San Miguel de Salinas
Jueves, 9 de abril de 2025
Día de asueto.
A las 8:45 abro la iglesia. Hay que sentarse para mirar fijamente al sagrario y, luego, rezar el oficio de lectura y las laudes.
Jose Ángel me pide una partida de bautismo de su madre. En el año que me indica, no aparece. ¿Está seguro de que fue bautizada en San Miguel? No está seguro. Miro en el libro de Torremendo. Aparece. Nos felicitamos.
Pedro quiere cambiar la fecha de bautizo de su hija. ¿Será posible? Sí.
Wilder anuncia que viene a verme porque necesita hablar conmigo. Como en la iglesia hace mucho frío. Decidimos salir al Paseo y sentarnos en un banco, al sol. Luego le pido que me ayude a abrir las puertas grandes de la iglesia —o sea, que las abra él— y luego lo invito a un vaso de agua de en el Collie. Yo tomo un café con leche.
Es hora de salir para La Lloseta. Voy con tiempo porque tengo que poner gasoil y porque viajo muy despacito para ahorrar combustible.
Pongo gasoil en la gasolinera del Realengo. Lleno el depósito: 94 euros con 41 centavos. Sale a un euro y noventa y pico centavos el litro.
Terminados los graves negocios que me han llevado a La Lloseta, voy a comer a Torrellano: ensalada templada de berenjenas, fideuá, una copa de Ribera del Duero —tinto, claro— y un café.
Emprendo el camino de vuelta a San Miguel. Voy muy despacito. Paro en el área de servicio de Elche para encocacolarme porque me duermo. Misterios luminosos con BXVI.
Ya en San Miguel, hay que sentarse para mirar fijamente al sagrario. Luego hay que prepararlo todo para la exposición del Santísimo y la misa que se adelantan diez minutos porque tengo que celebrar a las 18:30 en Los Montesinos.
Llega Andrés.
Doña Nati y Carmen se ofrecen para recogerlo todo.¡Qué amables!
18:15
Salgo para Los Montesinos.
18:35
Empieza, con cinco minutos de retraso, la misa en Los Montesinos.
No me encuentro bien.
En la sacristía, Eva me dice que va con Samuel a Kenia. Se han puesto todas las vacunas recomendadas. No son obligatorias. Entonces recuerdo que me han citado para vacunarme voluntariamente contra el herpes Zóster y que estoy indeciso.
Un penitente pide confesión. Muy bien.
Estoy helado. ¿Tendré fiebre? Además, empieza a dolerme todo. Recuerdo que no he tomado Ibuprofeno a mediodía.
Vuelvo a San Miguel y me pongo el termómetro. No tengo fiebre. Da igual, me voy a acostar.
19:49
Wasap a Wilder. Que si puede cerrar la iglesia él. Que sí.
20:15
Me tomo un Ibuprofeno con un. Vaso de leche, me acuesto, me tapo muy bien y me quedo frito.
Cuando me despierto todo está oscuro. Tengo una congestión de nariz de narices. Al respirar me duele el pecho y al moverme me duele todo. ¿Qué hora es? Con harta dificultad miro el teléfono: ¡son las 21:30!
Va a ser una noche larga.
Además, parece que el teléfono no carga. ¿Y si se queda sin batería y no suena el despertador mañana? ¿Tendré que cambiarlo?
En una especie de duermevela empiezo a imaginar cosas horribles. El despertador no suena y llego tarde al hospital. Entonces tengo que ir a Alicante, a la tienda de Apple para que me arreglen el teléfono. Me dicen que no tiene arreglo, que he de comprar otro y que también tengo que comprar cables y cargadores nuevos. Mi voto de parsimonia me permite recibir todas esas noticias con mansedumbre cristiana… exteriormente. Por de adentro noto movimientos incontrolables de ira.
Me despierto. Son las once y media. Me duele todo y apenas puedo respirar. Me levanto para dar un paseo. Va a ser una noche larga.
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