miércoles, 4 de noviembre de 2026

Diario. Domingo 1 y lunes 2 de noviembre de 2026

 Granja de Rocamora

domingo, 1 de noviembre de 2026


8:15 Oficio de lectura y laudes.

9:00 Desayuno con Fátima. 

9:30 Voy a Granja escuchando una piadosa meditación. 

10:00 Preparo la misa. Llega Álvaro, llega Martín, llega Jose Luis. Llama don Paco: que viene. Le abro el garaje.

11:00 Don paco se sienta en el confesonario mientras yo celebro la misa de Todos los Santos. 

11.55 Voy a Cox y me siento en el confesonario —diez penitentes— mientras don Paco celebra la Misa. 

13:00 Voy a la Torre.

14.00 Llego a La Torre. Fátima 1 está leyendo El Gatopardo. Fátima 2 está leyendo algo de Italo Calvino. 

Fátima 1 ha preparado una purrusalda con bacalao que podría servirse en Arzak y prestigiar el restaurante. 

Después de comer, mientras las Fátimas ven el tenis, me desmayo. 

15:30 Salgo para Granja y mando mi ubicacion a Laura. 

16:00 Laura y Martín me esperan en la iglesia y me ayudan a llevar —en una linda maleta que compré en Suiza— al cementerio todo lo necesario para la Misa. 


…


¿CEMENTERIO NUEVO O CEMENTERIO VIEJO? 

HE AHÍ EL DILEMA. 


En el cementerio viejo —donde siempre se ha celebrado la misa—hay un elegante altar de mármol. En torno a él se han congregado unas veinte personas que dan por supuesto que la misa se celebrará allí, como siempre. 

En el cementerio nuevo hemos instalado una birria de altar hecho con unas mesas viejas que yo mismo he proporcionado y lo hemos cubierto con el mantel del altar del cementerio viejo que es demasiado corto para este. Alrededor se han congregado unas veinte personas —las mejor informadas— que han oído que, este año, la misa se celebrará allí. 

Entre un altar y otro hay una distancia de ciento cincuenta varas y treinta y seis pulgadas. 

Me encuentro ante un dilema: ¿celebro en el nuevo sobre una birria de altar pero satisfaciendo las expectativas de los mejor informados, o celebro en el viejo apoyado en la tradición y en un altar de mármol? 

En mi calidad de autócrata, decido celebrar en el viejo y empiezo a organizarlo todo con la ayuda de Martín y de su madre. No tarda en aparecer la abuela que había puesto el mantel en el cementerio nuevo y —avisada por su nieto— lo trae al viejo. 

Llega Horacio.

Llega María con sus hijos José Antonio y Cristián. ¿Cuántos años hace que no nos vemos? ¿Veinte? Enterré aquí mismo al hermano gemelo de Cristián que murió en un accidente de tráfico hace más de treinta. En su sepultura puede leerse este epitafio: «Nada hay mejor que vivir en gracia de Dios». 

Beso a María —muac, muac— que también me besa y me abraza. Estrecho la mano a José Antonio. Voy a estrechar la mano de Cristián pero él también quiere besos —muac, muac— y un abrazo. Como es más fuerte que yo, no discuto. 

Poco después llegan don Venancio y don Carmelo que van a concelebrar. Les ofrezco la presidencia pero la declinan. 

Comienzo la homilía así: «Queridos don Venancio, don Carmelo, don Martín, don Horacio…». Luego paso a hablar de la iglesia militante, purgante y  triunfante, la mejor. 


….


17:50 Voy a Cox.

18:30 Empieza en el convento de Cox la Vigilia de oración ante el Santísimo. 

La organiza la Adoración nocturna y está muy bien organizada. 

Cuando llega el momento de recitar los salmos, la monitora dice que haremos dos coros: uno, el de la derecha, empezará conmigo. 

Se levanta una voz en la asamblea: ¿los de la derecha somos los que estamos a la derecha según se mira al altar o los que están a la derecha según se mira desde el altar? 

