San Miguel de Salinas
martes, 23 de junio de 2026
04:00
Me despierto.
Oficio de lectura.
Me acuesto y apago el despertador.
6:55
Me despierto y me levanto.
Laudes.
Hay que poner una lavadora y hacer otras tareas domésticas.
Me escribe Pelayo DG y me manda un artículo maravilloso escrito por su hermano e intitulado «Héroes». Se lo mando a EGM.
Me escribe Ana Isabel. Quedamos e n la iglesia.
8:45
Abro la iglesia.
Llega Ana Isabel y charlamos. Recuerdo que tengo en casa una label maker para Luciana. Vamos a la casa abadía, le entrego el invento y nos despedimos.
Vuelvo a la iglesia y me siento para mirar fijamente al sagrario.
Tengo que asentar dos partidas de defunción y hacer unas treinta y pico anotaciones marginales.
10:30
Estoy terminando las anotaciones marginales cuando llega Joan.
Me revisto y voy al confesonario. Un penitente. Muy bien. Tercia.
Envío «Héroes» a María.
11:00
Misa votiva de los ángeles.
12:00
Voy a tomar un café con Joan.
12:30
Nos despedimos y vuelvo a la iglesia.
Me llama María. Charlamos.
13:00
Nos despedimos y me entrego al estudio de las cartas de San Pablo.
Me llama Verónica. Que cuando puede pasar a recoger su certificado. Que ahora. Que viene.
Reanudo mi estudio de las cartas y viene Verónica. Le doy el certificado. Que cuánto es. Que nada, que rece por mí. Charlamos, nos despedimos y se va. Yo sigo con las cartas.
13:45
Me llama MGC. Doy por terminado el estudio. Charlamos mientras voy a la casa abadía. Quedamos para comer el jueves. En la casa abadía tiendo la ropa de la lavadora que puse por la mañana.
14:10
Llego a comer a casa de doña Nati con diez minutos de retraso. Observo el rostro de la doña por ver si descubro en él algún signo de cólera o de impaciencia. Nada.
14:35
Rezamos los misterio dolorosos.
15:00
Nos despedimos. Me dice que —si quiero— puedo pasar a visitarla por la noche. Voy a la iglesia para hacer la visita al Santísimo y para sentarme ante el sagrario.
15:45
Salgo para el hospital. Tengo cita con el reumatólogo.
Mientras espero, me escribe Mariano Bas. Que echó de menos a Teresa en el concierto. Reenvío su mensaje a Teresa.
Me llega también un mensaje de Rafa: un hermano de Elena ha muerto repentinamente.
Entro en la consulta número dos y saludo al reumatólogo. Cuando le digo que me duelen las manos, las toma entre las suyas y se dedica a estrujar meticulosamente cada una de las articulaciones. Parece que disfruta. Contengo las lágrimas.
Luego se pone a escribir cosas en el ordenador y me entrega seis o siete folios con instrucciones.
Tengo que hacerme radiografías de pies y manos.
Tengo que volver en septiembre.
Tengo que seguir con la misma medicación.
Si empeoro tengo que llamar a un teléfono que ha escrito de su puño y número.
16:45
De vuelta a San Miguel, encuentro a Zakarías en Masymas. Me ayuda a cargar la compra en el coche. ¡Qué amable! Le ofrezco acercarlo hasta su casa. ¡Que amable!
Por el camino charlamos.
17:15
De vuelta a la casa abadía coloco las compras en su sitio y recojo la ropa que ya está seca.
Luego me tomo un pedazo de sandía y una horchata.
17:58
Me llama Fátima. Está en un atasco en Madrid de camino a la casa de Alejandra donde van a celebrar el cumple de Borja: nueve años. Al parecer está ardiendo una de las cuatro torres.
18:04
Nos despedimos y me tomo mi medicación: tres pastillas amarillas pequeñitas y una pastilla amarilla grande.
Lectura de Dios te salve, Reina y Madre, de Scott Hann. No sé si lo he leído dos o tres veces. No me canso.
Recojo, doblo y guardo más ropa que se ha secado.
Primeras vísperas de san Juan Bautista con su himno Ut queant laxis.
Leo la introducción que pone Antonio Colinas a la Poesía Completa de Salvatore Quasimodo. El poeta siciliano era trece años menos que Eliot y recibió el premio Nobel (1959) once años después de que lo ganara el norteamericano.
Empiezo el libro primero que se titula así de bellamente: BACIA LA SOGLIA DELLA TUA CASA. Me inclino con la imaginación para besar ritualmente el umbral que custodia la poesía.
El primer poema se titula LA PREGHIERA.
Empieza así de bien:
Diventa buono, se voi ascoltare la mia voce,
e bacia la soglia de la tua casa.
Y acaba así de bien:
Poi, taci e ritorna: la musica che dorme sotto
le mimose
si veglierà per te, che hai baciato la soglia della tua casa.
Cierro el libro con una plegaria de acción de gracias a Dios que incluye mi gratitud hacia Arquilatría. A partir de ahora no podré dejar de recordarla cada vez que se despierte para mí la música que duerme bajo las mimosas.
19:45
Es hora de cenar algo. No tengo apetito. ¿Será por la horchata y el pedazo de sandía? ¿Será por el calor? ¿Será por otras causas? Da igual. Es la hora de cenar y hay que cenar.
Me preparo una miniensalada de baby carrots y de pimientos del piquillo en tiras con ajo.
Tengo hecha promesa de no comer en la cocina ni de pie. Pongo el plato y el tenedor sobre un mantelito individual en la mesa del comedor. Cabe el complejo pongo una servilleta. Voy a encender una vela —me acuerdo de lo del incendio en Madrid— pero no hallo el mechero en el cajón del mechero. Pues nada, sin vela. Lo bendigo todo en latín, me lo zampo en silencio y doy gracias —Agimus Tibi gratias…— otra vez en latín.
No me levanto de la mesa enseguida —como hacen los niños cuando acaban el último bocado si nadie los corrige— sino que permanezco unos minutos allí —quieto y silencioso— ejercitando la parsimonia pascaliana y disfrutando del aire acondicionado.
20:00
Recojo todo —no cuesta nada— y me preparo una limonada. Voy saboreándola a sorbitos mientras escribo esto.
21:00
Acabo de escribir esto y me arrepiento de haberme tomado una limonada porque mi paladar la recibe con vítores pero mi estógamo la regomita con ácidos. Da igual. Hay que ir a ver a doña Nati antes de rezar completas y cerrar la iglesia.
Pero antes hay que prestar atención a un fenómeno: una sábana de las que lavé por la mañana sigue húmeda. La extiendo sobre la mesa del comedor para que reciba la influencia del ventilador.
Apago el aire acondicionado y voy a casa de doña Nati.
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