domingo, 10 de mayo de 2026

Diario. Sábado, 9 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 9 de mayo de 2026


Una tormenta con gran aparato eléctrico agita el pueblo durante toda la noche. Se oyen truenos como trenes. 

No se ve un alma en El Paseo.

Empiezo a recibir llamadas: Joan y Matt, Anne, doña Nati… No van a venir a misa porque está diluviando. 

Preparo el altar y doy los tres toques de campanas reglamentarios. Que no se diga que el cura se echa para atrás por una gotas de lluvia.

N viene nadie. No hay misa. 


A las doce llegan —caladas hasta los huesos— las niñas que se van a bautizar y sus parentelas. Al bautismo de la campiña se une ahora el de Isabel y Ariadnne. 


Después del bautismo asiento las partidas, las fotografío y mando las fotos a los padres para que tengan constancia de que el bautizo ha quedado registrado. 


Como con doña Nati. 


Mientras preparo la misa de la tarde llega Wilder. Charlamos. Luego él se pone a hacer algunas labores de mantenimiento. 


Misa de ocho con homilía y todo. 


Al terminar la misa, Wilder me invita al Collie. Él pide una ensaladilla rusa un agua con gas. Yo pido un sandwich y una copa de vino. 


Terminada la frugal colación vamos a ver a doña Nati. Wilder aprovecha para poner en hora el reloj de pared de doña Nati. Nos cuenta que Luciana cumplirá quince años en noviembre. En Hispanoamérica el evento se celebraría con una fiesta —misa incluida— por todo lo alto. Pero Luciana no quiere puesta de largo ni fiesta y eso.  Luciana quiere ir a la Warner de Madrid. Wilder está dispuesto a ceder en todo siempre que se le conceda un deseo: bailar con su niña el primer vals. Ya veremos. 


Wilder se va, nos despedimos de él. Al cabo de un gran rato también yo me voy no sin antes despedirme de doña Nati. 


Completas. Cierro la iglesia. 

sábado, 9 de mayo de 2026

Diario. Viernes, 8 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

viernes, 8 de mayo de 2026


Camino al hospital me sobrecoge la visión del sol naciente que parece un gran ojo entre las nubes del horizonte. No sé por qué divago: si alguien viera esto por primera vez en la vida ¿no tendría miedo? 


La amable rutina del hospital deja paso a la amable rutina de la parroquia. 


Pido a Matthew que me compre una caja de Paracetamol de un gramo y él va y lo hace. ¡Qué amable! 


Un penitente. Muy bien. Luego la misa de once y luego tengo que asentar dos partidas de bautismo y, mira por dónde, encuentro en buzón una aviso de Correos. Antes de ir a Correos tengo hacer algunas cosas en el despacho. 


En Correos hay cola. ¿Mucha cola? Sí. Aprovecho para trastear en las RR SS. 


Cuando llega mi turno me entregan un paquete. No consigo leer los datos del remitente. Viene de Madrid. ¡Qué emoción! Lo abro y, ¡oh! Es un libro del cardenal Sarah intitulado El cántico del Cordero. Yo no lo he comprado. Yo no lo he encargado. Yo no lo he pedido. Yo no lo he pagado. ¿Cómo se explica entonces este fenómeno? Solamente hallo una explicación. Hay alguien que: 

1. Conoce mi dirección. 

2. Conoce mi debilidad por los regalos materiales. 

3. Me ama. 

Realmente, no carezco de nada. Algún día —quizá en el Cielo— sabré quién me ha dado esta alegría. 


Llego con algunos minutos de retraso a casa de doña Nati. Allí me esperan ya Joan y Matthew. Celebramos, precisamente, la venida de Matthew. Doña Nati ha preparado mesa y comida de gran solemnidad. 


A las tres y media o así nos despedimos. No hay tiempo que perder porque a las cinco y cuarto he quedado con José Manuel. 


Visita al Santísimo, rosario de mayo, sesión ante el sagrario, vísperas… 


A las cinco y cuarto llega, puntualmente, José Manuel. En su calidad de presidente de la Junta de Cofradías se está encargando de preparar los estatutos de la Junta. 


A las seis —como estaba previsto— llegan los padres de Isabel y de Ariadne, las dos niñas que se bautizarán mañana. Llegan también Manoli —en su calidad de catequista— y José Vicente y Rosi  como padrinos. Tenemos que hacer una breve catequesis de preparación. 


A las seis y media nos despedimos y salgo para Los Montesinos porque tengo que celebrar allí. Me asiste don César, el diácono. Por cierto, don David, el archidiácono, está en Nápoles y ha asistido al Papa en la misa que ha celebrado allí. 


A las ocho media ya he vuelto de Los Montesinos, he pasado por Masymas y me he zampado una cena ligera con un paracetamol de un gramo.


Voy a ver el Pasapalabra y las noticias con doña Nati. 


Completas. Cierro la iglesia y vuelvo a la casa abadía. 

viernes, 8 de mayo de 2026

Diario. Jueves, 7 de mayo de 2026

San Miguel de Salinas

jueves, 7 de mayo de 2026


1. Adiós, día de asueto. 


Estoy holgando en La Torre, tan ricamente, cuando veo que tengo una llamada perdida y un mensaje en el buzón de voz: que un paciente que está en la UCI requiere la asistencia del capellán. El capellán soy yo. 

Estoy reflexionando cuado suena el teléfono y aparece en la pantalla este mensaje: «Clara. Atención al paciente». 

—Buenos días, Clara. 

—No soy Clara, soy X, la nueva encargada de atención al paciente.  Los familiares de un paciente que está en la UCI quieren que vaya usted a atenderlo. 

Estoy reflexionando y se me ocurre una idea: mandar un mensaje al grupo del arciprestazgo. Que estoy en Alicante y que si algún hermano sacerdote —tan amable— puede atender a ese paciente. 

