lunes, 1 de junio de 2026

Diario. Domingo, 31 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 31 de mayo de 2026


La jornada pro orantibus me trae a la memoria el recuerdo de uno de mis primeros lances apostólicos como sacerdote. 

Había tomado un taxi en Alicante y pasábamos cerca de cierto convento de clausura. El amable taxista empezó a perorar. Su discurso versaba sobre la Iglesia, sobre las numerosas reformas que —a su juicio— urgían, sobre las riquezas del Vaticano y la codicia de los sacerdotes… Nos acercábamos ya a mi destino. Yo escuchaba pacientemente pues, ¿no está llamada la Iglesia a la escucha?  El amable y locuaz taxista remató su alegato con estas o semejante palabras: «Y eso de las monjas de clausura… vaya locura y vaya desperdicio de vidas. Si, al menos se dedicasen a cuidar a los pobres y a los enfermos…». Pagué la carrera. Todavía podía darle alguna palabra de luz:

—Lo que usted piense sobre las monjas —empecé— a mí, la verdad, me importa muy poco y no me cabe la menor dudada de que a ellas les importará aún menos. Pero puede estar usted seguro de que, cualquiera de ellas con un día de oración, hace por los pobres y los enfermos mucho más de lo que usted ha hecho o llegará a hacer en toda su vida. 

Le dediqué una sonrisa —a la que respondió con un mohín— y cerré la puerta suavemente. Luego seguí mi camino muy contento de haber podido catequizar a un rudo. 



10:00

Misa en Torremendo. Han venido uno de los campaneros y algunos de los niños que hicieron ayer la comunión. Me alegro.

En la homilía cuento el cuento del taxista. 

Después de misa, Yolima me habla de una feligresa que quiere confirmarse y ser catequista. Me alegro mucho. 


12:30

Misa en San Miguel. Han venido un nuevo feligrés —colombiano, por más señas— y algunos de los niños que hicieron su primera comunión hace unas semanas. Me alegro. 

El cuento del taxista me da pie para decirle a los niños que esos religiosos que se dedican a la contemplación y a la alabanza de la Santísima Trinidad son muy queridos de Dios, y que algún día sabremos cuántos bienes nos alcanzaron con su vida oculta y con su altísima y constante oración. 

Después de misa salgo a la puerta para despedirme de la congregación. 

Joan sale con muy mala cara. Me dice que se siente mal y que se vuelve a casa. Me ofrezco para acompañarla pero huye. 

Cuatro belgas y cuatro ingleses convienen en que les ha encantado el canto del coro. Les ruego que esperen un momento hasta que baje Delia para felicitarla a ella directamente, pero huyen.  

Felicito a Delia y a los demás el coro conforme van bajando. 

El nuevo feligrés colombiano —Arturo— se ofrece como lector porque —dice— en su parroquia colombiana desempeñaba ese ministerio. Queda nombrado lector. Alguno de los del coro que lo oye, le propone que se una al coro. Dice que sí. Me alegro. 


13:45

Voy a comer a casa de Heidi y Armin con doña Nati. Allí encontramos a Juandi —director del coro de Los Alcázares— a su mujer, María, que es soprano, y a Ginesa, su suegra.  


17:30

Después de una larga y divertida tertulia nos despedimos. 


17:45

Dejo a doña Nati en su casa, voy a la iglesia para rezar y mando un mensaje a Gerardo para que sepa que he vuelto. 


18:45

Llega Gerardo. Le encargo bajar los ventiladores del almacén del coro, quitarles las fundas y colocarlos en la iglesia. 


19:35

Ha cumplido su misión y nos despedimos quedando yo muy agradecido. 

Todavía sigo en la iglesia hasta las 20:00. Entonces voy a la casa abadía para tender la ropa de una lavadora que puse por la mañana. 


21:00

Voy a ver las noticias con doña Nati. 


21:45

Nos despedimos y voy a rezar completas y a cerrar la iglesia. 


Adiós, mayo.

domingo, 31 de mayo de 2026

Diario. Sábado, 30 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 30 de mayo de 2026


Dos acontecimientos amables cambian mi amable rutina sabatina de esta mañana: 

1. A las nueve, encuentro con José Miguel en la iglesia para ajustar la megafonía. 

2. A las doce primera comunión de ocho niños —cuatro zagalas y cuatro zagales— en Torremendo. 

El pueblo esta de fiesta y hay volteo de campanas y coro y archidiácono —don David ha vuelto de Nápoles— y todos están muy guapos y muy contentos. ¡Qué bien!


Un acontecimiento amable cambia mi rutina sabatina de esta  tarde, víspera de la Santísima Trinidad:  

Doña Nati y yo estamos invitados a comer en casa de Irene y Raúl con Roberto, María —la lituana a cuya simpatía es sensible Roberto— Enrique y su prometida Sara. 


Se puede decir que la misa de ocho en San Miguel también escapa a la rutina sabatina —aunque no hay coro— por varias razones: 


1. Porque la misa siempre es una especie de milagro y siempre es distinta cuando uno se atiene a las rúbricas y no inventa nada. 

2. Porque hoy es una misa solemne y voy revestido con los mejores ornamentos: esos que solamente se usan en las solemnidades. 

