lunes, 13 de abril de 2026

Diario. Domingo, 12 de abril de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 12 de abril de 2026


6:00

Suena el despertador. Me levanto. Me tomo un Omeprazol en ayunas. Me acuesto. 

7:00

Me levanto. Desayuno e Ibuprofeno. 

8:00

Abro la iglesia. Oficio de lectura y laudes. 

Oración con el Diario de santa María Faustina Kowalska. 

9:00

Salgo para Torremendo rezando la coronilla de la Divina Misericordia. 

9:15

Abro la iglesia. El archidiácono y su amable esposa están en Nápoles en Nápoles acompañando a su segunda hija que va a dar a luz por segunda vez. Me toca preparar el altar y poner en marcha las campanas. 

Luego empiezo a rezar tercia y llega Antonio. Él se encarga de encender el cirio pascual y las velas. 

Cuando empiezo a revestirme para la misa llega Genoveva. Suele encargarse de los manteles y no está muy conforme con el modo en el que los amontoné en una cajas de plástico. No me extraña. 

10:00

Primera misa de la divina misericordia. 


HOMILÍA PARA LOS NIÑOS

 

Ante todo hay que explicar una palabra rara: «inmarcesible». «In-mar-ce-si-ble». ¿Alguien sabe qué significa? 

(Ponen cara de que no). 

«Imarcesible» es que no se marchita. ¿Alguien sabe lo que es marchitarse? 

(Unos ponen cara de que no y otros miran las flores que adornan el altar desde el domingo de Resurrección. Uno dice: «Se marchitan las flores porque se secan». Lo felicito y abundo).

Se marchitan las flores porque se secan y también nosotros nos marchitamos porque nos vamos haciendo viejos. Pero nuestra esperanza es inmarcesible, como la vida eterna: no se marchita ni se seca. 



Y ahora vamos con el evangelio que nos habla de dos apariciones de Jesús resucitado. 

El mismo día de la resurrección, por la tarde, Jesús se apareció a sus discípulos. Tomás no estaba. Ellos habían dejado  a Jesús solo en la Pasión, Judas lo había traicionado y Pedro lo había negado tres veces. Pero Jesús no vino a regañarlos ni a echarles nada en cara; los saludó diciendo «paz a vosotros» y les dio el poder de perdonar los pecados. 

Luego, cuando, los discípulos encontraron a Tomás y le dijeron que habían visto a Jesús resucitado, él no quiso creerlos. Debió de pasar una semana horrible pensando que todos querían engañarlo y decía: «si no lo veo, no lo creo». 

Al domingo siguiente —ocho días después de la resurrección, como hoy— Jesús volvió a aparecerse a los discípulos reunidos. Esta vez sí que estaba Tomás. Otra vez los saludó con la paz y mostró a Tomás las heridas de la Pasión para ayudarlo a creer. Fue entonces cuando Tomás se rindió: «Señor mío y Dios mío». 

Muy bien.



Y, para terminar, hay que explicar por qué este es el domingo de la Divina Misericordia. 

¿Sabéis qué es la misericordia? (Mueven la cabeza negando).

¿Sabéis qué es la compasión? (Lo mismo).

Solemos empezar la misa diciendo: «Señor, ten piedad». ¿Sabéis qué es la piedad? (Nada).

Misericordia, piedad, compasión… es lo mismo. Cuando alguien nos quiere y nos ve sufrir, él también sufre. Y si nos quiere mucho, sufre mucho; siente misericordia, piedad, compasión por nosotros. El amor es así: no es indiferente al sufrimiento de los demás sino que se apiada, se compadece porque es misericordioso. 

Hoy recordamos especialmente el amor misericordioso de Jesús que, para salvarnos, sufrió mucho y murió en la Cruz. 

Y, ¿por qué celebramos hoy esa Divina Misericordia?

(Les muestro el Diario de santa María Faustina Kovalska). 

Hace unos noventa años murió esta religiosa, Faustina Kovalska. Jesús resucitado se le había aparecido muchas veces y le había pedido que dedicase su vida a hablar de la Misericordia de Dios que no nos rechaza —por grandes que sean nuestros  pecados— si nos arrepentimos. 

Para cumplir con ese mandato, sor Faustina escribió este libro gordo que yo tengo en el confesonario y voy leyendo poco a poco.  ¿De que habla este libro? De la Divina Misericordia. 

Pero Jesús le dijo: «Ahora quiero que pintes un cuadro para que todos puedas verme como me estás viendo tu». 

