miércoles, 12 de agosto de 2026

Diario. Miércoles, 12 de agosto de 2026

 La Torre

miércoles, 12 de agosto de 2026


6:00

Madrugada de agosto, augusto y lento. 

Ibuprofeno. 


7:40

Primera misa de santa Juana Francisca de Chantal en el hospital. Luego hay que llevar la comunión a Mauricio y Ana María. Buena noticia: el viernes dan el alta a Mauricio. 


9:30

De vuelta a Sa. Miguel me entrego a mi amable rutina entre ventiladores. 


10:30

Después de preparar e altar me siento en el confesonario. Un penitente. Muy bien. 


10:55

Una joven forastera me aborda cuando voy a la sacristía. ¿Por ventura podré darle la comunión con una forma sin gluten? No tenemos formas sin gluten pero tenemos un cáliz pequeñito y puedo darle la comunión bajo la especie de vino. Vale. 


11:00

Segunda misa de santa Chantal. 


12:00

Ángelus. Ahora empieza lo bueno. Salgo para Torrellano donde comeré con mi doña Feli. ¡Qué emoción!

Mi doña Feli y yo nos conocemos de X. Yo la sigo y ella me sigue. Escribe muy bien y dice cosas de hondura sin oscuridad. Es un mucho poeta. 

He reservado una mesa para dos en el restaurante Carabí. Llego antes que ella y espero leyendo un su artículo intitulado Elogio de la gratitud.  Ella llega exactamente a la hora prevista, como una reina. 

Inmediatamente empezamos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida No tardo en comprender que estoy ante una persona extraordinariamente cultivada. 

Pedimos gazpacho de remolacha y arroz negro. Resulta que, además de sabia, mi doña es buena cocinera. Y resulta que una de sus especialidades es también uno de mis platos preferidos: arroz con bogavante. 

De pronto, zas, saca un libro de su bolso, me lo dedica y me lo da. En la dedicatoria se refiere a mí como a un «nuevo amigo». ¿No soy afortunado?

No podemos hacer una larga sobremesa porque mi doña tiene que ir a Valencia pero nos despedimos estrechando nuestras manos y planeando un próximo encuentro en Valencia. 



De Torrellano voy a La Torre donde me aguardan muchas sorpresas agradables. 


1. Almudena y Fátima —qué saben cuánto amo los regalos materiales— me han comprado dos pantalones de verano, unas zapatillas de piscina elegantes y unos zapatos de charol o algo así para las fiestas de postín. 

2. Han venido Jesús Z, Mariajo, Jorge y Teresa. 

3. Patricia HR me ha comprado unas gafas de eclipse con la bandera de Españita. 

4. Pepe me prepara una horchata y uin fartón. Luego, su hija Patricia FV me acusará —sin pruebas— de haberme bebido su horchata. 


Mientras todos andan con eso del eclipse, Jesús y yo paseamos hasta el rincón de la Virgen de Aránzazu. Alguien ha tenido la buena idea de llevar allí uno de los bancos verdes. Nos sentamos para hablar de Arantxa y de cosas interesantes. 


Los niños cenan primero y se ponen a ver el fútbol. Luego, en el patio, cena adults only. Somos quince a la mesa: Almudena, Pepe, Almudena, Mariana, Alex, Patuca, Jorge, Mariajo, Fátima,  Fátima jr, Alejandra, Jacobo, Jesús, Patricia y yo. Pablo e Ignacio se han ido a Utiel para ver el eclipse.

martes, 11 de agosto de 2026

Diario. Martes, 11 de agosto de 2026

 San Miguel

martes, 11 de agosto de 2026


6:00

Desayuno con Ibuprofeno. 


7:00

Abro la iglesia de par en par para que entre el fresco de la mañana. Enciendo siete ventiladores. 

Oficio de lectura y laudes de santa Clara. 

Me siento para mirar fijamente el sagrario mientras escucho una piadosa meditación sobre santa Clara. 

Preparo el misal, el libro de la sede y el leccionario, y cambio el velo rojo del sagrario por el velo blanco. Aprovecho para limpiar —por última vez— el sagrario de san Miguel.

Saludo a Bernardo.

Tiro a la basura varios ramos de flores secas. 

Intento, sin éxito, cambiar un tubo fluorescente del camarín de san Miguel. Me rindo. 

