sábado, 22 de enero de 2022

Domingo III del tiempo ordinario (C)

 sábado, 22 de enero de 2022


No estéis tristes, porque el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.


Jesús tenía unos treinta años cuando empezó su vida pública. 

Fue al Jordán para ser bautizado por Juan y el Espíritu Santo descendió sobre Él ungiéndolo con óleo de alegría y de fortaleza. 

Luego, en Caná de Galilea hizo su primer milagro: convirtió en vino seiscientos litros de agua. Era un signo del amor dde Dios que ama a su pueblo, la Iglesia, como un esposo a su esposa, hasta dar la vida pr ella. 

San Lucas nos dice que Jesús, predicando por las aldeas de Galilea llegó a Nazaret, el pueblo donde se había criado. Nazaret está a dieciocho o vente kilómetros de Caná de Galilea, como de aquí a Orihuela. Se puede recorrer esa distancia en poco más de dos horitas andando. 

En Nazaret todos conocían a Jesús como se conocen los vecinos de un pueblo. Conocían a la Virgen María y a san José —el carpintero— y lo habían visto crecer entre ellos. Pero no conocían el misterio que guardaba Jesús.

En realidad todos somos un misterio porque nadie puede saber lo que tenemos en la cabeza o en el corazón si no lo revelamos. Pero Jesús escondía un misterio aún mayor: Él era el Hijo de Dios, había sido concebido por obra del Espíritu Santo Él estaba junto a Dios cuando el mundo fue creado y se había hecho hombre para salvarnos. Esto no lo sabían los vecinos de Nazaret; solo la virgen y san José.

Jesús fue a Nazaret y, en la Sinagoga, empezó a revelar a sus vecinos el misterio que escondía en su corazón. Hasta entonces los vecinos lo habían visto como a uno más del pueblo, el hijo del carpintero. Ahora tendrían que descubrir su misterio y aprender a mirarlo como lo que era en verdad: el Maestro y el Salvador. «Cristiano» quiere decir «discípulo de Cristo», nuestro Maestro y Salvador. 

Para revelar su misterio, Jesús dice que el Espíritu de Dios está sobre Él y que Él ha venido a anunciar la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo.

¿Por qué a los pobres? Porque todos somos pobres delante de Dios aunque, a veces, el orgullo nos haga creer que andamos sobrados. Le preguntaban a un piloto de Fórmula I, famoso, joven, fuerte y guapetón que si rezaba antes de ponerse al volante de su máquina y él, con un poco de desprecio, respondió: «¿Rezar? ¿Para qué? Yo no necesito a Dios para conducir. ¡Pobrecito! No sabía que todos necesitamos a Dios para existir: «en Él vivimos, nos movemos y existimos». Solamente los que se saben pobres delante de Dios se alegran ante el anuncio de salvación que trae Jesús.

La liberación a los oprimidos. Todos necesitamos esa liberación del pecado que trae Jesús. Los hombres no perdemos la libertad cuando nos meten en una jaula o nos atan por fuera. La perdemos cuando el diablo nos ata por dentro con las cadenas del pecado. 

A los afligidos, el consuelo. A todos nos dice Jesús: No estéis tristes, porque el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

La Virgen María, toda llena de Gracia, se presentaba como la esclava del Señor. Fue librada de la esclavitud del pecado desde el primer instante de su Concepción por los méritos de Cristo y ahora la llamamos «consuelo de los afligidos» y «causa de nuestra alegría». 

martes, 11 de enero de 2022

Lo más gracioso de Monseñor Munilla

 Le hablaron de todo lo que decían de él los encargados de informarnos sobre religiones en El País y otros medios muy afectos a la Iglesia Católica. Eran lindezas. Las escuchó con los ojos muy abiertos y exclamó: «Nunca una hormiga levantó tal polvareda». 

Pido para mí ese sentido del humor tan vasco y tan mediterráneo. 

jueves, 6 de enero de 2022

Comentario a «Qué es poesía»


Un mi amigo ha tenido la bondad de comentar la entradita del blog intitulada «Qué es poesía». 

Vale mil veces más el comentario que el texto comentado. 