Sor Faustina no sabía pintar pero le encargó el cuadro a un pintor que pintó esto. (Señalo el cuadro de la Divina Misericordia). 

A sor Faustina le pareció que no era tan bonito como el Jesús de verdad, pero Jesús le dijo: «La belleza no está en el cuadro sino en los regalos que yo voy a hacer por medio de él». 

Al pie del cuadro hay una oración muy cortita que pueden aprenderse de memoria hasta los que tienen memoria de pez: «Jesús, en ti confío». 

Además, Jesús le hizo otro encargo. Le dijo: «Yo morí en la Cruz a las tres de la tarde. Sería bueno que cada día, a esa hora, hicieses el Via Crucis. Si no puedes hacer el Vía Crucis, sería bueno que fueses a la capilla para arrodillarte ante el sagrario. Y, si tampoco puedes ir a la capilla, sería bueno que —estés donde estés— te detengas un momento para considerar el amor misericordioso con el que te quiero a ti y a todos los hombres. 

Pero la cosa no acabó ahí. Jesús le dijo a sor Faustina: «Quiero que la iglesia celebre una fiesta a la Divina Misericordia». Sor Faustina se lo dijo a los obispos: «Jesús quiere una fiesta a la Divina Misericordia». Pero se ve que los obispos no le hicieron mucho caso. Solamente sesenta años después de su muerte, en el año 2000, el Papa Juan Pablo II canonizó a sor Faustina e instituyó la fiesta de la Divina Misericordia en este domingo de la octava de pascua. 

Muy bien. 


12:00

Confesonario de San Miguel. Tres penitentes. 


12:35

La misa de doce y media empieza con cinco minutos de retraso. Hay coro. Como ha llovido un poco solamente han venido dos niños de catequesis: África y Marcos. Los otros son de azúcar. 

Repito la homilía para ellos dos. 


14:30

Voy a comer en casa de doña Nati que ha reunido a Heidi, Armin, Gracia, José María, Mercedes y Paco. 

En el momento más emocionante de la conversación, unos proponen acabar con la monarquía cortándole la cabeza a Felipe VI y otros proponemos multiplicar las monarquías volviendo a crear los viejos reinos de Portugal, Castilla, León, Navarra, Aragón, Valencia y Granada. 



A eso de las cinco, viene Wilder para llevar a su casa a Heidi y Armin. Nos despedimos —muac, muac y todo eso— y acompaño a Wilder en el camino hasta la casa de Heidi y Armin y en el camino de vuelta. 

A eso de las seis menos cuarto, Wilder me deja otra vez en casa de doña Nati. Llego a tiempo para despedirme de Gracia y de José Maria. Luego, ya a solas, doña Nati y yo charlamos largamente. 

Y aún tengo tiempo para rezar el rosario y las vísperas y para sentarme en la iglesia para mirar fijamente al sagrario.

sábado, 11 de abril de 2026

Diario. Sábado, 11 de abril de 2026

 San Miguel de Salinas

sábado, 11 de abril de 2026


Hoy he dormido bien y, aunque hay nubes, el día se me antoja espléndido. 

Desayuno un café con leche y una tostada con queso y mermelada sevillana de naranjas amargas. Agrego un Paracetamol para no abusar del Ibuprofeno. 

Luego le echo un vistazo a la agenda: 

Misa a las once en San Miguel. 

Bautizo de Owen en San Miguel a las doce. 

Misa de cinco en Torremendo. 

Misa de seis de en san Miguel. 


Son las nueve, o así, cuando abro la iglesia. Puedo hacer genuflexiones. Me felicito. 

A las diez llega Joan y yo ya he hecho las primeras oraciones del día envuelto en una manta porque la iglesia está helada. 

Mientras Joan prepara el altar yo preparo la pila bautismal. 


Después de la misa de once me dispongo a esperar a Owen y a su parentela. A las doce menos diez llega el padrino: que si hay que pagar la misa. Que no hay misa pero que le voy a dar un sobre por si quieren dar un donativo y que Dios se lo pague. El padrino se va, me revisto con sotana, roquete y estola y enciendo el cirio pascual. 


A las doce y diez todavía no han llegado ni Owen ni sus parientes. Apago el cirio Pascual y me pongo a contestar mensajes de WhatsApp. Me llama don MA Schiller. Quedamos para comer la semana que viene. Consigo contestar todos los mensajes de WhatsApp que tengo pendientes. Me felicito.


Como Owen y los suyos no dan señales de vida, me pongo a rezar sexta. 


A las 12:35 llegan Owen y los suyos. El bautizo empieza a las 12:40. Muy bien. 


