jueves, 15 de octubre de 2026

Diario. Jueves, 15 de octubre de 2026

 Granja de Rocamora

jueves, 15 de octubre de 2026


Son las diez y no he cenado. Lo hago mientras escribo esta página del diario. 


…


Abro la iglesia a las siete y media. Poco después entra Horacio y se queda mirándome fijamente. 


Oficio de lectura:

«Con tan buen amigo presente —nuestro Señor Jesucristo—, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir». (Del Libro de su vida de santa Teresa de Jesús, virgen).


…


Beato Carlos el Bueno

Estar donde hay que estar


Nació a finales del siglo XI en Dinamarca, donde reinaba su padre. Cuando este fue asesinado, su madre, Adela, se refugió en Flandes. Allí, en la corte de su abuelo materno, creció Carlos. Más adelante acompañó a su primo —ya conde de Flandes— durante la primera cruzada. 

En 1119 Carlos heredó de su primo el condado. Pasó a la historia como príncipe bueno y prudente que defendió a los pobres de los abusos de los caballeros. 

En cierta ocasión un abad fue a quejarse de uno de esos señores pero el conde lo reprendió por haber abandonado la oración y el gobierno de su abadía cuando podía haber mandado un mensajero.

Tomo nota. 


…


Empiezo la lectura de Las Fundaciones. 


A las nueve me llama don Paco. Que los de Vega Fibra van camino del despacho de Granja. Voy al despacho de Granja y saludo a una amable empleada del ayuntamiento que está barriendo la calle. Alguien ha dejado en una equina un colchón enorme. La amable empleada me explica que los jueves se pueden dejar los enseres junto a los contenedores de basura. ¡Oh! Entonces yo puedo dejar ahí el microondas. 

Un amable empleado de Vega Fibra examina el despacho para ver dónde se puede instalar el rúter. 

Cuando nos despedimos, subo al palacio parroquial y vuelvo a bajar con el microondas para dejarlo junto al colchón y los contenedores.  

Vuelvo a la iglesia y me llama Ángel, hijo de Ángel Sánchez Bru que falleció anoche. Quedamos en que el entierro de su padre será mañana a las cinco. Doy el toque de difunto varón. 

Llega un hombre joven que, por su aspecto, podría ser el hermano mayor del principito. Es del tanantorio. Sacudimos nuestras manos. Sí, ya he hablado con la familia del difunto y hemos quedado en que el entierro será mañana a las cinco. 


Me pongo a organizar las carteleras. Hay cuatro: tres colgadas en las bonitas paredes de la iglesia y una colgada en la bonita puerta de la iglesia. 

Las tres colgadas en las paredes van al garaje. La colgada en la puerta pasa a un caballete y la cartelería fina es sometida a una reordenación racional. 

Estoy en ello cuando aparece otro emisario del tanatorio que viene a asegurarse de que lo del entierro está atado. 


Entonces me llama don Paco. Está con Aitor en el despacho. Tenemos reunión. Son las once y tengo que salir para la Lloseta a las doce. La reunión se alarga y salgo para La Lloseta a las doce y cuarto.


Retiro en La Lloseta. Predica don Elías: una meditación ante el sagrario y otra con el Santísimo expuesto. Muy bien. 


Como en Torrellano y salgo pitando para Granja. Llego a las cuatro. Estoy entrando en el palacio parroquial cuando me llama Miguel: que va a instalar el armario en los locales. Bajo a abrirle los locales. 

Mientras Miguel instala el armario, rezo los misterios luminosos. Luego bajo a los locales para ver como va la cosa. Ha llegado Ana María. 

Voy a la iglesia llevándome dos de las siete escobas que hay en los locales.

En la iglesia preparo las cosas para la exposición del Santísimo y la misa. Estoy en ello cuando llega Jorge, de San Jorge. Nos saludamos efusivamente porque hace mucho que no nos vemos. Me ofrece evangelios para el 2027 —le digo que sí— y epactas —le pido dos y un dietario—. También le pido otras cosas. 


Cuando llega Martín y se pone a preparar el incensario ya son las seis y media. No quiero retrasarme y empiezo la exposición del Santísimo sin incienso ni monaguillo. Tampoco hay organista porque Andrés está de fiesta en Almoradí, creo. 


