viernes, 25 de septiembre de 2026

Diario. Viernes, 25 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

viernes, 25 de septiembre de 2026


Me despierto con fiebre y tiritando. El termómetro marca 38º y todas mis articulaciones gimen. Si es por la fiebre o por la artritis, no lo sé. 

Hacia las diez de la mañana, la fiebre ha desaparecido y me levanto aunque decido quedarme en casa. 


Aprovecho para leer un poco. Por ejemplo, Salvatore Quasimodo: como un crepúsculo de rosas en la noche de amatista. 


Laura y José Luis me invitan a cenar en su casa el viernes 9 de octubre. Primera invitación en el pueblo. ¡Qué emoción!


Don Paco está en Madrid. Me llama desde la Cooperativa del Clero donde tengo encargada una sotana. Me piden que vaya a probármela. 


Paloma anuncia que vendrá el domingo con José María. Muy bien. 


Preparo una minihomilía por si viene Marina. La pregunta «¿quién decís que soy yo?», la dirige Jesús a sus discípulos. Ellos tendrán el encargo de revelarnos a los demás el misterio del Señor. Y, ¿qué diremos nosotros de Jesús? No podemos decir algo distinto de lo que hemos recibido de los apóstoles: que es el Hijo único de Dios, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracias del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen… 


A las tres y media, recogida la cocina, bajo al despacho y dos horas después voy a la iglesia para rezar y preparar el altar. 


Misa de siete en San Pedro. Votiva de la Santa Cruz porque es viernes. Me ayuda Jesús, un ser humano que ha entrado en la sacristía sonriendo y se ha ofrecido a hacer de acólito. 


Escalada en el conflicto del Cristo yacente


La bonita figura del Cristo yacente es obra de Ramón Cuenca. 

Francisco —el presidente de la Hermandad— me notificó hace unos días que iba a encargar su restauración porque los devotos, de tanto tocarla, la habían deteriorado. También me dijo que, una vez restaurada, quería trasladarla de la capilla de la dolorosa al bautisterio que está enrejado y puede cerrarse evitando el asalto de los devotos. 

Antier, el escultor restauró la imagen y el presidente de la Hermandad la traslado al presbiterio. Por la tarde, algunos feligreses me lanzaban miradas torvas. 

Ayer me abordó una feligresa: 

—El Cristo siempre ha estado en la capilla de la Dolorosa. Tiene que volver allí. 

Hoy me ha abordado un feligrés: 

—La imagen no puede estar donde está y tiene que volver donde estaba porque la gente lo quiere así. 

Y yo: 

—Francisco no lo quiere así. 

Y él: 

Pues si no lo quiere, ya lo querrá. 

¡Qué emoción!


Misa de ocho en Cox. Luego compro otras gafas pprque las que compré la semana pasada se han roto. 

Ya he cenado. Son las 21:47 cuando termino de escribir esta página. Aún tengo que rezar completas. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Diario. Jueves, 24 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

jueves, 24 de septiembre de 2026


Esta mañana —gloriosa, cielo azul, limpísimo— he estrenado el tendedero de la azotea tendiendo las sábanas mientras —según la mejor tradición— canturreaba el «Tú has venido a la orilla». 

En la iglesia, he coincidido con Antonio que me ha ayudado a mover algunas cosas y a ordenar una capilla. Luego nos hemos sentado para mirar fijamente al sagrario y se nos ha unido María del Rosario. 

Después de rezar el oficio de lectura y laudes, he ido a la sacristía para la preparar la misas de la tarde. 

Como Antonio se ha ofrecido a ayudarme, le he enseñado a preparar el misal, el libro de la sede, el leccionario y el cáliz. 


Tenía que ir a La Lloseta porque es jueves y he ido a La Lloseta. Luego he comido en La Torre y he vuelto a Granja. 


Tenía que celebrar a las siete y lo he hecho. Al terminar la misa ha entrado en la sacristía alguien que se ha presentado con Marina, me ha dado la bienvenida, me ha explicado que no es del pueblo pero que suele venir a Misa porque le viene bien el horario. También me ha preguntado que si vamos a retomar los jueves eucarísticos. Y también me ha dicho que agradecería mucho una predicación diaria porque es nueva y, a veces, le cuesta entender el evangelio. 


Tenía que celebrar a las ocho en Cox y lo he hecho. 


Luego tenía que repostar. ¿Urgentemente? Sí. 

La más barata y cercana era Gasoil Pepe Ramón S.A. Allá que me he ido cruzando lobreguísimos paisajes y adentrándome en un lugar desierto y de mucho miedo. Al llegar, he encontrado la estación abierta pero desierta. Un ser humano barbado ha venido en mi ayuda. ¡Qué amable! Luego he lavado el coche. 


Tenía que volver al palacio parroquial, recoger la ropa que tendí por la mañana, hacer la cama y la cena… Lo he hecho. 


Tenía que escribir esta página del diario y rezar completas. 


Son las 22:50 cuando termino esta página del diario. Luego rezaré completas, si Dios quiere.

