martes, 3 de febrero de 2026

Diario. Martes, 3 de febrero de 2026. San Blas.

 San Miguel de Salinas 

martes, 3 de febrero de 2026


6:00

Me despierto a tiempo para oír cómo dan las seis en el reloj de la iglesia. 

Café con leches y zafarrancho de lavadora y limpieza. 

8:00

Abro la iglesia y enciendo las luces. 

Oficio de lectura y laudes. 

Me siento ante el sagrario para meditar con la primera lira del Cántico espiritual:

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dexaste con gemido?
Como el ciervo huyste
haviéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ydo.

Hay que considerar con san Juan de la Cruz que, para encontrar lo escondido, hay que ir a lo escondido. ¿Cómo? Solo la fe y el amor, como lazarillos o mozos de ciego, pueden llevarte por donde no sabes hasta donde Él se esconde. 

9:10

Voy a asentar la partida de defunción del sueco cuyo funeral celebré ayer. Aprovecho para asentar las partidas de los dos primeros difuntos de este año en el libro de Torremendo. 

9:40

Mi teléfono me recuerda que tengo que tomarme las tres pastillas amarillas pequeñitas y la pastilla amarilla grande. Voy a la casa abadía y aprovecho para tender la ropa. 

10:00

Me siento en el despacho para preparar las moniciones que leeré en las confirmaciones, si Dios quiere. 

10:20

Vuelvo a la iglesia. 

Joan me ayuda a añudar las velas para la bendición de las gargantas. 

Busco la oración de bendición de gargantas.  

Anoto una intención para la misa porque es el aniversario de Pepe y Gloria —su viuda— quiere ofrecer un sufragio por su alma. 

Me revisto con mi traje de pescador y me siento en el confesonario.

Tercia. 

Aún me da tiempo para leer en el Diario de santa María Faustina Kovalska una visión maravillosa. Hay una multitud reunida en torno a un altar pero no hay nadie en él. Una voz le dice a Faustina que es ella quien debe subir al altar para bendecir a todos. Cuando empieza a caminar, la multitud, entre la que se encuentran muchas monjas de distintas congregaciones, sacerdotes, religiosos y laicos, se arranca a proferir gritos contra ella y a golpearla con toda clase de objetos arrojadizos y contundentes. Muy angustiada, consigue llegar hasta el altar y, entonces, la multitud vociferante, amenazadora y violenta se calma de repente y se transforma en una multitud suplicante que extiende las manos hacia ella presentando sus peticiones. Una voz le dice: reparte bendiciones, favores y misericordias como quieras. Y ella no siente ningún rencor hacia esas personas que un momento antes la injuriaban. 

11:00

Misa de san Blas. 

Después de misa, bendición de las gargantas. 

Luego Joan me muestra cómo se puede lavar el velo blanco del sagrario que amarillea un poco, quizá por el humo de la lámpara votiva. 

Lo dejamos sumergido en agua con lejía y me recomienda que lo saque una hora más tarde. Rezamos el Ángelus porque dan las doce, charlamos un poco y nos despedimos. 

Entonces me pongo a escribir la lista de los confirmados. A los cinco de Los Montesinos y a los diez de san Miguel que ensayaron la ceremonia, hay que sumar a otros dos de Los Montesinos —dos adultos— cuyos nombres acaban de pasarme. 

Entonces reparo en que hay que asentar otra partida: un entierro que hizo el archidiácono. 

La asiento y reparo que hay que asentar otra partida de defunción más. 

La asiento y reparo en que quedan dos bautizos pendientes de anotar: uno que hice yo el 25 de enero y otro que hizo el diácono el 31 de enero. 

Antes de anotarlos llamo a La Posada para reservar mesa. Está cerrada. Reservo mesa en la Herradura y mando un mensaje a Samuel: que he reservado en La Herradura. 

Antes de anotarlos voy a ver qué ha pasado con el velo del sagrario. Mi gozo en un pozo: lo amarillento no se ha blanqueado. Le echo más lejía a la jofaina. 

Antes de anotarlos leo el evangelio de san Lucas. 

Antes de anotarlos atiendo a un grupo de turistas ingleses. Quieren subir al campanario. Les abro la puerta. 

