domingo, 6 de septiembre de 2026

Diario. Sábado, 5 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

sábado, 5 de septiembre de 2026


A las diez, última misa del verano en La Torre: Santa María en Sábado. Hay que dar gracias por todo. 


Lo más emocionante de la mañana: preparar la maleta para mudarme a Granja de Rocamora. 

No hay que olvidar las melecinas, los cargadores, los artículos de aseo, la leche, los sobrecitos de Nescafé…


Comida con Almudena,Fátima y Pepe. 


A las cuatro y media, como estaba previsto, mando un mensaje a don Paco. Salgo ahora de La Torre. 


A las cinco y siete minutos le mando otro mensaje: «He llegado. Estoy en la puerta del garaje». 


Cinco minutos después nos saludamos con nobles palabras de afecto y me acompaña al palacete parroquial que será mi nueva residencia. Me deja allí y promete venir a recogerme a las seis. 


A las seis viene a recogerme. Va elegantemente vestido con su clergyman negro de solemnidad. Yo voy en mangas de camisa de clergyman veraniego. Delicadamente observa que las autoridades y la congregación van a presentarse vestidos de fiesta.  Como no tengo otra ropa le pregunto si le parece conveniente que me revista con la sotana, capa que todo lo tapa. Le parece conveniente y me revisto con la sotana. Como por arte de magia me convierto en un ser humano de apariencia venerable, como un sacerdote o algo así. 


Vamos a la ermita del Cristo donde esperan las autoridades y los representantes de las cofradías, las reinas de las fiestas y otros conspicuos miembros de la parroquia. Una señora muy mayor y —sospecho— ciega, me dice que soy muy guapo. Me felicito y le ofrezco mi brazo cosa que le agrada. Venero el Lignum Crucis y salimos para la iglesia. 


Allí esperan el coro y la congregación. 


Preside la celebración don Aurelio, vicario episcopal. Concelebramos con él don Eduardo y yo. Nos ayudan un seminarista —Domingo— y dos monaguillos: Martín y Jose Antonio. Está presente don Francisco que tiene que huir durante la comunión porque la misa en Cox es a las ocho. 

Todo —la recepción y la Misa— ha sido preparado con esmero. Me llama la atención la piedad con la que se acercan a comulgar. 


Luego han preparado un jolgorio con minitorrijas deliciosas, agua de cebada, horchata y limonada. Allí nos saludamos informalmente. Han venido de San Miguel doña Nati con Eva, Miguel, Gracia y José María, Bruno y su mujer; de Crevillente María José, Pablet, Mariola, Avelino, Mari Mar Manuel y Josemaría todojunto. Josemaría se agarra de mi mano y no me suelta. De La Torre han venido Rosario y Teresa. 


Mari Rosi —madre de la sierva de Dios Rebeca Rocamora Nadal— y su hija Laura Rocamora Nadal, me saludan cariñosamente y me dan su número de teléfono. 

Domingo, Martín Jose Antonio, el alcalde —José Manuel—, el vicario episcopal —don Aurelio—, Domingo —el sacristán—, Mari Carmen —su mujer— y muchos más seres humanos me felicitan y se despiden. ¡Qué amables!


Terminado el jolgorio, María José, Pablet, Mariola, Avelino, Mari Mar, Manuel, Josemaría todojunto Rosario y Teresa me acompañan al palacete parroquial. Se lo muestro todo, lo alaban todo y nos vamos a cenar algo en el bar Teresa con el pobre don Francisco. 


Luego nos despedimos. Mari Mar, Manuel y Josemaría todojunto me llevan al palacete donde paso mi primera noche como párroco de Granja de Rocamora.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Diario. Viernes, 4 de septiembre de 2026

 La Torre

viernes, 4 de septiembre de 2026


Después de un buen desayuno, con antiinflamatorio incluido, voy a la ermita para rezar la liturgia de las horas y meditar ante el sagrario. 


A las diez me instalo en el comedor de la cocina para trabajar con mi Mac. Allí me encuentra Rosario a las 10:55 y entonces caigo en la cuenta de que es la hora de celebrar la misa votiva de la Santa Cruz porque es viernes. 


Aviso a Almudena y a Fátima de que hoy viene a comer María GC y me entrego a la lectura de La hora que no brilla y de El mundo, la carne y el Padre Smith. 


