jueves, 12 de febrero de 2026

Diario. Miércoles, 11 de febrero de 2025

La Torre

miércoles, 11 de febrero de 2026


5:30

Madrugo y madrugo para abrir la iglesia porque no sé si mi Lamborghini arrancará. ¡Qué emoción! Por nada del mundo quisiera hacer esperar otra vez a la amable congregación de sabios y de doctores y de enfermos que me espera en el hospital. 


Desayuno imaginando que soy un noble alemán que ha madrugado para salir de caza y a quien un su amigo ha decido alegrarle el día con música de Bach. 


6:30

Abro la iglesia, enciendo las luces y voy a buscar mi Lamborghini que quedó anoche aparcado cabe el taller de Bruno. Si —Dios no lo quiera— no arrancara, tengo permiso para llamar a la puerta de la casa de Bruno. 


6:40

El coche arranca y salgo para el hospital. Muy bien. 


7:00

Llego al hospital con tiempo de sobra para rezar laudes y meditar con la octava lira del Cántico espiritual

Mas, ¿cómo perseveras,
¡o vida!, no viviendo donde vives,
y haziendo porque mueras
las flechas que recives
de lo que del Amado en ti concives?

¿Concibe el poeta estas liras en un ameno prado? No, sino en una cárcel muy oscura y fea donde, de vez en vez, sus propios hermanos lo azotan. Pero, si el alma da vida al cuerpo, ella vive en Dios según dice el Apóstol: «en Él vivimos, nos movemos y existimos». Por eso se asombra: ¿cómo perseveras en el cuerpo en el que no vives y lejos de Dios, donde vives? Pues es de saber que el alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima. 


7:40

Misa: la Virgen de Lurdes. Han venido Ana María y Marcelo. ¡Alegría!


8:10

El doctor S se queda mirando fijamente al sagrario, yo —con mi bata blanca— voy a llevar la comunión a Ronald, el alegre holandés. Tanto él como su amable esposa saben que se están despidiendo. Los dos sonríen serenamente y así, serenamente, comulgan. 


8:30

Cuando vuelvo a la capilla observo que el doctor S ha recogido el altar. Bromeo: «Tendré que compartir mi sueldo de capellán contigo». Sonríe y me ruega que encomiende a su hijo Alex que se examina el domingo. ¿Exámenes en domingo? Sí.


Preparo todo para la misa del viernes: por los cristianos perseguidos


Salgo para San Miguel


9:30

En la casa abadía pongo una lavadora. 

Lectura del libro de Judit. 

Lectura del Evangelio de san Lucas. 

Preparo una maleta con el ordenador y algunos libros que quiero llevar a La Torre. 


10:00

Saludo a Joan en la iglesia. Voy al confesonario con mi equipo de pescador. 

Oficio de lectura.

Tercia. 

Diario de santa Kovalska. 


11:00

Segunda misa de la Virgen de Lurdes. 


12:00

Ángelus con Joan. Luego, muriéndose de risa me cuenta lo que le pasó con una señora que ha venido a misa hoy y que llevaba tiempo sin venir. La cosa pasó hace años, cuando Joan acababa de llegar a San Miguel y empezaba a ayudar en la sacristía. Esa señora —a la que Joan no conocía de nada— la abordó y le espetó: You should get a man! Y luego fuese y no hubo nada. 


12:30

Voy a masymas para hacer una compra. Llevo un vale de descuento de ocho dólares con treinta centavos. Pago diez euros y cinco centavos por la compra. Me felicito. 


13:00

Salgo para La Torre dispuesto a gozar de mi día de asueto. 


13:45

Llego a La Torre y la encuentro tomada por una gran cantidad de fontaneros y electricistas a las órdenes de Rosarito. Parece ser que ha habido dos roturas en las cañerías y que hay un problema con el contador eléctrico de unos vecinos. 


14:00

Me preparo una tortilla francesa con chorizo de Pamplona. En la mesa del comedor enciendo una vela y vuelvo a poner la música que Bach compuso para nosotros, los cazadores de toda la vida. Esta pieza me pone siempre de un humor excelente. Aquí, con un tempo más lento. 


14:45

Salgo a pasear por el palmeral rezando los misterios gloriosos por los cristianos perseguidos. 


15:15

Me arrellano en la butaca de la abuela Paquita para asistir a un coloquio en el que Micer Alejandro Rodríguez de la Peña y otros sabios comentan una inquietante película que trata, precisamente, del martirio


17:00

Se desata un vendaval sobre La Torre. Otro. No importa. ¿Quién teme al lobo feroz? El tejado bajo el que me cobijo fue construido hace —exactamente- ciento veintiséis años y ha resistido vendavales, terremotos, avenidas de agua… 

Oración con el El Amor supremo de Boylan. 


17:30

Me aplico a la lectura de Imperios de crueldad

Me preparo un té y una tostada con mantequilla y mermelada de St Dalfour de manzana y canela. Después de tanta crueldad ¿no deberíamos todos celebrar la dulzura de la vida en paz? 

