San Miguel de Salinas
domingo, 12 de abril de 2026
6:00
Suena el despertador. Me levanto. Me tomo un Omeprazol en ayunas. Me acuesto.
7:00
Me levanto. Desayuno e Ibuprofeno.
8:00
Abro la iglesia. Oficio de lectura y laudes.
Oración con el Diario de santa María Faustina Kowalska.
9:00
Salgo para Torremendo rezando la coronilla de la Divina Misericordia.
9:15
Abro la iglesia. El archidiácono y su amable esposa están en Nápoles en Nápoles acompañando a su segunda hija que va a dar a luz por segunda vez. Me toca preparar el altar y poner en marcha las campanas.
Luego empiezo a rezar tercia y llega Antonio. Él se encarga de encender el cirio pascual y las velas.
Cuando empiezo a revestirme para la misa llega Genoveva. Suele encargarse de los manteles y no está muy conforme con el modo en el que los amontoné en una cajas de plástico. No me extraña.
10:00
Primera misa de la divina misericordia.
HOMILÍA PARA LOS NIÑOS
Ante todo hay que explicar una palabra rara: «inmarcesible». «In-mar-ce-si-ble». ¿Alguien sabe qué significa?
(Ponen cara de que no).
«Imarcesible» es que no se marchita. ¿Alguien sabe lo que es marchitarse?
(Unos ponen cara de que no y otros miran las flores que adornan el altar desde el domingo de Resurrección. Uno dice: «Se marchitan las flores porque se secan». Lo felicito y abundo).
Se marchitan las flores porque se secan y también nosotros nos marchitamos porque nos vamos haciendo viejos. Pero nuestra esperanza es inmarcesible, como la vida eterna: no se marchita ni se seca.
…
Y ahora vamos con el evangelio que nos habla de dos apariciones de Jesús resucitado.
El mismo día de la resurrección, por la tarde, Jesús se apareció a sus discípulos. Tomás no estaba. Ellos habían dejado a Jesús solo en la Pasión, Judas lo había traicionado y Pedro lo había negado tres veces. Pero Jesús no vino a regañarlos ni a echarles nada en cara; los saludó diciendo «paz a vosotros» y les dio el poder de perdonar los pecados.
Luego, cuando, los discípulos encontraron a Tomás y le dijeron que habían visto a Jesús resucitado, él no quiso creerlos. Debió de pasar una semana horrible pensando que todos querían engañarlo y decía: «si no lo veo, no lo creo».
Al domingo siguiente —ocho días después de la resurrección, como hoy— Jesús volvió a aparecerse a los discípulos reunidos. Esta vez sí que estaba Tomás. Otra vez los saludó con la paz y mostró a Tomás las heridas de la Pasión para ayudarlo a creer. Fue entonces cuando Tomás se rindió: «Señor mío y Dios mío».
Muy bien.
…
Y, para terminar, hay que explicar por qué este es el domingo de la Divina Misericordia.
¿Sabéis qué es la misericordia? (Mueven la cabeza negando).
¿Sabéis qué es la compasión? (Lo mismo).
Solemos empezar la misa diciendo: «Señor, ten piedad». ¿Sabéis qué es la piedad? (Nada).
Misericordia, piedad, compasión… es lo mismo. Cuando alguien nos quiere y nos ve sufrir, él también sufre. Y si nos quiere mucho, sufre mucho; siente misericordia, piedad, compasión por nosotros. El amor es así: no es indiferente al sufrimiento de los demás sino que se apiada, se compadece porque es misericordioso.
Hoy recordamos especialmente el amor misericordioso de Jesús que, para salvarnos, sufrió mucho y murió en la Cruz.
Y, ¿por qué celebramos hoy esa Divina Misericordia?
(Les muestro el Diario de santa María Faustina Kovalska).
Hace unos noventa años murió esta religiosa, Faustina Kovalska. Jesús resucitado se le había aparecido muchas veces y le había pedido que dedicase su vida a hablar de la Misericordia de Dios que no nos rechaza —por grandes que sean nuestros pecados— si nos arrepentimos.
Para cumplir con ese mandato, sor Faustina escribió este libro gordo que yo tengo en el confesonario y voy leyendo poco a poco. ¿De que habla este libro? De la Divina Misericordia.
Pero Jesús le dijo: «Ahora quiero que pintes un cuadro para que todos puedas verme como me estás viendo tu».
Sor Faustina no sabía pintar pero le encargó el cuadro a un pintor que pintó esto. (Señalo el cuadro de la Divina Misericordia).
A sor Faustina le pareció que no era tan bonito como el Jesús de verdad, pero Jesús le dijo: «La belleza no está en el cuadro sino en los regalos que yo voy a hacer por medio de él».
Al pie del cuadro hay una oración muy cortita que pueden aprenderse de memoria hasta los que tienen memoria de pez: «Jesús, en ti confío».
Además, Jesús le hizo otro encargo. Le dijo: «Yo morí en la Cruz a las tres de la tarde. Sería bueno que cada día, a esa hora, hicieses el Via Crucis. Si no puedes hacer el Vía Crucis, sería bueno que fueses a la capilla para arrodillarte ante el sagrario. Y, si tampoco puedes ir a la capilla, sería bueno que —estés donde estés— te detengas un momento para considerar el amor misericordioso con el que te quiero a ti y a todos los hombres.
Pero la cosa no acabó ahí. Jesús le dijo a sor Faustina: «Quiero que la iglesia celebre una fiesta a la Divina Misericordia». Sor Faustina se lo dijo a los obispos: «Jesús quiere una fiesta a la Divina Misericordia». Pero se ve que los obispos no le hicieron mucho caso. Solamente sesenta años después de su muerte, en el año 2000, el Papa Juan Pablo II canonizó a sor Faustina e instituyó la fiesta de la Divina Misericordia en este domingo de la octava de pascua.
Muy bien.
12:00
Confesonario de San Miguel. Tres penitentes.
12:35
La misa de doce y media empieza con cinco minutos de retraso. Hay coro. Como ha llovido un poco solamente han venido dos niños de catequesis: África y Marcos. Los otros son de azúcar.
Repito la homilía para ellos dos.
14:30
Voy a comer en casa de doña Nati que ha reunido a Heidi, Armin, Gracia, José María, Mercedes y Paco.
En el momento más emocionante de la conversación, unos proponen acabar con la monarquía cortándole la cabeza a Felipe VI y otros proponemos multiplicar las monarquías volviendo a crear los viejos reinos de Portugal, Castilla, León, Navarra, Aragón, Valencia y Granada.
…
A eso de las cinco, viene Wilder para llevar a su casa a Heidi y Armin. Nos despedimos —muac, muac y todo eso— y acompaño a Wilder en el camino hasta la casa de Heidi y Armin y en el camino de vuelta.
A eso de las seis menos cuarto, Wilder me deja otra vez en casa de doña Nati. Llego a tiempo para despedirme de Gracia y de José Maria. Luego, ya a solas, doña Nati y yo charlamos largamente.
Y aún tengo tiempo para rezar el rosario y las vísperas y para sentarme en la iglesia para mirar fijamente al sagrario.
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