sábado, 1 de agosto de 2026

Diario. Sábado, 1 de agosto de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 1 de agosto de 2026


00:00

Llegamos a casa de Joan. Sale a recibirnos Laura. Me encanta viajar con alguien que necesita asistencia especial. Todo es muy emocionante. 


Ayudamos a Joan a bajar del coche y a sentarse en la silla de ruedas. Luego empujamos la silla de ruedas hasta la puerta de su casa pasando milagrosamente entre los coches aparcados, subiendo milagrosamente a la acera y cruzando el jardincillo. 

A continuación, Joan tiene que levantarse de la silla de ruedas y sentarse en la escalera que sube hasta la puerta de su casa. Vemos como sube de espaldas, sentándose en un escalón, en el siguiente, y así. Ya está sentada en el suelo de su casa. Ahora hay que plegar la silla, subirla, desplegarla y ayudar a Joan a levantarse  del suelo y a sentarse en la silla. Nadie se queja. Muy bien. 

Nos despedimos. 


00:30

Llego a la casa abadía. 

En efecto, el tímpano del oído derecho se ha roto a pesar de los tapones Quíes y, al quitarme el tapón, la sangre mana. Me pongo un tapón de algodón y me acuesto sin quejarme. Me quedo frito inmediatamente. 


6:00

Suena el despertador. Me tomo un vaso de leches y un antiinflamatorio. 

Oficio de lectura y laudes de san Alfonso María de Ligorio.

Me acuesto otra vez. 


8:00

Me levanto. 

Café con leches pero nada más. Creo que en Inglaterra he engordado veinte libras. 

Pongo una lavadora, friego toda la casa después de recoger los cadáveres de cinco cucarachas y luego me ducho y me pongo mi camisa de clergyman blanca y nueva. 

Tengo unos cien mensajes de WhatsApp. Voy contestando uno a uno sin prisa. 


9:45

Me dispongo a salir para la iglesia. Iván está en la puerta y ha amontonado su equipaje no lejos. Estrecha mi mano derecha con la suya y dice unas nobles palabras de despedida y agradecimiento. Ha estado ocupando una habitación en los locales parroquiales durante más de dos años. Ahora, con la ayuda de Teresa, ha conseguido una habitación en la casa de otro belga. Me alegro por él y por el sacerdote que me va a suceder en la parroquia. Un problema y un gasto menos para él. 


10:00

Me siento para mirar fijamente al sagrario. Luego doy el primer toque de misa y —como Joan tiene roto el tobillo— preparo el altar y todo. 

Llaman del Tanatorio. Ha muerto Eugenio. Funeral para mañana a las once. Muy bien. Lo anuncio en FBK. 


11:00

Misa de san Alfonso María de Ligorio, napolitano de cuando Nápoles era una hermosa parte de la hermosa España. 


11:40

Delcy me ayuda a recogerlo todo. Sé que ha sufrido un poco. Primero porque hace unos días intentó ayudar a recoger las cosas del altar y Joan, que aún no se había roto el tobillo, le echó una bronca en plan: «no oses tocar nada de lo que va a estar, está o ha estado en el altar porque de eso me ocupo yo». A más a más, algunas señoras piadosas fruncen el ceño cuando la ven subir al ambón para hacer las lecturas. Y eso que lee muy bien. 

Le doy las gracias por su generoso empeño y le digo que no haga caso ni de Joan —que es muy buena y que compensa su vivo genio con el buen humor típico de las personas humildes— ni de las señoras piadosas que tienen el ceño fruncido de nacimiento y no pueden hacer nada al respecto. 

Agradece mucho mis palabras y dice que volverá a Colombia —si Dios quiere— el 16 de agosto. Le digo que ese mismo día dejaré yo la parroquia. El decoro nos impide abrazarnos pero ella se inclina sonriendo y pide la bendición y yo me inclino muerto de risa para decir: «que Dios nos bendiga a todos». Y ella: «¡Amén!». 


12:00

Voy al ambulatorio. 