3. Porque, aunque somos pocos —unos diez— los congregados, mi ángel de la guarda me sugiere que hoy es un día especialmente indicado para cultivar esa mirada contemplativa que anticipa algo de la visión que gozan los bienaventurados alumbrados por el lumen gloriae. Entonces —zas— los coros de los ángeles y de los arcángeles y de todas las jerarquías del cielo  llenan el templo de San Miguel que resuena con un Santo, Santo, Santo polifónico y secreto.

sábado, 30 de mayo de 2026

Diario. Viernes, 29 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

viernes, 29 de mayo de 2026


7:00

Salgo para el hospital. 


7:40

Primera misa de san Pablo VI, Papa. Obra en mi poder una fotografía de la audiencia que el santo concedió a mis padres en sus bodas de plata. Mis padres —1970- nos invitaron a todos —trece hijos y dos abuelas— a Roma: gastos pagos. Yo tenía nueve años pero ya mi rostro reflejaba esa gravedad parsimoniosa propia de quienes observan los fenómenos con meditativa atención. 


9:00

Vuelvo a San Miguel. 


9:30

Oficio de lectura y laudes. 

Luego me siento y mi meditativa atención pasa del sagrario a la Optima Humanitas, de esta al Sagrario y así. 


10:30

Mientras me revisto, Joan me comenta el gossip del día. La animo a escribir un diario y le sugiero un título Neighborhood Gossip. Creo que toma nota. 

Voy al confesonario. Tercia. Luego leo otro capítulo de 1077. Es como una serie de lo más emocionante. Ahora estoy en Inglaterra, en la corte de Guillermo el Conquistador, por más señas. 


11:00

Segunda misa de san Pablo VI. Hay que encomendar:

1. A mi doña Ana RdA que se casó en mayo.

2. A todos los que se casan en mayo. 

3. A don Ernesto Castro. 

4. A todos los que se bautizaron en la última Pascua. 


11:45

Mientras espero al técnico que va a venir a revisar la megafonía, asiento en el libro de Torremendo la partida de la última defunción. 


12:00

Llega puntualísimamente el técnico. Es muy alto. Se llama Pascual. Estrechamos nuestras manos. Llega Jose Miguel. Hago las presentaciones y estrechan sus manos. 

Hay que revisar micros, cables, altavoces… 


12:45

Nos despedimos y voy al banco. 


13:15

Voy al despacho para actualizar las cuentas. Luego voy a la casa abadía para trastear en las RRSS. 


14:00

Como con doña Nati que ha preparado una lubina al horno porque es viernes y pasó la Pascua. 

¿La lubina lleva guarnición de papas fritas? Sí. 


15:00

Nos despedimos. No hay tiempo que perder porque a las cinco y media tengo que salir para Torremendo. 

Visita al Santísimo. 

Misterios dolorosos paseando por la iglesia. 

Me siento ante el sagrario con la Ineffabilis Humanitas. 

Vísperas. 


16:30

Voy a la casa abadía para:

1. Darme una ducha. 

2. Poner una lavadora.

3. Recoger la caja con tres ganchos adhesivos que compré por Amazon y que quiero devolver porque son tres patatas.


17:00

Salgo para a gasolinera de Repsol. Allí reciben los ganchos. 

Salgo para Torremendo. 


18:00

Solamente han llegado tres de los ocho niños que harán la comunión mañana. 


 18:15

Ya están los ocho. 

Primero ensayo, luego confesiones de los niños y de algunos padres. En total, doce penitentes. Muy bien. 



19:30

Vuelvo a San Miguel.

Paso por Masymas. 

Cena ligera en casa. 


21:15

Me llama Wilder. Que si quiero ir a cenar al Collie. Que sí. 

Ana Isabel pide un chuletón, Wilder una ensaladilla rusa —porque ya ha cenado— y yo otra por lo mismo. 


23:00

Nos despedimos.

viernes, 29 de mayo de 2026

Diario. Jueves, 28 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

jueves, 28 de mayo de 2026


Despertar en La Torre. 

Antes de salir para La Lloseta quiero: 

1. Terminar la lectura de La Asamblea que condenó a Jesucristo. 

2. Concentrar mi meditativa atención en el fenómeno de la conversión de Ernesto Castro. 


A las diez de la mañana ya he terminado mis oraciones, mi desayuno y la lectura de La Asamblea  que condenó a Jesucristo


A las doce he leído la carta de Ernesto Castro al Papa y he oído el comentario que el mismo Ernesto hace de la carta. 


A las doce y cuarto salgo para La Lloseta con una íntima alegría que tiene que ver no poco con la carta, con el comentario y, sobre todo, con la conversión del profesor de estética. He dedicado horas a sus comentarios a El Quijote y a otros videos suyos sin dejar nunca de rezar por él. Estoy seguro de que no he sido el único. 


Soy —milagro— el primero en llegar a La Lloseta. 


A las tres termino de comer en Torrellano y vuelvo a La Torre. 


A las seis salgo de vuelta para San Miguel y paro en el área de servicio del Realengo para tomar una cocacola. 


A las siete empieza la preparación del altar para la bendición (19:30) y la misa de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (20:00). 


A las 21:00 voy a casa de doña Nati. Llevo tres ciruelas: una para ella, otra para Samira y otra para mí. Me zampo allí mismo la mía. Muy buen: ya he cenado. 


A las 21:45 nos despedimos. 


Completas. Cierro la iglesia.