La congregación se divide. Unos alegan que siempre se ha hecho de un modo y otros arguyen que jamás se ha hecho como dicen los unos. Hay quien cita la autoridad de don Paco y hay quien apunta que cada maestrillo tiene su librillo. 

Como se hace tarde y no parece que vayan a ponerse de acuerdo, en mi calidad de autócrata me pongo a recitar el salmo y se acaba la discusión. 

19:45 Termina la vigilia. Ha sido muy emocionante. 

20:15 Llego al palacio parroquial. 


Granja de Rocamora

lunes, 2 de noviembre de 2026


11:00 Misa ermita. 

12:00 Rosario en el cementerio con María, Mari Carmen, Manuel y Antonio. 

Luego llevamos a María a su casa y llega José Antonio. Nos cuenta que hay una araña que corroe la cáscara de los limones. Los compradores de limones se fijan mucho. No quieren ningún limón que tenga una sola mancha en la piel. A él le pagan unos céntimos por kilo. 

13:00 Nos despedimos de José Antonio y de María y vamos a La Murada. 

Mientras Manuel corta el jamón y prepara la mesa en el porche, Mari Carmen encierra al mastín que compraron su hijos cuando era un cachorrito —¡qué mono!— y que ahora necesita media hectárea para corretear y puede zamparse al cura si se descuidan. 

Comemos y charlamos y charlamos porque hace más de dos años desde la última vez que vine a La Murada.  

15:30 Manuel me lleva a Granja. Mari Carmen me ha preparado una cesta de huevos de sus gallinas. 

Misas de seis y de siete ayudado por Martín. 

Martín tiene mérito porque ya se ha zampado una misa esta mañana en el cole. 

20:00 Voy a Casa Estefanía para comprar algunos víveres. 

Luego voy al palacio parroquial y me preparo una cena ligera.

lunes, 2 de noviembre de 2026

Diario. Sábado, 31 de octubre de 2026

La Torre

sábado, 31 de octubre de 2026


Tengo que bautizar a Carmen en Cox. Voy a Cox para bautizar a Carmen. 

Por el camino, un cojense me dice que si voy al funeral llego tarde porque ya van camino del cementerio. Le digo que voy a un bautizo y me dice que eso es mejor. 

Más adelante, una cojense me pregunta que si voy al entierro. Le digo que no, que voy al bautizo e Carmen. 

Más adelante me cruzo con la comitiva fúnebre que va camino del cementerio. 

Por fin llego a la parroquia de San Juan Bautista de Cox. Bautizo a Carmen. No hay que lamentar víctimas. 


Al salir del bautizo veo un callejón fotografiable por la buganvilla que sale de un patio y por la sierra de Callosa que se se ve al fondo.  Fotografío el callejón. 

Sigo caminando por la estrecha acera. Dos mahometanas charlan sin darse cuenta de que impiden el paso por la estrecha acera. Me bajo de la acera y saludo con un «buenos días». Una de las mahometanas me devuelve el saludo y la otra pide perdón. 

—Salam aleikum— digo con mi acento de príncipe persa.

Tardan un poco en reaccionar. Parecen desconcertadas. Ya me voy alejando cuando oigo a mis espaldas a una de ellas que responde: Aleikum Salam. Y creo que les da la risa a las dos. 


Llego al coche y encuentro un mensaje de Arquilatría. Un amigo de Alfonso murió en el accidente del tren. Lo identificaron ayer. Muy joven. Que si puedo encomendar su alma y rezar por sus deudos muy desconsolados.

Respondo a Arquilatría mandándole la foto del callejón, contándole lo del bautizo de Carmen y prometiéndole que rezaré por David y por cuantos lloran su muerte para que sean consolados por El que ha prometido consolar a los que lloran y puede hacerlo y lo hará. Son las 12:32. 


Salgo para La Torre rezando el rosario —misterios gozosos— por David y por cuantos lloran su muerte. 


En La Torre encuentro a Fátima y a Fátima. Ambas están —como siempre— de un humor excelente y —como siempre— salen a mi encuentro y me hacen mucha fiesta y me tratan a cuerpo de rey. 

Me siento con ellas en palmeral. 

