domingo, 5 de julio de 2026

Diario. Sábado, 4 de julio de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 4 de julio de 2026

A las nueve salgo de La Torre para San Miguel. 

Llego a tiempo para sentarme en el confesonario antes de la misa y atender a dos penitentes. Muy bien. 


A las once misa de Santa María en Sábado con homilía y todo. 


Después de la misa entra en la sacristía una suplicante. Me encargó un certificado hace cosa de una semana. Se lo hice, pero estaba mal. No un poco mal, estaba muy mal. Ha venido varias veces a buscarme y no me ha hallado. Todo esto lo dice como pidiendo perdón por darme la lata. Creo que es una mujer santa.

Le ruego que me disculpe por haber hecho mal el certificado y por todos los inconvenientes que ha sufrido por mi negligencia. ¿Me mira por encima del hombro? No. Me disculpa así: «No se preocupe, don Javier: con esta calor que hace y con todo el trabajo que usted tiene, es normal». 

La miro con amor y la llevo de la mano a los locales parroquiales con una promesa. Si me espera un momentito, le daré el certificado bien hecho para que no tenga que perder más tiempo. Me lo agradece en el alma. 

Escribo el certificado en el ordenador pero, justo entonces, llega Gema y me recuerda que tenemos el bautizo de Vera. 

Mientras Gema prepara las cosas para el bautizo, ruego a Gerardo que interrumpa su trabajo con los ventiladores. ¿Podrá ir al despacho parroquial —le doy las llaves— imprimir el certificado que tengo en el Mac —le entrego el Mac— y dárselo a una mujer santa que esta esperando en los locales. Sí, puede, 


Mientras Gerardo hace lo que hace, Gema y yo hacemos lo que podemos para que el bautizo de Vega transcurra sin que haya que lamentar víctimas. 


Todo sale a pedir de boca. 


Terminado el bautizo, Gerardo y yo seguimos con el asunto de los ventiladores. Gerardo —que es una máquina— instala un ventilador en el presbiterio, otro en lado de la Verónica y otro en el lado del Nazareno. Quedamos en que, por la tarde, volverá para instalar otro en los locales parroquiales. 


De dos a tres, comida y rosario —gozosos— en casa de doña Nati. 


De tres a cuatro, oración en la iglesia esperando a Gerardo. 


A las cuatro llega Gerardo. Lo acompaño a los locales para mostrarle el sitio en en que debe instalar el ventilador. 



A las ocho, la iglesia está llena. Vamos a ofrecer la misa por dos vecinos que fueron enterrados esta semana. 


HOMILÍA


Jesús se alegra y da gracias al Padre que se manifiesta a los humildes. 


Dios es grande —inmenso por más señas— y, sin embargo, para manifestarse a nosotros se hace muy pequeño. 

«Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas, va a entrar el rey de la Gloria». 

El salmo hace esperar que el Rey de la Gloria entre en el templo montado en un elefante, por lo menos. Pero no: entra por una puerta lateral y no salen a su encuentro el sumo sacerdote y los levitas sino dos viejitos —Simeón y Ana— que se ponen muy contentos. 

Dios entra en el mundo como un embrión muy pequeñito en el seno de una Virgen. ¿A quién se manifiesta? A esa Virgen de Nazaret y al joven José, su esposo, el artesano del pueblo. A la prima santa Isabel, al niño Juanito que es también un bebé pequeñito y que salta de gozo en el seno de su madre. 

Entonces, ¿a quién se revela Dios? A quien Él quiere. Pero hay un patrón: se revela a los humildes. 


Muy bien: quiero conocer a Dios, ¿a qué universidad he de ir? 

Los sabios nos dan una respuesta unánime: a la escuela de la humildad. 


¿Cómo hacernos pequeños y humildes? 

Otra vez los sabios vienen en nuestro auxilio: aprendiendo a callar y aprendiendo a obedecer.


Yo ahora no puedo callar porque tengo que predicar pero, si lo pienso, veo que he tenido oportunidades maravillosas para callar a lo largo de mi vida y que las he desaprovechado. 

Si hubiera callado cada vez que he abrí la boca para lucirme; si hubiera callado cuando me han criticado —con o sin razón— ahora me parecería más a Jesús, tan callado ante los ultrajes. 


Callar y obedecer. 

