martes, 7 de abril de 2026

Diario. Domingo 5 y lunes 6 de abril de 2025

 La Torre

domingo, 5 de abril de 2026


A las diez menos cuarto, cuando llego a Torremendo, están volteando las campanas porque Cristo resucitado y su Madre se están encontrando. 

A las diez y piquito, el archidiácono entra en la iglesia con el Santísimo y, detrás, la Virgen de Monserrate con su cofradía. El archidiácono da la bendición y comienza la misa. 

A las once y media, cuando llego a San Miguel, hay una tamborada que acompaña a la Procesión del Encuentro:  Cristo Resucitado, la Dolorosa y san Juan. 

A las doce y media, los romanos —que han estado toda la Semana Santa persiguiendo a Jesús y que el Viernes Santo hicieron la centinela en el sepulcro— se han convertido y asisten a misa con sus espadas y todo para custodiar el presbiterio. Muy bien. 

A las dos voy a comer con Armin y Heidi. Han invitado también a Ramona y Marcelo —italosuizos— y a Elvi —alemán de unos dos metros de alto— que ha venido solo porque su amable esposa está trabajando en Austria. 

A las cuatro y media nos despedimos y vuelvo a San Miguel. Preparo una maletita y salgo para La Torre. 

Allí celebro la tercera misa del día con Rosario, con su amiga Teresa, con sus hijos Jaime y Ana, con sus hijos políticos Pupé y Pablo y con sus nietos Lucía, Javier y Urraca. 

Después de cenar me retiro a mi piso y trasteo en las RR SS. No me encuentro muy bien.

Unos limones pintados por la hija de un poeta me traen a la memoria estos versos de Udón Pérez

Sacudiste colérica el ramaje

del limonero en flor; y el limonero

sacudido por ti, con un reguero

de níveas flores respondió al ultraje.

También yo sufro tu rigor severo;

y en pago a tu rigor semisalvaje,

te rinde en mis estrofas homenaje

el infinito amor con que te quiero.

Sé que hollarás también mi poesía,

como del verde limonero un día

hiciste añicos los botones tersos.

Mas es ley natural que a tus rigores

responda el limonero con sus flores,

y el bardo que te adora, con sus versos.

Los versos me traen a la memoria la música y los días felices de La Guaria. 

Busco el termómetro. No lo hallo. Me acuesto tiritando y paso la noche en vela. Muy bien. 



San Miguel de Salinas

lunes, 6 de abril de 2026


Paso la noche en vela: me echo en la cama, me duele todo, me levanto, paseo, me echo en la cama… Y así. 


A las doce celebro en La Torre pero sin genuflexiones ni nada por la artritis. 


Después de misa, me siento en una silla alta y con brazos para observar los preparativos que hacen los demás. Sí, hacen preparativos para volver a Madrid. Como hay tres niños amentes —Lucía, Urraca y Javier— que se turnan para llorar y crear problemas a sus padres, el espectáculo no aburre. 

Ana se sienta en una butaca baja para dar el biberón a Javier. Conforme se zampa el biberón, Javier se va quedando frito y a mí me va entrando el sueño. Una vez que Javier se ha zampado el biberón y se ha quedado frito, su madre lo expone en la butaca baja cubriéndolo con una manta. 

Alguien ha dejado una puerta abierta y hay corrientes. Me temo lo peor. 

Nos despedimos, se van, vuelvo a mi piso y me preparo unos guisante con jamón. Creo que son los peores guisantes con jamón que he comido en mi vida. No importa. Me acuesto pero no me duermo. 

A las cinco me levanto, me aseo, recojo todo y salgo para San Miguel. Nada más ponerme al volante, me duermo. 

Paro en el área de servicio de Elche para encocacolarme un poco. 

Paro en el área de servicio de El Realengo para dar una cabezada. 

Llego a San Miguel y preparo el altar para la misa que va a celebrar  a las 19:00 don José. 

A las 20:15 cierro la iglesia y vuelvo a la casa abadía. Me pongo el termómetro. Tengo fiebre. Muy bien. Me tomo un caldo y un Ibuprofeno y me acuesto.

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