Fátima 2 conoce a un sacerdote de la Compañía de Jesús que viajaba en el tren de la muerte y que se ha salvado aunque sigue en el hospital. 

Les leo —hinchado como un pavo— el comentario elogiosísimo que Javier Fdez  del Tábano ha dejado en mi blog. 

Fátima 1 ha preparado unas lentejas que podría servir Pepe Morán en De la Riva sin detrimento de su local. 

Luego las Fátimas se dejan fascinar el por et tenis de Alcaraz en Viena y yo me dejo caer en un sofá. Fátima 1 me trae un escabel para mis pies fatigados y me cubre con una mantita. 

No carezco de nada.  


Vuelvo a Granja con tiempo para sentarme en la capilla del Santísimo mirando fijamente al sagrario y para preparar la homilía. 


La misa de siete empieza a las siete. Han venido María José y Manuel de Crevillente y las Fátimas de la Torre. Pongo a María José y Manuel en la puerta de la iglesia para vender los Evangelios de 2027. 

Después de misa, voy con María José, Manuel y las Fátimas al palacio parroquial. Todos —excepto Fátima 2—lo han visitado ya. Fátima 2 no para de exclamar «¡Oh!». Fátima 1 lo compara con Donnafugata. 

Maria José y Manuel me han traído un montón de regalos materiales. No cabe nada más en mi nevera. ¿Carezco de algo?


Vamos a visitar la ermita de la Santa Cruz. Luego María José y Manuel vuelven a Crevillente y las Fátimas y yo vamos a La Torre. 


Fátima 1 ha preparado un consomé y una menestra de verduras que podría servirse en D’ Candela sin detrimento del prestigio del local.


¿Carezco de algo? 

domingo, 1 de noviembre de 2026

Diario. Viernes, 30 de octubre de 2026

 Granja de Rocamora

viernes, 30 de octubre de 2026


7:50

La iglesia está abierta. Colijo que están limpiando. 

¿Qué es ese papel que el viento arrastra hasta mis pies? Es la factura que cierto músico famoso me entregó anoche, que yo metí en mi maletín y que no encontré cuando llegué a casa. 

Harto improbable que un papel se te caiga en una plaza a las ocho de la tarde de un día y que a las 7:50 de la mañana siguiente la amable brisa  te lo devuelva sin mancha ni arruga. ¡Oh amigable brisa!


Ha vuelto la Dolorosa de Ponsoda. Se la llevaron a Almoradí —creo— para una exposición de imágenes de Ponsoda. Me felicito. 


Oficio de lectura y laudes en la capilla del Santísimo. Luego me siento para mirar fijamente al sagrario. 


Saco a la puerta las mesas y el atril que van a llevarse al cementerio para la misa de Todos los Santos. Mientras voy a la sacristía para laburar allí, Horacio llega y lo mete todo en la iglesia otra vez. Muy bien

Saco a la puerta las mesas y el atril que van a llevarse etc. 


Hay que alinear los bancos y despejar el rincón del coro abarrotado de sillas plegables. 


Voy a casa de Rosario. Me abre Ángel. Me enseñan los retratos de Susana en el día de su boda y de los dos hermanos en su primera comunión. Mientras me enseñan el retrato de Susana en el día de su boda, Rosario llora mucho porque no se acostumbra a que haya muerto cuando no tenía que morir. Ángel la mira con pena y no sabe qué decirle. Yo tampoco. 

En la foto de la boda de Susana puede verse que en el altar había seis candelabros. Ahora solamente hay cinco. Algún día  —si Dios quiere— conoceremos el misterio del sexto candelabro. 

Ángel me dice que suele salir a coger caracoles y que los lava y los congela y que puedo pasar cuando yo quiera para llevarme una bolsa de caracoles congelados. 

Rosario me da una receta secreta para prepararlos. 

Me llevo lotería del Sepulcro y del Señor y una balconera y prometo que volveré para llevarme los caracoles. 


Vienen los del ayuntamiento para llevar al cementerio las mesas y el atril. 


A las 12:30 he quedado con don Paco en Cox. 

