jueves, 12 de marzo de 2026

Diario. Martes, 10 de marzo de 2026

 San Miguel de Salinas

martes, 10 de marzo de 2026


1:00

Me despiertan los truenos. Está diluviando.


4:00

Me despiertan los truenos. Oficio de lectura. 


6:00

Me despiertan los truenos. Voy a la cocina y me tomo un omeprazol en ayunas, como me ha mandado mi arúspice de cabecera. 


8:00

Me despiertan los truenos. Se diría que el cielo está desplomándose sobre San Miguel de Salinas. 


9:15

Abro la Iglesia. Ni un alma por la calle porque llueve.  

El archidiácono me pide dos certificados de confirmación. 

Llamo a Zoila. No viene


11:00

MIsa. Somos cuatro porque llueve: Encarna, Jose Miguel , Zvignev y yo. 


12:00

Despacho. Solicitantes de cáritas mayormente. 


13:00

Voy al banco, ni un alma en la calle.


13:30

Preparo la mesa y la comida porque viene Antonio de visita.  


14:15

Llega Antonio. 


15:00

Después de comer le enseño la iglesia, hacemos una visita al Santísimo y nos despedimos. 


Llamo a Zoila no viene. Ni aun alma en la calle aunque no llueve. 


 …


Lira 35:

En soledad vivía,

y en soledad a puesto ya su nido,

y en soledad la guía

a solas su querido,

también en soledad de amor herido.

Fue prometido por medio de Oseas: «La llevaré al desierto, le hablaré al corazón». Asentada allí, en la quietud del único y solitario amor del Esposo, el alma ya no necesita otra guía pues solo el Amado la conduce. Y, para entender que también Él está en soledad de amor herido, no hay más que mirarlo en la Cruz.



Brahms: Once preludios corales para órgano, Op 122


miércoles, 11 de marzo de 2026

Diario. Lunes, 9 de marzo de 2026

 San Miguel de Salinas

lunes, 9 de marzo de 2026


6:00

Salgo de la Torre para Torrevieja por la carretera de la costa. Todo está oscuro como túnel de topo. 


7:17

Llego al hospital con tiempo para rezar laudes después de preparar e altar y antes de la misa. 

7:40

Misa. 

Luego voy a llevar la comunión a Ana María y a Mauricio. Muy bien. 

Luego voy a llevar la comunión a Pepe J. ¡Albricias! ¡Lo han mandado a casa! Me felicito. 

Vuelvo a la capilla y lo recojo todo con la ayuda del doctor S. Luego atiendo a un penitente que pide confesión. 


9:00

Salgo para San Miguel. 


9:30

Voy al banco conduciendo el furgón blindado en el que transporto las colectas de la semana. 


9:45

Me siento ante el sagrario con la lira 34: 

La blanca palomica

al arca con el ramo se a tornado,

y ya la tortolica

al socio desseado

en las riberas verdes a hallado.

Al alma, que a sí misma se llamaba «morena» y «fea», la llama el Amado «blanca palomica» y «tortolica». Porque así suelen hablarse los enamorados y porque el Esposo es amiguísimo de ensalzar a quien se humilla. 

La compara con la paloma del Arca de Noé que, no hallando dónde posarse, iba y venía por los cielos trayendo al fin en el pico un ramo de olivo, signo de la victoria del alma y corona de sus merecimientos. 

  Y la llama «tortolica» porque estas aves humildes tienen fama de ser muy fieles de modo que, cuando pierden a su compañero, no reposan hasta hallarlo.


10:15

Me revisto con el traje de Pescador y me siento en el confesonario: Oficio de lectura y tercia. 


11:00

Segunda misa del día. Conmemoración de Santa Francisca Romana. Encomiendo a mi difunta abuela Paquita, aunque nunca estoy seguro de si su patrona era esta santa. Encomiendo también a Gloria y a Paloma —señoras de los sueños y de las realidades y de la vida de dos viejos amigos del cole— que aún militan y luchan —bravamente— en este valle de lágrimas con ese buen humor que —en los que sufren— es el signo más claro de la predestinación a la Gloria. Y encomendamos también a todos los que se han encomendado a nuestras oraciones. 


