San Miguel de Salinas
martes, 24 de marzo de 2026
7:30
El brazo izquierdo está rígido. No sin dificultad, me siento en el borde de la cama. El dedo índice de la mano derecha está helado. No sin dificultad, consigo levantar el brazo izquierdo hasta la altura del hombro. Renqueando, llego a la cocina y me tomo las tres pastillas amarillas pequeñas y la pastilla amarilla grande.
9:00
Abro la iglesia.
Oficio de lectura y laudes.
Me siento para mirar fijamente al sagrario.
10:10
Llega Joan. Nos saludamos. No sin dificultad y con la ayuda de Joan, me revisto.
Voy al confesonario.
11:00
Misa por Patricia y por su cuatro hijos.
Luego entra en la sacristía Anne Pourdhome que ha encargado la misa. Patricia era su sobrina. La encontraron muerta atier en su casa de Glasgow. Anne va a viajar a Escocia para el funeral. Volverá a España, si Dios quiere, en Pascua.
12:00
He quedado con el archidiácono. Llega puntualmente.
No sin dificultad, me siento en el rincón de san Miguel.
13:15
Nos despedimos. He quedado con Manoli. Llega puntualmente.
13:40
Nos despedimos. Con harta dificultad me levanto de mi confortable sillón en el rincón de san Miguel.
Lectura del evangelio de san Lucas.
14:00
Voy a comer con doña Nati. Hay lentejas. Como no hay vino, las alegro con vinagre de manzana.
….
A las tres estoy haciendo la visita al Santísimo.
A las 22.26 ya he cenado y estoy terminando de escribir esto.
…
Mi testamento filosófico
(Jean Guitton)
Guitton se instala en la tribuna de los Inválidos para seguir más cómodamente la ceremonia de su funeral. Su ángel de la guarda lo reprende con aspereza pero lo que más lo deprime es enterarse de que el cardenal Lustiger está en Roma y ha delegado la celebración en su obispo auxiliar, Chirac está en Yakarta y ha enviado a su mujer, el primer ministro está en Ottawa…
Comienza el funeral. Guitton charla con Senghor, con De Gaulle… El general le pregunta:
«—Guitton, ¿qué es la cobardía?
Le respondí.
—Buscar la aprobación, no la verdad».
Luego abordan el problema del mal y Guitton cuenta una anécdota a De Gaulle: «Un día, Leibniz se enamoró de una joven guapa y rica. Le propuso matrimonio y ella pidió tiempo para pensarlo. Eso permitió también a Leibniz reflexionar y no se casó con ella pero, a veces, la recordaba y derramaba una lágrima. Años después volvió a encontrarla, ya casada. Habló con el marido y comprendió que se había librado de una buena. Y no lloró más».
Empieza la homilía y Guitton aprovecha para pasear por la iglesia y enterarse de lo que dicen de él. No entiende por qué razón el obispo auxiliar, en vez de hablar de él, se empaeña en hablar de Dios.
Terminada la homilía, Guitton se encuentra con Sócrates. El filósofo ateniense le cuenta que está en el purgatorio hasta el final de los tiempos o hasta que un filósofo católico entre en el cielo e interceda por él ante Dios. Luego pregunta a Guitton qué es el orgullo:
«—Creerse Dios.
—Exactamente. No como los locos, claro está, sino como los filósofos, que no es lo mismo. Desarrólleme este concepto.
—Imaginar que nuestra mente fabrica la verdad en lugar de ajustarse a la realidad. Imaginar que podemos decretar el bien y el mal. No querer pesar más que por uno mismo. No confiar nunca en nadie y no querer depender de nada».
Luego, Sócrates pregunta qué cosa es el espíritu burgués. Guitton responde: «El agotamiento del alma en la paz y en la decadencia del político, el furor de la guerra económica, lo mínimo de social y el escepticismo cultural que sonríe a todo a los pies de la única verdad: la omnipotencia, la omnisciencia, la omniconveniencia del dinero».