Araceli me pegunta por las cajas de cartón que vinieron de la Biblioteca Sacerdotal llenas de objetos y que van quedando vacías. ¿Hay que tirarlas? Le digo que sí, por favor, que las tire. También le digo que si encuentra algún objeto codiciable entre los que he desembalado, puede llevárselo. Me dice que encuentra codiciables un horno eléctrico y una vajilla. Le digo que son suyos. 


Decido entonces ir a desembalar más objetos. 


A las 13:50 voy a ducharme y a cambiarme de ropa, me sirvo un vermú y voy a la Casa Grande para esperar a María GC. Justo entonces, llega ella. Nos saludamos con gestos —muac, muac— y palabras de afecto. 


Durante la comida propongo un brindis por el rey de Marruecos. Pepe se suma, María se niega y los demás se ríen. 

Después del café me despido con nobles palabras de gratitud y voy a echarme la siesta. 


Misterios dolorosos. 


Don Paco me recuerda que mañana debo llevar mi nombramiento a Granja de Rocamora porque hay que leerlo públicamente en la ceremonia de toma de posesión. Le confieso que no sé dónde está y le sugiero que leamos el suyo cambiando los nombres. También me dice que si va a asistir alguien de la familia. Le ruego que reserven dos asientos: uno para mi cuñada Rosario y otro para su amiga Teresa. También le digo que, si le parece bien, yo llegaré a las 17:00 para dejar mi maleta en la casa abadía antes de la misa. Todo le parece bien. 


Busco y no encuentro mi nombramiento. 


Voy a la ermita para hacer una visita al Santísimo.


Me entrego la lectura de La hora que no brilla, de El mundo, la carne y el Padre Smith, del evangelio de san Juan y de 1077. 


Cena en la Casa Grande. No me quedo a la tertulia porque me muero de sueño.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Diario. Martes 1, miércoles 2 y jueves 3 de septiembre de 2026

 La Torre

martes, 1 de septiembre de 2026


Empiezo la lectura de la Odisea. En la introducción —de Begoña Ortega Villaro (sic, sin acento eb la o)— me entero de que el viaje de regreso a Ítaca duró —como la guerra de Troya— diez años. 


Escribo al arcipreste de Torrevieja para contarle que el día ocho de septiembre celebran las fiestas en Torremendo, que yo ya no estaré allí y que mi indigno sucesor aún no estará allí. El arcipreste —que también está fuera— me devuelve la patata caliente y me sugiere que se la pase a los curas del Pilar. Paso la patata caliente al grupo del arciprestazgo. Irá el cura del Pilar. 


Rosario y Teresa vienen de Madrid. Anuncian que llegarán a tomar café, pero se encuentran con un accidente y llegan a las 17:00. 


Anuncio que la misa será a las 20:00. 


Matthew viene de Birmingham. Anuncia que su avión llega a las 22:00, pero luego rectifica: su avión llega a las 20:00. 


Rectifico el anuncio de Misa. Será a las 19:00. 


A las 19:00 misa votiva de los ángeles porque es martes. 


A las 19:45 salgo para el aeropuerto. 


Hay un vuelo de Birmingham que tiene la llegada prevista a las 20:05 y otro que llegará a las 22:00. Matthew llega a las 20:10 en el de las 20:05. Nos saludamos con nobles palabras de afecto y lo invito a cenar en el Carabí. Luego vamos a La Torre. 

Nos recibe Almudena con nobles palabras de bienvenida. Los demás están viendo un partido de tenis, creo. 

Acomodo a Matt en el cuarto de las cámaras. Antes de despedirnos quedamos para desayunar en la cocina a las 7:45. 


La Torre

miércoles, 2 de septiembre de 2026


Ni rubicundo Apolo ni nada: es noche cerrada cuando —a las 06:00— suena mi despertador. Muy bien, no tengo sueño. 


A las ocho menos cuarto, según lo acordado, me encuentro con Matt en la cocina. Desayunamos con el pan y la toña que nos han regalado las gemelas. 


A las ocho y media —con media hora de retraso sobre nuestro plan— salimos de La Torre para San Miguel. Hemos quedado con mi indigno sucesor a las 09:00 en la casa abadía. No llegaremos hasta las 09:15 pero no me preocupo porque podría apostar veinte mil dólares a que él no llegará hasta las 09:30. 

Pido a Matt que conduzca él para `poder ir rezando el oficio de lectura y las laudes. A petición suya, rezo en voz alta. 


