jueves, 11 de junio de 2026

Diario. Miércoles, 10 de junio de 2026

 La Torre

miércoles, 10 de junio de 2026


03:00

Me despierto y, con harto esfuerzo, me levanto venciendo el dolor y el anquilosamiento de mis articulaciones. Reflexiono un poco y llego a la conclusión de que los antiinflamatorios no me están haciendo efecto. Entonces tomo una decisión: voy a tomarme una Prednisona. 

Hasta las cinco me dedico a pasear, a rezar —el oficio de lectura, por ejemplo— y a lloriquear. 


05:00

Me acuesto. Se diría que la droga ha hecho su efecto. Me duermo. 


06:00

Suena el despertador. El dolor casi ha desaparecido por lo que me levanto muy contento y me lanzo a mi rutina de los miércoles  que incluye abrir la iglesia, ir al hospital, celebrar la misa —hoy votiva de san José—, visitar a Mauricio y a Ana María, hacer un rato de oración en la capilla del hospital y volver a San Miguel. 

10:30

Rutina de los miércoles en San Miguel que incluye ir al confesonario, celebrar la misa de once —otra votiva de san José— y preparar mi maleta para ir a La Torre. 


ASUETO EN LA TORRE


He traído un montón de libros que ya he leído. Hay que colocarlos en la biblioteca pero ¿quién se resiste a hojear algunos de ellos? Por ejemplo, A Prayer Journal de Flannery O’Connor. Por ejemplo, A la espera de Dios, de Simone Weil.


Orar es esperar.


Me siento a esperar bajo el algarrobo. Me visitan los mosquitos, pero  tengo Aután. También tengo tiempo. Me he puesto en la piel de aquel paralítico que estaba echado junto a la piscina probática. Tengo todo el tiempo del mundo. A los paralíticos nos sienta mejor la parsimonia que la impaciencia. 


Maravillosa tarde —cielo nublado y brisa de levante— para rezar el rosario paseando por el palmeral. 


Hablo con la hija de Finbarr sobre algunos detalles del funeral del viernes. 


Hablo con un hijo de Pepe. Su padre acaba de morir. Le doy el pésame y él me lo da a mí porque sabe de la amistad que nos une. 


Hablo con María. Su hija estaba esta mañana en La Torre pero ya está de vuelta en París. 


Me siento en la butaca de la abuela Paquita y pongo los pies sobre uno de los taburetes que he heredado de la Biblioteca Sacerdotal. Un monaguillo se me acerca:

—Padre, estoy reflexionando sobre la relación alma-cuerpo. El hilemorfismo aristotélico me parece muy problemático. ¿Podrías darme una palabra de luz?

—Hijo mío, graba esto en tu mente y en tu corazón: el dualismo cognitivo proyecta una sombra ontológica. 

—Gracias, padre. 

Me despierto. 


Mensajes de WhatsApp del grupo de catequesis, de unos novios, del tanatorio… ¡Qué bien!


De pronto me asalta una voz que —acusatoria— me abruma: «El Papa evangelizando a los catalanes y tú holgando en La Torre. ¿No te da vergüenza?». 


No respondo a esa voz Ese tipo de voces no suele venir del cielo que me tienes prometido. 


No respondo a esa voz pero busco en Internet «andanzas del Papa en España hoy» y lo veo por doquier rodeado de seres humanos que lo aplauden. Sé por experiencia que es agotadora esa permanente exposición a las miradas de los que te aman. Sé que eso es lo más parecido a estar crucificado. Entonces empuño mi rosario y acompaño al Papa de la mano de la Señora.

miércoles, 10 de junio de 2026

Diario. Lunes 8 y martes 9 de junio de 2026

 San Miguel Salinas 

lunes, 8 de junio de 2026


Me despierto con bastante dolor en los brazos y en las piernas: no importa. 

Abro la iglesia a la siete, como de costumbre, y voy al hospital. 

Misa por las almas del purgatorio. 

Visito a Ana María y a Mauricio. 


