viernes, 21 de agosto de 2026

Diario. Viernes, 21 de agosto de 2026

 La Torre

viernes, 21 de agosto de 2026


06:00

Ni arrullos de tórtolas ni rosados dedos de la aurora. Todo está oscuro, pero yo me levanto. 


07:00

Voy a la ermita y me siento para orar con Leclercq. Luego rezo el oficio de lectura y las laudes. 


08:00

Llegan, puntualmente, Rosarito y el fontanero que me saluda como si me conociera de toda la vida. Estrechamos nuestras manos y le explico el problema: cuando pongo la lavadora, el agua sale por el desagüe de la ducha. 

Dejamos al fontanero con sus fontanas y salimos al safareig. Pregunto, algo perplejo a Rosarito: «¿El fontanero me conoce de algo?» Entonces ella, en confidencia, me dice: «Me ha preguntado que si usted se llama Joaquín. Le he dicho que es don Javier». 

Muy bien. 


09:15

El fontanero, amable y competente, ha solucionado el problema. Me explica que las cañerías como las arterias tienden a obstruirse con los años. Me receta unos líquidos desatascadores, estrechamos nuestra manos y él se va. 


09:30

Salgo para San Miguel. 


10:15

Aparco en la puerta de la iglesia para cargar el coche con los bultos que aún tengo en la casa abadía. Compruebo que todavía tengo que volver a recoger algunas cosas. 

Entro en la iglesia para coger el portaviático. Enseguida se me acercan doña Nati, Gloria, un penitente y dos suplicantes. Atiendo a todos, cojo el portaviático y vuelvo a mi coche. Allí me encuentra Teresa que me dirige nobles palabras de despedida. Justo entonces llega —sonriente— don Isidro, el párroco de Los Montesinos, al que confundo con un famoso director de cine. Se quita la gorra y las gafas de sol y entonces —¡oh anagnórisis!— lo reconozco y me lleno de contento. 


10:55

Mensaje para Joan: I’m leaving San Miguel. 


11:15

Llego a casa de Joan. Laura y los gatos me están esperando en la puerta. Los gatos vienen a restregar sus lomos en mis piernas. Laura no. ¡Qué amable!

Encuentro a Joan muy recuperada. Por su cuenta y riesgo se ha quitado la escayola y se ha puesto en el tobillo una tobillera que  ha comprado por Amazon. Ha preparado un lindo altarcito con mantel y purificador de hilo y con velas de Birmingham. Mi corazón vuela a Coventry y se regodea recordando los desayunos con salchichas y eso. Lo llamo al orden: «Tu deber es estar aquí, adorando como un hijo, y no merodeando como un perro callejero bajo las mesas de los protestantes por ver si pillas una salchicha o algo». Mi corazón —¡qué amable!— me obedece: In the Name of the Father… 


11:45

Laura me ofrece un vaso de agua. Mientras lo bebo hacemos planes para el lunes: vendré a recogerla para llevarla al aeropuerto. Luego nos despedimos. Ella se queda con su madre y yo salgo para el hospital. 

Todas las carreteras —la del golf, la de la Zenia, la de la costa— están colapsadas. Como tengo aire acondicionado y no tengo prisa, aprovecho el colapso para rezar los misterios dolorosos. Al final, añado esta oración: «Oh Dios que confundiste a los modernistas con la vida santa, el magisterio claro y el gobierno prudente de tu siervo el papa Pío X: vuelve a confundirlos hoy y no permitas que los malos pastores, perros mudos y eso nos extravíen por los siglos de los siglos amén». 


12:35

Llego al hospital, aparco y bajo a la capilla para ponerme mi bata de capellán. Luego voy a darle comunión a Dulce. 


13:10

Salgo para La Torre por la carretera de la costa. 

Me muero de sueño. Tengo que parar en una gasolinera para dar una cabezada. Sueño con san Pío X. Cuando me despierto necesito un buen rato para desentumecerme el cuello. 


14:00

Llego sano y salvo a La Torre. Sale a mi encuentro Patricia: ¡qué amable!

Me preparo algo para comer. Me lo como. 

Recojo todo y escribo esto. 


15:14

Voy a la piscina. Misterios gozosos. 



Hago mi oración con Leclercq y me voy a hacer la compra. 

Cuando vuelvo, Ignacio me ayuda a poner la compra en su sitio y, luego, a subir a mi casa los bultos que he traído de San Miguel. 

Entonces voy a la ermita y —¡oh!— encuentro a Nacho que ha llegado de Madrid. 

Misa de la memoria de san Pío X.

Jesús, aunque se ha infectado con un virus, nos invita a cenar a todos. Nos sentamos a la mesa con Jesús: Blanca, Javier, Nacho, Patricia, Pablo, Ignacio y yo. 