Me zampo el té y la tostada en la mesa del comedor iluminada por una vela y escuchando una maravilla de Brahms


Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
Soy un fue, y un será, y un es cansado.



Me pongo de rodillas ante un crucifijo que yo me sé y me repongo. 


miércoles, 11 de febrero de 2026

Diario. Martes, 10 de febrero de 2026

 San Miguel de Salinas

martes, 10 de febrero de 2026


Séptima lira del Cántico:

Y todos quantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déxame muriendo
un no sé qué que quedan balbuziendo.

Aunque no se sabe decir, es tal que hace estar muriendo al alma de amor. La primera noticia del amado —la que dan las criaturas irracionales— produce herida o enfermedad que, con el tiempo, se cura y pasa. Así, la esposa de los Cantares dice: «hijas se Jerusalén, si encontráis a mi Amado, decidle que estoy enferma de amor». La segunda y más elevada noticia —la de la Encarnación  del Verbo— produce llaga duradera en el alma. Así, dice el Esposo en los Cantares: «Llagaste mi corazón, hermana mía». La tercera noticia parece que pone moribunda al alma porque vive muriendo cuando recibe un toque de noticia de la divinidad que es el «no sé qué» de la lira. Si el toque fuera continuo, moriría el alma; pero, como pasa enseguida deja al alma muriendo con el amor impaciente de Raquel que dijo a Jacob: «Dame hijos o moriré»; con e amor impaciente de Job: «Ojalá me acabe el que me comenzó». Si lo que entiendo me llaga, esto que no entiendo me mata.  


A las 9 ya estoy con las catequesis:

Primera para el Consejo de Evangelización. 

Segunda para Brook.

Tercera para Tatiana.


Con mi traje de pescador, me siento en el confesonario. 


Misa por los abuelos de Joaquín y Esperanza y por el hijo de una suplicante que celebra hoy su cumpleaños.


Después de misa hay que atender a varias suplicantes y luego hay que llamar al Ecónomo. Hay llamadas que llevan a otras llamadas: la llamada al Ecónomo me lleva a llamar al archidiácono. El archidiácono aprovecha para mandarme ls datos del difunto al que enterró ayer. Toca asentar la partida de defunción. 


Hay que ir al despacho parroquia y entrar en el nuevo programa de contabilidad de la diócesis para presentar al obispado las cuentas de San Miguel y de Torremendo. Muy bien. 


Vuelvo a la iglesia y me arrebujo en el confesonario con calefacción y manta para leer.


Cuando, —a las dos— salgo a la calle para ir a casa de doña Nati, constato que hace más calor fuera que en la iglesia que dentro. Abro las puertas y las ventanas de par en par. 


Comida en casa de doña Nati y, otra vez, se precipita el día hacia su fin y yo me enroco en mi parsimonia. 


Brahms: Sonata para piano y violín no 2 op 100. Para ser de Brahms suena muy bien y, en algún momento especialmente delicado, conmueve un poco. (Los que hemos padecido la ceremonia de los JJOO de Francia con la acrimonia de una puesta en escena bárbara —típica de la Francia de sans-culottes y masones— no podemos sino holgarnos ante este prodigio de minimalismo escénico). 

Rosario por el hijo de una suplicante. 


No puedo llevarle la comunión a Ana porque no tengo coche. No importa. 


Escribo el diario de ayer. 


Wilder me comunica que mi Lamborghini ha vuelto a dar problemas con el arranque. Se lo cuento a Bruno. Voy con Wilder primero a la gasolinera y luego a masymas. Me acompaña a la iglesia para dejar una bombona de gas y luego al taller. Dejo el coche en la puerta del taller de Bruno.

martes, 10 de febrero de 2026

Diario. Lunes, 9 de febrero de 206

San Miguel de Salinas 

Lunes, 9 de febrero de 2026


A las seis me despierto y me levanto pero una sucesión de microrretrasos hace que no abra la iglesia hasta las siete y diez. 

A las siete y diez abro la iglesia pero una sucesión de microrretrasos hace que no salga para el hospital hasta las siete y veinte. 

A las siete y veinte salgo para el hospital. Aparco a las ocho menos veinte. Cuando llego a la capilla son las siete cuarenta y cinco y la congregación ya está congregada. Por fortuna los doctores S y L vienen en mi ayuda y preparan el altar mientras me revisto. 


«En el nombre del Padre, y del Hijo… Perdón por el retraso». La misa por las ánimas sigue como de costumbre aunque sustituyo las genuflexiones por inclinaciones profundas porque tengo las rodillas semibloqueadas. Me perdonan. 


Después de misa rezo laudes y me siento ante el sagrario con la sexta lira del Cántico espiritual. 

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras embiarme
de oy más ya mensajero
que no saben dezirme lo que quiero.

En la contemplación de las criaturas descubre el alma tanta abundancia de gracia y hermosura que no puede sino suspirar por Aquel que, con solo mirarlas, así las dejó. Llagada el alma en amor por este rastro, ansía ver la hermosura invisible y aumentándose su amor se acrecienta también el dolor de la ausencia. Ya no quiere entretenerse con noticias y mensajeros y pide que el Amado acabe de entregarse. Porque todo lo que en esta vida se puede conocer es conocimiento en parte y muy remoto. Solamente en la visión de su esencia acabará el Amado entregándose «de vero». 