Primero observa mi amigo que en el verso de Becquer que dice «Mientras la ciencia a descubrir no alcance /las fuentes de la vida…» hay como un eco de Augusto Compte para quien «conforme la ciencia vaya desvelando los misterios del mundo, se irán apagando por sí mismas la religión y la filosofía». 

Luego cita mi amigo a Josef Pieper que, siguiendo a santo Tomás viene a decir: «la religión (no necesariamente la revelada), la filosofía y la poesía son parientes cercanos porque tienen en común su versar sobre lo "mirandum", lo que reclama a gritos ser admirado con pausa y atención. Sólo varían en el modo de expresar esa admiración: la poesía lo hace en términos arracionales (entiéndase "emotivos" o "metafóricos"); la religión con conceptos metarracionales (algunas religiones naturales directamente con irracionalidad); y la filosofía con terminología racional».

Y concluye así: «En la Trinidad Santa sólo hay "asombro" de una Persona por las otras Dos. Nada ad extra de Dios lo asombra. El Génesis afirma que vio Dios que era muy bueno/bello (kalokagatía llamaban los griegos a esa conjunción de bondad y belleza) cuanto había hecho. Pero una cosa es contemplar la belleza y otra muy distinta asombrarse. El Padre sólo es Poeta cuando pronuncia al Verbo; el Hijo cuando contempla al Padre continuamente pronunciándolo; y el Espíritu Santo cuando experimenta el calor del Amor con que Padre e Hijo lo admiran».

Aprovecho para dejar constancia de que los versos que citaba en la entradita «No lo niegues, Señor, eres poeta / tus obran te delatan…» son de Daniel Cotta. Yo añadí de mi cosecha: «Nos hiciste a tu imagen. /Tú nos acostumbraste a la poesía». 

(Sobre la p de «Comte», ver el sagaz comentario del mi amable amigo)

jueves, 30 de diciembre de 2021

¿Qué es poesía?


De las siete acepciones de la RAE quedémonos con dos: la primera y la sexta.


La primera: Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra en prosa o en verso. Entonces la poesía es la acción y el efecto de la palabra que declara o descubre la belleza (quod visum placet). Las acepciones segunda, tercera, cuarta, quinta y séptima abundan en la acción o el efecto de la palabra.


Queda una acepción, la sexta: Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza manifiesta o no por medio del lenguaje. 

Entonces ya no es acción y efecto de la palabra sino cualidad de las cosas y de las palabras


Esta sexta acepción es la que tenía Gustavo Adolfo Becquer en su mente cuando escribió en su Rima IV: podrá no haber poetas pero habra poesía. Dice así. 


No digáis que, agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.


Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!


Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a dó camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!


Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!


Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!

Conclusión:


La poesía es algo divino y humano; alado, leve y sagrado. Primero algo divino porque es la Palabra increada la que pronuncia y crea todas las cosas. Luego algo humano porque es el hombre quien, a tientas, pone nombre a las cosas y, a su modo, las inventa soñando. A la fin y a la postre algo humano y divino porque es Cristo quien revela el Rostro de Dios y el nombre exacto de las cosas. 


No lo niegues, Señor: eres poeta.

Tus obras te delatan. 

Nos hiciste a tu imagen.

Tú nos acostumbraste a la poesía. 

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Peregrino ( y 5)

 El lunes 6 de diciembre, solemnidad de San Nicolás, salimos de Pamplona para Azpeitia. 

San Francisco Javier tuvo en París sus más y sus menos con san Ignacio. Al parecer mi santo patrono miraba con cierto desprecio a aquel a quien luego llamaría «padre Ignacio» que se ganó su amistad y su respeto por el sistema de tratarlo con caridad. 

Los Quince celebramos la Santa Misa en el oratorio de «La conversión». Está en la habitación de la casa solariega donde llegó, malherido, Íñigo de Loyola y donde decidió entregarse a Dios imitando el ejemplo de los santos. En cierto modo entró allí como un preso y la misma prisión fue el lugar donde encontró la libertad. Pensé esto recordando la frase de Quevedo que cita Luis Rosales en su «Teoría de la libertad»: «Mayor y más preciosa parte rescata la prisión que encarcela». En el caso de Íñigo, la prisión, en efecto, fue liberadora puesto que fue el lugar de su encuentro con Dios y consigo mismo. 

