viernes, 28 de agosto de 2026

Diario. Jueves 27 y viernes 28 de agosto de 2026

 La Torre

jueves, 27 de agosto de 2026


006:00

Me levanto. Aún no asoman por el horizonte los rosados dedos de la aurora. 


07:00

Voy a la ermita para hacer mis oraciones de la mañana. 


08:00

Desayuno sin pan porque no hay pan. Acompaño el café con dos minimagdalenas de Proust. 


08:32

Mensaje a María: «¿Puedo ir con JB a Torrevieja?».


09:30

Salgo con JB y María jr por la carretera de la costa hacia Torrevieja. María jr ha sido invitada a casa de una amiga del cole. 

Dejamos a María en casa de su amiga y vamos a San Miguel. 

JB —qué amable— me ayuda a empaquetar algunas cosas y a llevarlas a su lujoso carro. Entonces entramos en la iglesia. Manoli y Jose Miguel están limpiando y todo huele a lejía Las tres brujas. Hago las presentaciones: Manoli, JB, JB, Jose Miguel… JB y Jose Miguel cargan en el lujoso carro de JB el sagrario del siglo XVIII que los amables milicianos destrozaron cuando destrozaron la ermita de La Torre y que ha restaurado un hábil restaurador. Lo traje a San Miguel para el monumento de Semana Santa. Toca devolverlo a La Torre.

Voy al banco donde tengo que hacer una gestión. Todo se soluciona en un abrir y cerrar de ojos. Me felicito. 

En el lujoso carro de JB nos ponemos en camino hacia La Torre. Ahora vamos por la autopista. Obra en poder de JB una aplicación que le informa de los precios del carburante en las gasolineras que están a cien kilómetros a la redonda. Paramos en una que vende el litro de gasoil diez céntimos más barato que en REPSOL. JB me cuenta que una su amiga que inspecciona gasolineras le ha revelado que la calidad del combustible que nos venden es la misma en todas partes. Me hago cruces al comprobar que —en la gasolinera más barata— llenar el depósito del lujoso carro de JB cuesta más de cien euros. También reparo en que el gasoil ya está más caro que la gasolina. ¡Qué cosas!

13:30

De vuelta en La Torre, JB me ayuda —qué amable— a llevar a mi piso los bultos que hemos traído de San Miguel. El sagrario se queda en su lujoso carro. 

Empiezo con la lectura de Evangelio según san Juan. 

Luego voy a la ermita para hacer una visita al Santísimo y rezar unas preces que yo me sé. 


14:15

En la cocina de La Torre, me preparo una frugal colación: cuatro filetes de pollo a la plancha sin pan porque no hay pan. Vino Llanto de uva 2023, de Jumilla. Muy bueno. De postre un higo, tres granos de uva y un yogur con miel. 


15:00

Después de recoger la cocina de La Torre tengo que tomar una decisión: ¿me abandono al sueño en una siesta reparadora o sigo dando con redoblado ardor la batalla contra Satanás y los otros espíritus malos que vagan por el mundo tratando de perder a las almas?

Mis doloridos huesos gritan: «¡Siesta, siesta!». 

A mí, Coriolano de toda la vida, me basta con que la plebe grite una cosa para hacer lo contrario. Empuño mi rosario y salgo a caminar por el palmeral: misterios  luminosos. Y mis huesos —¡qué amables!— me  siguen. 


15:30

Mis huesos ya no exigen, suplican un descanso. 

No lo merecen, pero el buen gobernante sabe que, a veces, conviene ser liberal: «muy bien, queridos huesos, voy a sentarme en la butaca de la abuela Paquita». 


16:15

Me despierto. Ahora me duele el cuello. No importa. Recuerdo el consejo que me dio I y me doy una ducha de agua caliente en el cuello. 

Luego —lleno de entusiasmo y de energía— me entrego a la tarea de colocar las cosas que he traído de San Miguel y a la tarea aún más grata de amontonar cosas que tenía aquí y que van a la basura. 