Los niños obedecen del modo más natural. La voz de sus madres los persigue a todas horas: «Hora de levantarse. A la mesa. Al baño. Al cole…». ¡Qué bien poder ir así por la vida con el piloto automático!

Supongo que habréis oído hablar de ese obispo —un ser humano cultísimo que habla muchas lenguas y eso— y que decidió ordenar a otros cuatro obispos. El Papa León XIV le dijo: «No lo hagas». Pero ese obispo —tan sabio— se empeñó en ordenarlos contra expresa prohibición del Papa. 

¿Un obispo rebelde? ¿Qué ejemplo es ese para sus sacerdotes y para los fieles? 

Nosotros a rezar, a callar y a obedecer para que podamos recibir la visita de Dios y alegrarnos como la Virgen, como san José, como Juan Bautista… 


Jesús anima a los que están cansados y agobiados a refugiarse en Él para encontrar descanso y paz. 

No habla para los que llamamos cansancio y agobio a cualquier cosa. Habla para los que está aplastados por el peso de la vida y —quizá— de sus propios pecados. 

Supongo que también habéis seguido las noticias de Venezuela y habéis visto las imágenes de esas personas literalmente aplastadas bajo los escombros y que, sin embargo, estaban alabando a Dios. No he oído maldiciones pero una señora a la que no podían sacar del revoltijo de hierros y cascotes que la tenían medio sepultada, no cesaba de decir: «Confíen siempre en Dios. Bendito sea». 

Esos son los agobiados —los santos— que se abandonan en Dios y lo sufren todo sin quejas y alabando a Dios que los sostiene. 


Ahora vamos a rezar todos por todos ofreciendo la misa por el Papa, por los obispos —también por los desobedientes—, por los sacerdotes —especialmente por el nuevo cura de San Miguel que es de Ruanda—, por nuestros hermanos vivos o difuntos… Pero, sobre todo, vamos a unirnos al Cristo silencioso y obediente que se ofrece en la Cruz por nosotros y a su Madre, la Virgen Corredentora y Mediadora de todas las gracias que calla y obedece siempre excepto cuando habla en favor nuestro porque nos hemos quedado sin vino o cuando rompe cantar la grandeza de Dios que no cabe en el universo mundo pero que está en su seno. 



La secta LGTBcanalPlusetc ha organizado un sarao del orgullo en El Paseo. Si me quedo en San Miguel no podré dormir. Huyo. Me refugio en La Torre donde encuentro a Rafa, a Elena y a su parentela. ¡Que bien!

sábado, 4 de julio de 2026

Diario. Viernes, 3 de julio de 2026

 La Torre

viernes, 3 de julio de 2026


De seis a nueve la rutina de abrir la iglesia, ir al hospital, celebrar la primera misa del día… Como Mauricio y Ana María han vuelto de Barcelona, voy a llevarles la comunión. 


De nueve a doce la rutina de volver a San Miguel, atender el confesonario —cuatro penitentes, muy bien— celebrar la segunda misa del apóstol Tomás. Con homilía, claro. 


De doce a dos la rutina del despacho parroquial. 

¡Albricias! Ha llegado a la cuenta de San Miguel un donativo —cinco mil dólares—no esperado aunque sí suplicado por la intercesión de San Nicolás. Voy a poder dejarle a mi sucesor unas cuentas saneadas. Benditos sean Dios, san Nicolás y la generosísima donante. 

Hay que hacer una transferencia de dos mil quinientos dólares a la cuenta de la parroquia de Torremendo que estaba en las últimas. 

Hay que hacer dos certificados de dos mil quinientos dólares cada uno para que la generosa donante pueda desgravar su dádiva de la voraz Hacienda. 


A las dos, de camino a casa de doña Nati, hay que pasar por la iglesia para hacer una alegre acción de gracias. 


Después de comer en casa de doña Nati, rosario —misterios dolorosos—con doña Nati. Tanto ella como yo somos conscientes de que estamos despidiéndonos poco a poco del mejor modo posible. 


Mientras espero a Gerardo que va a instalar unos ventiladores, rezo un poco. 


A las seis y media he quedado con Gema para recibir a los padres y padrinos de Vega que será bautizada mañana. Gema llega antes de tiempo —que amable— y los padres y padrinos llegan a tiempo. Muy bien.


Gerardo ha instalado un ventilador en el coro y lo ha preparado todo para instalar otros cuatro mañana. 