Como nadie responde, salgo para Torrevieja. 

Adiós, día de asueto. ¡Qué bien!


2. Comida en Mercadona. 


Salgo de la UCI de Quirón. 

Tengo que llevar la comunión a Pepe que está en el hospital de Torrevieja.  

También tengo hambre. 

Llevo la comunión a Pepe. 

¿Puedo comer en algún sitio no lejos de del hospital de Torrevieja? ¿Qué tal en Mercadona?¿No fue doña Aurora Pimentel quien hizo un elogio de esos comedores?

Voy al Mercadona de Los Balcones y elijo unas albóndigas con patatas. Hay que calentarlas durante tres minutos en el microondas. Están buenísimas. 

Cuatro euros y treinta centavos.


3. Llueve: la fin del mundo. 


Diluvia. 

Me llama Joan: que no se atreve a salir con este tiempo y que no vendrá a misa. 

Me llama doña Nati: que no se atreve a salir con este tiempo y que no vendrá a misa, pero que me espera para el Pasa palabra

Me llama Andrés: que llegará, pero tarde. 

Me pongo a preparar todo para la bendición y la misa:

1. A los lados del sagrario hay que poner sendos candeleros de tres brazos. 

2. Delante del sagrario hay que poner la caja de la llave del sagrario con la llave dentro. 

3. A la izquierda del sagrario hay que poner la custodia. 

4. En el presbiterio, frente al sagrario, hay que poner un reclinatorio. 

5. Cabe el reclinatorio hay que poner un taburete y —sobre el taburete— la cartela y el paño de hombros. 

6. Cerca del reclinatorio hay que poner el incensario con su soporte y su naveta. 

7. En el aseo hay que preparar la cazoleta del incensario y dos carbones. 

8. Hay que retirar el cubre mantel del altar, doblarlo y ponerlo en la credencia. 

9. Hay que poner, en la esquina derecha del altar, las vinajeras y el cáliz cubierto con su velo blanco y con la carpeta del mismo color. 

10. Hay que poner en la credencia el lavabo. 

Sigue diluviando.


19:15

Me revisto con el alba y el cíngulo.

Llega José Miguel.


19:20

Enciendo los carbones, los pongo en la cazoleta y

pongo la cazoleta en el incensario.

Enciendo las doce velas que están

a ambos lados del sagrario. 

Enciendo los focos del altar y la megafonía.


19:25

Doy el primer toque de campanas y me revisto la estola.


19:30

Empieza la exposición. 


19:35

Llega Andrés.


19:45

En mi calidad de hombre orquesta,

doy el segundo toque de campanas

y vuelvo a arrodillarme ante el Santísimo.


19:55

Bendición.


20:00

Están llegando los deudos de Clemen.

Enciendo las velas del altar y —subiéndome a un taburete—

el cirio pascual. 

Esta última operación causa siempre mucho regocijo en la congregación.


20:05

Empieza con cinco minutos de retraso la misa por Clemen.


20:35

Nos despedimos.

Recojo todo y voy a casa de doña Nati. 


20:55

Llega Samira con una bolsa de caracoles.


21:45

Me despido de doña Nati.

Completas.

Cierro la iglesia.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Diario. Miércoles, 6 de mayo de 2026

 San Miguel de Salinas

miércoles, 6 de mayo de 2026


Alegre rutina de miércoles: abrir la iglesia, ir al hospital, preparar el altar, celebrar la misa, correr a llevar la comunión a los pacientes antes de que les lleven el desayuno o los lleven a rehabilitación… 


A eso de las nueve de la mañana, ya puedo volver a San Miguel surfeando con mi Lamborghini bajo, contra, so, sobre y tras las olas de automóviles que colmatan la circunvalación de Torrevieja. 


A eso de las nueve y media, la rutina me ha metido en esa aventura que amenaza a quien se sienta para mirar fijamente el sagrario. 


A las diez empiezo a pasear por la iglesia rezando el oficio de lectura. Estoy en ello cuando noto que alguien se me acerca por detrás. ¿Será un amable seguidor de Mahoma que viene a cortarme el cuello? Sería lindo morir en la Via Sacra leyendo en la Carta a Diogneto: 

«Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida». 

Pero no caerá esa breva. Se ve que no soy digno de la gracia del martirio. Cuando me vuelvo, encuentro ante mí a un sonriente Matthew que me tiende su mano derecha como diciendo: «Sacudamos nuestras manos». 

Como es natural, me alegro. 

Cuando nos conocimos, él tenía 22 años y yo cincuenta. Han pasado quince años desde entonces. Él está mucho más cachas y yo tengo artritis pero disimulo cuando sacude mi mano.

Acabo de rezar y voy a la sacristía. 

Matthew, que sabe que me gustan los regalos materiales, me ha traído una caja de cartón en la que puede leerse:

BAKED IN SCOTLAND SINCE 1895

CLASSIC

SHORTBREAD

FINGERS

La boca se me hace agua. Los ojos se me humedecen. Viene en mi auxilio el recuerdo del documento de la CEE que dice que la sensiblería es del diablo. Doy las gracias a Matthew, me revisto y voy al confesonario. 

Lectura del Diario de la Divina Misericordia. 

Tercia. 

Un penitente. Muy bien. 


A las once en punto, misa de once en punto. 


Después de misa invito a Joan y a Matt a tomar un café en el Collie. No podemos demorarnos mucho porque Joan tiene cita con el médico. 


Nos despedimos a eso de las doce y media. 

Matt y Joan se van por un lado, yo por otro. 


Llego por mi camino a La Torre y aquí estoy acabando de escribir el diario de un día que se me antoja, como todos, muy fácil. Nada dramático. Todo muy interesante.