Luego hay que recogerlo todo. Luego hay que asentar la partida de bautismo. Luego hay que mandar un mensaje al padre de Owen comunicándole en qué libro, folio y número ha quedado registrado el bautismo, felicitándolo y agradeciéndole el generoso donativo que ha entregado el padrino. Luego hay que anotar en las cuentas parroquiales el generoso donativo que ha hecho el padrino y luego hay que repetir el certificado de donaciones para la desgravación en el IRPF porque el que hice ayer para doña Nati no iba en el impreso oficial. Culpa mía. 


A las 14:00 llego a casa de doña Nati, le entrego el certificado y nos saludamos. Luego saludo a Gracia —de lejos porque está resfriada— y a Jose María. Comemos y charlamos y charlamos. 


A eso de las tres y cuarto nos despedimos. Me da tiempo a hacer la visita al Santísimo y a envolverme en una manta para mirar fijamente al sagrario. 


También me da tiempo a volver a la casa abadía para escribir esto. 



A las cuatro y diez salgo para Torremendo. 

Allí encuentro a Antonio que ha abierto la iglesia. 

Terminada la misa de cinco, vuelo para San Miguel. Gracias a que Joan ha dejado todo preparado en la sacristía, la misa de seis empieza con solamente cinco minutos de retraso. Ha venido Ariel de Filipinas. Me alegro. 

        Teresa me avisa de que hay un vecino agonizante y me pide que vaya a darle la unción. 

Tengo tiempo de rezar vísperas y de escribir esto antes de ir a atender al vecino e ir a masymás camino de la casa de Ana Isabel y Wilder que me han invitado a cenar. 

viernes, 10 de abril de 2026

Diario. Viernes, 10 de abril de 2026

 San Miguel de Salinas

viernes, 10 de abril de 2026


Voy contando las horas de la noche. Hacia las tres o así decido apagar el teléfono para ver si así logro cargarlo. A partir de ese momento ya no tengo modo de saber qué hora es ni puedo decir cuánto ha durado los duermevelas ni cuánto los paseos o las sentadas al borde de la cama. 

Cuando, por fin, decido reiniciarlo son las cinco de la madrugada. Pongo ruido blanco y trato de dormir hasta las seis. 

A las seis me tomo un Omeprazol y, a las seis y media, un café con leches y un Ibuprofeno.

Definitivamente, estoy mucho mejor de pie que en la cama. 


A las siete abro la iglesia y bajo al garaje para comprobar que me he dejado en la casa abadía las llaves del coche. Vuelvo a la casa abadía, rastreo, las encuentro y salgo para el hospital con diez minutos de retraso. 


La misa empieza con cuatro minutos de retraso y varias veces pierdo el hilo. ¿Estoy dormido? Sí. La amable congregación no afea mi conducta pero sé que coger el coche en estado es suicida de modo que, antes de volver a San Miguel, echo una cabezadita en el aparcamiento. Con todo, ya al volante, tengo que volver a aparcar en algún lugar para dormir. Es parar, cerrar los ojos y quedarme frito. 


A las nueve toca hacer oración pero no mirando fijamente al sagrario sino paseando, porque si me siento me duermo. Luego hay que rezar el oficio de lecturas y las laudes. 


Joan está en el médico. Me toca preparar el altar. 


A las once, misa de once. Luego lo recojo y voy a la casa abadía para poner lavadoras y lavaplatos y limpiar y hacer cualquier cosa que no requiera sentarse. 


A la una y media voy al banco y, desde allí, a casa de doña Nati que está con Eva y Samira. 


Como tres boquerones fritos, dos patatas fritas y un Ibuprofeno. Bebo media botella de agua y un café. Estoy inapetente y no como las lentejas. Doña Nati, solidaria, decide también dejar las lentejas para otro día. 


Me despido de doña Nati y voy a hacer la visita al Santísimo. Hay una señora gordita, sonriente y extranjera orando. No saludamos sin decir nada. 


Tengo que hacer un certificado a doña Nati para que pueda desgravar los donativos a la parroquia. Como no quiero que se me olvide, lo hago inmediatamente. Luego me acuesto y me quedo frito. A las cuatro y cuarto me levanto y me pongo a ver una charla de Armesilla sobre la Escuela de Salamanca. Muy buena. 


A las cinco, interrumpo la clase y voy a la iglesia para hacer un rato de oración sentado y otro rato de oración paseando. Luego rezo vísperas y luego vuelvo a la casa abadía para tender ropa y hacer cosas que no requieran sentarse. 