Anoto las dos partidas pendientes y doy por terminada la mañana. 

14:00

Voy a la casa abadía y pongo otra lavadora. 

Me aseo un poco y me dispongo a salir para La Herradura. 

14:27

Salgo para Los Montesinos. 

Hemos quedado a las tres porque Samuel trabaja. Su novia no viene porque está fuera y no vuelve hasta mañana. 

15:00

Nos encontramos en La Herradura. Comemos y charlamos por los codos.

17:00

Levantamos la sesión. Como yo tengo que estar a las seis en Nuestra Señora del Pilar y no me compensa volver a San Miguel, decidimos ir al bar La Esquina donde se puede trabajar con el ordenador. Aprovecho para ver el correo y escribo esto. 

17:55

Yo voy a la iglesia y Samuel se queda trabajando en el bareto. Le doy las gracias porque me ha invitado a un café y a un vaso de agua con gas. Muy bien. 

18:00

Preparo las velas para la bendición de las gargantas y me siento en el confesonario. Un penitente, muy bien. Vísperas. 

18:30

Llega Samuel y empieza la segunda misa de san Blas con predicación y todo. Hay que recordar que san Blas era médico —además de obispo de Sebaste y mártir— y que una vez le llevaron a un niño que se había atragantado con una espina de pez de San Pedro y el santo rezó sobre él y lo curó. 

Al terminar la misa, bendición de gargantas. 

19:10

Ya es de noche cuando salgo de la iglesia. 

19:25

Llego a San Miguel, aparco en el garaje y me siento ante el sagrario de la iglesia silenciosa para rezar un poco. 

20:00

Tiendo el velo del sagrario, apago las luces y cierro la iglesia. 

20:10

Llego a la casa abadía y tiendo la ropa. 

Como hemos comido muy tarde no tengo apetito, pero las articulaciones piden un paracetamol y el paracetamol pide un vaso de leche y el vaso de leche pide una dedada de miel… 

Antes de acostarme quiero acomodarme en mi sillón cómodo par escuchar el Quinteto para cuerda Nº 1, Op 88 de Brahms. Pero, antes, escribo esto. 

lunes, 2 de febrero de 2026

Domingo 1 y lunes de febrero de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 1 de febrero de 2026


Por la mañana, rutina de domingo: misas en Torremendo y San Miguel y catequesis. 

En San Miguel no canta el coro porque a Tomás le han operado del segundo y último ojo. Canto yo. Al final vamos a la capilla de la Inmaculada en la que está de visita San José porque es el primero de sus siete domingos. 

Después de misa, una comisión de solicitantes solicita que hagamos un grupo de WhatsApp para lectores. Yo tendría que mandar las lecturas de cada domingo y explicarlas un poco para que los lectores puedan prepararlas. Me parece muy buena idea. Las solicitantes se comprometen a hacer el grupo y a incluirme. 


Luego un penitente solicita confesión y luego Wilder viene a contarme cosas. Por último, una suplicante pide un rosario. Le regalo uno que le encanta. 


Como con doña Nati. 


Dedico la tarde a leer, a escuchar música —Brahms Op. 84. 85 y 86— y a poner orden en la casa abadía. 


A eso de las siete voy a visitar a doña Nati. 


A las nueve he cenado y termino de escribir esto. 


San Miguel de Salinas

lunes, 2 de febrero de 2026


4:00

Oficio de lectura . 


6:45

Abro la iglesia. 


7:10

Preparo el altar. 

Laudes. 

Misa. 


8:15

Voy a visitar a Ronald y a Mauricio

Luego me siento en la capilla para mirar fijamente al sagrario. 


9:15

Salgo para San Miguel.


9:45

Saludo a Joan y voy al banco para ingresar la recaudación del fin de semana: 180 euros. 160 de San Miguel y 20 de Torremendo. Muy bien. 


10:30

Me siento en el confesonario. 


11:00

Segunda misa de la Candelaria. 


11:45

Una penitente pide confesión. Muy bien. 