—Oiga —digo a una señora que está detrás de un mostrador al mismo tiempo que le muestro mi DNI— he perdido mi tarjeta de la Seguridad Social. 

—¿Sabe dónde la ha perdido? — inquiere. 

La miro fijamente para ver si se está burlando de mí. No se está burlando de mí. 

—No lo sé. 

La señora teclea y teclea en el teclado de un ordenador. Luego me mira: 

—Para solicitar una tarjeta nueva hay que venir un lunes con cita previa. 

—Muy bien —digo— pero necesito que me vea el médico. 

—¿Qué le pasa?

Le explico lo de mi viaje a Coventry para la graduación de Matthew y lo de la silla de ruedas y todo con mucho detalle hasta el momento dramático de la explosión de mi tímpano. Ella no para de teclear como posesa. 

Cuando termino me dice señalando una sala de espera: «Siéntese allí. Si espera bastante a lo mejor me da tiempo a darle una tarjeta nueva». 

Me siento. 

Cinco minutos después la señora del mostrador sale del mostrador y me entrega mi nueva tarjeta de la Seguridad Social. No nos abrazamos porque lo impide el decoro pero nos miramos como se miran los amigos de toda la vida y yo improviso unas nobles palabras de agradecimiento. 

Inmediatamente se oye una voz grave: «¿Francisco?». 

Sé por experiencia que en la Seguridad Social me llaman Francisco. Vuelo hacia la voz. 

La voz es la de un médico que parece un forzudo de los que hacían anuncios de vitaminas o linimentos en el siglo antipasado. 

Tiene el pelo corto y rojizo y la barba larga y del mismo color. Cuello, pecho y brazos tatuados y pugnando por reventar una ajustadísima camiseta. 

Cuando abre la boca para preguntarme —llamándome de usted y mirándome a los ojos— que qué me pasa, sé que estoy ante un gigante bueno. Si es ruso o ucraniano, no lo sé. Pero sé que es bueno y le abro mi alma. Le cuento todo lo del viaje a Inglaterra y lo de la corneja y lo de la graduación de Matthew y eso. 

El gigante bueno se conduele cuando le cuento lo del dolor que sentí cuando me reventó el tímpano. Lo noto en su mirada y en la delicadeza con la que explora mi oreja derecha. También lo noto en la humildad que muestra cuando —al despedirnos— nota que me cuesta levantarme de la silla y se levanta él y viene en mi auxilio. ¡Qué amable!


14.00

Doña Nati me ha citado en El Borrascas. 

Voy para allá. 

La hallo bebiendo cerveza y picoteando pulpos y ensaladillas con Raúl y Óscar. 

Nos saludamos y me uno a la fiesta pidiendo una cerveza como la de doña Nati. 

El camarero que nos atiende es Tano. No lo he reconocido pero Óscar lo llama por su nombre y —zas— lo veo con Óscar entre los niños que hicieron la primera comunión hace quince años. 

Cuando vuelve lo saludo por su nombre y le confieso que no lo había reconocido.  Él me mira con simpatía y comprensión. 



Rutina de una tarde de verano:

Misa de seis en Torremendo y de ocho en San Miguel. 



23:19

Termino de escribir esto.

Diario. Jueves, 30 de julio (II) y viernes 31 de julio de 2024

 Coventry

jueves, 30 de julio de 2026


SEGUNDA PARTE


El sacerdote que nos atendió ayer en St Osburg nos dijo que podíamos llamar hoy para concertar la misa. 

Matthew llama y nada. 

Terminamos de comer y vamos a casa de Sarah y Matthew. 

Matthew vuelve a llamar a St Osburg. Nada.

Joan se retira para descansar. Sarah, Matt y yo no quedamos de tertulia. 

A las seis, Matthew hace el último intento. Nadie contesta en St Osburg. Me quedo sin celebrar misa. 


A las seis y media, Matthew me deja en el hotel y nos despedimos. 

Misa seca en mi habitación. 

Luego salgo para hacer mi oración sentado bajo un roble. 

Aún tengo tiempo para rezar vísperas y para leer The Dedication of The Napoleon of Notting Hill to Hilaire Belloc. 


