martes, 31 de marzo de 2026

Diario. Martes, 31 de marzo de 2026

 San Miguel de Salinas

martes, 31 de marzo de 2026


Misa a las 12:00. Sirve al altar Pablo. Schola de portugueses. Muy bien. 


Luego mantengo una conversación secreta con Rosario. 

Dominic prepara un delicioso arroz con bacon. Muy bien. 


Después de comer me despido de los amigos de Rocío y Dominic porque se marchan mañana por la mañana. Todos coinciden en que ha sido un placer para ellos conocerme. ¡Qué coincidencia!


Doy una cabezadita, me tomo un café y vuelvo a San Miguel parando en el área de servicio del Realengo para tomar una Coca-cola. Misterios dolorosos por la tía Janusa. 


Aparco en el garaje cuando están dando las cinco y media. Tengo media hora para preparar la misa pero aparece él; sí, él,  el amable vendedor de calcetines que milita en la iglesia de Filadelfia. 

Pare, cómpreme unos calcetines payudar a mis niños. 

—Lo siento, tengo prisa. Sal del garaje, por favor que voy a cerrar la puerta. 

—Te invito a una copa en el bar. 

—No gracias. Con lo que te ahorres, invita a tus churumbeles. 

Empiezo a subir las escaleras apoyándome en la pared por la artritis y oigo al amable vendedor de calcetines que milita en la iglesia de Filadelfia: 

—¿Y no va borracho el payo que no pue ni andar derecho? Anda, deja el vino que Dios lo puede todo. 

Y yo, cerrando el garaje: 

—¡Gloria a Dios!


Doy el primer toque, enciendo las luces y preparo el altar dando gracias a Dios que, para mi crecimiento interior, me envía profetas carismáticos de la iglesia de Filadelfia. Gloria a Dios, aleluya. 


Llegan Teresa y doña Nati y me preguntan que cómo estoy. Les digo que bien, aunque algo perjudicado por la artritis. Teresa me dice que cuente con ella si puede ayudar en algo. Se lo agradezco. 


Ya en la misa, tras la oración colecta, miro a Teresa para invitarla a hacer las lecturas. Nuestras miradas no se encuentran. Persevero. Nada. Entonces, un joven que está en el último banco me hace señas, se acerca al presbiterio, sube al ambón y proclama  —muy bien— la primera lectura y el salmo. 


Después de misa tengo que enviar las lecturas del Jueves Santo —fotografías y audios— al grupo de lectores. 


Llamo a Juli para encargarle las flores del Jueves Santo. Llamo a Zoila. 


Zoila viene con su madre —Milagros— a la que ha conseguido traer de Cuba. Tienen pasaporte español y no les ha sido difícil salir de aquel infierno. Doy la bienvenida a Milagros y encargo algunas tareas a las dos. Una hora después, vuelvo y nos vamos a Masymas. El presupuesto de Caritas para esta compra es de 50 euros. Hacen una compra por valor de 78 euros. Quedamos en que deben 28 euros a Caritas. Les parece justo. 


Luego las llevo a casa y paso por la iglesia antes de retirarme a la casa abadía. No la cierro porque las cofrades de la Dolorosa están arreglando el trono y porque el coro va a ensayar. 


Son las 22:04 cuando termino de escribir esto. 

Diario. Lunes, 30 de marzo de 2026

 La Torre

lunes, 30 de marzo de 2026


El Jueves Santo —gran día sacerdotal—empieza a celebrarse por adelantado hoy con la misa crismal.

Por nada del mundo querría llegar tarde. Como la misa empieza a las once, salgo de La Torre a las diez. Muy bien. 

Veintitrés minutos después, estoy en el aparcamiento del puerto deportivo, frente al Meliá. 

Camino sin prisa hacia la catedral. La mañanita está soleada. Muy bien. Muy bien.

En la puerta de la catedral de San Nicolás, todo el cabildo se ha reunido con sus sotanas y cogullas carmesíes no para recibirme a mí sino para recibir al obispo. Da igual, entro por medio de ellos dándome importancias. 

Me detengo un momento en la capilla del Santísimo. No me arrodillo —por la artritis— pero me inclino profundamente para adorar. 

Se me acerca un hermano sacerdote: que si puedo oír su confesión. 

En el claustro  oigo su confesión y le doy la absolución y el oye la mía y lo mismo. I do like Mondays. 

La catedral de San Nicolás, vista desde fuera, es una masa enorme y nada más. Por dentro —y hoy he podido admirarlo largamente— es un prodigio de espacio y de luz.


Por azar o por otras causas, he venido a sentarme solo, lejos de los demás sacerdotes concelebrantes, pero muy cerca del obispo. Nunca antes había disfrutado tanto de una misa crismal como he disfrutado hoy al renovar mis promesas treinta y ocho años después de mi ordenación. La liturgia, por cierto, cuidadísima. 


De vuelta a La Torre comida con los mayores. Los niños han comido antes. 