La secta del orgullo LGTBQ+ ha preparado un concierto en El Paseo. Eso quiere decir que, si me quedo en San Miguel, me atormentarán con una música infernal hasta la madrugada. Decido huir. 

Meto algunos libros y una muda en mi maleta y salgo para La Torre. 


En La Torre —¡albricias!— encuentro a Elena, a Rafael, a Marta a Valen, a sus churumbeles, a Saray —la muchacha que los cuida— y a otros amigos. Están bebiendo verdejo y picoteando boquerones en el palmeral. Me invitan a sentarme con ellos per declino la invitación: antes que nada debo darme un chapuzón en la piscina. Misterios gozosos en la piscina. 


Luego —ahora sí— me arrimo a la mesa del verdejo y los boquerones pero pido tinto y me sirven uno excelente. 

Charlamos y charlamos. Quieren saber de mi nuevo destino en Granja de Rocamora y, como no sé nada de mi nuevo destino, invento cosas para entretener a los que tan amablemente se interesan por mí. 


A eso de las nueve, Elena me invita a cenar pero declino la invitación porque todavía tengo que deshacer mi maleta y escribir esto antes de irme a la camita. 

viernes, 3 de julio de 2026

Jueves, 2 de julio de 2026

 San Miguel de Salinas

jueves, 2 de julio de 2026


Día de asueto y de holganza en La Torre. 


18:00

Salgo para San Miguel. 

19.00

Preparo el altar para la misa y todo lo que hay que preparar para la exposición del Santísimo. 


19.30

Exposición. 

Es de ver el empeño de Andrés, el organista, la calidad de los paños y de la custodia, la solemnidad de la ceremonia y la piedad de los fieles. Si los de la FSSPXLGTBplus hubieran asomado sus cabezas por San Miguel no andarían diciendo que no tenemos la fe  católica y no se habrían puesto en peligro grave de condenar sus almas 


20:00

Misa votiva de la Eucaristía. Novus ordo, claro. Misa celebrada ad orientem, por supuesto. 

Después de quince años en esta parroquia, ya a nadie le extraña que la misa se celebre ad orientem. 

Después de quince años en esta parroquia, buena parte de los feligreses recibe la comunión de rodillas y el la boca. Doña Nati y otras ancianas venerables la reciben de pie porque no pueden arrodillarse. 

No ha hecho falta prohibir ni mandar nada. Han bastado quince años de predicación de la doctrina católica y un reclinatorio delante del presbiterio. 

Cada día, Joan cubre el comulgatorio con un paño de hilo finísimo y muy limpio para recordar a los comulgantes que ese reclinatorio es prolongación del altar y mesa —ahora sí— ante la que hay que reclinarse —como san Juan— para acercarse al pecho de Jesús, etc. 

miércoles, 1 de julio de 2026

Diario. Martes 30 de junio, miércoles 1 de julio de 2026

 San Miguel de Salinas

martes, 30 de junio de 2026


10:00

No ha llegado Joan. ¿Le habrá pasado algo? La llamo. No contesta. 

Preparo el altar. 

Llega la Guardia Civil. Esperaba su visita. Nos saludamos amistosamente. Les abro el campanario. Hacen discretamente lo que habían prometido hacer y nos despedimos amistosamente. 

Llamo otra vez a Joan. No contesta. Voy al confesonario. 


11:00

Misa


11:30

Entra doña Nati en la sacristía y le digo que estoy preocupado por Joan. Doña Nati me pregunta: «No tenía que ir hoy al aeropuerto para recoger a su hija». Caigo en la cuenta: sí. 


En el pueblo se comenta la visita de la GC a la iglesia.

—Dicen que han encontrado a Joan muerta en el campanario. 

—¿Quien es Joan?

—La rusa que ayuda al cura en la sacristía. 

—Eso ya se venía venir. 


12:00

Voy a la casa abadía para hacer algunas labores domésticas y para seguir con el estudio de las cartas de san Pablo. 


14:00

Como con doña Nati. Luego rezamos los misterios dolorosos. 


