lunes, 28 de septiembre de 2026

Diario. Lunes, 28 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

lunes, 28 de septiembre de 2026


05:40

Me levanto. 

Oficio de lectura y laudes. 

07:00

Voy a la iglesia por las estrechas callejuelas de Granja apenas iluminadas por la luna. 

Hay que desconectar la alarma y abrir las puertas de la iglesia de par en par —también la del garaje— para crear una corriente de aire fresco. 

Hay que encender las luces. 

Me siento en la capilla del Santísimo para mirar fijamente al sagrario. 

Cuando termino mi oración me pongo a estudiar el panel de luces que parece la consola de mandos de una central nuclear, o algo así. No consigo dar con el interruptor del farol de la cancela. 

Hago una delegación general en don Paco para asistir a los matrimonios en Granja. Preparo la delegación que don Paco tiene que hacer en mí para lo mismo en Cox. Se las mando. 

Caigo entonces e n la cuenta de que faltan quince minutos para las nueve, hora de celebrar en Cox. Salgo pitando. 


09:00

Misa de nueve en Cox. 

Luego pregunto a David por una ferretería. Hay una a cuatrocientos metros. Puedo ir andando. Encuentro allí a un conocido: nos saludamos. 

Un cliente acaba de comprar una manguera de riego. Pido a la dueña un tubo flexible como ese —señalo la manguera— pero más fino. Le explico que es para trasladar líquidos de un recipiente a otro. Pone cara de que estoy pidiendo un imposible o, al menos, algo harto extraordinario. Menea la cabeza. 

—¿Más fino?— pregunta. Y vuelve a menear la cabeza. 

Se va y vuelve con un tubo flexible, transparente y mucho más fino que la manguera. 

—No sé si le servirá esto— dice como quien piensa que lo que yo he pedido no se parece en nada a lo que ella me ofrece. 

Le digo que es exactamente lo que buscaba y me parece ver en sus ojos una expresión de decepción. Pido dos metros y me da dos metros de tubo. 

Cuando vuelvo a la iglesia oigo el melodioso sonido del órgano. El ser humano que lo está tocando se levanta, sale a mi encuentro y se presenta. Se llama Miguel, es el organista de Granja. Resulta que es natural de La Murada. Ya somos amigos. Vendrá el jueves, si Dios quiere, para la exposición del Santísimo. 


Con el tubo y un cubo voy a la pila de agua bendita de la derecha. Sumerjo un extremo del tubo en el agua bendita,  succiono por el otro extremo y dejo que el agua de la pila caiga al cubo. Repito la operación en la otra pila. Luego las seco bien, las limpio y las relleno con agua limpia y bendita. Durante toda la operación me persigue Horacio que, como siempre, ha aparecido silenciosamente. 


Tercia. 


Entran y salen algunos orantes. Muy bien. 


A las once y media, cuando voy al despacho parroquial, hay seis orantes en la capilla del Santísimo. 


A las doce y media, con mi DNI, mi nombramiento de párroco y con el acta de mi toma de posesión, voy a Caja Rural Central para tomar posesión de las riquezas parroquiales. 

Me atende Alfredo. Muy bien. 

A la una y media me despido. Estoy saliendo cuando una señora me hace notar que he dejado en una mesa mi nombramiento y el acta de mi toma de posesión. ¡Qué amable!


De paso hacia el palacio parroquial hago algunas compras en casa de Estefanía. 


Me preparo para comer: 

1. Un gazpacho.

2. Una ensalada de lechugas con tomatitos, queso, aceite, vinagre y sal. 

3. Un yogur. 

4. Una copa de vino tinto. 

5. Frutos secos. 


A las tres —recogida la cocina y derrotada la pereza— salgo para iglesia. 


Visita al Santísimo. 

Misterios gozosos con BXVI. 

Preparo los ornamentos y leo algo sobre san Lorenzo Rodríguez y compañeros mártires. 


A las cuatro y cuarto me siento en la capilla del Santísimo para mirar fijamente al Sagrario. 

Vísperas. 


A las cinco voy al despacho. Aquí suena el teléfono más frecuentemente que en San Miguel. Algunos llaman preguntando si hoy hay misa. Sí. 


A las seis y media me siento en el confesonario. A las siete menos cinco voy a la sacristía pero me sale al paso una joven. Resulta que se casa el domingo, que la casa un su primo y que todavía no tenemos su expediente. Primero la tranquilizo, luego la felicito y luego le ruego que traiga el expediente antes de la boda, a ser posible. 

Se va muy contenta. 


Toca empezar la misa. Es la primera vez que voy a celebrar ad orientem en Granja. ¡Qué emoción!


Después de la misa pido a los que van a quedarse a ensayar que salgan de la capilla para no molestar a los que quieran quedarse haciendo su acción de gracias. 


