San Miguel de Salinas
viernes, 12 de junio de 2026
De siete y media a nueve y media, hospital.
A las diez, de vuelta a San Miguel, me pongo a preparar la misa del Sagrado Corazón
Once: misa del Sagrado Corazón y exequias de Finbarr Francis Power. Latín, español, inglés. Al órgano, Andrés.
Al terminar la misa, un sobrino del difunto recita un poema y Anne —hija de Finbarr— lee un largo discurso. Total, que son las doce cuando termina la cosa y son las doce y media cuando Joan y yo acabamos de recogerlo todo.
Quince minutos después, me he cambiado de camisa y salgo para Los Montesinos con el Santísimo para llevar la comunión a Samuel que se rompió un tobillo en Andorra. Lo encuentro muy recuperado. Charlo con su hermana que ha terminado la EBAU y va a entrar en una Escuela de diseño, o algo así, en Valencia.
A la una y media me despido de Samuel, de su hermana y de su madre —que estaba trabajando desde casa y ha salido para invitarme a un vaso de agua— y vuelvo a San Miguel a tiempo para comer con doña Nati.
A las tres me despido de doña Nati y voy a la iglesia para hacer la visita al Santísimo.
En la casa abadía veo la misa del Papa en la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife mientras rezo los misterios dolorosos por los frutos de su viaje.
A las cinco vuelvo a la iglesia para sentarme ante el sagrario. Luego, vísperas.
Son la seis voy al despacho para asentar la partida de defunción de Finbarr y para buscar una partida de bautismo que me pidieron esta mañana.
A las siete me esperan en El Paseo para la fiesta de fin de catequesis. Las catequistas han preparado un mural con la leyenda SAGRADO CORAZON DE JESÚS y han recortado corazones de cartulina para que cada uno escriba algo. Me piden una catequesis breve sobre el Sagrado Corazón de Jesús y anuncio que voy a enseñarles una oración muy difícil y que tienen que aprenderla de memorieta. Me miran con angustia:
—Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Me miran como esperando algo más complicado y yo:
—Sagrado Corazón de Jesús…
Uno o dos aventuran tímidamente:
—En Vos confío.
Yo:
—Sagrado Corazón de Jesús…
Ahora se unen más:
—En Vos confío.
Yo:
—Sagrado Corazón de Jesús…
Y ya contestan todos:
—En Vos confío.
Yo escribo esa oración en mi corazón de cartulina y lo pego en el mural.
Leo lo ha escrito Sergio en el suyo: «Por mí, y por mis padres y amigos».
Le digo que sería mejor poner «por mis padres, por mis amigos y por mí».
Coge el lápiz y escribe al final: «Y por don Javier». Y se va muy satisfecho.
Son las ocho y media cuando nos despedimos.
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