«Aun estando en prisión, nadie puede impedirme que renueve o confirme a diario el ser que soy, renovando mi elección absoluta (...). A esta renovación de la libertad damos el nombre de opción apropiadora (...) Dentro de un campo de concentración o siendo Presidente de los Ferrocarriles Unificados Europeos, puede (cualquier europeo de nuestro tiempo) llegar a ser un resentido, un malvado o un santo y tendrá todas las posibilidades necesarias para realizar una u otra elección». 

En la sacristía me llamó la atención una cartela con el nombre del obispo diocesano: José Ignacio Munilla. Me llamó tanto la atención que le saqué una foto para hacer algo parecido en la sacristía de San Miguel. No sabía ni podía saber que, al día siguiente, se anunciaría el nombramiento de don José Ignacio como obispo de Orihuela-Alicante. 

Después de Misa invité a los Catorce a una copa de vino español para celebrar mi sexagésimo primer cumpleaños. Ellos, por su parte, me entregaron quince -15- regalos materiales al tiempo que me daban vivas muestras de afecto. 

Por la tarde nos dirigimos hacia otra prisión de hombres libérrimos. Estaba nevando cuando llegamos a Leyre. Nevaba tanto que dos de los Quince decidieron regresar a Pamplona sin visitar el milenario monasterio benedictino. Los Trece que quedamos -Audaces Fortuna iuvat- vimos y vivimos ese lugar bendecido como pocos -excepto los monjes- lo han visto y vivido. Y valió la alegría.

«Nos convertimos, en cierto modo, en lo que amamos: nos convertimos también, y más humildemente, en lo que vemos. Dice Whitman: Había un niño que salía cada día / y lo primero que miraba, en eso se convertía, / y eso formaba parte de él por aquel día o parte de aquel día / o por muchos años y sucesivos ciclos de años. 

... 

Me dispongo a contar ahora algo que nunca he contado. Visité por primera vez el castillo de Javier, Loyola y Leyre con mis padres y dos de mis hermanos cuando era yo un mocoso. No fue una peregrinación para mí aunque quizá sí lo fuera para mis padres que, más que el trayecto, anhelaban el fin: visitar en Bilbao a un su hijo -Juan Manuel- sacerdote. Para mí era, simplemente, un viaje maravilloso. Hasta que llegué a Leyre y algo se conmovió en mi corazón. 

Me dispongo ahora a contar otra cosa que nunca he contado. Cuando, años después, el mismo mocoso dijo a sus padres que quería ser sacerdote y que deseaba sellar esa decisión peregrinando a Leyre él solo y en bicicleta, sus amables y santos padres no se opusieron a su vocación sacerdotal pero -sabiamente- le aconsejaron sellarla con sensatez: «Busca a un sacerdote santo que te aconseje». Estaba yo, con ellos, menos necesitado que ahora del consejo de un santo. Tenía yo, en ellos, dos amables y santos consejeros. No peregriné a Leyre en bicicleta. Encontré al sacerdote santo y sabio y paciente que necesitaba. 

...

Cuando volvimos a Pamplona tuvimos que secarnos los zapatos antes de bajar al comedor para la cena. La peregrinación había terminado. Al día siguiente, el martes 7 de diciembre, viajé de Pamplona a Madrid con un mi cuñado, con su amable esposa y con una de sus hijas -sobrina mía-. Ya en Madrid tomé el AVE que me trajo a Alicante. En el tren pude releer la «Teoría de la Libertad» de Luis Rosales prologada por don Ricardo Calleja y editada por don Álvaro Pettit en su neonata editorial «Frontera». Entonces reparé en esto:

«Conviene que abreviemos y no nos divirtamos al escribir. A mí me cuesta mucho trabajo sujetar la pluma: me divierto escribiendo. Mas cada día tiene su afán». 

 

 





sábado, 11 de diciembre de 2021

Peregrino (4)

 El 5 de diciembre, segundo domingo de Adviento, salimos de Pamplona para el castillo de Javier. 

...

Javier, el misionero, ilustra maravillosamente la idea que Rosales expresa en su Teoría de la libertad y que también he encontrando en Kandinsky. El pintor, en De lo espiritual en el arte, reivindica la libertad del artista como responsabilidad. La libertad es para el artista una necesidad interior. Él tiene algo que hacer, algo que decir, una misión. Rosales atribuye al cristianismo el descubrimiento de que la vida es responsabilidad nacida de una misión.