9:00

Vuelvo a la casa abadía con un amito y unas albas para lavar. 

Pongo una lavadora. 

Voy al despacho parroquial. 

Escribo al diácono para que me mande los datos de Olivia que faltan y poder así asentar su partida de bautismo. 

Escribo a Tania pidiéndole que confirme la hora del bautizo de su hija. 

Escribo a Sonia, de Torremendo. 

Antonio me muestra unos cartelitos con una oración a la Virgen de Monserrate. ¿Puede ponerlos en la iglesia? Sí, claro. 

Me contesta el diácono. ¿Puedo concretar qué datos faltan? Sí, puedo. Lo hago. 

Marisela quiere bautizar a su hija Camila el 4 de octubre a las 12:30. Lo anoto para la agenda de mi indigno sucesor. 

Actualizo las cuentas parroquiales. 


10:00

Voy a la iglesia. Hay una persona mirando fijamente al sagrario. Me siento en el confesonario. 

Tercia. 


10:30

Doy el primer toque de misa y enciendo las velas del sagrario. 

Hay dos personas mirando fijamente al sagrario.

Retiro el cubremantel del altar. Llevo al altar el misal, el cáliz con su velo blanco, el copón y las vinajeras. Llevo a la credencia el lavabo. 

Doy el segundo toque y vuelvo al confesonario. Un penitente. Muy bien. 


10:55

Doy el tercer toque y me revisto para la misa. 


11:00

Misa de la memoria de santa Clara. 

Después de recogerlo todo con ayuda de Delcy y de preparar para mañana, sin ayuda, el misal, el libro de la sede, el leccionario y el cáliz, rezo el Ángelus porque es la hora del Ángelus y voy al despacho de Cáritas. 

12:05

Lo primero es trasladar al despacho parroquial los libros parroquiales que custodiaba Teresa en el despacho de Cáritas. Primero los de bautismos, luego los de defunciones, luego los de matrimonios y los de confirmaciones. 

De paso, traslado también algunas carpetas como, por ejemplo, la que contiene los contratos de seguros parroquiales. 


12:30

Hago una pausa de hidratación y aprovecho para lavarme las manos. 

Luego viene la apasionante labor de destruir montones de documentos que no se pueden tirar a la basura sin más, por la ley de protección de datos. Se trata, sobre todo, de fichas de catecúmenos y de comunicaciones del tanatorio. Muy bien. 


13:15

Interrumpo la labor porque no quiero llegar tarde a los Alcázares y, antes de salir para allá, tengo que ducharme y ponerme una camisa de clergyman blanca, limpita y nueva. 


13:30

Mando un mensaje a Prado: «Salgo ahora». Y le doy a «Compartir ubicación en tiempo real» para que sepa por dónde voy. 


13:58

Prado me manda un mensaje: «Estamos en el restaurante».


14:02

Aparco no lejos de El chato. 


14:05

Con cinco minutos de retraso empezamos a saludarnos —muac, muac y todo eso— Prado, María José, David, Gabriel, Sofía y yo. 

Hace dieciséis años, Gabriel y Sofía no existían, María José y David estaban delante de mí diciendo «Sí, quiero. Sí quiero» y Prado estaba con César —su caballero de toda la vida— asistiendo, emocionada, a la ceremonia. 

Después de la boda nos despedimos y no hemos vuelto a vernos hasta hoy aunque Prado y yo nunca hemos perdido el contacto. Cuando César —el caballero de Prado de toda la vida— entregó su alma a Dios, ella y yo —aunque en la distancia— lo lloramos. 

Pero hoy todo es fiesta. 

María José y David hablan a sus hijos en inglés.

Durante la comida no hablamos de política aunque comentamos la playlist de Sánchez y los últimos poemas de Óscar Puente. 

También hablamos de la conversión de Ernesto Castro y de Paloma Hernández García. 

A la hora de los postres recomiendo a Prado —que está en los huesos— un Volcán de chocolate. Le da la risa y lo pide y lo celebra mucho. Lo celebra tanto que sus nietos caen como buitres sobre el volcán de la abuela. 

Antes de despedirnos, un amable camarero nos hace una foto delante del letrero que anuncia «Restaurante El Chato». Queda muy linda la foto. Lástima no poder publicarla por la ley de protección del menor.  