12:00

Rezo el Ángelus con Joan y me pongo a buscar todo lo que necesito para ir al ambulatorio:

1. Mi móvil. Después de rebuscar mucho, aparece en la peana de san José. 

2. Mi tarjeta de la Seguridad Social. Está en la guantera de mi coche. 

3. Las llaves de la iglesia, del garaje y de la casa parroquial. Después de buscar y rebuscar y de rezar a san Antonio y rebuscar y rebuscar aparecen en el bolsillo de mi chaquetón de marino. 

4. Mi chaquetón de marino. 


12:20

Llego al ambulatorio diez minutos antes de la hora de mi cita. Me siento ante la consulta de mi médico de cabecera y trasteo en las RR SS. 


12:30

Justo a la hora de mi cita, me llaman para que entre a la consulta de mi médico de cabecera que es un joven harto amable y eficiente. Sigue el método de los médicos amables y eficientes de hogaño que consiste en dirigir al paciente una sonrisa de bienvenida y otra de despedida y en dedicar el resto del tiempo de la consulta a consultar la pantalla del ordenador con la atención que los arúspices de antaño ponían en consultar el vuelo de las aves o las entrañas de un ratón. 


13:00

Voy a la farmacia. Me basta con presentar mi tarjeta de la Seguridad Social para comprobar que, antes de llegar yo, ya había llegado a la farmacia la receta de mi joven, amable y eficaz galeno de cabecera. 


13:24

Llegan —desde Elche— las palmas para el Domingo de Ramos. Firmo el «recibí» y, con no poco esfuerzo, arrastro el cargamento hasta la sacristía y empiezo a desembalarlo y a clasificarlo. Palmas de primera especial: una. Palmas de segunda: seis. Puntas de palma: veinte. Palmitas de solapa: cuarenta. Me felicito. 


14.00

En casa de doña Nati encuentro a Eva. Cuando cuento mi aventura de hoy en el ambulatorio, Eva, que tiene mentalidad científica y expresividad poética y teatral, pregunta incrédula: «¿Omeprazol para la carraspera?». 



Lo que pasa en un solo día —o, incluso, en solo minuto— requeriría una eternidad para ser contado. 

Ahora que lo pienso, es posible que la eternidad haya sido pensada, precisamente, para hacer posible el relato de cada minuto de una vida. 



Como es lunes, hay que ir a La Mata para llevar la comunión a  Ana María. Etc. 



Sesión larga de Brahms porque llevo días sin sentarme a escuchar música. 

Sonata para clarinete y piano nº 2, Op 120. 

Cuatro canciones serias, Op 121.

martes, 10 de marzo de 2026

Diario. Domingo, 8 de marzo de 2026

 La Torre

domingo, 8 de marzo de 2026


8:00


Oficio de lectura y laudes.

Me siento ante el sagrario con la lira 33 del Cántico espiritual:

No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dexaste.

El alma reconoce que no había en ella gracia alguna cuando el Amado la miró y la agració. Y así, no puede olvidar que toda su gracia se debe a la mirada del Amado.



Mañana de domingo: misa y catequesis en Torremendo, misa en san Miguel. 

Después de misa preparo una maleta con libros que quiero llevar a la Torre. Preparo también una comida de domingo porque doña Nati está en Murcia. 

A eso de las dos y media salgo para La Torre. 



15:30

Llego a La Torre. 


16:30

Misa. 


17:30

Me despido de MVP, de AZV y de sus amigas. Ellas se van a Madrid, yo me quedo holgando en La Torre. 



EL POZO DE SICAR

(Homilia en La Torre)


Hace años escribí una poesía muy buena. Cada vez que me encuentro con un grupo de personas indefensas se la recito. Hoy la he recitado para los niños de Torremendo y de San Miguel. Esa poesía muy buena dice así: 

En mi iglesia hay una fuente,

que es la pila bautismal,

para que todos se laven

del pecado original. 