Cumpliendo una directriz del Vicario General, hemos quedado en reunirnos cada viernes a la doce y media para tratar graves asuntos pastorales y para comer luego. 


Invito a don Paco al restaurante Teresita o algo así. Los mosquitos me comen los tobillos mientras yo como el menú de Teresita. 

Voy al aseo. Cerca del aseo hay una mesa ocupada por un grupo de amables gitanos. Cuando salgo, una amable gitana se tapa los ojos y toca madera con la mano gimiendo: «¡Ay, mare mía!». Me acerco a ella cerrando un ojo y le digo: «Mala suerte, niña que te ha mirao un cura y tuerto». Y ella, muy rápida también: «Ya lo has dicho tú». 

Luego va al aseo don Paco. A él no le dicen nada. 


Hemos pedido dos reclinatorios por Amazon. Han llegado a Cox. Uno es para la ermita de la Santa Cruz de Granja. Después de comer vamos a la casa parroquial de Cox para cargarlo en mi Lamborghini. 


A las cinco he quedado con Rosa. Es una excelente arquitecto y tía de Martín. Le he rogado que me ayude a poner orden en la iglesia parroquial y —¡qué amable!— no me ha mandado a la porra. 

Llega puntualmente a la ermita y paseamos hasta la iglesia parroquial. La verdad, da gusto hablar con ella. 

Recorremos la iglesia. Le voy contando lo que he hecho y lo que quiero hacer. Es de esas personas que saben escuchar e invitan a hablar. 

Ella me va hablando de los arquitectos que son hijos de Granja. Han salido de Granja excelentes sacerdotes y arquitectos. 

Rosa dice que no es muy observadora. Que cuando está trabajando se concentra en lo suyo y procura hacerlo del mejor modo posible pero que luego no anda mirándolo todo con ojos de arquitecto. 

Creo que dice la verdad pero no toda la verdad. Es muy observadora pero no es pedante. 

Cuando viene a Misa viene a Misa y no anda fijándose —como yo— en si el mantel del altar está torcido. Pero cuando entramos en el garaje alza la vista al techo de uralita o de asbesto o de lo que sea y me dice que es una cosa muy venenosa —cancerígena por más señas— y que se alegra cuando lee en mis diarios que me encanta ventilar la iglesia y que no deje de hacerlo porque su querido padre trabajó durante años en una nave con cubierta de asbesto y murió de una fibrosis pulmonar bastante mala. 

A eso de las seis damos por terminada nuestra visita. Rosa va a encargarse de buscar unos estores para la sacristía. Yo voy a mandarle un artículo con todo lo que hay que saber sobre los manteles del altar católico. 

Salimos de la iglesia y nos encontramos con Damian que va paseando a su nieto medio cubano. A su nieto medio cubano le fascinan las campanas. El dice «nanas» o algo así. 


19:00

Misa en la ermita.

Al terminar, recuerdo que el canto de comunión debe empezar  cuando comulga el sacerdote. Lo recuerdo porque lo dice el Misal.

Alguien replica: 

—Pues luego viene otro cura y nos dice que no, que, antes de la comunión de los fieles él quiere decir algo y no quiere que cantemos. 

La asamblea se divide. Una voz dice —tímidamente— que ahora el párroco soy yo. 

La Iglesia se ha dividido en lo más entrañable, en la liturgia, en la misa

Habrá que seguir insistiendo.

Diario. Miércoles 28 y jueves 29 de octubre de 2026

 Granja de Rocamora

miércoles, 28 de octubre de 2026


Después de la misa de diez me entero —por un wasap de María— de que ha habido otro accidente de tren hace menos de dos horas. Trasteo en las RR SS. Se habla de decena de muertos. 

 

No me voy a Alicante porque la rodilla no me permite conducir sin recios dolores. 


En la tienda de Estefanía me encuentro con Martín que está vendiendo papeletas para un viaje de fin de curso o algo así. Le compro algunas.


Granja de Rocamora

jueves, 29 de octubre de 2026


A las siete y media abro la iglesia. 

Me siento en la capilla del Santísimo para mirar fijamente al sagrario. Oficio de lectura y laudes. 