Diario. Miércoles, 23 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

miércoles, 23 de septiembre de 2026


Me despierto en La Torre y me preparo un delicioso desayuno con antiinflamatorios. 


A las once tengo que estar en la ermita porque he quedado con Ana María y Pep. Antes paso por  el palacio parroquial pongo una lavadora —programa quince minutos— y tiendo dos camisas porque hoy viene por primera vez Irene, la señora que, cada quince días limpiará el piso cada quince días y a planchará la ropa. 


A las once llamo a Pep y le ruego que me perdone porque voy a llegar cinco minutos tarde.. 

Cinco minutos después llego a la ermita y vuelvoa disculparme con Ana María y Pep. 

Necesitan que les abra el tabernáculo que guarda la estauroteca. También quieren consultar conmigo algunos graves asuntos

Cuando nos despedimos, vuelvo a pedir disculpas por el retraso.  

Aún tengo tiempo para ir al despacho parroquial y trabajar hasta las dos. 


Consulto en Google Maps: restaurantes en Cox. Me sugiere La barra del auditorio. Está a cuatro minutos en coche. Muy bien. 

Llego al restaurante y saludo. Hay dos chicas en u a mesa y un hombre sentado en la barra. Este último responde a mi saludo. 

Detrás de la barra hay una camarera cogiendo pedacitos de algo con unas pinzas y poniéndolos en un plato mientras otra señora le da palique. 

Estoy allí, plantado en medio del restaurante, sonriente y esperando que alguien me diga «pase» o «siéntese» o«todo está ocupado». Pero nada. 

La camarera sigue poniendo pedacitos de algo en un plato. La señora que le está dando palique se despide, me saluda y se va. 

Sigo allí de pie, esperando que la camarera me diga algo. Tiene cara de cansada. Se diría que mi llegada la ha contrariado. Me acuerdo de lo contaba Quintana Paz de los dueños de las tiendas en Valladolid que ponían cara de fastidio cada vez que entraba un cliente. 

De la cocina sale un señor con bigote, le dice algo a la camarera y vuelve a la cocina. La camarera deja las pinzas y el plato y desaparece en la cocina. Aprovecho para marcharme silenciosamente. 

Vuelvo a consultar en Google. Me recomienda Il Popolo. Está a dos minutos en coche. Allá que voy. 

Es un bonito restaurante italiano aunque la dueña y cocinera se llama Virtudes. 

En seguida me atienden, me ofrecen una mesa y me sirven una copa de vino tinto. Pido el menú de 14, 50 euros: un mini calzone, unos tagliatelle y un café. Todo delicioso. 


Vuelvo a la iglesia para hacer la visita al Santísimo, preparar el altar y los ornamentos, mirar fijamente al sagrario, rezar el rosario…

Vienen Pilar y Jesús trayendo una bonita imagen de san Pío: van a preparar un altarcito en el presbiterio para la misa. Yo los dejo porque tengo entierro en Cox. 


Me ayudan en el entierro David y Miguel. 


Al salir de la parroquia de san Juan Bautista de Cox paso por delante de un horno de pan. Hay una señora asomada a la puerta y, dentro —acurrucado en una silla— un gato durmiente. 

Pregunto a la señora: 

—Es esto un horno de pan. 

—Sí—contesta recelosa. 

—¿Está abierto ahora?

—¿Es usted el nuevo cura de Granja?—pregunta, ya sin recelos. 

—Sí. 

Entonces me invita a pasar y me dice que se llama Trini y que don Paco viene mucho por aquí y otras cosas. Me llevo una barra de pan y una torta. 

Cuando me voy, el gato sigue frito en su silla. 


Cuando llego a Granja ya están en la sacristía Domingo, Mari Carmen y Martín. Ni siquiera Matthew es un caballero tan acomodado y manual como Domingo. 

Me pongo la sotana y voy al confesonario. 

Misa de siete. Me ayuda Martín. Hoy es el santo de la sierva de Dios, Rebeca, y de su sobrina —hermana de Martín— que tiene el mismo nombre.


Al terminar la misa, Mari Carmen y Domingo cierran la Iglesia y se van. Yo me quedo charlando con Pilar —madre de Domingo y suegra de Mari Carmen— que me cuenta, entre lágrimas, algunas de las gracias que le ha concedido San Pío de Pietrelcina. Entonces me doy cuenta de que he dejado todas mi llaves en la sacristía. Se lo cuento a Pilar y me dice que no me preocupe, que ella tiene llaves en casa. 

De camino hacia su casa sigue contándome favores de san Pío. En la puerta la espera su esposo, Domingo, que tiene Alzheimer. Caigo en la cuenta del extraordinario parecido de Domingo nieto —seminarista— con su abuelo. Y comprendo de dónde les viene al sacristán y a su hijo ese porte de caballeros acomodados y manuales. 

La casa de Pilar está llena de imágenes de santos. Me lleva a una habitación donde hay un busto de Cristo:

—Mire usted esos ojos de Jesús. Lo miras y te lusa. Yo, a las veces, me siento aquí delante de Él y lo miro, y lo miro, y me lo como. 


