San Miguel de Salinas
jueves, 16 de abril de 2026
7:00
Lindo día de asueto abrileño. No me duele nada porque no voy a llamar dolor a la leve molestia que, por la inflamación, me impide cerrar el puño izquierdo. Por otra parte, ya no recuerdo cuándo di un puñetazo con la mano izquierda por última vez. En fin, que no carezco de nada.
8:00
Voy a la iglesia para rezar tranquilamente aprovechando la soledad y el silencio que permite escuchar la voz de Dios y el canto de los pájaros madrugadores.
9:00
Vuelvo a la casa abadía para desayunar tranquilamente: café con leches, tortilla francesa y dos salchichas. Muy bien.
Luego pongo a Bach a todo volumen y me entrego —sin prisa— a recoger la mesa del desayuno y la cocina; a poner una lavadora con las sábanas —dos— la funda de la almohada y dos toallas y a otras actividades domésticas que en nada desdicen de mi género humano.
11:00
De camino hacia la iglesia me detengo para hacer algunas fotos en El Paseo. ¿Cuándo ha florecido el callistemon? ¿Es posible que yo haya estado pasando varios días ante él sin observar sus cepillos de color escarlata, o púrpura o rojo sangre?
Tercia.
11:20
Pongo algunas estampas nuevas en el expositor de estampas nuevas. Ordeno un poco la iglesia y la sacristía.
12:00
Saludo a Bernardo y lo invito a rezar el Regina Coeli. No sabe rezarlo pero le gusta que lo rece yo. Le gusta tanto que me besa la mano.
Salgo para La Lloseta.
12:45
Llego a La Lloseta.
14:00
Hago la visita al Santísimo en el lindo oratorio de la Lloseta, rezo unas preces que yo me sé y salgo para Villafranqueza donde he quedado a comer con don Miguel Ángel Schiller, en adelante don MÁS.
Me invita a comer en el To-Bar que es, en realidad, un restaurante muy recomendable con apariencia de antro.
Villafranqueza, como su nombre indica, invita a la confidencia sincera. Por eso, después e abrazarnos —porque llevamos años sin vernos— empezamos a charlar y a charlar y a recordar buenos viejos viejos tiempos y buenos viejos curas que ya estarán —Dios lo quiera— en el Cielo.
Antes de despedirmos quedamos en que quedaremos porque la próxima vez me toca pagar a mí.
16:20
Nos despedimos con otro abrazo.
Mi GPS dice que llegaré a San Miguel a las 17:15, si Dios quiere.
Tiempo suficiente para preparar el altar antes de la exposición del Santísimo y de la misa.
17:10
Estoy llegando a la rotonda de Los Montesinos y, justo en ese momento, un par de motoristas de la Guardia Civil cortan la salida a San Miguel y nos obligan a desviarnos hacia Los Montesinos.
Puedo entrar en la carretera de San Miguel por La Marquesa. El GPS me dice que llegaré a San Miguel, si Dios quiere, a las 17:25. Un poco justo, pero bueno.
17:25
Aparco en San Miguel justo a tiempo para dar el primer aviso de la misa y para tomarme la cuarta de las cinco pastillas mágicas contra el dolor y la inflamación de articulaciones.
Mientras preparo todo y llega Andrés —que también se ha encontrado con la Guardia Civil cortando el paso— dan las 17:35 y la exposición del Santísimo empieza con cinco minutos de retraso. No importa: vamos a escaparnos del tiempo por un buen rato entre música alabanzas.
18:35
Termina la misa. Hay que recogerlo todo —con ayuda de Carmen y de doña Nati— y sentarse cerca de la puerta de la entrada donde aún da el sol para mirar fijamente al sagrario en el que se refleja el sol de poniente.
Y, luego, hay que publicar en X la vanidad del callistemon que se da importancia en El Paseo bajo la luz de abril y ante la mirada serena y bondadosa de Dios, su Creador.
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