«En efecto, después del cristianismo, la vida auténtica implica el descubrimiento de su carácter de misión y la responsabilidad de dedicarla a algo que constituye su sentido. Quien no dedica su vida plenamente a una misión determinada, quien no dedica su vida a algo, no tiene vida propia. Se reduce a vivir. Prefiere no buscarse complicaciones y en el pecado lleva la penitencia. (...) Como les duele la falta de sentido de su vida, no se atreven a creer en la libertad». 

...

 Celebré la misa en la basílica neotodo. A los Quince se unieron otros peregrinos. Fue una celebración lenta, pausada y llena de silencios. Porque Dios guiará a Israel con alegría, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia. Presidiéndolo todo, la imagen de san Francisco Javier a quien Pemán hace decir al despedirse de san Ignacio: 

Perdonadme, padre Ignacio

que no diga lo que siento,

pues vos me habéis enseñado

con la lección y el ejemplo

a ser corto en la expresión

cuando es más largo el afecto.  

Al terminar la Misa los Catorce me afearon la conducta: «Es domingo y no has predicado». Y yo balbuceando: «Ah, bueno, sí, claro, claro».  

viernes, 10 de diciembre de 2021

Peregrino (3)

 Sábado 4 de diciembre de 2021

Considera Rosales en Teoría de la libertad que no podemos conocernos sino eligiéndonos y que  esa elección de sí mismos es un acto de fe que presupone una llamada o vocación. Y añade:

«Es preciso conocer su lenguaje y haber estado en vela, noches y noches, ante la puerta de nuestro corazón, para poder oír. Pero nadie está en vela. Nos fue anunciada esta flaqueza por el Señor y no escuchamos sus palabras: ¿Piensas que cuando venga el Hijo de la Virgen hallará fe en la tierra? (...) Nunca estamos en vela. Nunca estamos inmediatos y disponibles para atender a la llamada de la verdad». 

¿Será esta peregrinación, que hoy comienza, el momento de entrever el camino? 

...

El sábado 4 de diciembre comenzó nuestra peregrinación. 

Éramos quince peregrinos, dos familias. Salíamos en distintos coches y de distintas partes de Madrid. Teníamos que encontrarnos en el santuario de Nuestra Señora de Arántzazu y allí nos encontramos, nos saludamos y nos dispersamos. 

La basílica de Sáez de Oíza tiene un exterior duro, rocoso, con sus torres grises y su almohadillado espinoso. Para entrar en ella, además, al contrario de lo que pasa con tantos templos a los que se accede subiendo una escalinata, hay que descender. Al cruzar las puertas de Chillida, el peregrino encuentra, maravilla, la imagen de la iglesia mística que es infinitamente mayor por dentro que por fuera. La maravilla de una luz que no hiere, sin artificio. 

Recorrí la iglesia despacito. Luego, mientras un mi hermano hacía fotos, me senté en silencio. Me sentía cómodo en aquel lugar, desierto y apacible, presidido por la figura, diminuta, y la presencia maternal de la Señora. 

Antes de dar por terminada nuestra visita, nos reunimos los Quince para cantar la Salve. Las nubes del cielo se removieron y la luz del sol entró por las vidrieras de fray Javier Álvarez de Eulate. 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Peregrino (2)

El AVE llegó a Madrid y yo estaba en la página 95 de la «Teoría de la libertad» donde escribió Rosales: 

«Muchas personas, cuando se dicen así mismas (sic) que no tienen fuerza de voluntad para hacer lo que deben, se sienten plenamente justificadas». 

¿Hacer lo que se debe hacer? ¡Qué escándalo! ¿Quién no ha leído «El crepúsculo del deber» de Lipovetsky? Cerré el libro apresuradamente porque me sentía retratado y porque había llegado a Madrid. Salí de la estación de Atocha y llamé a Cabify. El taxista me echó una bronca telefónica. Era una bronca plenamente justificada porque yo le había dicho que estaba en el Paseo del Prado y él estaba esperándome allí pero yo no estaba allí sino en la Carrera de San Jerónimo. 

