La Torre
miércoles, 13 de mayo de 2026
Es un bonito día —Virgen de Fátima— para ir al hospital rezando los misterios gozosos; para volver a san Miguel rezando los dolorosos y para dedicarse a la holganza después de la misa de once: ¡día de asueto!
Antes de salir de San Miguel paso por la gasolinera y lleno el depósito. Calculo el consumo desde el último repostaje: he recorrido casi mil kilómetros —965— y he consumido 5,17 litros por cada cien kilómetros a base de ir pisando huevos. Me felicito.
De camino a La Torre rezo los misterios gloriosos. Hago una parada en el Consum de Torrellano. Gasto allí 50 euros.
Llego a La Torre y anoto en mi Mc los gastos de hoy: 130 euros.
Son las 14:10 o así cuando empiezo a preparar la comida y me felicito: ¡día de asueto!
A partir de ahora todo es holgar, rezar, leer, callar, pasear, abrir mucho los ojos para contemplar un saltamontes o una nube lejos de los coros de solicitantes y suplicantes.
Recito los misterios luminosos totalmente distraído entre palmeras, algarrobos y otros milagros. Pensándolo bien, no estoy lejos de los coros de solicitantes y suplicantes, al contrario: en mi día de asueto, más que nunca, formo parte de esos coros.
Acabo ¿Hay filosofía en tu nevera? y empiezo El Cántico del Cordero. Es el libro que me llegó sin haberlo encargado. Por fortuna, Arquilatría leyó el diario en el que hablé del misterio del libro que me llegó sin haberlo encargado. Leyó el diario y me mandó un mensaje advirtiéndome de que, con el libro, había mandado también una manualidad. Corrí a buscar el sobre de cartón en el que llegó el libro, lo hallé y, dentro, encontré un tesoro pintado y escrito por ella. No carezco e nada.
Me preparo una cena, pongo la mesa y —muy orgulloso de mí mismo— hago una foto y la publico en X. Acto seguido suena un ¡plaf! Y se va la luz. La bombilla de la lámpara que le daba a mi mesa un aire misterioso y romántico —una bombilla halógena— se ha quemado y ha provocado un cortocircuito o algo así. Como soy un hombre de recursos, sustituyo la lámpara por dos velas.
San Miguel
jueves, 14 de mayo de 2026
Es lindo amanecer en La Torre en un día de asueto.
Leo en El cántico del Cordero que Tra le sollecitudini es la carta magna de la música sagrada. Cierro El cántico del Cordero y busco en Safari el motu proprio de san Pio X. Me lo zampo.
Tendría que dar unos diez mil pasos diarios. Nunca paso de de cinco mil pasos. Salgo a pasear por el palmeral con los misterios luminosos.
Hay que hacer algunos arreglos en mi piso de La Torre. Para empezar hay que desmontar la lámpara cuya bombilla hizo ¡plaf! ayer.
Hay que ir a La Lloseta.
Al volver de La Lloseta encuentro un atasco monumental en la circunvalación de Alicante.
Cuando —por fin— llego a la salida de Madrid, compruebo que el atasco no ha terminado. Tardo más de diez minutos en recorrer la distancia que va desde la salida de la circunvalación hasta la entrada en la carretera de Madrid. En condiciones normales, esa distancia se recorre en medio minuto.
A unos quinientos metros descubro el motivo del atasco al ver en el arcén, los restos calcinados y todavía humeantes de una furgoneta.
Sos las dos y media o así cuando llego a La Torre. ¡Sorpresa! ¡Ha llegado Rafa! Nos saludamos y nos despedimos porque tengo que comer y salir pitando para San Miguel.
A las cinco y media o así, estoy de vuelta en San Miguel.
A las seis empieza el ensayo de las comuniones del sábado.
A las siete menos cuarto empiezan las confesiones de los siete niños que harán la primera comunión el sábado.
A las siete y media empieza la exposición del Santísimo.
A las ocho empieza la misa con órgano y todo.
A las nueve menos cuarto estoy viendo el Pasapalabra an ca doña Nati.
A las diez y media he rezado completas y estoy cerrando la iglesia.