viernes, 19 de junio de 2026

Diario. Viernes, 19 de junio de 2026

 San Miguel de Salinas

viernes, 19 de junio de 2026


6:45

Abro la iglesia y salgo para el hospital. 

Los quince minutos que llevo de adelanto respecto de mi rutina habitual me permiten disfrutar del espectáculo del sol recién nacido sobre la salina. Puedo mirarlo de frente porque está velado por la calima y recuerda la luna de E.T.  

Los quince minutos de adelanto me permiten también rezar el oficio de lectura y laudes antes de la misa de la memoria del abad san Romualdo, discípulo aventajado y queridísimo de san Marino. 


9:00

De vuelta en San Miguel, me siento en la iglesia desierta y silenciosa para mirar fijamente el sagrario. 


9:30

Acabo mi oración justo cuando llega Joan. Su costilla rota ya no le duele tanto. 

Mientras ella prepara el altar, yo voy a la casa abadía para prepararme el segundo café con leches del día y la primera tostada del día con mantequilla y mermelada de naranja amarga sevillana. 


10:00

Vuelvo a la iglesia pero Joan quiere cambiar dos billetes de cincuenta dólares por cuatro billetes de veinte y dos de diez. Me toca volver a la casa abadía para llevarle el cambio. Luego me revisto y me siento en el confesonario. Tercia. 


11:00

Segunda misa de la memoria de san Romualdo. Había quedado con un ser humano para después de misa pero no aparece. 


11:45

Salgo para Los Montesinos. Los del banco de Sabadell llevan semanas amenazando con bloquear mis cuentas si no voy a firmar no sé qué cosas. 

En la oficina del banco me atienden amable y eficazmente. 


12:45

Esto de vuelta en San Miguel. Inma me pide un certificado digital para poder gestionarme la renovación del carné de conducir.  En el ayuntamiento no dan el certificado digital hasta e martes. Muy bien. 

Del tanatorio: que ha muerto una persona y que quieren el entierro mañana a las once. Muy bien. 

Del tanatorio: que ha muerto otra persona y que si puedo hacer el entierro mañana a las diez. Muy bien. 

14:15

¡Cielos, llego tarde a casa de doña Nati! Recojo el despacho y salgo pitando. 

Media hora después comunico a doña Nati que ya se ha hecho público mi nombramiento como párroco de Granja de Rocamora y como arconte epónimo de la Vega Baja. 

Pongo el nombramiento en las listas de difusión de San Miguel y de Torremendo y en el muro de FBK de la parroquia de San Miguel. 

Anuncio por los mismos medios los entierros de mañana. 


14:55

Voy a la iglesia y doy aviso de difunto varón. 

A las tres, el reloj da las tres. 

Cuando terminan de dar las tres, doy otro aviso de difunto varón y vuelvo a casa de doña Nati para rezar con ella el rosario. 

El primer misterio lo ofrecemos por la parroquia de Granja de Rocamora y el segundo por el nuevo párroco de San Miguel de Salinas cuyo nombramiento aún no se ha hecho público. 


15:30

Me despido de doña Nati y voy a hacer la visita al Santísimo. 

Luego, para combatir el sueño, voy a hacer labores domésticas en la casa abadía. De vez en cuando interrumpo la labor para contestar a los que me escriben preguntando —impacientes— por la fecha de mi partida. 


17:00

Voy a la iglesia donde he quedado con Estefanía y con los padres y padrinos de Tucker, el bebé que será bautizado el domingo. 

Después de la reunión, aprovecho para preparar los funerales de mañana y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

Cuando termino la oración, en mi WhatsApp hay más de veinte mensajes. 

Dani —el Noru— que ni él ni su novia podrán venir al concierto de La Torre. 

Delia: que el coro se toma vacaciones y ni ensaya hoy ni canta el domingo. Muy bien. 

Justyna: que qué pasara con el bautizo de su bebé que nacerá en octubre. Que no se preocupe, que se lo dejaremos preparado al nuevo párroco. 

Jenny me manda los datos para el bautizo de su hijo el 27 de este mes. 

Carmen me manda el habitual mensaje: «Buenas noches, Antonia», con un corazón y una rosa. 

Y, mientras voy contestando a uno y a otro, entran otros… 


19:00

Juzgo que ha llegado el momento de dejar el WhatsApp y de ir a la iglesia para las vísperas de san Romualdo. 

Me entrego a la lectura que interrumpo cuando me llama JAVP. Luego sigo leyendo hasta terminar La Iliada. Orientaciones metodológicas, de Eudoxio Hdez Ortega. 


20:30

Voy a casa de doña Nati para ver el Pasapalabra y las noticias. 


21:45

Completas.

Vuelvo a la casa abadía y escribo esto.

jueves, 18 de junio de 2026

Diario. Jueves, 18 de junio de 2026

 San Miguel de Salinas

jueves, 18 de junio de 2026


Retirado en la paz de estos desiertos

con pocos pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos

y escucho con mis ojos a los muertos. 


Amanezco en La Torre y no me duele nada. ¿Carezco de algo? No. 

En mi rutina de los jueves hay un lujo: no veo a nadie, nadie me ve, no hablo con nadie y nadie me habla hasta las doce y media, hora en que llego a La Lloseta. 

Justamente puedo hablar de la paz de estos desiertos. 


Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan o fecundan mis asuntos;

y en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos. 