San Miguel de Salinas

viernes, 31 de julio de 2026


6:00

Suena el despertador en Coventry. 


6:40

Oficio de lectura y laudes de san Ignacio de Loyola. 


7:10

Mando un mensaje a La Torre: ¿Podrán preparar la ermita para que celebre misa allí esta noche a las 21:00? Contesta Rosario. Que sí. 

Voy a desayunar. Al terminar me despido de la camarera y de la cocinera del hotel que se muestran apenadísimas por mi marcha y hacen votos por mi pronto regreso. 


8:00

Me siento bajo un roble para orar. El día es fresco y soleado. Muy bien. 


8:30

No sin dificultad, me levanto para volver a mi habitación. Me duele la rodilla derecha. No me quejo. 

Enchufo mi teléfono —cuya batería dura cada vez menos— y me pongo a leer Valaquenta, la segunda parte de The Silmarillion.  


9:30

La batería está casi completamente cargada. Salgo a merodear por los alrededores. Encuentro un paraje umbroso bajo una amena fresneda y me siento para leer El amanecer de los derechos del hombre. 


10:30

Vuelvo al hotel para recoger mis cosas porque tengo que dejar libre la habitación. Llamo a Matthew. 


11:00

Matthew viene a recogerme. Nos vamos de compras a Morrisons. Yo no compro nada. 


11:30

Llegamos a casa de Sarah y Matthew. Todos han dormido bien. Me felicito. Matthew me prepara un té y, acto seguido, se encierra en la cocina con Sarah para preparar la comida. 

Tercia. 

Lectura del Evangelio de san Marcos. 

Lectura del poema de Chesterton dedicado a Margaret E. Wedderburn: 

Take them, you, that smile on strings, those nobler sounds than mine,

The words that never lie, or brag, or flatter, or malign. 


12:10

Matt nos sirve un aperitivo que incluye vino tinto de Rioja. Muy bien. 


13:00

Comemos y bebemos. 

Tenemos que estar en el aeropuerto de Birmingham a las tres. 

A las dos y media nos despedimos de Sarah. Matthew nos lleva al aeropuerto. 

Allí nos despedimos de Matthew y saludamos a los de la asistencia en viaje que van a asistir a Joan. 

Si la asistencia en Alicante fue sobre ruedas, la asistencia en Birmingham es un desastre. Yo no me quejo. Joan se queja un poco. Con razón. 

Nos separan antes de embarcar y ya no nos veremos hasta llegar a Alicante. 

17:30

Me pongo mis tapones antipresión Quies y nuestro avión despega. 

Media hora después siento un dolor agudísimo aunque breve en mi oído derecho. Me llevo la mano derecha hasta la oreja y exclamo: ¡Oh! 

El viajero que está a mi derecha —el que está a mi izquierda lleva auriculares y no se entera de nada— me pregunta: Are you ok buddy? Le digo que sí pero temo que se me ha vuelto a romper el tímpano. 


21:05

Aterrizamos en Alicante. No me dejan acompañar a Joan de modo que tengo que esperarla en la salida. Otra vez la asistencia en el aeropuerto es de sobresaliente. 

La amable empleada que asiste a Joan y la lleva hasta el taxi no puede ser más profesional. 

Taxi hasta Torrellano. Allí el amable taxista ayuda con el transbordo de Joan que tiene que pasar del taxi a la silla de ruedas y de la silla de ruedas a mi coche. Muy bien. 


22:30

Llegamos a La Torre. Allí, mientras yo me revisto, Rosario ayuda a Joan a pasar de mi coche a la silla de ruedas y, luego, la lleva hasta la ermita. 


23:00

Terminada la misa de san Ignacio, hay que llevar a Joan al coche. 


24:00

Llegamos a casa de Joan. Sale a recibirnos Laura. Me encanta viajar con alguien que necesita asistencia especial. Todo es muy emocionante. 

jueves, 30 de julio de 2026

Diario. Jueves 30 de julio de 2026. Primera parte

Coventry

jueves, 30 de julio de 2026


PRIMERA PARTE


A las seis suena el despertador. He dormido ocho horas seguidas. Me felicito. 