Voy a la iglesia, recupero mis llaves y vuelvo a casa de Pilar y de Domingo para devolverles las suyas y agradecerles mucho todo. Luego nos despedimos. 


De camino a casa charlo con Elena y Guadalupe. Guadalupe tiene un hijo arquitecto. Quieren invitarme a su casa un día. 


Tengo que prepararme una cena ligera, tomarme una pastilla amarilla grande, rezar completas e irme a la cama.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Diario. Martes, 22 de septiembre de 2026

 La Torre

martes, 22 de septiembre de 2026


06.00

Me despierto en La Torre. 

Desayuno con antiinflamatorios. 


07:00

Voy a la ermita para rezar el oficio de lectura y laudes y para mirar fijamente al sagrario. 


08:00

Una feligresa de Granja me escribe pidiendo que le mande el formulario para solicitar el bautizo de su hija. Se lo mando. 

Entro en la página del Instituto Nacional de Estadística para ver qué se cuenta de Granja de Rocamora. 

Datos de población antes de mi llegada: 

2.728 habitantes: 1.402 varones 1.326 mujeres.

El número máximo de habitantes se registró en 2024: 2.739. 

En la lista de los 27 pueblos de la comarca ordenados por cantidad de población, Torrevieja ocupa el primer lugar (98.500), Daya Vieja el último (700) y Granja de Rocamorix en vigésimo primero.

Leo algo sobre su historia, sobre la torre árabe del siglo XIII en torno a la cual se forma el caserío y sobre su castillo. Muy bien. 


09:30

Salgo para Granja. 


10:00

Aparco en la iglesia, me pongo mi sotana, rezo tercia, leo el evangelio de san Juan y voy caminando hasta la ermita de la Santa Cruz donde me esperan Ana María y Pep. 

Vamos a llevar la reliquia de la Cruz a dos señoras que no pudieron besarla el día de la procesión. 

Primero vamos a casa de la Navajera. La llaman así porque sus padres eran navajeros: compraban cuchillos por la parte de Albacete y los vendían en los mercados y ferias de la Vega Baja. 

Parece que no puede hablar pero, en cuanto ve la Cruz, se incorpora y la besa con mucho amor. 

Allí se nos une Dani, vicepresidente de la Hermandad de la Santa Cruz. Es historiador. 

Con él vamos a casa de María Belén. No pudo recibir en su casa la visita de la Cruz el día de la Exaltación porque estaba en Lourdes. Sale a la puerta para recibirnos pero ruega que entremos con la Cruz a su casa. Allí la besa y nos cuenta muchas cosas de sus padres. 


12:30

Voy al despacho donde he quedado con algunos suplicantes.


13:30

Voy a casa de Estefanía para comprar algunos víveres. Luego voy al palacio parroquial para preparar mi comida. 


14:30

Llegan Matt y Joan cuando estoy recogiendo la comida. 

Les ofrezco uvas, galletas de coco y yogur griego. Dicen que sí a todo. Matt pide Aquarius y Joan Agua con gas. Muy bien.

Luego leds enseño el palacio y los locales parroquiales. Se quedan boquiabiertos. 


15:30

Vamos a la Iglesia. 

Visita al Santísimo.

Elogian —asombrados— la calidad de la piedra y los exvotos pero convienen en que el confesonario y el aseo de San Miguel son mejores. 


16:30

Acompañamos a Joan a su carro para despedirla. 

Luego Matt deja su equipaje en mi coche y vamos a la iglesia para mirar fijamente al sagrario. 


17:30

Vamos al hotel Costa Blanca. Matt se zampa un huevo frito en lecho de berenjenas, una tostada con tomate y jamón y un café con leches. Yo una tostada y un café como los suyos. 


18:30

Me siento en el confesonario ensotanado.  Un penitente. Martin me consigue un ventilador pequeñito, elegante y potente para el confesonario. 


19:00 

Misa Granja con monaguillo y todo. 


19:30

Matt y yo salimos para Cox


20:00

MisA en Cox. 


20:30

Matt y yo salimos para Torrellano. 


21:00

Cenamos en el hotel Areca. Hablamos de Sarah. Se ve que él la ama mucho. Ella, por su parte, no solamente es sensible a su simpatía sino que lo tiene por caballero tan acomodado y manual que, a su lado, palidece Tirante el Blanco. 

Matt no lleva tatuajes ni zarcillos ni collares de esos que suelen regalarnos los jeques y que amontonamos como los dragones sin saber darles destino o empleo. La única gala de la que hace gala es la alianza de oro que Sarah puso en uno de su diez dedos, uno de esos días de a pandemia, en el Oratorio de San Felipe Neri de Birmingham.


22:30

Nos despedimos. Matt se queda en el hotel porque su avión sale para Birmingham mañana  a las seis de la mañana. Un taxi lo recogerá a las cuatro para dejarlo en aeropuerto cinco minutos después. 

23:19

Completas en La Torre.