Rosario y su amiga Teresa llegan de Cádiz o de Sevilla hacia las cinco y media. Programamos el Via Crucis con niños para las 16:00 y la misa para las 18:00. 


Via Crucis con niños a las 16:00. Los niños leen en inglés las catorce estaciones. Muy bien. 


Terminado el Via Crucis, Sebastian me acompaña al almacén de CEPSA para comprar dos bombonas de butano. Necesito ayuda por la artritis. Él puede llevar una bombona llena en cada mano sin esfuerzo aparente. Muy bien. 


Misa en inglés a las 18:00. Ayuda al altar Dominic. Los portugueses cantan algunos himnos ingleses y latinos a dos voces. Cuando ellos cantan, los niños callan; cuando ellos callan, los niños gritan. Muy bien. 


Al terminar la misa, Dominic me ayuda a quitarme el alba. Necesito ayuda por la artritis. 


Cenamos a las nueve o así. Con Rosario y Teresa el censo de La Torre llega a las treinta y dos almas. Muy bien.

lunes, 30 de marzo de 2026

Diario. Domingo, 29 de marzo de 2026

 La Torre

domingo, 29 de marzo de 2026


Anoche olvidé tomarme el Paracetamol. Me he despertado con un entumecimiento general. No importa. Omeprazol en ayunas y diez minutos después, desayuno y Paracetamol de 1 gramo. 


Oficio de lectura, laudes, oración ante el sagrario y, a las 9:30 salgo para Torremendo. Justo a esa hora comienza la procesión de Ramos presidida por el archidiácono. Acaban de entrar en la iglesia cuando llego yo y empieza la misa. 


A las once vuelvo a San Miguel y ayudo a Joan a poner orden en la iglesia que, después del concierto de ayer, quedó patas arriba. 


El amable archidiácono se ha ofrecido a presidir también la procesión de san Miguel para que yo no tenga que exhibir —como Coriolano— mis heridas ante el pueblo. 


A las doce y media en punto, con volteo de campanas y todo, el archidiácono, revestido con dalmática roja, irrumpe en la iglesia como torbellino de fuego seguido por los niños hebreos que llevan ramos de olivos y salen al encuentro del Señor aclamando: Hosana en el Cielo. El coro rompe a cantar. Yo espero en la sede hasta que todos —autoridades, niños, catequistas, monaguillo, archidiácono, lectores— hallan sus sitios. Luego pido al archidiácono que —por favor— me traiga las gafas que he olvidado en la sacristía y hago la hermosa oración colecta que es todo un programa para celebrar la Semana Santa: aprender de los misterios de la Pasión de Cristo para merecer —si tal cosa es posible— participar en la gloria de su Resurrección. 


La breve homilía que pronuncio es, con ligeras modificaciones, la que he pronunciado en Torremendo. 


Durante la comunión, Macarena protagoniza un episodio de «descanso en el Espíritu» con desmayo incluido. Como los feligreses de San Miguel no saben mucho de fenómenos paranormales, se produce un revuelo y hasta el jefe de la Policía Local con su uniforme de gala acude a socorrer a la mística Macarena. Yo, impertérrito, parsimonioso, impasible el ademán y eso, sigo distribuyendo la comunión como si nada. He atendido a unos cien comulgantes y el archidiácono ha subido a dar la comunión a los del coro. Calculo que me quedan unas treinta formas y veo que la cola de comulgantes llega hasta el final de la iglesia y no decrece porque, por cada comulgante que comulga, se incorpora otro que aspira a comulgar. Por fin vuelve el archidiácono pero —vaya— no tiene más que dos formas. Como es venezolano está acostumbrado a hacer milagros. Mientras voy al sagrario para partir la forma grande que está en el viril, él, con sus dos formas, da la comunión a unos veinte feligreses. Por vía de milagro han comulgado todos y ha quedado una partícula para la reserva.


Al terminar la misa salimos —el archidiácono, el monaguillo y yo— a la puerta para saludar a la congregación y para asegurarnos de que nadie se va sin un programa de mano de la Semana Santa. 


A las dos y cuarto recojo a doña Nati y vamos a comer a casa de Heidi y Armin. 


A las cuatro y media dejo a doña Nati en casa de Esperanza porque tienen partida de parchís. Yo preparo mi maleta, rezo la hora sexta y salgo para La Torre. 


La población de La Torre, hoy, asciende a treinta almas: 

1. Once adultos: cinco matrimonios y un cura. Todos católicos. 

2. Diecinueve niños de entre cero y diez años. Todos bautizados pero no todos civilizados y muchos de ellos, amentes. 

Todos —adultos y niños con uso de razón— hablan inglés. Algunos hablan, además, español. Cinco hablan —además de inglés— alemán. Cinco hablan —además de inglés—portugués. 


A las siete menos cuarto estoy revestido de fuego en la sacristía de La Torre. 

En la ermita hay un caos como de jungla vietnamita: uuu, aaa, Ha. No importa. Me revisto parsimoniosamente. 