17:05

Llego a San Miguel. 

Visita al Santísimo y unas preces que yo me sé. 

Misterios dolorosos dando zancadas por los altares laterales de la iglesia. 


17.30

Me siento para mirar fijamente al sagrario pero cabeceo e, incluso, babeo un poco. Juzgo que no es el mejor momento para orar y aborto la operación y corro hacia el despacho de Caritas donde aún hay harta labor que hacer. 


17.45

Reanudo la labor de destrucción de archivos y recojo los cadáveres de algunas cucarachas que yacen en el despacho de Caritas. 


18:30

Pausa de hidratación. Vísperas. Aprovecho para sentarme ante el sagrario. 


19:00

Reanudo mi labor destructora de archivos. 


19:30

Llevo tres bolsas de papeles rasgados al contenedor. 

El contenedor esta cabe la casa de doña Nati y he prometido a doña Nati que pasaría a verla. 

Paso a ver a doña Nati pero tiene una timba organizada. Todas las señoras del pueblo que cuentan algo en sociedad, están reunidas en su casa en torno a una mesa camilla donde se juegan sus patrimonios al parchís. 

Doña Nati me tienta: «pasa, pasa». 

Nosotros, los ascetas de toda la vida, sabemos que no hay que dialogar con la tentación. Declino la invitación y voy a Masymas.


20:15

Vuelvo de Maymas. 

La casa de doña Nati parece tranquila. Llamo a la puerta. Me abre doña Nati. Pregunto: «¿Quien ha ganado?». Doña Nati frunce el ceño y sé que ha perdido y que hay que cambiar de tema. De cambiar de tema se encarga ella. Me da los pantalones que me compró Jesús Z y me ordena: «póntelos». 

Obedezco. 

Doña Nati marca en los bajos de la pernera derecha el largo del pantalón. 

Luego dice: «Ya está». Y sé que tengo que retirarme otra vez para quitarme los pantalones que me regaló JZ y ponerme los míos, los de pana de toda la vida. 

Luego charlamos. Le cuento lo de la comida en Los Alcázares y le hablo de Prado y de los demás y le enseño la foto que nos ha hecho el camarero. Doña Nati lo celebra todo y me hace un regalo material de los que me gustan: una botella de güisqui y otra de brandy. 


21:15

Cuando nos despedimos, los estorninos han desaparecido pero los vencejos se han adueñado del pueblo.

lunes, 10 de agosto de 2026

Diario. Lunes, 10 de agosto de 2026

 San Miguel de Salinas 

lunes, 10 de agosto de 2026


4:00

Me despierto en la Torre. 

Oficio de lectura de san Lorenzo, caballero del Santo Grial. 

Me acuesto. 


5:15

Suena el despertador.


6:15

Salgo para el hospital por la carretera de la costa oyendo una piadosa meditación. 


7:00

Llego al hospital con tiempo para preparar el altar y rezar laudes antes de la misa de 7:40. 

Después de misa recojo todo y voy a llevar la comunión a los enfermos. Ana no está y Mauricio está durmiendo. Voy a despedirme del doctor B. 


9:15

De vuelta a San Miguel, toca contar las moneditas de los lampadarios y las colectas para llevarlas al banco. 

En el banco, en vez de apuntarme un ingreso me apuntan un egreso. Voy a reclamar pero sin enfadarme ni nada. Corrigen el error. Me felicito. 

Hay que poner en marcha el toque de campanas «diario 1, 2, 3» y preparar el altar para la segunda misa de san Lorenzo. Canon Romano, claro. 


11:30

Entro en la sacristía. Detrás de mí entran doña Nati, una señora que ha estado fuera durante casi un año y Jose Manuel. 

Me despido de todos y voy a la casa abadía con Jose Manuel. Me presenta a un empleado moldavo que lleva más de veinte años en España. Van a inspeccionar la casa abadía para tomar nota de todo lo que hay que reparar y pintar. Muy bien. 


12:30

Nos despedimos. 

Llega José Miguel y le enseño la casa abadía y el lugar secreto en el segundo cajón del despacho donde guardo los documentos de San Miguel y Torremendo que hay que entregarle al nuevo párroco. 

Nos despedimos. 