Llegamos a las 09:15. Mi indigno sucesor llega a las 09:30 con un sobrino, dos sobrinos nietos, un amigo y un conductor. Nos saludamos con nobles palabras de afecto. Luego empiezan a descargar la camioneta en la que han traído los muebles. 

Hago solemne entrega de todas las llaves a don Juan —que así se llama el nuevo párroco de san Miguel— mientras digo unas nobles palabras. Él las recibe con expresiones de gratitud sincera. Los sobrinos nietos del padre Juan —que nunca han asistido a una ceremonia tan emocionante— nos miran con los ojos muy abiertos. 


Mientras hacen su faena, voy al banco. Luego voy con Matt a saludar a doña Nati que se alegra mucho. 


Acompaño a Matt a la gestoría, pero la gestoría está cerrada. Lo llevo a casa de su madre que se alegra mucho.


Vuelvo a San Miguel y me siento para mirar fijamente al sagrario. Luego rezo el ángelus y vuelvo a La Torre. 


Como Rosario y Teresa van a ir a la manifestación en apoyo a Marruecos, celebramos la misa —votiva de san José— a las 18:30. 


Me encierro hasta la cena para tratar de cuadrar las cuentas parroquiales. 


Ceno con las gemelas y con Pepe en el patio de la Casa Grande que Pepe ha regado. Rosario y Teresa se nos unen para las copas porque han cenado en Alicante. Brindamos todos por el rey de Marruecos. 



La Torre

jueves, 24 de septiembre de 2026


A las 05:00 me despierto. No tengo sueño. Me pongo en marcha. 


A las 11:00, cuando celebramos la misa de la memoria de san Gregorio, yo ya he rezado todas mis oraciones —menos el Ángelus—, he contemplado los rosados dedos de la Aurora, he saludado al perezoso y rubicundo Apolo, he puesto una lavadora, he tendido la ropa, he dejado mi piso en perfecto orden y he llamado cuatro veces a la Seguridad Social —sin éxito— para cambiar una cita. También he llamado a don JCR para ver si puede hacer un funeral en Madrid. 


Después de misa salgo para La Lloseta donde el obispo de Cuenca va a darnos una clase de Doctrina Social de la Iglesia. 

Antes de volver a La Torre, saludo al obispo de Cuenca —que me abraza y me dirige unas nobles palabras— y vuelvo a llamar a la SS. Nada.


Como con las gemelas y con Pepe. Aporto un queso curado para el aperitivo o para el postre. 


Después de una breve siesta vuelvo a llamar a la SS: «Todos nuestros agentes están ocupados en este momento. Manténgase a la espera». Salgo para San Miguel de Salinas rezando los misterios luminosos con BXVI. 


En San Miguel tengo que hacer una gestión secreta y luego tengo que llevar unas cosas a Matt. Hago la gestión, llevo las cosas a Matt y le cuento lo de los muchachos anglos a los que san Gregorio encontró en el mercado de esclavo de Roma. Matt se emociona mucho. 

Vuelvo a La Torre con tiempo para seguir desempaquetando los convolutos de la Biblioteca Sacerdotal. 


Ceno con las gemelas y con Pepe. Para la tertulia se nos unen Rosario y Teresa.

martes, 1 de septiembre de 2026

Diario. Lunes, 31 de agosto de 2026

 La Torre

lunes, 31 de agosto de 2026


A las diez o así voy a despedirme de los que se vuelven a Madrid. JB ha ido a llevar a Serafina a la estación. Me despido de María, de María jr —que hoy ha empezado a leer las Crónicas de Narnia—, de Lourdes —que ayer empezó a leer Harry Potter—, de Elena —que, vanamente, intenta controlar a Pablo y a José— y de Pablo y de José que está haciendo el bestia por el palmeral. 

Nos damos besos y abrazos y nos decimos nobles palabras de despedida. Acto seguido salgo para San Miguel rezando los misterios gozosos a gritos para no dormirme. 


Antes de salir he mandado un mensaje a doña Nati: «¿Me invitas a comer, oiga?». Durante el viaje, el teléfono suena un montón de veces. Cuando llego a San Miguel encuentro un mensaje de doña Nati: «Sí, oiga». También hay una llamada perdida de Almudena. La llamo. Me dice que llega esta tarde con Pepe y con Fátima. Me felicito. Pensaba que iba a quedarme solo en La Torre. También hay varias llamadas perdidas y un mensaje de Marina, la wedding planner: que unos irlandeses quieren casarse en San Miguel el año que viene. Le mando el contacto de mi indigno sucesor. 