De vez en cuando encuentro algún tesoro que debe librarse de la quema. Por ejemplo: encuentro unas fotos de cuando María y Blanca estuvieron en Guatemala con sus padres y conocieron a mi hermano Juan Manuel, que en paz descanse. Son unas fotos muy lindas. Selecciono algunas para regalárselas a María. 


18:00

Voy a la ermita para preparar la misa de santa Mónica y para hacer mis oraciones de la tarde. 


19:00

Misa de santa Mónica. 

Al terminar la Misa trasladamos solemnemente el sagrario desde el lujoso carro de JB hasta la sacristía. 

Durante el acto, doy una breve catequesis comentando la inscripción latina que puede leerse en la ermita y que recuerda que estamos en un oratorio restaurado en el siglo XVIII, destruido por los amables marxistas en 1936 y —otra vez— restaurado por mis abuelos que son bisabuelos de María y tatarabuelos de los hijos que ha tenido con JB y que asisten al acto con los ojos muy abiertos. 


20:00

Me preparo una cena sin pan porque no hay pan. Tres filetes de pollo a la plancha. Muy bien.

Luego trasteo en las RR SS y leo Frankenstein o el Prometeo moderno. No da miedo, pero está muy bien.


22:04

Voy a la ermita. Última visita del día al Santísimo.  Completas. 


La Torre.

viernes, 28 de agosto de 2026


06:00

Me levanto. La aurora —perezosa— no muestra aún sus rosados dedos sobre el horizonte por la parte del mar que es la del levante según se mira por mi ventana. 


07:00

Voy a la ermita. Voy abriendo puertas y ventanas para que entre la brisa matutina, fresca y amable. 

08:15

Preparo la misa para esta tarde. ¡San Agustín!

Tengo que lavar y planchar un manutergio y dos purificadores pero uno de los purificadores —todos de hilo y bordados a mano— está ligeramente rasgado. Mi natural me dice que no importa, pero mi madre me manda un ángel de Cielo con este mensaje: «Destruye ese purificador porque nada defectuoso debe dedicarse al culto del Único Dios». Como aún me resisto considerando que cada purificador cuesta unos cincuenta dólares, mi padre me manda otro ángel del Cielo para decirme: «A ver, hijo mío, ¿alguna vez has pasado hambre?». Destruyo el purificador rasgado y plancho el otro. 


09:15

Llega Rosarito con un carpintero que va a hacer arreglos en La Torre. 

Saludo a Encarna que está dejando la cocina de La Torre como los chorros del oro. 

Me preparo un desayuno sin pan porque no hay pan. No pasa nada. Hay café, leche, miel, queso, yogur, jamón… 


10:00

Tercia en la ermita. 

Juzgo que ha llegado el momento de limpiar a fondo la sacristía de La Torre y me aplico a ello con entusiasmo. 


11:00

Vuelvo a mi piso para seguir con mi labor de demiurgo. 


12:00

Ángelus. 

Me pongo a leer Frankenstein. 


13:00

JB llama a mi puerta. Él y su amable esposa y dos de sus hijas —las que han llegado a la edad de la discreción— han ido a la ermita pensando que habría misa a la una. 

Después de una breve negociación, quedamos en que la misa será a las siete de la tarde, si Dios quiere. 


14.00

Termino de leer Frankenstein. 

Voy a La Torre para prepararme unos guisantes con jamón. Me salen muy bien, la vedad sea dicha con toda modestia. 


15:00

Voy a la ermita para hacer una visita al Santísimo. 

Ya que estoy allí, me siento para orar con Leclercq pero me duermo. 


15:40

Me pongo a rezar los misterios dolorosos caminando a grandes zancadas por el palmeral. 



La tarde se me escapa. 


Sé que hay misa de siete a las siete.


Voy a la piscina y  leo algunos aforismos de don Carlos Marín Blázquez. Uno dice que el esquematismo nos conduce al crimen y sé —`por experiencia— que es así. Cuando llego al que dice «La tradición civilizaba. El Estado, como mucho, domestica», cierro el libro me meto en el agua. 