Jesús se despide pronto porque está muy cansado.

jueves, 20 de agosto de 2026

Diario. Miércoles 19 y jueves 20 de agosto de 2026

 La Torre

miércoles, 19 de agosto de 2026


A las cuatro me despierto con un agudo dolor de huesos. Me levanto para rezar el Oficio de lecturas paseando. Eso me alivia no poco. 

Me tomo un Nolotil. 


A las nueve voy a La Torre y encuentro a Fátima haciendo los preparativos para volver a Madrid. Como hay un servicio de desayuno en la mesa, me siento disimuladamente y desayuno por segunda vez. 


Luego voy a la ermita para orar con Siguiendo el año litúrgico, de Jacques Leclercq. 


Misa de once en la ermita: memoria de san Juan Eudes el normando. 


Al terminar la misa me llama por teléfono A. Que si puedo llamar por teléfono a I. Llamo por teléfono a I. Charlamos largamente. Mientras charlamos largamente Fátima y Fátima salen para Madrid. Me dejan un mensaje: «queríamos despedirnos pero no estabas». 


Luego tengo que ir a Torrellano para comprar mis pastillas antiartritis. Patricia me pide que, de paso, compre dos barras de pan. Como sé comparar barras de pan, le digo que sí. 


Al volver de Torremendo voy a La Casa Mitjana. Jesús nos invita a comer a todos. 


Al parecer, es el día más caluroso del año. Muy bien. Aprovecho el calor para irme a San Miguel de Salinas. Allí dejo varias cajas y maletas preparadas para la mudanza. 


Cargo en mi coche una bolsa con libros y otra con peroles de cocina. 


Entre los libros están: Frankinstein, de Mary Shelley, y Contramundo, de Carlos Marín-Blázquez.


Vuelvo a La Torre escuchando una piadosa meditación. 


Cenamos todos en el patio de la Casa Mitjana. No ha refrescado nada. 


La Torre

jueves, 20 de agosto de 2026


A las diez y media me siento ante el sagrario para orar con Siguiendo el año litúrgico, de Jacques Leclercq. Detrás de mí se sienta Jesús y se pone a mirar fijamente el sagrario. Poco después llega Patricia y también se sienta en silencio. 


Misa de once. Memoria de san Bernardo de Claraval. Benedicto XVI lo llamó «último Padre de la Iglesia», o algo así. Un gigante. Hay que leer su Loa a la Nueva Milicia de los caballeros templarios. ¿Obligatoriamente? Sí. 


Después de misa, Jesús anuncia: «voy a lavar y planchar el purificador». Acto seguido toma el lebrillo que está reservado para esa tarea desde tiempo inmemorial y el jaboncillo blanco que solamente se usa para eso. Va al planchero. Lo sigo. Lava delicadísimamente el lienzo que,  poco ha, estaba sobre el altar.  Vierte el agua en las plantas del patio. Lo aclara dos veces vertiendo, cada vez, el agua en el jardincillo interior. Ahora viene lo mejor. Extiende el purificador sobre la mesa de plancha y le hace los cuatro dobleces. Yo pasmado y él quitándole importancia al asunto. 


Voy a salir para La Lloseta pero me llama I. Charlamos. 


Voy a salir para La Lloseta pero me llama don PR. Charlamos. 

Salgo para La Lloseta- Se despiden don Javier y don Iñaki que se van a Teruel. 


Vuelvo a La Torre. Patricia y Pablo nos invitan a comer en la Casa Grande pero la comida la hace Jesús. 


Llamo a A. Charlamos. 


Voy a la piscina con el rosario —misterios luminosos— y con Contramundo, de don Carlos Marín-Blázquez. Se levanta un vendaval que arroja grandes trozos de palmeras al agua. En mi calidad de argonauta de toda la vida, ni me inmuto. Termino el rosario en medio del oleaje y, luego, desafiando a los elementos, empiezo a zamparme aforismos uno tras otro. 


De la piscina voy a la cocina. Hay que colocar todos los corotos que traje de San Miguel. 


Luego ducha y vísperas. 


Lectura del Evangelio según san Marcos. 


Lectura de El amanecer de los derechos del hombre


Voy a la ermita para mirar fijamente al sagrario.

Vuelvo a mi piso para escribir esto. Un ejército de hormigas ha invadido mi ordenador. Estudio el fenómeno. No hallo explicación. Me llama Rosarito. Que si puede venir el fontanero mañana a las ocho. Que sí. 


Voy a cenar con Jesús, con Javier —que ha venido de Madrid— y con Blanca. Pablo y Patricia se han ido a La Oliva a recoger a Ignacio. 


Muy bien.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Diario. Martes, 18 de agosto de 2026

 La Torre

martes, 18 de agosto de 2026


04:30

Oficio de lectura. 


08:00

Laudes. 


09:00

Voy a La Torre. Fátima está desayunando y me siento con ella para mi segundo desayuno. 


