domingo, 14 de junio de 2026

Diario. Viernes, 12 de junio de 2026

 San Miguel de Salinas

viernes, 12 de junio de 2026


De siete y media a nueve y media, hospital. 


A las diez, de vuelta a San Miguel, me pongo a preparar la misa del Sagrado Corazón 


Once: misa del Sagrado Corazón y exequias de Finbarr Francis Power. Latín, español, inglés. Al órgano, Andrés. 


Al terminar la misa, un sobrino del difunto recita un poema y Anne —hija de Finbarr— lee un largo discurso. Total, que son las doce cuando termina la cosa y son las doce y media cuando Joan y yo acabamos de recogerlo todo. 


Quince minutos después, me he cambiado de camisa y salgo para Los Montesinos con el Santísimo para llevar la comunión a Samuel que se rompió un tobillo en Andorra. Lo encuentro muy recuperado. Charlo con su hermana que ha terminado la EBAU y va a entrar en una Escuela de diseño, o algo así, en Valencia. 


A la una y media me despido de Samuel, de su hermana y de su madre —que estaba trabajando desde casa y ha salido para invitarme a un vaso de agua— y vuelvo a San Miguel a tiempo para comer con doña Nati. 


A las tres me despido de doña Nati y voy a la iglesia para hacer la visita al Santísimo. 


En la casa abadía veo la misa del Papa en la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife mientras rezo los misterios dolorosos por los frutos de su viaje.


A las cinco vuelvo a la iglesia para sentarme ante el sagrario. Luego, vísperas. 


Son la seis voy al despacho para asentar la partida de defunción de Finbarr y para buscar una partida de bautismo que me pidieron esta mañana. 


A las siete me esperan en El Paseo para la fiesta de fin de catequesis. Las catequistas han preparado un mural con la leyenda SAGRADO CORAZON DE JESÚS y han recortado corazones de cartulina para que cada uno escriba algo. Me piden una catequesis breve sobre el Sagrado Corazón de Jesús y anuncio que voy a enseñarles una oración muy difícil y que tienen que aprenderla de memorieta. Me miran con angustia:

—Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. 

Me miran como esperando algo más complicado y yo: 

—Sagrado Corazón de Jesús…

Uno o dos aventuran tímidamente:

—En Vos confío. 

Yo:

—Sagrado Corazón de Jesús…

Ahora se unen más: 

—En Vos confío. 

Yo: 

—Sagrado Corazón de Jesús…

Y ya contestan todos:

—En Vos confío. 

Yo escribo esa oración en mi corazón de cartulina y lo pego en el mural. 

Leo lo ha escrito Sergio en el suyo: «Por mí, y por mis padres y amigos». 

Le digo que sería mejor poner «por mis padres, por mis amigos y por mí». 

Coge el lápiz y escribe al final: «Y por don Javier». Y se va muy satisfecho. 

Son las ocho y media cuando nos despedimos. 

viernes, 12 de junio de 2026

Diario. Jueves, 11 de junio de 2026

 San Miguel de Salinas

jueves, 11 de junio de 2026


La Prednisona ha funcionado bien. No me duele nada. Me tomo otra. 


Voy a la ermita para visitar a la Virgen del Carmen y para hacer allí mis oraciones. Luego vuelvo al almacén donde se han depositado los muebles de la biblioteca sacerdotal para abrir cajas y seleccionar cosas. 

Fotografío una estantería que puede interesar a don José Cristóbal. Le mando la foto: le interesa. 

Cargo en mi Lamborghini una caja con un mantel y servilletas para don Luis Yáñez. 

Selecciono, desempolvo y guardo una lámpara votiva que voy a llevar a San Miguel. La meto en mi Lamborghini.


Luego voy a mi piso para seleccionar libros que voy a dejar en la parroquia y para desempolvar otro. 


Luego sigo holgando, entregado a la lectura. 


A las doce y cuarto salgo para La Lloseta y a las dos salgo de la Lloseta para Torrellano, donde voy a comer. 


A las tres y media estoy de vuelta en La Torre y a las cinco salgo para San Miguel. Paro en El Realengo para tomarme una cocacola y despejarme. Allí leo un mensaje de Eva María: ¿puedo llevar la comunión a Samuel que se ha roto un tobillo? Sí, se la llevaré después de misa. 


A las seis y media llego a San Miguel con tiempo para preparar la exposición y la misa. Me sobra tiempo, incluso, para explicar a José Miguel el asunto de la lámpara votiva y para preguntarle que si puede encargarse de instalarla. Sí, puede. 


Un matrimonio irlandés pide confesión. Como hay que empezar con la exposición, les ruego que esperen un tantico. Expuesto el Santísimo, voy a atenderlos. Luego vuelvo a la adoración. 


