La Torre
martes, 1 de septiembre de 2026
Empiezo la lectura de la Odisea. En la introducción —de Begoña Ortega Villaro (sic, sin acento eb la o)— me entero de que el viaje de regreso a Ítaca duró —como la guerra de Troya— diez años.
Escribo al arcipreste de Torrevieja para contarle que el día ocho de septiembre celebran las fiestas en Torremendo, que yo ya no estaré allí y que mi indigno sucesor aún no estará allí. El arcipreste —que también está fuera— me devuelve la patata caliente y me sugiere que se la pase a los curas del Pilar. Paso la patata caliente al grupo del arciprestazgo. Irá el cura del Pilar.
Rosario y Teresa vienen de Madrid. Anuncian que llegarán a tomar café, pero se encuentran con un accidente y llegan a las 17:00.
Anuncio que la misa será a las 20:00.
Matthew viene de Birmingham. Anuncia que su avión llega a las 22:00, pero luego rectifica: su avión llega a las 20:00.
Rectifico el anuncio de Misa. Será a las 19:00.
A las 19:00 misa votiva de los ángeles porque es martes.
A las 19:45 salgo para el aeropuerto.
Hay un vuelo de Birmingham que tiene la llegada prevista a las 20:05 y otro que llegará a las 22:00. Matthew llega a las 20:10 en el de las 20:05. Nos saludamos con nobles palabras de afecto y lo invito a cenar en el Carabí. Luego vamos a La Torre.
Nos recibe Almudena con nobles palabras de bienvenida. Los demás están viendo un partido de tenis, creo.
Acomodo a Matt en el cuarto de las cámaras. Antes de despedirnos quedamos para desayunar en la cocina a las 7:45.
La Torre
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Ni rubicundo Apolo ni nada: es noche cerrada cuando —a las 06:00— suena mi despertador. Muy bien, no tengo sueño.
A las ocho menos cuarto, según lo acordado, me encuentro con Matt en la cocina. Desayunamos con el pan y la toña que nos han regalado las gemelas.
A las ocho y media —con media hora de retraso sobre nuestro plan— salimos de La Torre para San Miguel. Hemos quedado con mi indigno sucesor a las 09:00 en la casa abadía. No llegaremos hasta las 09:15 pero no me preocupo porque podría apostar veinte mil dólares a que él no llegará hasta las 09:30.
Pido a Matt que conduzca él para `poder ir rezando el oficio de lectura y las laudes. A petición suya, rezo en voz alta.
Llegamos a las 09:15. Mi indigno sucesor llega a las 09:30 con un sobrino, dos sobrinos nietos, un amigo y un conductor. Nos saludamos con nobles palabras de afecto. Luego empiezan a descargar la camioneta en la que han traído los muebles.
Hago solemne entrega de todas las llaves a don Juan —que así se llama el nuevo párroco de san Miguel— mientras digo unas nobles palabras. Él las recibe con expresiones de gratitud sincera. Los sobrinos nietos del padre Juan —que nunca han asistido a una ceremonia tan emocionante— nos miran con los ojos muy abiertos.
Mientras hacen su faena, voy al banco. Luego voy con Matt a saludar a doña Nati que se alegra mucho.
Acompaño a Matt a la gestoría, pero la gestoría está cerrada. Lo llevo a casa de su madre que se alegra mucho.
Vuelvo a San Miguel y me siento para mirar fijamente al sagrario. Luego rezo el ángelus y vuelvo a La Torre.
Como Rosario y Teresa van a ir a la manifestación en apoyo a Marruecos, celebramos la misa —votiva de san José— a las 18:30.
Me encierro hasta la cena para tratar de cuadrar las cuentas parroquiales.
Ceno con las gemelas y con Pepe en el patio de la Casa Grande que Pepe ha regado. Rosario y Teresa se nos unen para las copas porque han cenado en Alicante. Brindamos todos por el rey de Marruecos.
La Torre
jueves, 24 de septiembre de 2026
A las 05:00 me despierto. No tengo sueño. Me pongo en marcha.
A las 11:00, cuando celebramos la misa de la memoria de san Gregorio, yo ya he rezado todas mis oraciones —menos el Ángelus—, he contemplado los rosados dedos de la Aurora, he saludado al perezoso y rubicundo Apolo, he puesto una lavadora, he tendido la ropa, he dejado mi piso en perfecto orden y he llamado cuatro veces a la Seguridad Social —sin éxito— para cambiar una cita. También he llamado a don JCR para ver si puede hacer un funeral en Madrid.
Después de misa salgo para La Lloseta donde el obispo de Cuenca va a darnos una clase de Doctrina Social de la Iglesia.
Antes de volver a La Torre, saludo al obispo de Cuenca —que me abraza y me dirige unas nobles palabras— y vuelvo a llamar a la SS. Nada.
Como con las gemelas y con Pepe. Aporto un queso curado para el aperitivo o para el postre.
Después de una breve siesta vuelvo a llamar a la SS: «Todos nuestros agentes están ocupados en este momento. Manténgase a la espera». Salgo para San Miguel de Salinas rezando los misterios luminosos con BXVI.
En San Miguel tengo que hacer una gestión secreta y luego tengo que llevar unas cosas a Matt. Hago la gestión, llevo las cosas a Matt y le cuento lo de los muchachos anglos a los que san Gregorio encontró en el mercado de esclavo de Roma. Matt se emociona mucho.
Vuelvo a La Torre con tiempo para seguir desempaquetando los convolutos de la Biblioteca Sacerdotal.
Ceno con las gemelas y con Pepe. Para la tertulia se nos unen Rosario y Teresa.