Luego salgo del agua y me seco y me zambullo en la lectura de Stefan Zweig: Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski). 

No he leído nada de Balzac. ¿Quién no sabe que fue un genio de la literatura francesa? Ahora sé era un gordinflón obsesionado por el dinero y la fama y que —pobriño— consiguió en vida todo lo que anhelaba su gordo corazón. 


A las siete hay misa de San Agustín. 

Después de misa catequesis. A los amentes le dejo probar unas obleas. A María y a Lourdes que se saben el catecismo de memorieta, les cuento lo de San Agustín y el niño en la playa. 


Luego nos despedimos y yo me preparo una cena ligera y eso.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Diario. Miércoles, 26 de agosto de 2026

 La Torre

miércoles, 26 de agosto de 2026


05:00

Me despierto. No me duele nada. Me felicito, apago el ventilador y me duermo otra vez. 


06:00

Me despierto. No me duele nada. Cierro la ventana y me duermo otra vez. 


08:00

Me despierto. No me duele nada. Me levanto. 

Rosarito y Encarna me preguntan que si pueden entrar a limpiar La Torre. Que sí. 


09:00

En la almazara encuentro a I que ya ha desayunado. Viene conmigo a la cocina para acompañarme durante el desayuno. ¡Qué amable! Charlamos. 

Después del desayuno, él se va a lo suyo y yo a lo mío. 

Mando un mensaje a María y a JB: «La misa será a la una».

En la ermita hago mis oraciones. 

Hay que lavar un manutergio y cuatro purificadores. Luego hay que plancharlos. El planchado de los purificadores deja mucho que desear pero me doy refuerzos positivos: «Muy bien, Vicens; para ser la segunda vez está muy bien». Me felicito. 

Preparo el altar para la misa de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars. Me alegro porque, en cuanto patrona de la ancianidad, es mi patrona. También me alegro porque fui capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Jijona y en Villena. 

Lectura del Evangelio según san Marcos. 

Lectura de Frankenstein.


11:30

Busco a I y no lo hallo. Le mando un mensaje: «La misa será a la una». 

Hago la pre-preparación de la comida. Olla, agua, aceite, sal hierbas. Dos platos, dos vasos, dos copas de vino, cubiertos. 

Contesto a algunos suplicantes que me escriben por WhatsApp y reviso el correo. 

Ángelus.

Actualizo las cuentas parroquiales. 

Termino de escribir y publico los diarios de ayer y de antier. 


13:00

Misa con María, JB, I, María, Lourdes, Pablo y Sofia en brazos de María. Sofía tiene hipo. 


14:00

I y yo nos tomamos un aperitivo de boquerones y olivas con vino. 

Un movimiento de mi mano vuelca mi copa y el vino se derrama graciosamente sobre el mantel, sobre el polo de I y sobre sus blancos pantalones de hilo inglés. 

—¡Perdóname!—suplico. 

Él, con gran parsimonia, se levanta, me perdona y anuncia que va a cambiarse de ropa. 

Entre tanto quito el mantel, limpio el suelo y retiro los espaguetis del fuego. 

Cuando I vuelve, untamos su ropa con jabón de Marsella y la extendemos sobre la mesa de la plancha. La comida transcurre como de costumbre hasta que —antes del postre— ponemos la ropa de I en la lavadora con un programa de quince minutos a veinte grados. Terminamos con un yogur. 


14:45

I tiende su ropa y va a echarse una siesta. Yo me quedo recogiendo algunas cosas. 


15:00

Visita al Santísimo.

Siesta. 


15:45

Me despierto. No me duele nada. Ducha. 

Schumann: Dichterliebe Op. 48


16:50 

Voy a La Torre. 

I ha recogido su ropa y, al parecer, las manchas del vino han desaparecido. Muy bien.

Nos preparamos sendos vasos de café con horchata y hielo. 


