San Miguel de Salinas
jueves, 18 de junio de 2026
Retirado en la paz de estos desiertos
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Amanezco en La Torre y no me duele nada. ¿Carezco de algo? No.
En mi rutina de los jueves hay un lujo: no veo a nadie, nadie me ve, no hablo con nadie y nadie me habla hasta las doce y media, hora en que llego a La Lloseta.
Justamente puedo hablar de la paz de estos desiertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Aprovecho el lujo de mi rutina de los jueves para leer, tomar notas, escribir…
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra ¡oh gran don Josef! docta la emprenta.
No quedará —si de mí depende— ni rastro de esas notas cuando muera. Todo está preparado para el fuego.
En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.
Ya —¡zas!— ha huido el día.
Hemos tenido exposición del Santísimo y misa votiva de la Eucaristía en San Miguel. Otros dos lujos de mi rutina de los jueves.
Ahora, cuando termine de escribir esta página de mi diario, iré a visitar a doña Nati. Otro lujo.
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