 


18:00

Expediente matrimonial. La novia es polaca y católica. El novio es inglés y anglicano. Muy bien. 


18:30

Wilder me devuelve el coche y me regala una botella maravillosa de Rioja. Salgo para La Torre. Elena y Rafa me han invitado a cenar y a ver el partido. 


18:45

Pongo gasoil en El Realengo: cincuenta dólares. 


19:30

Llego a La Torre a tiempo para darme un chapuzón en la piscina y leer otro capítulo de El jardín eterno, precisamente ese que se intitula Valiente mundo nuevo. 

Luego vemos el partido España-Francia. En el descanso cenamos. Muy bien. 


La Torre

miércoles, 15 de julio de 2026


04:00

Oficio de lectura. 


06:00

Salgo para Torrevieja. 


07:00

Llego al hospital con tiempo para prepararlo todo y rezar laudes. 


07:40

Misa de san Buenaventura. 


08:15

Después de recogerlo todo, voy a llevar la comunión a Mauricio y a Ana. 


08:40

Me siento ante el sagrario para hacer mi oración con san Buenaventura: 


Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos. (Sobre el itinerario de la mente hacia Dios)


9:15

Salgo para San Miguel. Me detengo en una cafetería para tomar un café y un cruasán. Muy bien. 


10:30

Me siento en el confesonario. 

Tercia. 

Lectura de San Marcos. 


11:00

Segunda misa de san Buenaventura. 


12:00

Salgo para La Torre. 

Llego a tiempo para leer otro capítulo de El jardín eterno  y para darme un baño en la piscina antes de comer con Elena —que se ha quemado unos dedos de una mano—y Rafael. 


14:00

Para la comida descorchamos la botella de Rioja que nos han regalado Ana Isabel y Wilder. Muy bien. 


19:45

Salgo con Elena y Rafael para Torrellano. Voy a invitarlos a cenar. 


22:00

Estamos de vuelta en La Torre. Me despido de ellos. 

Veo algo del partido Inglaterra versus Argentina. Cuando me duermo va ganando Inglaterra.