Cuando subo al altar los portugueses empiezan a cantar una antífona en latín a dos voces y —como por ensalmo— los amentes dejan de hacer ruidos. Cesa el canto de entrada y los amentes se agitan de nuevo. 


A las diez y media los niños ya han cenado y me avisan: va a empezar la cena de los mayores. Los que nos sentamos en una table ronde somos once:

1. Marta —catalana—y Víctor —gallego. 

2. Dominic —inglés— y Rocío, mi sobrina. 

3. Lucía y Pablo. 

4. Nuno —a mi derecha— y Leonor —a su derecha. 

5. Yaminah y Sebastian, alemanes.

Todos viven en Oxford. 


Dominic ha preparado un pollo al horno con muchas patatas y guisantes. 


Hablando con Nuno intuyo que estoy ante un santo que —además— es un sabio. Busco su libro en Amazon y lo hallo: The Traveling Anatomist. 


Rocío me anuncia que van a acostar a los niños y que, luego, se reunirán en el zaguán para la tertulia y la última copa. La `parte más alta y más noble de mi alma me grita que allí he de estar yo. La parte más baja y rastrera y miserable de mi alma dice que tengo sueño, que me voy a la cama y que mañana será otro día. 

sábado, 28 de marzo de 2026

Diario. Sábado, 28 de marzo de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 28 de marzo de 2026


Me despierto en La Torre. No tomo Omeprazol en ayunas porque no tengo Omeprazol. Desayuno y me zampo un Paracetamol de un gramo. Mis huesos lo agradecerán. 


Schumann

Seis estudios sobre los Caprichos de Pagnini, Op. 10.


Voy al encuentro de los oxonienses. ¿Han dormido bien? Rafa no muy bien. Durante el vuelo le dolieron los oídos y le han seguido doliendo durante la noche. Le pregunto que si quiere probar unos tapones para el viaje de vuelta. Me dice que no. Está en la edad de decir que no. Encargo unos tapones Quies por Amazon. Llegarán el martes, si Dios quiere. 


Acaba de llegar la compra de Consum. Rocío y Dominic la encargaron desde Inglaterra. Muy bien. Ayudo a colocar las cosas mientras Teresa —que ya sabe andar apoyada en las paredes— me observa y se va acercando a mí poco a poco. 


Llegan Yaminah y Sebastian con sus hijos: Amir, Yanis, Aya y Yana. 

Amir

Yanis

Aya

Yana

Nos saludamos. Yaminah y Sebastian parecen —por su altura—las Torres Gemelas antes del atentado. Los dejo colocando la compra y voy a preparar el altar para la Misa.  


Misa de 12 con el misal inglés. Dominic proclama la primera lectura y el salmo en inglés leyendo en su iPhone y luego me lo pasa para que yo proclame el Evangelio. 


Luego Dominic prepara la comida para once: pasta y minipizzas.

Cuando todo está preparado, llega Rafa llorando y sangrando abundantemente. Se ha caído y se ha abierto la cabeza. Gasas, vendas, sangre, lamentaciones de Rafa e intervención eficaz y flemática de sus padres. Los demás niños acuden para disfrutar del espectáculo pero Sebastian los saca de la cocina y salen corriendo al palmeral para seguir gozando de la aventura española mientras Rafa languidece en los brazos de su madre, mi sobrina.


Comemos en la almazara. 


Bendigo la mesa y hago algunas preguntas difíciles a los niños:

1. Are you familiar with the poem “Five Little Monkeys”? 

Todos asienten y aplauden y empiezan a cantar diferentes versiones de la cosa. 

2. What do you get if you cross a dinosaur with a pig?

Amir, que es el mayor, salta enseguida: A Jurassic pork! Y a todos les da la risa. 

3. What kind of room has no windows or door?

Esta vez es Yanis quien se adelanta: A mushroom. 

Y, aunque algunos se ríen, todos pensamos: What a wise child!


Yaminah me ofrece un segundo plato de pasta. ¡Qué amable! Me zampo un segundo plato de pasta. 


El café lo preparo yo. Recogemos la mesa y Rocío empieza a preparar los platos para el segundo turno porque van a llegar otros amigos. Voy a echarme una siesta antes de coger el coche para volver a San Miguel.


A las 18:00, misa de víspera en San Miguel. Inmediatamente después, concierto de la banda municipal. Muy bien. 


A las 20:21 me retiro a la casa abadía dejando abierta la iglesia porque Juli tiene llaves y necesita arreglar el trono de la Virgen para la procesión de mañana. 


Leo en X algo que me resulta difícil creer

Emmanuel Abayaisenga —amable ruandés—solicitó asilo en Francia en 2012. El párroco de la catedral de Nantes lo empleó como portero. Aunque la solicitud le fue denegada Emmanuel siguió en Francia y así pudo prender fuego al templo. La cosa no acabó ahí. El padre Maire, compadecido del amable ruandés, lo acogió en su casa en espera del juicio. Entonces, el buen Emmanuel asesinó al padre Maire. 

Me pregunto: ¿qué lección de vida podría sacar de esto?

Anoto en mi agenda: «comprar un revólver».