Los dolores de huesos van aumentando. No importa. Vuelvo a San Miguel y voy al banco, como de costumbre. Luego me tomo un antiinflamatorio. 


Misa en San Miguel por el Papa. Muy bien. 


Los dolores de huesos arrecian. Me tumbo en la cama para seguir el discurso del Papa en las Cortes. 


A la hora de comer, camino con harta dificultad hasta la casa de doña Nati que está con Eva, Gracia y José María. Eva se va. José María, que me ama mucho, me amenaza con darme una paliza si no pido que me vea un médico en el hospital. 

Suena el teléfono. Una señora con acento extranjero me ruega que vaya a dar la unción de enfermos a su querido padre. 

Me despido de doña Nati, de Gracia y de José María y voy a la casa abadía para tomar otro antiinflamatorio. 

Salgo para el hospital. 


La señora que me ha llamado es irlandesa, aunque vive en Londres. Ha venido a España para acompañar a su padre que agoniza. Me habla de él con mucho cariño. Su madre ya murió. No tiene hermanos. Charlamos. Luego rezamos y doy la absolución y la unción de enfermos a Finbarr, que así se llama. 


Son las cuatro y media o así cuando vuelvo a San Miguel aparco y subo a la iglesia para rezar el rosario sentado, para seguir sentado mientras hago la oración de la tarde, para seguir sentado mientras no hago nada más que masajearme las manos. Entonces suena el teléfono. Que si puedo darle la unción de enfermos a Pepe, que está muy malito. Que no está en el Quirón sino el Hospital de Torrevieja, en la habitación tal. Que voy. 


Primero voy a la casa abadía para tomarme otro antiinflamatorio y un vaso de gazpacho andaluz. Luego vuelvo a la sacristía, cojo el óleo de enfermos y un algodón y vuelvo al coche. Estoy en ello cuando me llama la hija de Finbarr: su padre acaba de morir. 


Son las seis y media o así cuando llego a la habitación de Pepe. Me reciben con muestras de alegría y cariño. Rezamos, doy la absolución a Pepe, le impongo las manos y lo unjo en la frente y en las manos. Luego nos despedimos. 


Son las siete y media o así cuando llego a Masymas. Ana Isabel me ha invitado a cenar en su casa y voy a comprar algunas cosas para ellos: trufas, por ejemplo. 


A las ocho estoy cenando con Ana Isabel, Wilder y Camila. Luciana no ha llegado. Todos se compadecen mucho de mí porque ni siquiera puedo desabrocharme el botón del cuello de la camisa y porque tampoco puedo usar los cubiertos con la mano izquierda y porque camino como un anciano. 


A las nueve o así, Wilder me lleva a casa, me ayuda cerrar la iglesia y vuelve a su casa con mi coche porque mañana va a llevarlo a un taller especializado en reparar el aire acondicionado. ¡Qué amable!


San Miguel de Salinas

martes, 9 de junio de 2026


Paso la noche que si me acuesto, que si me duele todo, que si me levanto a pasear, y así. Muy bien. 

A las once, misa por el Papa. 


El alcalde me pide el programa de actos religiosos para las fiestas y el saluda. Preparo un borrador de programa y se lo mando. Me da las gracias. Le mando un «no hay de qué». 


A la una, hora sexta con el Papa. Cantada y todo, como a mí me gusta. 

Comida con doña Nati, como siempre. 


A las cuatro llaman a mi puerta Wilder y Ana Isabel. Tienen que darme una mala noticia, pero no quieren. Los animo y la sueltan: que hay que cambiar el compresor del aire acondicionado de mi Lamborghini y que la reparación costará más de seiscientos euros. Les digo que me parece una ganga y que si quieren cenar conmigo. Me acompañan al Collie y reservamos una mesa para las siete y media. Nos despedimos. 

A las seis tengo una Reunión con Ewa —polaca— y con su novio inglés. A las seis y cinco me mandan un mensaje: que están en la iglesia. Salgo a su encuentro y nos reunimos en al sacristía. Quieren casarse. ¿Están bautizados? Sí, ella en la Iglesia Católica y él en la Iglesia de Inglaterra. Muy bien. 


