jueves, 16 de julio de 2026

Diario. Lunes 13, martes 14 y miércoles 15 de julio de 2024

 San Miguel de Salinas

lunes, 13 de julio de 2026


Rutina de lunes con misa en el hospital a las 7:40 y eso. 


Emoción al volver a San Miguel. Tengo que pasar por Correos para recoger un paquete. 

En Correos me dicen que no es un paquete sino una carta de SUMA. ¡Oh! La abro. El amable tesorero del ayuntamiento me insta a pagar una multa con recargo. Al parecer la multa me la pusieron en mayo. 

Toca ir al cajero del Banco de Sabadell para pagar noventa y cinco dólares. Muy bien. 


Misa de once. 


En casa de doña Nati como con Gracia y José María. 


Por la tarde, como de costumbre los lunes, voy a La Mata para llevar la comunión a Ana María. Están sus dos hijas: la que está casada con un escocés y vive en Londres y la que vive en Madrid. 



La Torre

martes, 14 de julio de 2026


Ataque de artritis. 

Se me han hinchado los pies, los codos y las manos. Muy bien. 

Con no poca dificultad voy a la cocina para tomar un antiinflamatorio. 


10:00

Me levanto. 

Con no poca dificultad voy a la iglesia. 


11:00

Misa sin genuflexiones ni nada. 


12:00

Más antiinflamatorios. Me acuesto. 


13:00

Voy a comer a casa de doña Nati. Estoy bastante mejor. 


16:00

Wilder viene a llevarse mi coche para lavarlo. Falta le hace al coche. 

Promete que me lo devolverá a las seis y media. 


18:00

Expediente matrimonial. La novia es polaca y católica. El novio es inglés y anglicano. Muy bien. 


18:30

Wilder me devuelve el coche y me regala una botella maravillosa de Rioja. Salgo para La Torre. Elena y Rafa me han invitado a cenar y a ver el partido. 


18:45

Pongo gasoil en El Realengo: cincuenta dólares. 


19:30

Llego a La Torre a tiempo para darme un chapuzón en la piscina y leer otro capítulo de El jardín eterno, precisamente ese que se intitula Valiente mundo nuevo. 

Luego vemos el partido España-Francia. En el descanso cenamos. Muy bien. 


La Torre

miércoles, 15 de julio de 2026


04:00

Oficio de lectura. 


06:00

Salgo para Torrevieja. 


07:00

Llego al hospital con tiempo para prepararlo todo y rezar laudes. 


07:40

Misa de san Buenaventura. 


08:15

Después de recogerlo todo, voy a llevar la comunión a Mauricio y a Ana. 


08:40

Me siento ante el sagrario para hacer mi oración con san Buenaventura: 


Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos. (Sobre el itinerario de la mente hacia Dios)


9:15

Salgo para San Miguel. Me detengo en una cafetería para tomar un café y un cruasán. Muy bien. 


10:30

Me siento en el confesonario. 

Tercia. 

Lectura de San Marcos. 


11:00

Segunda misa de san Buenaventura. 


12:00

Salgo para La Torre. 

Llego a tiempo para leer otro capítulo de El jardín eterno  y para darme un baño en la piscina antes de comer con Elena —que se ha quemado unos dedos de una mano—y Rafael. 


14:00

Para la comida descorchamos la botella de Rioja que nos han regalado Ana Isabel y Wilder. Muy bien. 


19:45

Salgo con Elena y Rafael para Torrellano. Voy a invitarlos a cenar. 


22:00

Estamos de vuelta en La Torre. Me despido de ellos. 

Veo algo del partido Inglaterra versus Argentina. Cuando me duermo va ganando Inglaterra. 

lunes, 13 de julio de 2026

Diario. Domingo, 12 de julio de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 12 de julio de 2026 


03:30

Me despierto y me levanto.

Antiinflamatorio y Oficio le lectura. 

Me acuesto. 


05:59

El reloj del campanario da las seis. 


06:00

Mi despertador da las seis. Me levanto. 

Antes de salir pongo las sábanas en la lavadora.


07:00

Abro la iglesia. Todo: puertas grandes, cortavientos, puerta de la torre, ventanas de la sacristía. ¡Qué entre la fresca! ¿Qué fresca? Yo me entiendo. 

Hay que barrer la entrada porque las washingtonias de la plaza están soltando polen. 


07:15

Me siento para mirar fijamente al sagrario. 

Laudes. 


08:15

Vuelvo a la casa abadía y tiendo las sábanas. Me premio con una horchata. 

Lectura del evangelio de San Marcos. 

Lectura de un sermón de san Juan Enrique Newman: «La individualidad del alma». 

Escribo a Matthew para recordarle que necesito un lugar en el que celebrar misa mientras esté en Coventry. 

Saco la vajilla del lavavajillas. 


09:00

Salgo para Torremendo. 

Un penitente. Muy bien.


10:00

Misa en Torremendo. 


11:00

Vuelvo a San Miguel. 

11:30

La sábanas están secas. Las doblo y las guardo. 


12:00

Me revisto con mi traje de pescador y voy al confesonario. Un penitente. Muy bien. 


12:30

Segunda misa. Coro, homilía y todo. 

Después de misa anuncio que esta semana vendrá el padre Juan Berchman —nuevo párroco— y que habrá tiempo para que puedan verlo  y tocarlo todos los que quieran. 


13:30

Me cambio de camisa y voy con Joan y Laura al Collie. Me invitan a una fizzy water. Muy bien. 


14:00

Como con doña Nati. 

Luego rezamos el rosario. Cada vez que me siento me duermo. Doña Nati me despierta, me levanto y sigo, y así. 



Escribo a don Isidro para organizar con él nuestro verano. 

