miércoles, 17 de junio de 2026

Diario. Miércoles, 17 de junio de 2026

La Torre

miércoles, 17 de junio de 2026


04:00

Oficio de lectura. 


06:00

Suena el despertador. 


07:00

Abro la iglesia y salgo para el hospital. 


07:20

Preparo el altar con la ayuda del doctor S —qué amable— y me da tiempo a rezar laudes. 


07:40

Misa votiva de san José porque es miércoles. 

08:00

En la acción de gracias, oración a san Miguel y oración a san José porque es miércoles. 


08:10

Recojo todo con la ayuda del doctor S. Qué amable. 

Salgo para San Miguel. 


09:00

Me siento en San Miguel para mirar fijamente al sagrario. 


09:30

Cambio las pilas del micro inalámbrico. Está a media carga. 

Voy a la casa abadía para meter en la maleta los libros que quiero llevar a La Torre. 


10:00

Vuelvo a la iglesia y saludo a Joan que me pregunta que cómo estoy. Le contesto con un riddle poruq sé que le gustan los enigmas: «¿Quién me ha llamado?». Después de algunas respuestas se rinde y desvelo el enigma: «El obispo. El obispo me ha llamado y voy a verlo a la una». 

Joan no tiene buen aspecto. ¿Le pasa algo? Cree que se le ha roto una costilla. Vaya. 

Voy al confesonario. 


11:00

Segunda misa votiva de san José. En su calidad de patrono de la buena muerte, encomendamos a su intercesión a los moribundos. Tengo, si no abundantes, varias y sólidas pruebas de la eficacia de su intercesión en favor de los que agonizan. 


Después de la misa, doña Nati entra en la sacristía con la colecta y me pregunta que si voy a La Torre. Le propongo un acertijo: «¿Quién me ha llamado?». Se rinde y desvelo el enigma: «El obispo. El obispo me ha llamado y voy a verlo a la una».


Luego hablo con Joan. Le he pedido cita en la notaría porque quiere hacer testamento. Me han dicho que debe ir acompañada de un traductor y que sería bueno que mandásemos sus datos: nombre, apellidos, estado civil y eso. Me mira con pena y me pregunta: Fr, are you going to leave us? Y también a mí me da pena verla tan frágil. 


12:00

Estoy saliendo del garaje cuando llega Samira. Que si no voy a llevarme las seis cajas de vino que Hedi y Armin han regalado para el concierto en La Torre. ¡Cielos, había olvidado el vino! Pero ya no hay tiempo: si me detengo para cargar el vino llego tarde a la cita con el obispo. Me despido de Samira —salam aleikum— y salgo pitando para el obispado. 


13:00

Aparco cabe el Rico Pérez y echo a andar hacia la curia. Quema el sol, el aire abrasa y voy vestido de negro de los pies a la cabeza. No importa, camino con parsimonia buscando las sombras de los pinos. Puedo pedir perdón al obispo por llegar cinco minutos tarde, pero no podría perdonarme llegar allí sudado. 


13:05

Saludo a Óscar que está en la conserjería y me dice pase al despacho del obispo. Óscar sabe que a nosotros, los altos dignatarios de la diócesis, no hay que anunciarnos. 

Para entrar en el despacho del obispo hay que tocar un timbre y acertar un acertijo. 

Me abre la puerta Miguel, una especie de arcángel ministerial que custodia al obispo. Me dice que el obispo está hablando por teléfono. Muy bien: ya no tengo que disculparme por los cinco minutos de retraso. Además, puedo charlar con Miguel y preguntarle por sus muchos hijos —sobre todo por uno que está en la China— y por Dora, su amable esposa. 

Charlamos y charlamos y reímos. Miguel —aunque es una especie de ainur— se ríe como un hobbit, o como Tom Bombadil. Y así, muertos de risa, nos halla el obispo cuando termina su conversación telefónica y viene a buscarme. Miguel y yo nos ponemos de pie y el obispo nos abarca con su sonrisa. 


13:35

Me despido del obispo pero él no se despide de mí sino que insiste en acompañarme hasta la puerta —así honra a los altos dignatarios de la diócesis— y me sugiere que sería lindo reanudar la tertulia con Miguel. 

Miguel me lleva a través de un laberinto mágico hasta el reino de Dora, su amable esposa. Y es de ver la alegría de Dora cuando me da un abrazo de bienvenida y la decepción que se pinta en su rostro cuando le digo que no puedo quedarme en Rivendel. 



Vuelvo a mi soledad sonora en La Torre. 


Me llama Joan, me escribe doña Nati, me llama don Paco Román y hablamos largamente.  


Luego apago mi teléfono, me rocío con Aután de los pies a la cabeza y me siento bajo un algarrobo multicentenario y malherido por rayos y por vientos pero aún capaz de dar cobijo a un profeta atontao.  

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