Ensayamos brevemente y luego doy una mini catequesis sobre los distintos modos de celebrar la misa. Del modo en que he celebrado hoy subrayo: 

1. Que no es una novedad sino la forma más tradicional de celebrar la misa. 

2. Que no me he apartado ni un tantico de las leyes litúrgicas. 

3. Que no hace falta permiso del obispo para celebrar así y que el obispo me conoce de sobra, sabe que celebro así y, con todo, me ha confiado esta maravillosa parroquia.

En los ruegos y preguntas, Elena dice que le parece que hay más comunicación cuando el sacerdote mira al pueblo. Le doy toda la razón y le explico que, por eso mismo, cuando el sacerdote habla pueblo, mira al pueblo. 

Cuando la congregación se disuelve, unos van diciendo «pues lo ha explicado muy bien»,  otros «pues a mí no me convence». 


Martín y Rebeca huyen con su abuela. Sus padres —qué amables— me ayudan a recogerlo todo y a cerrar la iglesia. 


Vuelvo al palacio parroquial y escribo esto.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Diario. Sábado, 26 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

sábado, 26 de septiembre de 2026


Anoche me tomé media pastilla para dormir. A las seis suena el despertador y me levanto fresco como una lechuga. He dormido casi ocho horas de un tirón. ¿Soy el presbítero más feliz del levante español? Sí. 


Voy a la iglesia para hacer mis oraciones y, luego, me pongo a remodelar la capilla del Santísimo. Pretendo —entre otras cosas— celebrar allí la misa ad orientem. 

En primer lugar, traslado la imagen de la Virgen de Hakuna a la capilla de la Dolorosa porque los de Hakuna han emigrado a Orihuela. 

Luego saco de la capilla el ambón que nos servirá —delante del presbiterio— como atril para hacer la oración de los fieles. 


Vienen en mi auxilio Laura y mi ángel de la guarda que la ha traído. 

—¿Puedo ayudarle con algo?—pregunta. 

Ya lo creo. El ambón lo he sacado yo solo, arrastrándolo, y me he machacado el dedo gordo del pie derecho. Además estoy sudando por el esfuerzo. 

La ayuda de Laura va a ser fundamental no solamente para mover las cosas sino también para colocarlas en el mejor lugar. 

Movemos la mesa del altar y la pegamos a la pared, debajo del sagrario. Muy bien. 

Ahora —otra vez su ayuda me parece venida del Cielo— Laura consigue una tela de damasco que nos sirve para cubrir por completo el altar. Muy bien. 

De la sacristía traemos un atril. Muy bien. 

El ambón que yo saqué —arrastrándolo— y puse en un sitio, Laura lo pone —sin arrastrarlo— en otro sitio mejor. Muy bien. 

—¿Si quito esos angelitos que están a los lados del sagrario me ganaré el odio del pueblo?—pregunto a Laura. 

Laura me explica la historia de esos angelitos. En el pueblo se cuenta que una señora los encontró en la basura y decidió donarlos a la parroquia. 

Llego a la conclusión de que puedo quitarlos siempre que encuentre para ellos un lugar más digno que la basura. 

Por último, Laura me hace una delicada observación. Resulta que he puesto la vela votiva del Santísimo en un candelabro murciano de estilo remordimiento y he colocado el candelabro delante del sagrario. 

—Desde aquí —dice sentándose en uno de los bancos de la capilla— una no sabe si adorar al Santísimo o al candelabro.

La comprendo perfectamente. Ponemos el candelabro a un lado del altar. 

Luego dejo en paz en Laura para que pueda hacer su oración. 

Cuando Laura se va, llega su marido: José Luis. Le gusta cómo ha quedado la capilla y se queda a mirar fijamente al sagrario. 


Paso la mañana en la iglesia y, entre otras cosas, limpio y lleno las pilas de agua bendita y concierto un encuentro con dos penitentes para el domingo. 


Como con don Paco en Il popolo. Hablamos de graves asuntos y al final felicitamos a los camareros y a los de la cocina por lo bueno que ha estado todo. 


Nos despedimos a eso de las tres y media. A las cinco tenemos reunión con el Consejo de economía parroquial. 

Llego a los salones un poco antes para encender el aire acondicionado. Van llegando: Damián, Jesús, Lola, don Paco y Guadalupe. Tratamos graves asuntos. Muy bien. 


Nos despedimos a las seis y voy a la iglesia. No ha venido Mari Carmen. Martín me ayuda a prepararlo todo.

Llega Pep porque hoy la Hermandad de la Santa Cruz reparte unos galardones. 

Después de misa se reparten los galardones y alcalde pronuncia unas nobles palabras de agradecimiento. 

A eso de las ocho y cuarto salgo para Consum. 


Son las 22:05 cuando termino de escribir esta página de mi diario. Me muero de sueño y aún no he rezado completas.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Diario. Viernes, 25 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

viernes, 25 de septiembre de 2026


Me despierto con fiebre y tiritando. El termómetro marca 38º y todas mis articulaciones gimen. Si es por la fiebre o por la artritis, no lo sé. 