Aprovecho el lujo de mi rutina de los jueves para leer, tomar notas, escribir…  


Las grandes almas que la muerte ausenta,

de injurias de los años vengadora,

libra ¡oh gran don Josef! docta la emprenta. 


No quedará —si de mí depende— ni rastro de esas notas cuando muera. Todo está preparado para el fuego. 


En fuga irrevocable huye la hora;

pero aquella el mejor cálculo cuenta

que en la lección y estudios nos mejora. 


Ya —¡zas!— ha huido el día. 


Hemos tenido exposición del Santísimo y misa votiva de la Eucaristía en San Miguel. Otros dos lujos de mi rutina de los jueves. 


Ahora, cuando termine de escribir esta página de mi diario, iré a visitar a doña Nati. Otro lujo. 

miércoles, 17 de junio de 2026

Diario. Miércoles, 17 de junio de 2026

La Torre

miércoles, 17 de junio de 2026


04:00

Oficio de lectura. 


06:00

Suena el despertador. 


07:00

Abro la iglesia y salgo para el hospital. 


07:20

Preparo el altar con la ayuda del doctor S —qué amable— y me da tiempo a rezar laudes. 


07:40

Misa votiva de san José porque es miércoles. 

08:00

En la acción de gracias, oración a san Miguel y oración a san José porque es miércoles. 


08:10

Recojo todo con la ayuda del doctor S. Qué amable. 

Salgo para San Miguel. 


09:00

Me siento en San Miguel para mirar fijamente al sagrario. 


09:30

Cambio las pilas del micro inalámbrico. Está a media carga. 

Voy a la casa abadía para meter en la maleta los libros que quiero llevar a La Torre. 


10:00

Vuelvo a la iglesia y saludo a Joan que me pregunta que cómo estoy. Le contesto con un riddle poruq sé que le gustan los enigmas: «¿Quién me ha llamado?». Después de algunas respuestas se rinde y desvelo el enigma: «El obispo. El obispo me ha llamado y voy a verlo a la una». 

Joan no tiene buen aspecto. ¿Le pasa algo? Cree que se le ha roto una costilla. Vaya. 

Voy al confesonario. 


11:00

Segunda misa votiva de san José. En su calidad de patrono de la buena muerte, encomendamos a su intercesión a los moribundos. Tengo, si no abundantes, varias y sólidas pruebas de la eficacia de su intercesión en favor de los que agonizan. 


Después de la misa, doña Nati entra en la sacristía con la colecta y me pregunta que si voy a La Torre. Le propongo un acertijo: «¿Quién me ha llamado?». Se rinde y desvelo el enigma: «El obispo. El obispo me ha llamado y voy a verlo a la una».


Luego hablo con Joan. Le he pedido cita en la notaría porque quiere hacer testamento. Me han dicho que debe ir acompañada de un traductor y que sería bueno que mandásemos sus datos: nombre, apellidos, estado civil y eso. Me mira con pena y me pregunta: Fr, are you going to leave us? Y también a mí me da pena verla tan frágil. 


12:00

Estoy saliendo del garaje cuando llega Samira. Que si no voy a llevarme las seis cajas de vino que Hedi y Armin han regalado para el concierto en La Torre. ¡Cielos, había olvidado el vino! Pero ya no hay tiempo: si me detengo para cargar el vino llego tarde a la cita con el obispo. Me despido de Samira —salam aleikum— y salgo pitando para el obispado. 


13:00

Aparco cabe el Rico Pérez y echo a andar hacia la curia. Quema el sol, el aire abrasa y voy vestido de negro de los pies a la cabeza. No importa, camino con parsimonia buscando las sombras de los pinos. Puedo pedir perdón al obispo por llegar cinco minutos tarde, pero no podría perdonarme llegar allí sudado. 


13:05

Saludo a Óscar que está en la conserjería y me dice pase al despacho del obispo. Óscar sabe que a nosotros, los altos dignatarios de la diócesis, no hay que anunciarnos. 

Para entrar en el despacho del obispo hay que tocar un timbre y acertar un acertijo. 

Me abre la puerta Miguel, una especie de arcángel ministerial que custodia al obispo. Me dice que el obispo está hablando por teléfono. Muy bien: ya no tengo que disculparme por los cinco minutos de retraso. Además, puedo charlar con Miguel y preguntarle por sus muchos hijos —sobre todo por uno que está en la China— y por Dora, su amable esposa. 

Charlamos y charlamos y reímos. Miguel —aunque es una especie de ainur— se ríe como un hobbit, o como Tom Bombadil. Y así, muertos de risa, nos halla el obispo cuando termina su conversación telefónica y viene a buscarme. Miguel y yo nos ponemos de pie y el obispo nos abarca con su sonrisa. 


13:35

Me despido del obispo pero él no se despide de mí sino que insiste en acompañarme hasta la puerta —así honra a los altos dignatarios de la diócesis— y me sugiere que sería lindo reanudar la tertulia con Miguel. 

Miguel me lleva a través de un laberinto mágico hasta el reino de Dora, su amable esposa. Y es de ver la alegría de Dora cuando me da un abrazo de bienvenida y la decepción que se pinta en su rostro cuando le digo que no puedo quedarme en Rivendel. 



Vuelvo a mi soledad sonora en La Torre. 


Me llama Joan, me escribe doña Nati, me llama don Paco Román y hablamos largamente.  


Luego apago mi teléfono, me rocío con Aután de los pies a la cabeza y me siento bajo un algarrobo multicentenario y malherido por rayos y por vientos pero aún capaz de dar cobijo a un profeta atontao.