Después de celebrar la misa de siete en Granja, tengo que celebrar la misa de ocho en Cox. Allí me ayuda José P. Ya somos amigos. 


Después de celebrar misa de ocho en Cox tengo reunión en linea con Hakuna en Granja. Don Paco y yo nos conectamos desde mi Mac. Estupenda gente esta de Hakuna. 


A las diez subo al palacio parroquial, saco de la nevera un salpicón de marisco de casa Estefanía y abro una botella que me regaló MGC: Fino Spritz, Croft Twist (Elderflower, lemon & mint) Sparkly. 

A continuación, abro mi Mac y empiezo a escribir: 

«Son las diez y no he cenado. Lo hago mientras escribo…».

…


Son las once menos cinco cuando termino de cenar —frugalísimamente— y de escribir esto.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Diario. Miércoles, 14 de octubre de 2026

Granja de Rocamora

miércoles, 14 de octubre de 2026


Abro la iglesia a las siete y media. La mañana está fresquita y dentro de la iglesia el calor agobia un poco. Abro la puerta del garaje para ventilarlo todo y me siento en la capilla del Santísimo. 

A las ocho, oficio de lectura y laudes. Muy bien. 


Llamo al garaje El Rubio para interesarme por mi coche. La encargada me dice que va a hablar con el taller y que me llamará,

Informo a don Paco por WhatsApp: si me devuelven el coche, iré a comer en San Miguel con Armin y Heidy pero, en cualquier caso, quiero volver a tiempo para celebrar la misa de siete en Granja. 


  Mientras espero la llamada del taller, oigo las noticias y la homilía del día del obispo, trasteo en la sacristía donde encuentro cosas muy interesantes —seis botes de Trident, cuatro abanicos y un objeto no identificado—, anoto algunos gastos e ingresos —llega Horacio y se queda mirándome fijamente— y mando un mensaje a doña Nati. 

Sigo esperando la llamada del taller. Leo a Jacques Leclerq, Siguiendo el año litúrgico. Lectura del Evangelio de san Marcos. Me llama doña Nati por error. Me llama Joan. Llamo a la notaría. Limpio las pilas de agua bendita. 


Como son las diez y no me llaman del taller, vuelvo a llamar. Todavía no pueden decirme nada. Retomo el estudio de las cartas de San Pablo. 


A las once menos cuarto me llaman del taller. El coche tiene rota una pieza de la suspensión de la rueda derecha y no me lo pueden reparar antes de la una. Muy bien. 


Mientras cierro la iglesia me pregunto cómo haré para ir a San Miguel. 

Me llama Miguel: que necesita medir el patio de los locales parroquiales. Quedamos en vernos allí. Miguel —qué amable— se ofrece a llevarme a San Miguel. Muy bien. 


Llego a casa de doña Nati a las doce. Nos saludamos —muac, muac— y rezamos el ángelus. 

Llamo a Ana Isabel. Se ofrece a llevarnos a casa de Armin y Heidy, a recogernos allí después de comer, a dejar a doña Nati en San Miguel y a llevarme de vuelta a Granja. Muy bien. 

Doña Nati —que aún está en déshabillé— va a arreglarse. Yo me siento con mi Mac en el sillón de ver Pasapalabra y me pongo a escribir el diario de esta mañana tan emocionante. 


A la una y cuarto viene Eva para tomar el aperitivo. A las dos menos cuarto llega Ana Isabel a recogernos. 

Doña Nati me entrega una bolsa de pan tostado al horno con aceite y sal. Es una delicia suya. 


En casa de Armin y Heidy encontramos también a Bea, a Alex y a Hanuk que tiene nombre de esquimal pero es medio china. 

Nos saludamos —muac, muac— y empezamos a charlar. Todos nos alegramos de vernos. 

No hablamos de política. Hablamos, sobre todo, del concierto de adviento, de unos cursos en línea para organistas, de Matías —hijo mayor de Armin y Heidi— y de su hijo pescador que vienen en octubre, de mi artritis, de los achaques… Luego, doña Nati y yo, empezamos a decir palabras de género ambiguo para confundir un poco a Armin y a Heidi: el color y la color, el calor y la calor, el mar y la mar, el maratón y la maratón, el fresco y la fresca, el azúcar y la azúcar, el sartén (así lo dicen Ana Isabel y Wilder) y la sartén, el puente y la puente…

La comida termina con una variadísima tabla de quesos españoles.