9:30

Me siento en la ermita para hacer un rato de oración con Siguiendo el año litúrgico, de Jacques Leclercq. Un lindo libro. 


10:30

Misa de los ángeles porque es martes. 



Después de misa, Jesús, Patricia, Pablo y yo vamos a Torrellano para ver a Salvador. 

Cuando Salvador ve a Jesús, lo abraza y se pone a llorar porque se acuerda de Arantxa. 

Nos sentamos con él en la plaza. Él pide un coyote, Patricia y y Jesús piden unos helados y Pablo y yo, horchata. 

Salvador vuelve a llorar cuando habla de Rosario. Sus hijas acaban de llevarla al hospital para la sesión de diálisis. Tiene que ir tres veces por semana y vuelve muy cansada. 

Jesús me acompaña a la farmacia porque me he dejado en San Miguel la medicación contra la artritis. En la farmacia me dicen que no me la pueden dar sin receta y me aconsejan que vaya al ambulatorio que está enfrente y explique mi situación. Jesús me acompaña al ambulatorio. Allí me dicen que llame al ambulatorio de San Miguel. Una amable empleada del ambulatorio de San Miguel me asegura que mañana, a las doce, podré pasar a recoger la medicación en cualquier farmacia del reino. 

Volvemos con Salvador que no para de contar recuerdos. Unos hacen reír y otros hacen llorar. 



Jesús nos invita a comer en la Casa Mitjana. Comensales: Jesús, Blanca, Fátima, Fátima, Patricia, Pablo y yo. Somos los únicos habitantes de La Torre desde ayer. 



Dedico la tarde a holgar y, por la noche, Jesús nos invita a cenar en el patio de la Casa Mitjana. Somos muy afortunados.

lunes, 17 de agosto de 2026

Diario. Lunes, 17 de agosto de 2026

 La Torre

lunes, 17 de agosto de 2026


04:30

Oficio de lectura. 


05:00

Voy a La Torre. Alguien se ha dejado abierta la puerta de la almazara. Me alumbro con la linterna del móvil. Cuando empiezo a bajar las escaleras oigo un bufido y un gato negro pasa a mi lado como una exhalación y huye. 

Me siento en la ermita para escuchar una piadosa meditación.  Luego cambio la lámpara del sagrario que anda desmayada. 


05:30

Voy a la despensa para hacerme con un cartón de leche y vuelvo a mi piso para desayunar. Todavía no ha extendido la aurora  sobre el horizonte sus rosados dedos. 


06:00

Vuelvo a acostarme. 


8:00

Me levanto. Ya entra la luz del sol por la ventana y se oyen los arrullos de las tórtolas y las torcaces. 

Laudes.

Me pongo a limpiar libros y a colocarlos en la biblioteca. 


9:30

Me ducho. 


10:00

Voy a La Torre. Cuento la aventura del gato a quien quiere escucharla y voy a la ermita. 

Tercia. 


10:30

Vacío la maleta que traje de San Miguel ayer y salgo para San Miguel. 


12:00

Ángelus en San Miguel. 

Voy al banco para ingresar las colectas del fin de semana. 

Voy al ambulatorio. La cita con mi médico era a las doce. Me dan cita para el lunes que viene. 

Voy a Correos para pagar la multa de tráfico. 

Voy a la casa abadía y lleno la maleta de camisas y de objetos de cotillón. 


13:50

Salgo de San Miguel para La Torre. Me detengo en El Realengo para tomar una cocacola porque me caigo de sueño. 


15:00

Aparco el coche en la puerta de la almazara y, nada más apagarlo, me quedo frito.


15:15

Todos están comiendo en la almazara un arroz con setas que ha hecho Pablo. Hay invitados: un matrimonio con dos hijos. Uno de los hijos es amigo de Ignacio. Están veraneando en La Oliva y han venido a conocer a Pablo y a Patricia y a llevarse a Ignacio. 


16.00

Me meto en la piscina para rezar el rosario paseando.



Leo bastante. E milagro del padre Malaquías, por ejemplo.


A las siete y treinta y ocho minutos voy a la ermita para mirar fijamente al sagrario. Jesús está allí mirando fijamente al sagrario. Muy bien. 

Mis ojos van del sagrario a la imagen de la Virgen del Carmen; de la imagen de la Virgen del carmen a la imagen del Niño. De la imagen del Niño al sagrario. Y así. 

De vez en cuando cierro los ojos para reflexionar un poco pero los abro enseguida porque, si no, me duermo. 


A las ocho, misa por las almas del purgatorio. 


Luego Jesús nos invita a cenar en la Casa Mitjana. ¡Qué amable!


Felicito a Joan que cumple setenta y seis añitos y está en su silla de ruedas. 


A las once me despido y voy a rezar completas en la ermita.