Cena con Ana Isabel, Wilder y las niñas.

martes, 9 de junio de 2026

Diario. Domingo, 7 de junio de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 7 de junio de 2026


A las ocho abro la iglesia. Hoy día del Corpus, la liturgia del las Horas es muy cantable: Panis angelicus, Te Deum, O salutaris hostia…

Me siento ante el sagrario para hacer la oración con la secuencia del Corpus: Lauda, Sion, Salvatorem. Más canto. 


A las nueve y media salgo para recoger mi coche y salir para Torremendo. Saludo a Rosi que es la que está al frente de los alfombradores de las calles. Cuando llego al lugar donde aparqué el coche ayer, hallo el coche pero no las llaves. Me toca volver a la casa abadía y luego, otra vez, hasta el coche. 


La misa en Torremendo empieza con siete minutos de retraso. Pido disculpas y anuncio que ofreceremos la misa en sufragio por el alma de Enriqueta en el primer aniversario de su muerte. 


Canto la primera estrofa del Lauda, Sion, Salvatorem el archidiácono lee la segunda en castellano; canto la primera, y así. 


La homilía es un comentario de la secuencia compuesta por santo Tomás de Aquino para la fiesta:


Lauda, Sion, Salvatorem, 

lauda ducem et pastorem 

in hymnis et cantici. 


Alaba, Sion, al Salvador,

alaba al guía y pastor

con himnos y cánticos.


Esto haremos, ante todo, en la fiesta del Corpus: alabar a nuestro Salvador con himnos y cánticos, llevándolo en procesión por las calles. Sabemos que nunca lo alabaremos lo bastante: 

Pregona su gloria cuanto puedas

porque él está sobre toda alabanza,

y jamás podrás alabarlo bastante. 

Aunque estuviéramos una eternidad alabándolo —y eso haremos si Dios nos concede alcanzar a gloria del Cielo— ni en una eternidad lo alabaríamos bastante, ni nos cansaríamos de alabarlo. 


Hoy nuestras alabanzas se dirigen al pan y al vino que dan vida, el que fue dado a los Doce en la última Cena. De cada alma debe salir una alabanza llena, sonora, alegre y pura. 


Lo que Jesús hizo en la última cena, mandó que lo hiciéramos también nosotros y así, en cada misa, llevamos al altar pan y vino y el sacerdote los consagra repitiendo las palabras de Jesús de modo que el pan se convierte en carne y el vino se convierte en sangre. Del pan y el vino quedan las apariencias, lo que los sabios llaman «accidentes». Pero ahora, la sustancia ha cambiado. No queda nada de la sustancia, de la realidad del pan y el vino. Bajo esas apariencias tenemos a Jesucristo real y sustancialmente presente en el sacramento. 


Lo que no comprendemos ni alcanzamos por la razón, lo creemos y abrazamos por la fe como lo que es: un don de Dios. 


Su Carne es alimento y su Sangre es bebida, pero Él está todo entero bajo cada especie. 


Si comulgo ¿rompo el Cuerpo de Cristo? No tal, sino que lo recibo entero. Lo recibe uno, lo reciben mil y ni el uno recibe más ni los mil menos, porque no se consume al ser tomado. 


Lo reciben los buenos y los malos, pero no de la misma manera porque es muerte para los malos y vida parta los buenos. Por eso, los sacerdotes, antes de comulgar, suplicamos: no permitas Señor, que esta comunión sea para mí motivo de juicio y condenación. Y por eso, a todos se nos pide que examinemos bien nuestras conciencias antes de acercarnos a comulgar. 


Ves que el sacerdote parte la Hostia y sabes que Jesucristo está tan entero en cada parte como estaba antes en el todo, porque se rompe la señal, no la sustancia. 


No echemos a los perros el pan de los ángeles que ha sido hecho pan para los hijos y que fue anunciado en el sacrificio de Isaac, en el cordero pascual y en el maná. 