Ana Isabel viene a buscarnos y Heidi la invita a un café. Ana Isabel acepta el café, una chocolatina suiza y unas galletas excelentes que ha hecho Heidi. 

Nos despedimos —muac, muac— y Ana Isabel nos lleva a San Miguel. Allí dejamos a doña Nati y seguimos para Granja de Rocamora.

El coche de Ana Isabel tiene una divertida avería: los seguros de las puertas van abriéndose y cerrándose rítmicamente y van haciendo clip-clop, clip-clop, clip-clop. Ana Isabel dice que le pone nerviosa el ruido —a mí me gusta— y que, cuando viaja sola, pone la música a todo volumen para no oírlo. 

Durante el trayecto no hablamos de política. Yo le voy preguntando por Wilder, por Luciana, por Camila y por su madre y ella me va contando cosas. Cosas buenas. 

Llegamos a Granja y me deja en el taller «El Rubio» de Cox. Nos despedimos hasta el domingo. 


Diego, el jefe del taller, me explica detalladamente todo lo que le ha hecho al Lamborghini. Conforme me lo va explicando se me va olvidando. Luego me dice que ya me mandará la factura porque aún tiene que hacer cálculos. Nos despedimos sacudiendo nuestras manos. Muy bien. 


Aparco en la puerta del despacho parroquial y descargo allí la impresora que encargó don Paco para la parroquia. 

Subo al palacio parroquial y tiendo las sábanas que puse a lavar esta mañana. 

Llevo el coche al garaje de la parroquia y aún tengo tiempo para ponerle una vela nueva al Santísimo y para sentarme en su capilla alabando, dando gracias y pidiendo mercedes en silencio. 


A las siete en punto empieza la misa de siete. Me ayuda Martín. Celebro ad orientem, o sea, al revés. 


Son las nueve cuando —después de cenar con las tostadas de doña Nati— termino de escribir esto. 

martes, 13 de octubre de 2026

Diario. Martes, 13 de octubre de 2026

Granja de Rocamora

martes, 13 de octubre de 2026


6:57

Mensaje de Matt: «He llegado al airopuerto bien, pasado seguridad sin problema ninguno, y ahora estoy en el avión. Puertas cerradas, listos para salir». 

Encomiendo a Matt y su viaje. 


Salgo de La Torre a las siete y media. Dentro de media hora tengo que estar en el taller «El Rubio» de Cox. 

Paro en el área de servicio de Elche para expulsar de mi Lamborghini a una polilla que revolotea a mi alrededor poniéndome en peligro de naufragar. 

Llego a Cox las ocho y diez. El taller está abierto pero el jefe no ha llegado. Saludo a otra clienta —musulmana— que me devuelve, con el saludo, una encantadora sonrisa. También la encargada me sonríe y, cuando no encuentra mi nombre en la lista de los que han pedido hora, me tranquiliza: «No se preocupe, a veces pasa que a alguien se le olvida apuntar las citas». Esas palabras hacen que me sienta como en casa. 

Justo entonces llega un ser humano que tiene todo el aspecto de ser el jefe. Enérgico, pero también sonriente, me pregunta que qué le pasa a mi coche. Luego ordena a la encargada que se encargue de mí y la encargada cumple su misión eficientísimamente. 

Ahora me toca caminar hasta Granja. Cuando llego a la iglesia, son las nueve menos cuarto y ya he dado casi tres mil pasos. Muy bien. 


Abro la iglesia y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

Media hora después voy a la ermita. Tengo que llevar allí algunas cosas. Por el camino leo un mensaje de Matt:«9:33 Touchdown». El vuelo a Birmingham ha durado dos horas y media. 

Me quedo en la ermita para rezar el oficio de lectura y laudes. Ni un alma en la plaza, ni un alma en la ermita. 


Vuelvo a la iglesia para preparar la misa de la tarde. De paso leo un mensaje de Matt que dice: «11:07. I’m Home. Safe and sound«. Ha llegado a Coventry. Muy bien. 


El supermercado de Estefanía está muy animado. En la caja encuentro en a don Estanislao. Charlamos brevemente. Resulta —y ahora me entero— que vive en Granja cuidando de su madre. Es párroco de San Cayetano de Crevillente. 


