miércoles, 29 de abril de 2026

Diario, Miércoles, 29 de abril de 2026

 La Torre

miércoles, 29 de abril de 2026


La Pascua lo ocupa todo. Hoy, además, es la fiesta de santa Catalina de Siena, con Gloria y todo. 


Entonces, qué. ¿Olvidaremos que es miércoles? ¿Olvidaremos que es el día dedicado a san José? ¡No lo permita Dios!


Desde que el Papa Francisco convocó un año josefino, en San Miguel de Salinas, al terminar la misa y después de cantar a la Virgen, hacemos una breve letanía que incluye siempre a san Miguel y a san José y al santo del día. 


Hoy lo primero, como siempre, ha sido levantarme. Como es miércoles he ido al hospital.


La rutina de los miércoles me exige volver del hospital a San Miguel para celebrar la misa de once pero hoy no ha sido así: graves asuntos requerían mi presencia en el obispado a las once en punto sin falta de modo que el párroco del Pilar de la Horadada —¡qué amable!— me ha sustituido en la parroquia y yo he salido del hospital rumbo a Alicante escuchando una piadosa meditación sobre santa Catalina de Siena. 


A las diez menos cuarto llegaba a La Torre. A las diez y cuarto salía de la Torre para el obispado. A las once en punto comenzaba nuestra reunión. Por ser yo el presbítero de más edad de los que estábamos reunidos me han rogado que dirigiera la oración de tercia. Después de eso ya no he vuelto a abrir la boca hasta la una y media, hora en la que ha terminado la reunión y ge dicho: «Adiós». 


Acto seguido, don Paco Román me ha guiado por los tortuosos y oscuros pasillos del obispado hasta un despacho llamado «de las calaveras» donde he solicitado un carné que acredite mi condición de sacerdote por si vuelvo a Inglaterra. 


Luego he ido a comer a Torrellano y luego he vuelto a La Torre  pero el amable san José —dueño del día— ha decidido no darme asueto. 


Una llamada, y otra otra, y otra… Y, entre una y otra, otras. Y nada. 


Pero, entre una y otra, algunos ratos de oración y de silencio de Dios y de silencio y mío solamente interrumpido por mis súplicas.  Y nada. 


Son las 21:55 cuando acabo de escribir esto: Madre mía Inmaculada; san José, mi padre y señor; ángel de mi guarda: ¡Interceded por mí!

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