A las ocho y media voy al despacho parroquial. 

Subo al palacio parroquial para coger mi tarjeta de la SS. No la hallo. Aprovecho para poner una lavadora. 

Busco la tarjeta en mi Lamborghini, allí está. Voy a la farmacia. 

Al salir de la farmacia compruebo con pesar que no tengo las llaves. Colijo que me las he dejado en el palacio. Llamo a don Paco que tiene llaves del palacio. Don Paco esta fuera y no volverá has dentro de una hora. Muy bien. 

Puedo entrar en la iglesia, pero no en la sacristía. Voy a la capilla del Santísimo. Tercia. 

No bien he terminado de rezar cuando me ilumina una luz luminosa. ¿No he encontrado mi tarjeta de la SS en mi Lamborghini? ¿Y no he dejado allí las llaves? 

Hallo las llaves en mi Lamborghini, doy gracias al Cielo, me felicito y llamo a don Paco. Se alegra mucho. 

Ha llegado una carta del banco que Noes para mí. Voy al banco para devolverla. 

Voy al banco. Entrego la carta a Alfredo y él me entrega otra.   En ella el banco me conmina a presentar mi nombramiento como párroco y un poder. Mi nombramiento ya lo presenté —presenté además el acta de mi toma de posesión— y lo del poder no está claro. Yo no necesito que me apoderen pues, en mi calidad de párroco tengo poder de atar y desatar. ¿Entonces?

Voy al despacho y busco mi nombramiento y el acta de la toma de posesión. 

Vuelvo al banco. Alfredo lo fotocopia todo y conviene conmigo en que todo eso ya fue presentando por mí y fotocopiado y enviado por él. Lo del poder tampoco él se lo explica. Me dice que no me preocupe y que todo se arreglará. Muy bien.  


Voy a buscar mi Lamborghini para ir a La Lloseta pero, por el camino, a mis espaldas, oigo:

—Oiga, oiga. Oiga, oiga. 

La farmacéutica —¡qué amable!— viene corriendo hacia mí y agitando en su mano derecha una factura de la electricidad que, al parecer, he olvidado en la farmacia cuando he ido a buscar mis remedios. Se lo agradezco mucho. 


Son las doce. Rezo el ángelus y salgo para La Lloseta. 


A las dos voy a comer a Torrellano y luego vuelvo a Granja. 


Tenemos exposición y bendición porque es jueves y viene Andrés. La misa, muy solemne, con órgano y todo, la ofrecemos por las víctimas del accidente. 

 

Son las ocho y media o así cuando salgo para Crevillente.  Mari Mar y Manuel me han invitado a cenar. 

Me abre la puerta Josemaría. Estrecho su mano llamándolo Isidro. Se ríe y me sigue la corriente inventándose los nombres de sus hermanos mayores. Saludo a sus padres y a Ricardo y a Pascual y —¡oh, sorpresa!— a Manuel que ha venido de Valencia. Solamente falta María que está estudiando en Madrid. 

Durante la cena —maravillosa— no hablamos de política. 


Son las diez y media o así cuando me despido. Manuel padre y Manuel hijo insisten —por mandato expreso de Mari Mar— en acompañarme hasta el lugar donde he aparcado mi Lamborghini. 

¡Qué amables!


Vuelvo a Granja recordando cosas. 

Manuel y Mar eran novios cuando —año 2000— llegué a Crevillente como vicario parroquial. Nos hicimos amigos a primera vista. Celebramos juntos la entrada del nuevo milenio porque ya lo celebrábamos todo juntos. Hicimos una buena pandilla con Manuel, Ramón, Antonio, Mario… Mari Mar era la única chica por entonces. 

En 2001 nos despedimos porque fui nombrado párroco de Finestrat y administrador parroquial de Sella pero no se desvaneció nuestra amistad. 

Me invitaron a su boda y luego al bautizo de cada uno de sus cinco hijos. 

Por cierto, en mayo tengo que volver a Crevillente para la primera comunión de Josemaría pero —¡atención!— estoy llegando a Granja.