A las seis salgo para Los Montesinos. La misa de seis media empieza con cinco minutos de retraso. 


A las siete y media —ya de vuelta en san Miguel— me tomo un vaso de agua y un vaso de leche. Tengo cientos de mensajes y llamadas. Mañana será otro día. 


Voy a la iglesia para rezar completas y, de paso, tiro la basura. No cierro la iglesia porque hoy ensaya el coro. 


Vuelvo a la casa abadía, me tomo otro vaso de leche y el último Ibuprofeno y escribo esto.

Diario. Jueves, 9 de abril de 2025

 San Miguel de Salinas

Jueves, 9 de abril de 2025


Día de asueto. 

A las 8:45 abro la iglesia. Hay que sentarse para mirar fijamente al sagrario y, luego, rezar el oficio de lectura y las laudes. 

Jose Ángel me pide una partida de bautismo de su madre. En el año que me indica, no aparece. ¿Está seguro de que fue bautizada en San Miguel? No está seguro. Miro en el libro de Torremendo. Aparece. Nos felicitamos. 

Pedro quiere cambiar la fecha de bautizo de su hija. ¿Será posible? Sí. 

Wilder anuncia que viene a verme porque necesita hablar conmigo. Como en la iglesia hace mucho frío. Decidimos salir al Paseo y sentarnos en un banco, al sol. Luego le pido que me ayude a abrir las puertas grandes de la iglesia —o sea, que las abra él— y luego lo invito a un vaso de agua de en el Collie. Yo tomo un café con leche. 

Es hora de salir para La Lloseta. Voy con tiempo porque tengo que poner gasoil y porque viajo muy despacito para ahorrar combustible. 

Pongo gasoil en la gasolinera del Realengo. Lleno el depósito: 94 euros con 41 centavos. Sale a un euro y noventa y pico centavos el litro. 

Terminados los graves negocios que me han llevado a La Lloseta, voy a comer a Torrellano: ensalada templada de berenjenas, fideuá, una copa de Ribera del Duero —tinto, claro— y un café.

Emprendo el camino de vuelta a San Miguel. Voy muy despacito. Paro en el área de servicio de Elche para encocacolarme porque me duermo. Misterios luminosos con BXVI.

Ya en San Miguel, hay que sentarse para mirar fijamente al sagrario. Luego hay que prepararlo todo para la exposición del Santísimo y la misa que se adelantan diez minutos porque tengo que celebrar a las 18:30 en Los Montesinos. 

Llega Andrés.

Doña Nati y Carmen se ofrecen para recogerlo todo.¡Qué amables! 


18:15

Salgo para Los Montesinos. 

18:35

Empieza, con cinco minutos de retraso, la misa en Los Montesinos. 

No me encuentro bien. 

En la sacristía, Eva me dice que va con Samuel a Kenia. Se han puesto todas las vacunas recomendadas. No son obligatorias. Entonces recuerdo que me han citado para vacunarme voluntariamente contra el herpes Zóster y que estoy indeciso. 

Un penitente pide confesión. Muy bien. 

Estoy helado. ¿Tendré fiebre? Además, empieza a dolerme todo. Recuerdo que no he tomado Ibuprofeno a mediodía. 

Vuelvo a San Miguel y me pongo el termómetro. No tengo fiebre. Da igual, me voy a acostar. 

19:49

Wasap a Wilder. Que si puede cerrar la iglesia él. Que sí. 

20:15

Me tomo un Ibuprofeno con un. Vaso de leche, me acuesto, me tapo muy bien y me quedo frito. 

Cuando me despierto todo está oscuro. Tengo una congestión de nariz de narices. Al respirar me duele el pecho y al moverme me duele todo. ¿Qué hora es? Con harta dificultad miro el teléfono: ¡son las 21:30!

Va a ser una noche larga. 

Además, parece que el teléfono no carga. ¿Y si se queda sin batería y no suena el despertador mañana? ¿Tendré que cambiarlo? 

En una especie de duermevela empiezo a imaginar cosas horribles. El despertador no suena y llego tarde al hospital. Entonces tengo que ir a Alicante, a la tienda de Apple para que me arreglen el teléfono. Me dicen que no tiene arreglo, que he de comprar otro y que también tengo que comprar cables y cargadores nuevos. Mi voto de parsimonia me permite recibir todas esas noticias con mansedumbre cristiana… exteriormente. Por de adentro noto movimientos incontrolables de ira. 

Me despierto. Son las once y media. Me duele todo y apenas puedo respirar. Me levanto para dar un paseo. Va a ser una noche larga.