Encarna me recuerda que esta tarde tenemos retiro en la parroquia. Bendigo a Dios y a Encarna por el amable recordatorio porque lo había olvidado. Me pongo a preparar el retiro. Como Encarna —qué amable— se encarga de preparar la lectura y el examen de conciencia, solamente tengo que preparar una meditación de unos treinta minutos. 


María me manda un mensaje de voz y me anuncia la llegada de un Vía Crucis que estaba en san Fermín de los Navarros y de un leccionario que estaba en La Torre y que ella ha restaurado. ¡Qué amable!


Don Paco me recuerda que tengo que llamar al cerrajero. Llamo al cerrajero y quedamos a las cuatro en el despacho parroquial. 


Saco del congelador dos albóndigas que le compré a Estefanía la semana pasada, rezo sexta y voy al despacho para dejar allí el expediente matrimonial de la boda de antier. 


En una cazuela sofrío cebolla, ajo, pimientos y la salsa boloñesa que sobró de los espaguetis de antaño. En una sartén preparo arroz blanco con caldo de carne. 

Cuando la cazuela está contenta, añado una salchicha de Novelda y —todo salpimentado— lo remuevo sin pesares. 

El olfato me dice cuándo hay que poner las albóndigas en la cazuela y cubrirlas con el mismo caldo de carne que he usado para el arroz y añadir el arroz para que acabe de hacerse con el mejunje. 

Apago el fuego y, mientras se enfría la cosa en sí, friego la sartén, pongo la mesa y me preparo un aperitivo a base de queso  —comprado en Estefanía— y Beronia —regalo de mi prima—. 

Antes de comer bendigo los alimentos en latín y después doy gracias en latín y recojo la cocina en español. 


Voy a la iglesia para rezar los misterios dolorosos. 


Voy al despacho para hacer algunas cosas mientras espero al cerrajero. 

Un suplicante —Reinaldo— pide fecha para bautizar a dos bebés. 


El cerrajero es un ser humano maravilloso y un excelente profesional. Hace muy bien su trabajo, explica muy bien lo que está haciendo y por qué lo está haciendo, me cuenta que su suegro se llamaba igual que el párroco de Cox y me cobra las piezas que ha cambiado pero no el desplazamiento ni la mano de obra. Ya somos amigos. 


Llamo a Laura. No puede venir ahora, pero puede venir en media hora. 

Media hora después llega Laura para anotar en los libros parroquiales una partida de defunción, una de matrimonio y una nota marginal. ¡Qué amable!

Respondo a un mensaje de AVP. Quiere saber si soy feliz en Granja. Le mando unas fotos del pueblo. 


A las cinco y media me siento en el confesonario. Cuatro penitentes. Mu bien. 

A las seis empiezo la predicación de media hora. La capilla del Santísimo está llena y encendemos el aire acondicionado. 


A las seis y media vuelvo al confesonario. Seis penitentes. Muy bien. 

A las siete menos cinco corro a la sacristía. ¿Habrá venido Mari Carmen? Mari Carmen no ha venido, pero ha venido Antonio y todo está preparado. 


A las siete y dos minutos —con dos minutos de retraso— empieza la misa de siete. 


Terminada la misa, mientras me quito los ornamentos y atiendo a unos visitantes y a unos suplicantes, Antonio lo recoge todo. 

Marilén y Jesús se quedan retirando flores viejas y manchas de cera. Marilén me cuenta que se llama María Elena pero que creció en Francia y que por eso la llaman Marilén. También me cuenta que vive en un barrio llamado «París» porque los vecinos de allí trabajaron en la capital francesa. Rezo completas y me despido de Jesús y de Marilén. 


Mientras preparo una cena ligera y escribo esto, recibo algunas llamadas de suplicantes y de amigos. Armin, por ejemplo, me recuerda que mañana comemos en su casa y que tengo que levar a doña Nati. 


Son las 22:03 cuando agradezco al cura de Callosa su invitación para la misa de clausura del retiro de Bartimeo el domingo a las siete. 

Son las 22:05 cuando leo un mensaje de Fátima que anuncia que Jesús Z hablará en COPE a las 22:30. 

Por nada del mundo querría perdérmelo.