Escribo al Padre Juan Berchman para que me confirme qué día vendrá. Me lo confirma: vendrá el viernes a las nueve. 


La temperatura en la casa abadía es de 29º C. En el comedor, con el aire acondicionado, consigo rebajarla hasta los 25. Muy bien. 



Visita a doña Nati. Hablamos de cosas que ya no se ven: mercerías y eso. También hablamos de Lágrimas en la lluvia, el programa que tanto le gustaba a Paco y que veíamos a menudo con él. Y doña Nati, sin dejar su labor de frivolité: «¡Cuánto que lo echo de menos!». 

Luego nos despedimos y voy a la iglesia para rezar completas, apagar las luces y cerrar las puertas.

domingo, 12 de julio de 2026

Diario. Sábado, 11 de junio de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 11 de julio de 2026


9:30

Salgo de La Torre. 


11:00

Misa de San Benito en San Miguel, con Gloria y todo. 

Luego hacemos la novena a la Virgen del Carmen. 


11:40

Preparo el bautizo de Aitana y me despido de Joan. 


12:00

Bautizo de Aitana. 

12:30

Lo recojo todo y mando las lecturas del domingo al grupo de lectores. 


13:00

Voy a la casa abadía y recojo los cadáveres de dos cucarachas. Los arrojo a la basura. Luego pongo una lavadora y hago otras tareas domésticas. 


13:30

Preparo la homilía de la tarde. 


13:51

Voy a comer a casa de doña Nati con Eva y Miguel. 


15:00

Visita al Santísimo.

Rosario paseando por los altares laterales. 


15:30

Asiento la partida de bautismo de Aitana. 

15:45

Voy a la casa abadía y me instalo en el comedor co el aire acondicionado para estudiar un rato. 


17:00

Recojo todo y vuelvo a la iglesia para sentarme ante el sagrario. 


17:40

Vísperas. 


17:55

Voy a bendecir la casa de unos amables filipinos. Viven en el número 47 de cierta calle. Voy tranquilamente por la acera de los impares: 43, 45, ¡qué emoción! ¿Cuarenta y siete? La manzana que sigue al portal 45 no tiene puerta de entrada por esa calle. La siguiente, tampoco, la siguiente tampoco y es la última. Estoy saliendo del pueblo. Vuelvo sobre mis pasos. Nada. Decido llamar al amable filipino que sale a mi encuentro. Jamás habría encontrado su casa porque, además, andaba yo buscando un tercero D y no hay D en la escalera. Muy bien. 

Los amables filipinos están acompañados por un matrimonio inglés, por la hija de ese matrimonio y por un muchacho que, al parecer, es sensible a la simpatía de la muchacha. Él es murciano. 

Han preparado un vaso de agua para bendecir, una vela y un rosario gigante con cuentas y cruz fosforescentes que han colocado formando un corazón. Lindo. 

Yo les he llevado una estampa de san Rafael y Tobías con su marco y todo. La pongo en el centro del corazón. Los filipinos reconocen de inmediato al arcángel y celebran su entronización en el corazón de la casa. Entonces el muchacho se echa a reír: «¡Me llamo Rafael!» Todos aplaudimos. 

La bendición comienza en la entrada. La dueña de la casa proclama una lectura del Nuevo Testamento. Pasamos luego a la cocina, al cuarto e estar, al comedor, a los dormitorios y al aseo. En cada parada hacemos una oración. Muy bien. 

Me ofrecen algo para beber y ruego que me den un vaso de agua. La traen sparkling y muy fría. No carezco de nada. 

Alabo mucho la casa, charlamos un rato, me invitan a sentarme con ellos para compartir el festín que han preparado, declino la invitación, les doy las gracias, me dan una limosna generosísima y nos despedimos. Cuando tiendo la mano a los ingleses y a Rafael, me la estrechan. Cuando tiendo la mano a la amable filipina, la toma entre las suyas, inclina la cabeza y la lleva hasta su frente. El amable filipino hace lo mismo. Muy bien. 


19:00

Llego a la iglesia y empiezo a preparar el altar para la misa. Luego me siento en el confesonario. 


20:00

Misa de víspera del domingo XV del tiempo ordinario.

La iglesia está llena porque vamos a celebrar la misa por Josefa y por sus hijos José y Pedro. 

En la homilía empiezo recordando que, cuando llegué a san Miguel hace quince años, muy pronto hice amistad con una señora anciana y menuda, siempre sonriente y bastante sorda. La señora era Josefa. En primavera traía flores de su huerto —muchas y muy bonitas— para ponerlas en los altares de San José y de la Virgen del Rosario. Venía andando desde su casa: cuatro kilómetros. Nunca decía «qué calor» o «qué frío», ni nada de eso. 

Con el tiempo, Josefa se fue debilitando. Entonces la traían a la iglesia sus hijos —José y Pedro- que la cuidaban como a una reina. 

El año pasado Pedro empezó a sentirse mal. Le diagnosticaron un cáncer y pudimos ver su deterioro domingo tras domingo. Se confesó, recibió la unción y el viático y, en muy poco tiempo se nos fue. 

Meses después murió Josefa habiendo recibido, igual que sus hijos, los últimos auxilios espirituales. 

Casi inmediatamente José empezó a encontrarse mal. Durante los últimos meses nos veíamos casi todas las semanas en el hospital, en la iglesia on en su casa. Hablábamos mucho y creo que nos hicimos amigos a base de contarnos cosas. Murió hace un mes confesado, comulgado y ungido. Muy bien 

Luego comento la parábola del sembrador. 


21:00

Recojo todo y voy a la casa abadía para prepararme una ensalada. 

Luego voy a casa de doña Nati. Recibe la visita de Óscar. Recibe la visita de Eva. Me despido.

Voy a la iglesia para rezar completas, apagar las luces y cerrar las puertas.