Reservo una mesa para seis en el restaurante El Chato de Los Alcázares porque mañana, si Dios quiere, comeré allí con Prado, María José, David, Gabriel y Sofía. A Prado la vi por última vez hace dieciséis años. Muy bien. 

Viene Gerardo. Va a limpiar la iglesia. Le doy las llaves. 

Llama Tania. Quiere bautizar a su bebé en octubre. Como yo no estaré, tomo los datos y lo anoto en la agenda de mi indigno sucesor. Tania quiere que el bautizo lo haga don José. Tomo nota. 


13:43

Voy a la iglesia. Gerardo sigue laburando. 

Voy a casa de doña Nati y saludo a doña Nati, claro, a José María, a Gracia y a Eva. 

Han preparado un plato de estofado de toro toreado en la plaza de Baza. Excelente. Como sobra algo, me preparan una cesta de Caperucita para la cena. 


15:15

Nos despedimos. 

Visita al Santísimo. Rezo unas preces que yo me sé. 


15:30

Me tumbo para ponerme las gotas óticas y para rezar el rosario. Me pongo las gotas óticas y me quedo frito. 


15:50

Me despierto, me levanto, enciendo los dos aparatos de aire   acondicionado y rezo el rosario paseando elegantemente por la casa abadía. 


16:15

Tengo que despejar el despacho parroquial para mi indigno sucesor. 

En las estanterías hay: 

1. Cuarenta libros míos. 

2. Cuarenta libros de la parroquia. 

3. Un número indeterminado de carpetas con documentos míos. 

4. Un número indeterminado de carpetas con documentos de la parroquia. 

6. Mezclada entre los libros y los documentos, gran cantidad de cartelería fina y papelería inútil. 


Empiezo separando mis libros y llevándolos a la mesa del comedor de la casa abadía. 


Me llama Gerardo. Que ya ha terminado de limpiar la iglesia. Bajo a darle las gracias y a pagarle el trabajo y vuelvo al despacho.  


Luego llevo los libros de la parroquia a la librería elegante -con puertas acristaladas y todo— que mandé hacer para la casa abadía. 


17:00

Hago una pausa de hidratación y bajo a la iglesia para mirar fijamente al sagrario. De paso llevo algunas estampas que han aparecido en el despacho. 

Llamo al padre Román. Nada. 


17:40

Vuelvo al despacho. 

Ahora viene lo más emocionante: separar el grano de la paja. 

A la mesa del comedor de la casa abadía van dos carpetas personales en las que guardo mis nombramientos, algunas cosas del banco y eso. Allá van también algunas cartas que conservo. 

Al montón destinado al fuego van cuatro bolsas de papeles inútiles. 

En la estantería del despacho parroquial queda lo imprescindible para que mi indigno sucesor, al llegar, no tenga que revolver: los informes de restauración de los libros parroquiales, el informe de la instalación eléctrica, un archivador con modelos de certificados y algunas carpetas vacías. 

Mañana, si Dios quiere, traeré los libros parroquiales. 


18:30

Toca hacer dos viajes al contenedor de papel. 

Después del segundo viaje aprovecho para entrar en la iglesia y rezar vísperas. 

El cielo está cubierto. Bochorno. 


18:45

Vuelvo al despacho. 

Hay que limpiarlo todo. 


19:15

Voy a la casa abadía. 

La mesa del comedor está cubierta de libros. Hay que ir metiéndolos en cajas, mochilas y maletas para llevarlos a La Torre. 

Luego hay que limpiarlo todo. 


19:45

Todo está limpio menos yo. 

Me ducho y me pongo una camisa blanca, de clergyman, limpita, nueva. 


20:15

Voy al garaje. Un coche bloquea la puerta. Toco el claxon y llega Ana Isabel. Es el carro de Wilder que está reparando el aire acondicionado de Esperanza. Comento con Ana Isabel lo del terremoto de Colombia. Nos despedimos. Me llama el padre Román. Mientras hablo con él, noto que me está saliendo un lobanillo en la nariz, pero al padre Román no le digo nada de eso. Con él hablo de mi sucesor en el hospital y de mi próxima entrada en Granja de Rocamora. Nos despedimos. 

Voy a Masymas. 

21:10

Vuelvo de Masymas. Completas. Apago las luces y cierro la iglesia. 

Ceno en la casa abadía restos de toro toreado en Baza. No carezco de nada. 

Escribo esto.