Hago una visita al Santísimo recordando el día que llegué a San Miguel y arrodillándome en el mismo sitio —más o menos— en que me arrodillé aquel día. Luego, sin pérdida de tiempo, voy a la casa abadía. Ana Isabel y Wilder la han dejado como los chorros del oro. Ahora tengo que sacar las últimas pertenencias que me quedan allí. Algunas —no pocas— para el contenedor de basura. 

Con mis idas venidas por la casa abadía y con mis idas y venidas de la casa abadía al contenedor de basura, empiezo a sudar. No importa: «¡Adelante, Vicens!». 


Todo sudado, voy al banco. 


Es la una y media cuando —todo sudado— llego a casa de doña Nati que me ofrece una ducha y un quinto de cerveza. Elijo el quinto. Saludo también a Eva que está con su madre. Saludo también a Miguel, que ha venido a cortarse el pelo y viene a ver a su suegra. Saludo también a Raúl que ha cortado el pelo a su tío y viene a saludar a su abuela. Luego, cuando todos se van, doña Nati y yo comemos y charlamos largamente. 


A las dos y media o así me despido de doña Nati. Visita al Santísimo.

A eso de las tres salgo de vuelta para La Torre. Me muero de sueño. Me detengo en una gasolinera para tomar una cocacola. Me detengo en otra gasolinera para reclinar el asiento y quedarme frito. 

A eso de las cuatro y media llego a La Torre. Vestido y todo me tumbo en la cama y me quedo frito y feliz. 


Calculo que serán las cinco y media o así cuando me despierto, me ducho y me pongo en marcha. Lo más urgente es sentarse en la ermita para mirar fijamente al sagrario. Luego hay que acarrear hasta mi piso los bultos que he traído y acarrear hasta el coche la basura de la que quiero deshacerme. 


A las ocho y media o así oigo voces en la Casa Grande. Son las gemelas y Pepe que han llegado de Madrid y han regado el patio para que esté fresquito. Me invitan a cenar. 


A las nueve y media vuelvo a la Casa Grande para cenar. Muy bien.

domingo, 30 de agosto de 2026

Diario. Sábado 29 y domingo 30 de agosto de 2026

 La Torre

sábado, 29 de agosto de 2026

El número de los habitantes de La Torre asciende a diez: María, JB, sus hijos —María, Lourdes, Elena, Pablo, José  y Sofía— Serafina —él ángel de la guarda— y yo. 

A las once en punto nos juntamos todos en la ermita para la misa de once. 

Al terminar la misa incoo la Salve —porque es sábado— en latín. María y Lourdes, como ya han hecho la primera comunión, se la saben. Me felicito. 



Por la tarde voy a la piscina. El agua se me antoja fría y salgo enseguida. No sé como le sentarán estos baños a mis huesos artríticos. 

Salgo de la piscina y leo a Stefan Zweig y a don Carlos Marín-Blázquez. 


La Torre

domingo, 30 de agosto de 2026


Misa de once con los diez habitantes de La Torre. 

En la homilía, catequesis sobre la Cruz. 

Después de misa, Elena, Pablo y José entran en la sacristía para que les dé una oblea. María y Lourdes traen las cosas del altar. 


Para comer, otra vez, guisantes con jamón. Me salen muy bien. 


Por la tarde hago la lista de las cosas que tengo que llevar el día 5 de septiembre a mi nueva parroquia: 

1. Pijama, bata y zapatillas. 

2. Ropa interior. 

3. Dos pantalones y cinco camisas. 

4. La máquina de afeitar con su cargador y el neceser con un peine y todo lo demás. 

5. Los libros que estoy leyendo: Por gusto, del marqués de Tamarón; 1077, de Rodríguez de la Peña que me tiene bloqueado en X; El mundo, la carne y el padre Smith, de Bruce Marshall, Balzac, Dickens y Dostoyevski, de Stefan Zweig; Poesía completa, de Salvatore Quasimodo y Siguiendo el año litúrgico, de Leclercq. 


Consumo las últimas horas de mis días de asueto veraniego rezando, escuchando los cantos de las tórtolas y de otras avecillas, dejándome amodorrar por el chirriar de las chicharras, leyendo, observando a los niños que son como aves tropicales, poniendo orden en mi biblioteca, trasteando en la RR SS y dejando que mi alma corretee a sus anchas entre las palmeras.