17:15 

I se dispone a continuar su periplo por el Reino de Valencia. Lo acompaño hasta el contenedor de la basura porque he llenado una bolsa de papeles y cartones que estorbaban en mi casa. Allí, junto al contenedor, intercambiamos nobles palabras de despedida y un abrazo. 

De vuelta al jardín de La Torre, me asomo al patio de la Casa Grande donde juegan los niños, con el propósito de farmear aura entre ellos. Al verme entrar, José se asusta, se echa a llorar y corre a abrazar la pierna de Serafina, su ángel guardián. Supongo que la frustración que siento es la misma que sentía el monstruo de Frankenstein cuando quería hacer amigos y todos huían de él. 


17:30 

Pongo una lavadora con los manteles tintos de vino tinto. 


17:45

Voy a la ermita para orar con Leclercq. 


18:15

Voy a mi piso y escribo esto.




19:00

Vuelvo a La Torre para tender los manteles. Las manchas de vino no se han ido. Espero que Rosarito o Encarna, que vendrán mañana si Dios quiere, sepan qué hacer. 


Me siento cómodamente para hacer algo que deseaba desde hace tiempo: oír de un tirón el Das Paradies un die Peri de Schumann. Muy romántico. No me canso de oír el número 24 Oh, lágrimas sagradas. Tampoco me canso de oír el preludio. 

¿Va a morir un soldado en la India? Peri tendrá que viajar hasta allí para conseguir una gota de su sangre. 

¿Va a morir en Egipto una muchacha herida de amor? Peri tendrá que llegar tiempo de recoger su último suspiro. 

¿Llora en Siria, arrepentido como Pedro, un pecador? Peri tendrá que traer de allá una de sus lágrimas. 

Entonces, y solo entonces, podrá ser admitida en el Paraíso. Me parece razonable. 

20:30

Toca preparar una cena ligera. 

A la hora de comer, I metió en el congelador la botella de agua con gas. Se ha congelado. 

Cuando vino de Madrid, I trajo higos y uvas. Ya tengo postre. He aprendido de I que los higos se pueden comer con piel y todo. 

¿Qué tal una tostada con aceite y una loncha de jamón? 

Muy bien. 

¿Y una copa de Alaya Terra?

Muy bien. 

¿Y un yogur con miel?

Sí, gracias, muy bien. 

Hay que bendecir los alimentos y dar gracias al Buen Dios que no me priva de nada. 


21:07

Leo un mensaje de María: «Hola tío: si te apetece venir a cenar, o antes, o después, estás invitadísimo». ¡Qué amable!

Ha mandado el mensaje a las 20:04. 

Contesto: «Estoy terminando de cenar. ¿Es buena hora?». 

Me pongo a recoger la mesa y a fregar los platos sin quitar el ojo al WhatsApp. ¡Qué emoción!

Me pongo a trastear en las RR SS. 


21.42

Mensaje de María: «Nosotros vamos a cenar ahora. Puedes venir cuando quieras». 

Mensaje para María: «¿Me avisas cuando acabéis de cenar?».


21:45

Última visita al Santísimo en la ermita. Completas. 

22:00

Me pongo a ver noticias. Todos hablan de Ceuta y del cinismo de Sánchez. 

No se me va de la cabeza un aforismo que me ha regalado I: «Sin tradiciones no hay civilización y, sin la lenta eliminación de esas tradiciones, no hay progreso. La dificultad consiste en hallar un equilibrio justo entre la variabilidad y la estabilidad». 

Creo que en ese aforismo falla algo. Y creo que el Conmonitorio de san Vicente de Lerins afina más. 

Escribo esto. 



22:52

María me avisa: «Tío, ya hemos acabado». Voy a la casa grande. Nos sentamos en el patio María, JB y yo. María tiene a Sofía —frita— en los brazos. Charlamos y charlamos hasta las doce menos veinte. ¡Qué bien!

Nos despedimos y escribo esto.