No encuentro a Marcelo en su habitación. Colijo que ha ido a rehabilitación. 

Voy a ver a Ronald, el alegre holandés. Está solo. Le pregunto que cómo se encuentra. No se encuentra muy bien pero lo dice sonriendo. ¿Se siente con fuerzas para comulgar? 

Paga eso siempge hay fuegzas. 

Justo en ese momento llega Juani. Ns saludamos. Comulgan los dos. 


A las diez estoy de vuelta en San Miguel. Joan recoge los tesoros depositados en los lampadarios. Nos da tiempo a contar las moneditas antes de que den las diez y veinte, hora en la que tengo que enfundarme en mi traje de pescador para sentarme en el confesonario. Sexta. Lectura del evangelio de san Lucas. Lectura del libro de Judit. 


A las once, en punto, comienza la segunda misa por las ánimas porque es lunes. 


Terminada la misa hay que atender las súplicas de las suplicantes y luego hay que rezar el Ángelus con Joan. 


Pasado el mediodía hay que ir al banco para ingresar todo lo recolectado durante la semana. 


A las doce y media en punto, catequesis para Brooke. A la una, catequesis para Tatiana. 


A la una y media me entrego a la lectura de Micer Alejandro Rodríguez de la Peña. 


Cuando, después de comer, me despido de doña Nati, sé que el día se precipita —frenético— hacia su fin. 


Nada compensa mejor la fugacidad frenética del tiempo que la parsimonia. ¿No decimos «vísteme despacio, que tengo prisa»? Pues eso. Parsimoniosísimamente me dirijo a la iglesia. De pie —porque no puedo arrodillarme a causa de la artritis— hago la visita al Santísimo y rezo unas preces que yo me sé. Luego, mis errantes pasos me llevan por las capillas laterales mientras mi lengua canta —¡oh!- con gozo los misterios gozosos. 


Es la hora de Brahms. Sonata para chelo y piano nº 2, Op. 99. 


Toca hacer algunas labores domésticas y asearse antes de volver a la iglesia para mirar fijamente al sagrario. 


Luego hay que hacer algunas labores de sacristía y asearse un poco antes de ponerse a contestar mensajes y correos y todavía hay tiempo para mandar las lecturas del domingo al grupo de lectores: primero las páginas del leccionario fotografiadas y, luego los audios con las lecturas proclamadas por mi poderosa voz y con algunos pertinentes comentarios. 


Vísperas: esto se acaba. 

Voy a masymas. Estoy allí cuando me llama Wilder. Al parecer, Ana Isabel me ha puesto un mensaje invitándome a cenar tortilla de patata. Le digo que voy volando. 


Ana Isabel ha hecho tres tortillas de patatas para cuatro porque Luciana no come tortilla de patata. A Luciana le gustan los huevos y las patatas pero quiere los huevos fritos con patatas fritas y por nada del mundo quiere la tortilla de patatas. Como Ana Isabel es soberana en su casa y una de sus leyes es que hay que comer de todo, sirve a Luciana un plato de huevos fritos con patatas fritas y luego añade un triangulito de tortilla de patatas con cebolla caramelizada. Luciana suplica a su madre que ponga el triangulito de tortilla de tal modo que no toque el huevo o las patatas fritas. Ana Isabel, soberana, pone el triangulito encima de las patatas fritas de Luciana sin prestar atención a la reacción dramática de su hija. Me mondo. 


Camila bendice la mesa y empezamos a comer y a charlar. Hablamos de las cosas que nos han dado miedo en la vida. Cuando yo cuento las cosas que me han dado miedo, Camila palidece. Cuando Camila cuenta las cosas que le han dado miedo, a todos nos da la risa. Luego Luciana y Ana Isabel cuentan las cosas que les han dado miedo y se me ponen los pelos de punta. Según parece, a Wilder nunca le ha dado miedo nada. Le pregunto que si no pasaba miedo en la casa parroquial de Torremendo cuando vivía allí solo, durante el invierno, sin conocer a nadie en el pueblo… No, no pasaba miedo. Camila lo mira con orgullo como diciendo: este es mi papi. Y luego ella y Luciana reconocen que ellas sí que pasaron miedo en aquella casa porque se oían ruidos raros. Su madre sugiere que no sería raro que hubiera habido más de un asesinato en esa casa y que los cadáveres estuvieran emparedados por allí y la cosa se pone interesante y nos lleva a imaginar historias dignas de Edgar Allan Poe. 


Como el coche de Wilder está en el taller y Ana Isabel necesita el suyo para ir mañana a trabajar, ofrezco a Wilder mi Lamborghini. Acepta el préstamo, me lleva a la casa abadía, me ayuda a cerrar la iglesia y a subir la compra a casa y nos despedimos. Él se vuelve a su casa con mi Lamborghini y yo, después de rezar completas, me voy a la cama y me quedo frito.