El cirio pascual, al lado,

nos recuerda con su luz

que Cristo Resucitado

venció a la muerte en la Cruz. 


¿Por qué hoy esta poesía tan buena?

Pues porque hoy, tercer domingo de Cuaresma, empieza en toda la Iglesia la gran catequesis bautismal que precede a la Pascua. 

A los que se bautizarán en la Vigilia Pascual, se les hace hoy el primer escrutinio y, en el evangelio de la samaritana, oirán hablar del misterio del agua viva. 

El domingo que viene —domingo Laetare— se hará el segundo escrutinio y, en el evangelio del ciego de nacimiento, oiremos hablar del misterio de la luz. 

El quinto domingo de Cuaresma, tercer escrutinio y evangelio de la resurrección de Lázaro. 

En realidad, toda esa catequesis bautismal es una catequesis sobre el Espíritu Santo que se nos da en el bautismo para que seamos hijos de Dios. 

Espíritu que lava y quita la sed. Espíritu que ilumina: el que me sigue no caminará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida. Espíritu que nos hace renacer a la vida eterna.


Muy bien. Pues hoy toca el evangelio de la samaritana. 

He leído la versión abreviada porque tenéis que volver a Madrid y no quiero que se haga de noche. 

La versión completa tiene tres partes. 

1. Diálogo de Jesús con la samaritana. 

2. Conversación de Jesús con los discípulos. 

3. Evangelización de los vecinos de Sicar.


Jesús, cansado del camino, se sienta junto al pozo. Un verso del maravilloso himno Dies irae, dice así: quaerens me sedisti lassus. Búscándome, cansado, te sentaste. 

¿Para qué se hizo hombre el Hijo de Dios? Para redimirme. ¿Para qué se fatigo? Para buscarme. ¿Para qué se sentó junto al pozo? Para encontrarme. 

Así tenemos que contemplar esta escena: en el pozo, Jesús, cansado, esperándote. 


Era la hora sexta —el mediodía— cuando llegó la samaritana. Los sabios han observado que nadie va a buscar agua a la hora de más calor a menos que quiera evitar el encuentro con otros. Aquella mujer —o sea, yo— de pasado algo turbio, ¿quería evitar encontrarse en el pozo con otros vecinos? Es posible. Pero allí se encontró con Jesús. 


Mujer, pecadora, samaritana. 

Imposible imaginar una interlocutora menos recomendable para un rabino. Ellos no tenían discípulas, Jesús sí, y excelentes. Para Jesús no hay barreras: ha venido a buscar, precisamente, lo que estaba perdido. Ha venido a buscar a la mujer pecadora y extranjera, o sea, a mí. 


Dame de beber. 

Ahora está de moda hablar de vulnerabilidad. Jesús se muestra así, vulnerable, necesitado. No empieza diciendo «tengo algo que necesitas» sino «necesito algo de ti». 


Cuando ella le pregunta que cómo pide de beber a una samaritana siendo él judío, Jesús dice algo misterioso que intriga a la mujer: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber». Ella acabará pidiendo a Jesús esa agua viva. Y así, una samaritana nos enseña a orar en cuaresma: «Señor, dame de esa agua». Podemos estar seguros de que Dios no dejará de dar el Espíritu Santo a quien lo pida. 


La mujer corre al pueblo —olvidando el cántaro cabe el pozo— y comienza su misión evangelizadora: «He encontrado a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho en mi vida». No dice: «He encontrado a un hombre que me ha dicho que soy una santa». 

Los apóstoles aprenderán también a evangelizar así. San Pablo recordará siempre que persiguió a los cristianos. San Pedro querrá que el evangelio hable de las tres veces que negó a Cristo y los demás apóstoles tampoco querrán ocultar que discutían por quién era el más importante y que todos abandonaron al Señor en el momento de la prueba. 

Así evangelizaremos también nosotros: 

—Mira, he encontrado un lugar en el que saben cómo soy y me quieren. 

—¿Dónde?

—Ven y verás.