Te alabamos, Buen Pastor. Tú, ten piedad de nosotros, apaciéntanos, guíanos y, ya que nos invitas a esta mesa de la Eucaristía haz que un día nos sentemos en la mesa del cielo con todos los santos y con nuestra Madre Santa María, que es la reina de todos ellos. Amén. 


Después de misa vuelvo a San Miguel y me siento para ver en YouTube qué anda haciendo el Papa, y para acompañarlo con oración. También tuiteo un poco. 


Doña Nati y yo estamos invitados a comer en casa de Irene y Raúl con Eva, Miguel, Raúl Jr, Roberto y la muchacha a cuya simpatía es él sensible y Óscar. 


A las siete empieza la misa solemne de Corpus con coro, archidiácono, incienso, autoridades, niños de comunión, madrinas con mantillas, banda y toda la pesca. 


A las ocho menos cuarto empieza la procesión que dura más de hora y cuarto. Voy rezando rosarios y otras preces por el Papa. No hay que lamentar víctimas. 


Cierro la iglesia y voy a ver las noticias a cada de doña Nati. 

domingo, 7 de junio de 2026

Diario. Miércoles 3, jueves 4, viernes 5 y sábado 6 de junio de 2026

 La Torre 

miércoles, 3 de junio de 2026


Hoy no voy al hospital porque tengo que renovar mi DNI perdido. 

Abro la iglesia a las siete. A las siete y media llega Joan y voy al confesonario. 

A las ocho empieza la misa y a las nuevo estoy sentado en un banco de El Paseo cuando llega la unidad móvil de la Policía Nacional. Pregunto que si me tienen en su lista y me dicen que sí, pero que estoy de los últimos y que solamente podrán atenderme si falla alguien.

No importa, me he traído lectura para horas. A las nueve y media se abre la unidad móvil y empiezan a atender al personal. 

—Pase usted —me dice el de la lista. 

—¿Yo?— pregunto yo. 

—Sí, usted. 

Me atiende un policía de unos cuarenta y pocos años; alto, delgado, con el pelo recogido por detrás en una larga cola de caballo y con sendos y llamativos pendientes en las orejas. Es, además, extraordinariamente amable y eficiente. 

En menos de quince minutos me han resuelto la cosa. Salgo de la unidad móvil, saludo a Samael y a su madre que está haciendo cola para entrar en la unidad móvil y voy a la casa abadía para preparar la maleta que me llevaré a La Torre. 

Mientras la preparo doy las gracias a mi ángel que me sugirió no ir al hospital, celebrar a las ocho y estar a las nueve en El Paseo. A mi ángel que ha arreglado las cosas para que el último sea el primero. No carezco de nada. 


El siguiente paso es ir al garaje con la maleta y salir para Torrellano. 


Deben de ser las once cuando llego a Torrellano y aparco en Consum. La compra me sale por sesenta y cinco dólares. 


Deben de ser las doce menos cuarto cuando aparco en la ferretería de Torrellano. Allí compro una placa eléctrica para cocinar, un perol para cocer pasta y eso, dos bombillas led y un cable alargador con varios enchufes. Otros setenta dólares, o así. 



Ya en La Torre, hay que descargar el coche, ordenar la compra, preparar la comida, poner la mesa, servir la comida, bendecir los alimentos, comer, recogerlo todo, preparar el café, saborearlo en el sillón de la abuela Paquita, dar allí mismo una cabezada, lavar la taza y el plato del café. 


Deben de ser las tres o así cuando termino de hacer todo eso y calculo que me quedan unas tres horas hasta que llegue Ana Isabel. 


Me da tiempo a hacer mis oraciones y a empezar a organizar la almazara para el concierto del día 20. 



Son las seis cuando llega Ana Isabel que ha venido a ayudarme a preparar la almazara para el concierto. 

Hay que colocar unas cincuenta sillas y mover seis mesas y tres sofás. Por fortuna, Ana Isabel es fuerte. 