15:00

Hago la visita al Santísimo y me siento para mirar fijamente al sagrario. Oración de la tarde con un tuit: Ya te he contado mi vida de hoy, es monótona, pero qué hacerle, siempre te digo lo mismo, pintar y amarte, eso es todo. (De Sorolla a Clotilde)



En El aspecto religioso de la abadía de Westminster, Chesterton concluye que el cristianismo, «o se acercará cada vez más a aquello en que acabó la religión de los antiguos poetas e historiadores romanos —un cierto olor a santidad que impregna los símbolos del orgullo patrio hasta que las banderas harapientas que penden sobre el altar sean, por fin, más sagradas que el propio altar— o bien se acercará cada vez más a la energía misteriosa ante la que pereció la religión romana de poetas e historiadores: una voz que suena desde las catacumbas, un grito desde la Cruz». 



En la casa de doña Nati, sesión de Hakuna antes de ir a la iglesia para rezar completas. 


La Torre

miércoles, 1 de julio de 2026


6:45

Abro la iglesia y salgo para el hospital. Voy pensando: «Esta rutina se acaba». 


7:05

Mientras preparo la misa en el hospital, la idea de que en septiembre ya no estaré aquí despierta en mí una especie de hipersensibilidad y la rutina se vuelve magia. 


7:40

Misa votiva de san José porque es miércoles. 


9:00

De vuelta a San Miguel, me siento para mirar fijamente al sagrario y recuerdo algo de Chesterton que leí ayer o antier. Decía el Venerable Gilbert que nada le agradaba más que mirar algo fijamente poniendo la mente en blanco y esperando que pasase algo. Si uno hace eso ante el sagrario, siempre pasan cosas interesantes. 


9:30

Llega Joan justo cuando termino mi oración. Nos saludamos. No le digo que han encontrado su cadáver el en campanario y que la dan por muerta. En cambio le pregunto por Laura. 

Laura llegó bien y está durmiendo en casa. 

Charlamos. 

Preparamos el altar. 

Voy al confesonario. 

Estoy entrando en el confesonario cuando suena el teléfono. Es un penitente. Que si puede confesarse. Que sí, que estoy en el confesonario. 

Tercia. 

Tres penitentes. Muy bien. 

¿Por qué me persigue la idea de que estoy viviendo mis últimos días en san Miguel? ¿Por qué viene a importunarme precisamente cuando me siento más feliz? 


11:00

Segunda misa votiva de san José porque es miércoles. 


11:45

Voy a llevar la comunión a Mari Luz, a Fernando y a Cristina. 


12:30

Me llama el archidiácono. Que está en la iglesia. Vuelo para salir a su encuentro. 

Ha venido con su hija Clelia y con su nieto Samuel que viven en Nápoles y están de visita. Clelia está esperando una bebé. Hacemos gran fiesta por encontrarnos de nuevo, por Samuel que está muy gordo y por la bebé que viene de camino. Luego abro el campanario para que el archidiácono pueda llevarse tres ventiladores e instalarlos en la iglesia de Torremendo. 


13:00

Meto en la maleta un montón de libros y la Thermomix. 

Cargo la maleta en mi Lamborghini y salgo para Los Balcones. 

En el Mercadona de los Balcones compro seis croquetas y un botellín de agua. Ni siquiera caliento las croquetas. Frías estñan buenas. Las como allí después de bendecirlas. Luego doy gracias a Dios por las croquetas, por el agua y pro universis beneficiis tuis etiam ignotis. 


13:45

Llego al hospital de Los Balcones donde tienen que hacerme fotocopias de las manos y de los pies. 

No tengo que esperar nada. Primero me hacen las fotocopias de las manos. Luego las del los pies.

No me ha dolido nada. Me felicito y salgo para La Torre en mi Lamborghini sin aire acondicionado. Muy bien. 


15.00

Llego a La Torre. Llego medio dormido y es milagro que haya llegado. Descargo mi Lamborghini y me dejo caer en la cama. 


16:00

Me levanto. Estoy fresco como una lechuga. 


16:30

Misterios gloriosos. 


17:00

Deshago la maleta y pongo los libros y la Thermomix en sus sitios. 


18:00

¡Piscina! 

Allí termino la lectura de La sal de la vida y otros ensayos, de Chesterton el Venerable. 


19:30

Tertulia con el jardinero. 


20:00

Me siento en la ermita ante la imagen de la Virgen del Carmen.  


20:30

Me instalo en una mesa de la almazara con mi Mc para escribir todo esto. 


22:00

Ya he cenado.

Se hace de noche en La Torre. 

Hago una foto.

Escribo esto.