A las ocho misa. Error mío: no caigo en la cuenta de que ya estamos en la víspera del Sagrado Corazón  y celebro la memoria de San Bernabé que dejó preparada ayer Joan. 


Después de misa Andrés, me hace caer en la cuenta de mi error. Nos despedimos y salgo para Los Montesinos con el Santísimo. 


Samuel ha vuelto de Andorra con un tobillo roto por todos los sitios por los que se puede romper un tobillo. A más a más, la anestesia que le pusieron para la operación le ha sentado mal y ha estado unos días sin poder incorporarse y con fuertes dolores de cabeza. Gracias a Dios, todo eso ha pasado. Lo encuentro sonriente, de buen humor, simpático… como siempre. 


Me despido. Sus padres y su hermana me ruegan que me quede a cenar pero ya son las nueve y media y mañana tengo que madrugar. Les acepto un vaso de agua y me lo dan. ¡Qué amables!


Cuando vuelvo a San Miguel ya son las diez. Me da tiempo a tomarme un yogur y un trozo de queso, a rezar vísperas —ahora sí, del Sagrado Corazón de Jesús—  y a pasar por casa de doña Nati. Muy bien.

jueves, 11 de junio de 2026

Diario. Miércoles, 10 de junio de 2026

 La Torre

miércoles, 10 de junio de 2026


03:00

Me despierto y, con harto esfuerzo, me levanto venciendo el dolor y el anquilosamiento de mis articulaciones. Reflexiono un poco y llego a la conclusión de que los antiinflamatorios no me están haciendo efecto. Entonces tomo una decisión: voy a tomarme una Prednisona. 

Hasta las cinco me dedico a pasear, a rezar —el oficio de lectura, por ejemplo— y a lloriquear. 


05:00

Me acuesto. Se diría que la droga ha hecho su efecto. Me duermo. 


06:00

Suena el despertador. El dolor casi ha desaparecido por lo que me levanto muy contento y me lanzo a mi rutina de los miércoles  que incluye abrir la iglesia, ir al hospital, celebrar la misa —hoy votiva de san José—, visitar a Mauricio y a Ana María, hacer un rato de oración en la capilla del hospital y volver a San Miguel. 

10:30

Rutina de los miércoles en San Miguel que incluye ir al confesonario, celebrar la misa de once —otra votiva de san José— y preparar mi maleta para ir a La Torre. 


ASUETO EN LA TORRE


He traído un montón de libros que ya he leído. Hay que colocarlos en la biblioteca pero ¿quién se resiste a hojear algunos de ellos? Por ejemplo, A Prayer Journal de Flannery O’Connor. Por ejemplo, A la espera de Dios, de Simone Weil.


Orar es esperar.


Me siento a esperar bajo el algarrobo. Me visitan los mosquitos, pero  tengo Aután. También tengo tiempo. Me he puesto en la piel de aquel paralítico que estaba echado junto a la piscina probática. Tengo todo el tiempo del mundo. A los paralíticos nos sienta mejor la parsimonia que la impaciencia. 


Maravillosa tarde —cielo nublado y brisa de levante— para rezar el rosario paseando por el palmeral. 


Hablo con la hija de Finbarr sobre algunos detalles del funeral del viernes. 


Hablo con un hijo de Pepe. Su padre acaba de morir. Le doy el pésame y él me lo da a mí porque sabe de la amistad que nos une. 


Hablo con María. Su hija estaba esta mañana en La Torre pero ya está de vuelta en París. 


Me siento en la butaca de la abuela Paquita y pongo los pies sobre uno de los taburetes que he heredado de la Biblioteca Sacerdotal. Un monaguillo se me acerca:

—Padre, estoy reflexionando sobre la relación alma-cuerpo. El hilemorfismo aristotélico me parece muy problemático. ¿Podrías darme una palabra de luz?

—Hijo mío, graba esto en tu mente y en tu corazón: el dualismo cognitivo proyecta una sombra ontológica. 

—Gracias, padre. 

Me despierto. 


Mensajes de WhatsApp del grupo de catequesis, de unos novios, del tanatorio… ¡Qué bien!


De pronto me asalta una voz que —acusatoria— me abruma: «El Papa evangelizando a los catalanes y tú holgando en La Torre. ¿No te da vergüenza?». 


No respondo a esa voz Ese tipo de voces no suele venir del cielo que me tienes prometido. 