No soy un tipo sufrido. Puedo esperar un taxi pero no sufro fácilmente que el taxista me eche una bronca aunque sea un taxista de Cabify. Di al botón de «cancelar viaje» y los de Cabify me advirtieron que tendría que pagar cinco dólares por cancelar el viaje. Los di por bien pagados con tal de no seguir oyendo la bronca del taxista de Cabify pero las palabras de Rosales me tenían pensativo. ¿No habría sido mejor sufrir con paciencia cristiana la bronca telefónica, indicarle al taxista el lugar exacto en el que me encontraba, esperar un poco más, ahorrarme los cinco dólares y ofrecer al chófer un testimonio de mansedumbre y amistad hablándole de Rosales y de su «Teoría de la libertad? No, no me sentía plenamente justificado pero tomé el primer taxi que pasaba por la Carrera de San Jerónimo: «Al Real Monasterio de la Encarnación, por favor. Está en la Plaza de la Encarnación, cabe el Senado». 

Mientras el amable taxista comentaba el tumulto y el tráfago de las calles de Madrid, hojeaba yo las páginas de la «Teoría de la libertad» buscando algo que ya había leído. Lo encontré en la página 52:

«En rigor, la mayoría de nuestros actos son anónimos e impersonales (vida inauténtica). Tan solo aquellos hechos que persisten sucediéndose en nosotros, como el agua de un río sigue siendo distinta pero igual todo a lo largo de sus orillas, puede decirse que nos sirven de fundamento propio».

Pero el amable lector se estará preguntando por el propósito de mi viaje a Madrid el viernes día 3, solemnidad de San Francisco Javier. Creo que ha llegado el momento de revelarlo. Fui a Madrid el viernes 3 con el propósito de comenzar, al día siguiente, una peregrinación. El hecho de que ese mismo día cayera en mis manos la «Teoría de la libertad» de Luis Rosales, prologada por don Rafael Calleja y publicada por don Álvaro Petit en su neonata editorial «Frontera», puede interpretarse como azar. Yo tengo motivos para pensar que fue providencial. El amable lector, si une a su amabilidad la paciencia, quizá pueda encontrarle a este fenómeno otra explicación. ¿Se siente capaz de seguir leyendo la narración de la peregrinación de este peregrino? Con Luis Rosales advierto al amable y paciente lector que no es lo mismo elegir que decidir. Si decide seguir leyendo habrá de acumular fuerzas para llevar su decisión hasta el final. 

martes, 7 de diciembre de 2021

Peregrino (1)

 El viernes, día 3 de diciembre, solemnidad de san Francisco Javier, después de Misa, doña Nati me entregó un convoluto que había recibido en su casa para mí. Lo abrí y hallé un libro de Luis Rosales titulado «Teoría de la libertad», prologado por don Ricardo Calleja y editado por don Álvaro Pettit en su neonata editorial «Frontera». Salí pitando para Alicante porque a las 15:50 tenía que coger el AVE a Madrid. A la hora prevista el AVE y yo salimos para Madrid. Cuando llegamos a Cuenca yo iba por la página 81 donde dice Rosales: 

«Descansar para llorar, dicen allá en mi tierra. En efecto, al llegar a este punto notamos que se desmorona un poco la certidumbre que veníamos buscando. La realización de las posibles libertades no nos da la menor certidumbre de que vivamos desde la libertad». 

La estación de Cuenca lleva el nombre de Zóbel, que es muy querido para mí. 

Si usted, amable lector, arde en deseos de saber qué pasó luego a este peregrino, habrá de tener un poco de paciencia porque, de lo que pasó luego, dará cuenta mañana, si Dios quiere, este peregrino.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Junto a los ríos de Babilonia nos ponemos a cantar en Adviento

miércoles, 24 de noviembre de 2021

El mes de noviembre es el mes de las ánimas pero dentro de tres días empieza el Adviento y ya tenemos en la parroquia el árbol de Navidad de modo que os propongo meditar con las lecturas del primer domingo de Adviento.