6:30

Oficio de lectura y laudes. 


7:00

Mítico English breakfast con salchichas, beicon, huevos revueltos, tomates, champiñones y judías. A más a más una tostada y un cruasán con mantequilla y mermelada. Muy bien. 


7:45

Me acomodo en mi habitación para rezar humildemente. Muy bien. 


8:15

Salgo a pasear bajo los árboles —robles en su mayoría— con El amanecer de los derechos del hombre, de Jean Dumont. Llevo mi aplicación de pájaros pero nada. 

Si ayer hacía calor, esta noche ha refrescado y ahora la mañana no pude ser más apacible. 


9:15

Me dirijo al aparcamiento para esperar a Matthew.


9:30

Llega Matthew con Sarah —su amable esposa— y con Joan. 

La graduación no empezará hasta las doce y media, pero Matthew es algo amarrón. 

Vamos al centro de la ciudad y aparcamos en la universidad. Desde allí caminamos hasta Broadgate Square, la plaza en la que se encuentra el reloj de Lady Godiva. 


Como son las diez y hay que hacer tiempo, nos sentamos en un Starbucks. Aunque está lleno, un caballero que ve a Joan en silla de ruedas nos cede su mesa. Debo decir que la gente de Coventry es muy amistosa. 

Joan pide un agua con gas, Sarah un helado, Matthew un batido y yo un jugo de lima con menta y mucho hielo.

Matthew se zampa su batido y anuncia que va a acercarse a la catedral anglicana —donde tendrá la lugar la ceremonia de su graduación— para revestirse de Bachelor y hacerse las fotos. Aprovecho para anunciar que iré a la librería Waterstones —no lejana— para curiosear un poco. Sarah y Joan se quedan en Starbucks. 

En Waterstones pregunto por un libro titulado Other Men´s Flowers. Se trata de una antología de poemas guerreros coleccionada por Archibald Wavell, virrey de la India. Dicen que se sabía todos esos poemas de memorieta y que se los recitaba a sus soldados para enardecerlos —como se decía antes— o para «motivarlos» como dicen ahora los que dicen esas cosas. 

La amable librera que me atiende me dice que salmonetes no les quedan pero que puede encargar el libro.  Le ruego que lo haga y me pide un montón de datos. «Javier Vicens», en Inglaterra, hay que deletrearlo. (En España todo el mundo insiste en decir «Vícens». Yo, claro, no me quejo de nada). 

Luego trasteo por la librería hasta que doy con la sección de Tolkien y compro, por £ 9.99, The Silmarillion. 


11:15

Cuando vuelvo al Starbucks hallo a Matthew reunido con Joan y Sarah, revestido de Bachelor y mostrando su bonito diploma. 

Salimos para la catedral anglicana que no está lejos. Todavía tendremos que esperar bastante antes de que empiece la ceremonia. Me da tiempo a rezar tercia y el Ángelus y a hacer la lectura del Evangelio de san Marcos. 


12:30

Chan, chan, tachán, tachán, tachún… El formidable órgano de la catedral anglicana empieza a sonar y comienza el desfile de las autoridades académicas seguidas de los bacalaureados. 

Como la ceremonia promete ser larga, empiezo por los misterios luminosos, sigo con la lectura de The Silmarillion —primer capítulo AINULINDALË— y de El amanecer de los derechos del hombre. 

De vez en cuando trasteo en las RR SS o tomo una foto hasta que me quedo sin batería en el móvil. No me quejo. 


14:30

Lo más duro ha pasado. Ahora vamos a tomar una copa de champán en una especie de discoteca. 


15:30

Por fin nos sentamos —otra vez en Broadgate Square— para comer justo enfrente del reloj de Lady Godiva. 

Cuando dan las cuatro, se abren las puertas de reloj y sale Lady Godiva en pelotas sobre su caballo blanco mientras que, por una ventana, el mirón se pone a mirar y todos los turistas se ponen a hacer fotos. Muy bien. 


MAÑANA LA SEGUNDA PARTE