Tenía pensado dedicarme a organizar las confirmaciones del sábado pero, otra vez, se suceden las solicitudes que me obligan a concentrar en otras partes mi meditativa atención:

1. Del tanatorio: que si puedo hacer un entierro a las 17:00. 

2. El archidiácono: que si puedo llevarle el dinero para pagar al fontanero. 

3. De la oficina del banco de Torremendo: que si puedo pasar para firmar unos documentos secretos. 

4. De THADER: que si puedo mandarles una autorización para cobrar las cuotas del cementerio. 

Manos a la obra. 

12:15

Ángelus con quince minutos de retraso. 

Cojo el dinero que hay que llevarle al archidiácono. Imprimo el permiso para THADER. 

12:30

Salgo para Torremendo.

12:45

Saludo al director del banco. Él también me saluda poniéndose de pie, estrechando mi mano e invitándome a tomar asiento, como si yo fuera un magnate. Me siento importante. Me siento. 

El director me explica que el documento que voy a firmar hace innecesarias ulteriores autorizaciones a THADER. Le muestro la autorización que traigo firmada y me aconseja que la rompa y que firme el papel que él me está poniendo delante. Se nota que no soy un magnate porque lo firmo sin leerlo. 

Terminado el negocio, hablamos del ecónomo diocesano, de algunos sacerdotes que conocemos y de mi jubilación. Luego nos despedimos estrechando cada uno la mano derecha del otro según la tradición. 

13:00

Voy a buscar al archidiácono. Llamo a la puerta de la casa abadía y sale. Nos saludamos y me lleva al patio para que vea con mis propios ojos el statu quo de la avería y de la reparación. 

Le entrego doscientos veinticinco dólares. Ya llevamos cuatrocientos cincuenta gastados y no solamente siguen manando las aguas fecales sino que —a más a más— las catas y rozas que han tenido que hacer han dejado el patio y el garaje como Gaza. 

Según el perito, en algún lugar del patio —a unos treinta centímetros de profundidad— hay una arqueta construida cuando la piscina de Siloé a la que confluyen todas las miserias de los desagües y desde la que todas esas miserias se filtran y se abren paso hasta el garaje. 

Pregunto al archidiácono si cree que el seguro se hará cargo de todo eso y me sonríe como sonríen los archidiáconos orientales cuando uno les hace una pregunta directa y ellos quieren dar una respuesta enigmática. 

13:15

Muy reconfortado, salgo para San Miguel. 

13:30

Paro en la gasolinera de San Miguel para comprar una bombona de butano y, ya que estamos, para lavar el coche. 

Cuando pido la tarjeta de lavado, el empleado apunta con el dedo hacia el cielo y murmura: «va a llover». 

14:05

Aparco en San Miguel. Me esperan para comer doña Nati, Gracia y José María pero pienso: «Voy a la casa abadía, apunto los gastos y en diez minutos estoy con doña Nati». Pero los diez minutos se convierten en veintidós. 

14:27

Llego a casa de doña Nati con veintisiete minutos de retraso y pidiendo disculpas. Ni ella ni Gracia ni José María se inmutan. 

15:30

Nos despedimos. 

Visita al Santísimo.

Sesión de Brahms: Trío de violín, chelo y piano. Muy mágico. Op. 87.

Misterios luminosos. 


16:40

Salgo para el tanatorio. 


17:00

Empieza el funeral. 

El difunto era sueco. La viuda y la hija están muy llorosas. Las acompañan otras tres personas. La hija me pide permiso para decir unas palabras. Dice unas palabras. 

Empezamos: «En el Nombre del Padre, y del Hijo..». 


17:2o

Termina el funeral. Salgo a hablar con los dolientes. 


17:30

Salgo para Los Montesinos. 


17:40

Llego a Los Montesinos y me quedo en el coche para rezar un rato. 


18:00

Me siento en el confesonario y un penitente y otro penitente. 


18:30

Tercera misa de La Candelaria. 


19:15

Entra en la sacristía —¡oh!—Samuel que acaba de volver de Andorra. 

Nos abrazamos y lo invito a comer mañana. Acepta. 

¿Querrá venir también su novia, María? Querrá pero no podrá porque vuelve el miércoles. 


19:30

  Salgo para San Miguel.


Son las 22:30 cuando acabo de escribir esto.