La primera está tomada del profeta Jeremías. Antes de leerla vamos a tratar de hacer lo que san Ignacio de Loyola llamaba «composición de lugar» y lo que San Josemaría aconsejaba: «meterse en la escena», que es lo mismo. Vamos a tratar de imaginar que, por cualquier razón, hemos tenido que irnos lejos de casa y que querríamos volver pero no podemos. Echamos de menos nuestra tierra y, cada día, nos acordamos de ella como el hijo pródigo. Los amigos tratan de consolarnos y nos dicen: «Cantadnos una canción de vuestra tierra». Pero no podemos cantar lejos de casa como si estuviéramos en casa y los amigos que nos dicen «¡cantad!» -¡qué amables!- aún nos ponen más tristes. «¿Cómo cantar al Señor en tierra extranjera sin echarse a llorar? Junto a los canales de Babilonia colgamos nuestra cítaras y nos echamos a llorar».

Pues eso es lo que sentían, al parecer, los que oyeron por primera vez al profeta Jeremías. Estaban desterrados en Babilonia y solamente querían una cosa: volver a casa. Pero, cuando volvieron, encontraron la ciudad de Jerusalén en ruinas. Allí no quedaba nada. Ni un recuerdo amable. Nadie salió a darles la bienvenida como al hijo pródigo. Nadie hizo una fiesta para ellos. Si lloraban en el exilio, al volver a casa tuvieron que ponerse a levantar, piedra a piedra, lo que recordaban como un hogar y ahora era solamente una ruina. Y seguían llorando. Y se decían: «¿Tendrán nuestros hijos un hogar? ¿Acabaremos de reconstruir estas ruinas antes de morir?». Lo peor era que, queriendo construir una casa para sus hijos, empezaron a preguntarse si su padre Dios se habría olvidado de ellos. 

Fue entonces cuando habló Jeremías. Vamos a escuchar su palabra en oración:

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. 
En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. 
En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: 
“Señor nuestra justicia".» 

Veamos. No les dice: «¡Ánimo! Estáis reconstruyendo unas hermosas ruinas. Os va a quedar una bonita ciudad». Pero tampoco los desalienta. No les dice: «Para esto, mejor habrías hecho quedándoos en Babilonia». Les hace una promesa que viene a decir: «Reconstruid estas ruinas como podáis, con dolor y con lágrimas, pero con alegría porque os juro (oráculo del Señor quiere decir eso) que vuestro trabajo, vuestras lágrimas y vuestro dolor valen para mí más que todo el oro del mundo y Yo habitaré en esa Ciudad que ya no se llamará Jerusalén sino, simplemente, paz o justicia de Dios. Y allí viviréis tranquilos con vuestros hijos y con vuestros abuelos por los siglos de los siglos». 

¿Qué responderemos nosotros a esta promesa de Dios? Ojalá respondamos con el Salmo: «A ti, Señor, levanto mi alma». Y, ojalá sigamos reconstruyendo con humildad esas ruinas hasta que vuelva el Señor. 

La segunda lectura está tomada del la primera carta de san Pablo a los tesalonicenses. Es una lectura muy cortita pero aún se puede acortar más:

«Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre». 

Lo que nos desea san Pablo no es solo que nos queramos, que estaría muy bien, sino que Dios nos haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos para que, cuando Él vuelva, nosotros hayamos aprendido de la mula y del buey lo que la mula y el buey hicieron, a su modo, gracias a la Virgen María y a san José. Allí estaban, la mula y el buey, adorando sin saberlo, gracias a la Virgen y a san José. ¡Tan contentos!

Llegamos al Evangelio del primer domingo de Adviento. 

Los que hacen películas de terror ponen el acento en estas palabras de Jesús: 

«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas».

Hacen bien en acentuar estas palabras para que nadie, ni siquiera nosotros, los santos, pensemos que el Progreso traerá un final feliz para todos. El Progreso acabará con muchas cosas feas pero, hasta el final, habrá en los hombres perplejidad, angustia, terrores y ansiedades y psiquiatras. 

Dice el amable san Lucas que entonces, cuando, a pesar de todo el Progreso, veamos que no solamente las ruinas que hemos tratado de  reconstruir con tanto esfuerzo sino el mundo entero parezca venirse abajo, veremos «venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria».

Entonces se alegrarán Santa María y san José con esa alegría que hay en el Cielo cuando cuando un pecador se arrepiente. Porque en ese día serán muchos los amables pecadores que se arrepientan de no haber sabido vivir bien. 