Hacia las diez de la mañana, la fiebre ha desaparecido y me levanto aunque decido quedarme en casa. 


Aprovecho para leer un poco. Por ejemplo, Salvatore Quasimodo: como un crepúsculo de rosas en la noche de amatista. 


Laura y José Luis me invitan a cenar en su casa el viernes 9 de octubre. Primera invitación en el pueblo. ¡Qué emoción!


Don Paco está en Madrid. Me llama desde la Cooperativa del Clero donde tengo encargada una sotana. Me piden que vaya a probármela. 


Paloma anuncia que vendrá el domingo con José María. Muy bien. 


Preparo una minihomilía por si viene Marina. La pregunta «¿quién decís que soy yo?», la dirige Jesús a sus discípulos. Ellos tendrán el encargo de revelarnos a los demás el misterio del Señor. Y, ¿qué diremos nosotros de Jesús? No podemos decir algo distinto de lo que hemos recibido de los apóstoles: que es el Hijo único de Dios, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracias del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen… 


A las tres y media, recogida la cocina, bajo al despacho y dos horas después voy a la iglesia para rezar y preparar el altar. 


Misa de siete en San Pedro. Votiva de la Santa Cruz porque es viernes. Me ayuda Jesús, un ser humano que ha entrado en la sacristía sonriendo y se ha ofrecido a hacer de acólito. 


Escalada en el conflicto del Cristo yacente


La bonita figura del Cristo yacente es obra de Ramón Cuenca. 

Francisco —el presidente de la Hermandad— me notificó hace unos días que iba a encargar su restauración porque los devotos, de tanto tocarla, la habían deteriorado. También me dijo que, una vez restaurada, quería trasladarla de la capilla de la dolorosa al bautisterio que está enrejado y puede cerrarse evitando el asalto de los devotos. 

Antier, el escultor restauró la imagen y el presidente de la Hermandad la traslado al presbiterio. Por la tarde, algunos feligreses me lanzaban miradas torvas. 

Ayer me abordó una feligresa: 

—El Cristo siempre ha estado en la capilla de la Dolorosa. Tiene que volver allí. 

Hoy me ha abordado un feligrés: 

—La imagen no puede estar donde está y tiene que volver donde estaba porque la gente lo quiere así. 

Y yo: 

—Francisco no lo quiere así. 

Y él: 

Pues si no lo quiere, ya lo querrá. 

¡Qué emoción!


Misa de ocho en Cox. Luego compro otras gafas pprque las que compré la semana pasada se han roto. 

Ya he cenado. Son las 21:47 cuando termino de escribir esta página. Aún tengo que rezar completas. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Diario. Jueves, 24 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

jueves, 24 de septiembre de 2026


Esta mañana —gloriosa, cielo azul, limpísimo— he estrenado el tendedero de la azotea tendiendo las sábanas mientras —según la mejor tradición— canturreaba el «Tú has venido a la orilla». 

En la iglesia, he coincidido con Antonio que me ha ayudado a mover algunas cosas y a ordenar una capilla. Luego nos hemos sentado para mirar fijamente al sagrario y se nos ha unido María del Rosario. 

Después de rezar el oficio de lectura y laudes, he ido a la sacristía para la preparar la misas de la tarde. 

Como Antonio se ha ofrecido a ayudarme, le he enseñado a preparar el misal, el libro de la sede, el leccionario y el cáliz. 


Tenía que ir a La Lloseta porque es jueves y he ido a La Lloseta. Luego he comido en La Torre y he vuelto a Granja. 


Tenía que celebrar a las siete y lo he hecho. Al terminar la misa ha entrado en la sacristía alguien que se ha presentado con Marina, me ha dado la bienvenida, me ha explicado que no es del pueblo pero que suele venir a Misa porque le viene bien el horario. También me ha preguntado que si vamos a retomar los jueves eucarísticos. Y también me ha dicho que agradecería mucho una predicación diaria porque es nueva y, a veces, le cuesta entender el evangelio. 


Tenía que celebrar a las ocho en Cox y lo he hecho. 


Luego tenía que repostar. ¿Urgentemente? Sí. 

La más barata y cercana era Gasoil Pepe Ramón S.A. Allá que me he ido cruzando lobreguísimos paisajes y adentrándome en un lugar desierto y de mucho miedo. Al llegar, he encontrado la estación abierta pero desierta. Un ser humano barbado ha venido en mi ayuda. ¡Qué amable! Luego he lavado el coche. 


Tenía que volver al palacio parroquial, recoger la ropa que tendí por la mañana, hacer la cama y la cena… Lo he hecho. 


Tenía que escribir esta página del diario y rezar completas. 


Son las 22:50 cuando termino esta página del diario. Luego rezaré completas, si Dios quiere.