Luego nos da tiempo a abrir seis de las treinta cajas con tesoros de la Biblioteca Sacerdotal Tabarca. Se me han dado plenos poderes para tirar, vender, regalar y/o apropiarme de cuanto hay en ellas. 

Regalo a Ana Isabel seis sillas de comedor nuevas y un mantel con doce servilletas a juego. 

Llevamos a la almazara seis sillas —tapizadas en verde y con brazos— que estaban en el cuarto de estar de la Biblioteca Sacerdotal. 

Tiramos un montón de trastos inservibles y apartamos una colección de vinilos de la Deutsche Grammophon. 

Son las ocho cuando nos despedimos. Ana Isabel vuelve a San Miguel con cuatro de las seis sillas de comedor. Las otras dos las ha cargado en mi Lamborghini. 

Yo llevo a mi piso dos taburetes que también estaban en la sala de estar de la Biblioteca Sacerdotal y que me van a servir para repantingarme en el sillón de la abuela Paquita con los pies en alto. 



Luego va cayendo el sol y va pintando de rosa el Oriente de La Torre y quien lo ve, lo saborea. 


San Miguel

jueves, 4 de junio de 2026


Amanezco en La Torre. 


Aprovecha la mañana para seguir abriendo cajas de la Biblioteca Sacerdotal. En btre los tesoros que hallo está un ejemplar de La Ilíada de Eudoxio Hernández Ortega. 


Voy a La Lloseta y vuelvo de La Lloseta. 


Después de comer en La Torre vuelvo para San Miguel. 


Hoy tenemos la Exposición sin órgano ni nada porque Andrés está celebrando el Corpus —con razón— en Almoradí. 


Precisamente hoy, que no ha venido Andrés, la iglesia se ha llenado de adoradores amables que —a más a más— se han quedado para participar en la misa. 



San Miguel de Salinas

viernes, 5 de junio de 2026


Después de celebrar en el hospital la misa de san Bonifacio y de llevar la comunión a Ana María y a Mauricio, vuelvo a San Miguel. 


A las once, segunda misa de San Bonifacio. La ofrecemos por Jordi, en el primer aniversario de su muerte. 


20:30

Se nos anuncia por WhatsApp el nacimiento de Lucas, mi cuadragésimo séptimo sobrino nieto. No carezco de nada. 


San Miguel de Salinas

sábado, 6 de junio de 2026


A las ocho abro la iglesia. 


A eso de las diez menos cuarto llega Joan. A las diez en punto ponemos en marcha el volteo de campanas para celebrar la llegada del avión del Papa. Quiero decir, para celebrar la llegada del Papa en avión. Acto seguido rezamos un Avemaría por él. (Por el Papa, no por el avión). 


Voy al confesonario, rezo Tercia y me pongo a ver imágenes de la llegada del Papa. 


A las once, segunda misa de San Bonifacio.

Luego Joan me invita a un café.


Del discurso del rey en el palacio, me sorprende la impertinencia de hablarle al Papa de los abusos en la Iglesia. Del discurso del Papa me sorprende el recurso al tópico de la convivencia pacífica de las tres culturas. Cuando el Papa Alejandro VI otorgó el título de «católicos» a Fernando e Isabel, lo hizo en reconocimiento al fin de la Reconquista y a la expulsión de los judíos. 


Misterios gozosos por el Papa y por el fruto de su viaje apostólico. 


Como con doña Nati y luego busco noticias del Papa. Misterios dolorosos por él y por el fruto de su viaje. 


A las cinco salgo para Torremendo. Ya han empezado a preparar en San Miguel las alfombras de sal para la procesión de mañana. 


A las seis, misa del Corpus en Torremendo. Al terminar la misa, el archidiácono preside la procesión y yo me vuelvo a San Miguel. No puedo llegar hasta el garaje porque las calles están cortadas. Aparco donde puedo. 


A las ocho, último volteo de campanas y misa del Corpus en San Miguel. 


Ceno en casa con las viandas que me preparó doña Nati después de comer y luego voy a ver las noticias con ella.