No respondo a esa voz pero busco en Internet «andanzas del Papa en España hoy» y lo veo por doquier rodeado de seres humanos que lo aplauden. Sé por experiencia que es agotadora esa permanente exposición a las miradas de los que te aman. Sé que eso es lo más parecido a estar crucificado. Entonces empuño mi rosario y acompaño al Papa de la mano de la Señora.

miércoles, 10 de junio de 2026

Diario. Lunes 8 y martes 9 de junio de 2026

 San Miguel Salinas 

lunes, 8 de junio de 2026


Me despierto con bastante dolor en los brazos y en las piernas: no importa. 

Abro la iglesia a la siete, como de costumbre, y voy al hospital. 

Misa por las almas del purgatorio. 

Visito a Ana María y a Mauricio. 


Los dolores de huesos van aumentando. No importa. Vuelvo a San Miguel y voy al banco, como de costumbre. Luego me tomo un antiinflamatorio. 


Misa en San Miguel por el Papa. Muy bien. 


Los dolores de huesos arrecian. Me tumbo en la cama para seguir el discurso del Papa en las Cortes. 


A la hora de comer, camino con harta dificultad hasta la casa de doña Nati que está con Eva, Gracia y José María. Eva se va. José María, que me ama mucho, me amenaza con darme una paliza si no pido que me vea un médico en el hospital. 

Suena el teléfono. Una señora con acento extranjero me ruega que vaya a dar la unción de enfermos a su querido padre. 

Me despido de doña Nati, de Gracia y de José María y voy a la casa abadía para tomar otro antiinflamatorio. 

Salgo para el hospital. 


La señora que me ha llamado es irlandesa, aunque vive en Londres. Ha venido a España para acompañar a su padre que agoniza. Me habla de él con mucho cariño. Su madre ya murió. No tiene hermanos. Charlamos. Luego rezamos y doy la absolución y la unción de enfermos a Finbarr, que así se llama. 


Son las cuatro y media o así cuando vuelvo a San Miguel aparco y subo a la iglesia para rezar el rosario sentado, para seguir sentado mientras hago la oración de la tarde, para seguir sentado mientras no hago nada más que masajearme las manos. Entonces suena el teléfono. Que si puedo darle la unción de enfermos a Pepe, que está muy malito. Que no está en el Quirón sino el Hospital de Torrevieja, en la habitación tal. Que voy. 


Primero voy a la casa abadía para tomarme otro antiinflamatorio y un vaso de gazpacho andaluz. Luego vuelvo a la sacristía, cojo el óleo de enfermos y un algodón y vuelvo al coche. Estoy en ello cuando me llama la hija de Finbarr: su padre acaba de morir. 


Son las seis y media o así cuando llego a la habitación de Pepe. Me reciben con muestras de alegría y cariño. Rezamos, doy la absolución a Pepe, le impongo las manos y lo unjo en la frente y en las manos. Luego nos despedimos. 


Son las siete y media o así cuando llego a Masymas. Ana Isabel me ha invitado a cenar en su casa y voy a comprar algunas cosas para ellos: trufas, por ejemplo. 


A las ocho estoy cenando con Ana Isabel, Wilder y Camila. Luciana no ha llegado. Todos se compadecen mucho de mí porque ni siquiera puedo desabrocharme el botón del cuello de la camisa y porque tampoco puedo usar los cubiertos con la mano izquierda y porque camino como un anciano. 


A las nueve o así, Wilder me lleva a casa, me ayuda cerrar la iglesia y vuelve a su casa con mi coche porque mañana va a llevarlo a un taller especializado en reparar el aire acondicionado. ¡Qué amable!


San Miguel de Salinas

martes, 9 de junio de 2026


Paso la noche que si me acuesto, que si me duele todo, que si me levanto a pasear, y así. Muy bien. 

A las once, misa por el Papa. 


El alcalde me pide el programa de actos religiosos para las fiestas y el saluda. Preparo un borrador de programa y se lo mando. Me da las gracias. Le mando un «no hay de qué». 


A la una, hora sexta con el Papa. Cantada y todo, como a mí me gusta. 

Comida con doña Nati, como siempre. 


A las cuatro llaman a mi puerta Wilder y Ana Isabel. Tienen que darme una mala noticia, pero no quieren. Los animo y la sueltan: que hay que cambiar el compresor del aire acondicionado de mi Lamborghini y que la reparación costará más de seiscientos euros. Les digo que me parece una ganga y que si quieren cenar conmigo. Me acompañan al Collie y reservamos una mesa para las siete y media. Nos despedimos. 

A las seis tengo una Reunión con Ewa —polaca— y con su novio inglés. A las seis y cinco me mandan un mensaje: que están en la iglesia. Salgo a su encuentro y nos reunimos en al sacristía. Quieren casarse. ¿Están bautizados? Sí, ella en la Iglesia Católica y él en la Iglesia de Inglaterra. Muy bien. 


Cena con Ana Isabel, Wilder y las niñas.