Y yo, Jesús, María, amable san José ¿estaré entre ellos? 

Jesús, José y María. Asistidme en mi última agonía. Y Tú, Padre Bueno, «ne nos inducas in tentationem sed liberanos a malo». 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Hoy no es día de paseo

martes 16 de noviembre de 2021

 9:00

Voy a la oficina de Caja Rural Central que está cabe la iglesia para ver si puedo recuperar la libreta que el cajero automático se comió ayer. Lo consigo. Me felicito. Transfiero al obispado la colecta del día de la Iglesia diocesana. Luego, hasta las 1:00 me concentro en ciertas tareas urgentes de mantenimiento de la iglesia parroquial. 

11:00

Voy a buscar a Joan y vuelvo con ella a la iglesia.

12:00

Misa. Memoria de santa Margarita de Escocia (1045-1093) que era, por nacimiento, húngara. La Iglesia recuerda especialmente su vida austera y devota, su sabiduría para aconsejar al rey y su misericordia con los pobres. 

14:00

Como con don Rafael. Le hablo de los católicos de rito oriental que hay en san Miguel y de un matrimonio mixto (católico y ortodoxa ucraniana) que voy a celebrar. Él, empezando por san Josafat, me cuenta toda la historia de la Iglesia ortodoxa de Ucrania, que sería Iglesia católica de Ucrania de no haberse opuesto, en su día, el Zar. Luego hacemos la visita al Santísimo y él se va. 

16:00

Escribo esto y me voy al cementerio de Torremendo para rezar allí el rosario. 

...

17:00

Misa en Torremendo. Memoria de santa Gertrudis (1256-1301). Mujer extraordinariamente sensible y culta, de aguda inteligencia y fervor místico. 

18:30

Misa en Los Montesinos. Votiva de los ángeles porque es martes. 

19:30

Llego a casa y consulto en la Red cuál es la multa por llevar niños sin silla en el coche. Hallo esta respuesta: Si circulas con un menor de menos de 1,35 metros sin sillita pueden quitarte de forma automática tres puntos del carnet de conducir y ponerte una multa de 200 euros. Además, el agente puede incluso inmovilizar tu coche. Me entra una duda: ¿y si no son niños sino adultos como Zaqueo? Hallo esta rezpuesta: estarán obligadas a utilizarlos todas las personas que tengan una estatura inferior a 1,35 metros.

Salgo para Alicante.

...

lunes, 15 de noviembre de 2021

Día de paseo

 De 8:00 a 10:30 paseo con el cura del Pilar de la Horadada por la sierra de los Alcores. Vemos un águila y muchas setas amarillas y grandes ¿Cómo de grandes? Pues no sé: como dos puños. 

Me cuenta qué fue lo que más le impresionó de una visita al zoo hace unos quince años: 1. La huella de un tigre. 2. El brazo enorme de un gorila y un letrero que prohibía mirar fijamente a los gorilas porque, al parecer, eso los exaspera no poco. 3. ¿Qué era lo tercero? ¡Ah, sí! El rugido de los leones. 

Yo le he he destripado dos películas que he visto últimamente: La odisea de los giles y Operación final protagonizada por Ben Kingsley. Y le he hablado del libro que acabo de terminar y que es lo mejor que he leído hasta ahora durante este año: El progreso del peregrino, de John Bunyan (1628-1688). 

A las doce Misa. Memoria de San Alberto Magno (1200-1280). En Padua, donde lo enviaron a estudiar las artes liberales, conoció a los dominicos y tomó su hábito. Eran los años de la fundación de las universidades de Cambridge y de Salamanca. 

De 15:00 a 18:00 despacho parroquial. Pongo al día las cuentas de la parroquia de Nuestra Señora de Monserrate y las del cementerio. Me llaman por teléfono: 1. Armin. 2. Otra vez Armin. 3. Mi hermana María. 4. Gloria, de Torremendo. 

A las 18:00 llevo la comunión a Paco y rezamos el rosario en su casa que está muy calentita, lo que me lleva a recordar que tengo que encontrar algún radiador de bajo consumo para la casa parroquial. 

A las 19:15, después de hacer unas compras, cierro la iglesia, me pongo a escribir esto y me dispongo a leer cincuenta páginas de El infinito en un junco.