San Miguel de Salinas
viernes, 24 de abril de 2026
4:00
Me despierto, me tomo un Paracetamol y me vuelvo a dormir.
6:00
Suena el despertador. Me tomo un Omeprazol en ayunas.
7:00
Abro la iglesia y salgo para el hospital.
7:40
Misa de san Fidel de Sigmaringa . Añadimos a las preces una oración por los que están de viaje, especialmente por el doctor GL que está por la Argentina.
8:10
Llevo la comunión a Mauricio y a Ana María. N
Recojo todo con la ayuda del doctor S.
Laudes.
9:00
Salgo para San Miguel.
9:20
Encuentro abierta la puerta del garaje. Supongo que, en el cielo, entenderemos este misterio.
Me siento para mirar fijamente al sagrario.Lega Joan y nos saludamos. Preparamos el altar .
10:00
Voy al confesonario.
Diario de la Divina Misericordia.
Tercia.
11:00
Misa.
Al terminar, Anne P me encarga una misa para mañana.
Recogemos todo y mando al grupo de lectores las lecturas del domingo.
11:45
Montones de wasaps. Dejo aquí constancia de un chat:
-L: Buenos días. Ayer estuvo allí mi cuñada para pedirle una mención por mi madre que falleció el martes y le dijo usted que hasta el día 2 no tenía hueco… No entiendo muy bien qué hueco se necesita para mencionar a un difunto durante la misa.
—Yo: Lo del «hueco» lo debió de soñar su cuñada, si es que se trata de la persona con la que hablé ayer tarde🙂. Recuerdo que ayer, en efecto, una amable joven me dijo que quería ofrecer la misa por un difunto y que quería que fuese por la tarde. Le dije que, si la quería por la tarde, podría ser el jueves o el sábado que son los días en que hay misa por la tarde. La amable joven me pidió permiso para consultarlo con alguien, hizo una llamada telefónica y, al terminar, me dijo que ya volvería cuando hubiesen decidido algo. Para evitarle la molestia de tener que volver le di mi número de teléfono para que pudiera comunicarme su decisión por WhatsApp. Eso fue todo. 🙂 De huecos no hablamos. ¿Han decidido algo?
—Luisa: Mi hermano es enfermero y trabaja en turnos de 12 horas, el único día que puede es miércoles, yo pensaba que había misa todas las tardes, perdona las molestias pues. Gracias.
—Yo: Las misas entre semana son a las 11:00. 🙂 En la parroquia de Los Montesinos celebran a diario a las 19:00.
—Luisa: Ok, muchas gracias
—Yo: De nada.
El chat concluyó a las 12:06:34.
Zakarías lleva varios días llamándome y mandándome mensajitos. Este, de hoy, es el último:
—Buenos días padre. Ojalá que estés bien. Ese es el segundo día sin comida y café, lo único lo que me queda es el agua. Es la situación actual. Dios te bendiga.
Le contesto que tengo que ir a Correos y que, desde allí, iré a Masymas para hacer la compra.
12:20
Me siento al volante de mi Lamborghini y abro la puerta del garaje. Una furgoneta bloque la salida. Toco el claxon.
12:23
Salgo para Correos.
En Correos hay cola. Allí me encuentro con Zakarías. Le pregunto que cuánto pesa. Me responde con una ligerísima sonrisa, que pesa cincuenta kilos.
Cuando llega mi turno me dicen que el resguardo que llevo —lo dejaron en el buzón de doña Nati— no tiene ninguna referencia que permita identificar el envío. Hacen una copia para preguntar al cartero por el misterio.
13:00
Voy con Zakarías a Masymas. La compra asciende a 60 euros con 92 centavos. Carnes, no. Vinos franceses, no. Para beber, solamente dos garrafas de agua. Pescados: una latas de atún. Lo demás: huevos, queso, café, frutas, verduras y dos bolsas de plástico. Y 4,10 euros de IVA que se lleva Sánchez para pagar a las perfumistas de sus ministros.
…
Después de comer en casa de doña Nati tengo que:
1. Rezar.
2. Leer Macbeth.
3. Dar una catequesis.
4. Atender al WhatsApp que está que arde.
5. Cenar
6. Escribir esto.
Voy intercalando las oraciones con las labores.
La primera oración es la visita al Santísimo.
La lectura de Macbeth me ocupa una hora y tres cuartos, más o menos.
Pensaba yo que la catequesis era a las cinco. A esa hora bajo a la iglesia. Wilder está haciendo labores de mantenimiento y me invita a uno de esos cafés maravillosos que solamente él sabe hacer. Como no vienen los niños, consulto el cartel que han hecho las catequistas para anunciar el evento. Allí dice, claramente, que la catequesis es a las 17:30. Desde hace un buen rato está cayendo una lluvia suave sobre San Miguel. Aprovecho para sacar a la calle las tres cunas de Moisés que adornan el altar de la Inmaculada.
Wilder me dice que Ana Isabel ha tenido que ir al cole para rescatar a Camila que tenía un ataque de asma. Lo lamento. Hablamos de otras cosas y rezo vísperas.
A las cinco treinta y cinco comienza la catequesis que es una peregrinación por los altares laterales.
Hay que hablar de santa Rita y de su amor a la Cruz y de lo brutos que eran su marido y sus hijos y de cómo santa Rita, co su amor a la Cruz, consiguió para sus hijos la gracia de un espacio de verdadera penitencia. También hay que hablar de la espina que lleva en la frente.
En el altar de san Juan evangelista —cuya imagen sale junto con la de la Dolorosa en la procesión del Encuentro del domingo de Pascua— hay que hablar de por qué san Juan estuvo al pie de la Cruz y en la procesión del Encuentro del día de Pascua. ¿Por qué? Porque cuando perdió de vista a Jesús fue corriendo a estar con la Virgen María y no se separó de Ella. Por eso. Y, por eso, también nosotros, si perdemos de vista a Jesús tenemos que ir corriendo a buscar a la Virgen.
En el altar de las Tres Avemarías y del Cristo yacente hay que contar cuántas imágenes hay: el Espíritu Santo en forma de paloma, el Padre, el Hijo, la Virgen coronada, tres angelotes y el Cristo yacente. Hay que explicar que Jesús, cuando por fin subió al Cielo, decidió que su Madre merecía más que nadie estar junto a Él. ¿Quién había creído siempre en Él? Ella. ¿Quién lo había llevado en su vientre durante nueve meses como nueve soles? Ella. ¿Quién lo había alimentado cuando Él —que era Dios— ni siquiera sabía comer? ¿Quién lo había acompañado hasta la Cruz? ¡Ella! Entonces hizo lo que habríamos hecho cualquiera de nosotros: llevar a su madre al cielo como reina de los ángeles, de los hombres, de las lagartijas y de toda la Creación y como Mediadora de todas las Gracias y Corredentora y todo eso. Y hay que explicarles que, por eso, antes de acostarnos, tenemos que rezar tres avemarías de rodillas al pie de la cama. Luego hay que mostrarles la imagen del Cristo yacente con todas las heridas de la Pasión y dejar que la toquen, que la besen y que exclamen: ¡pobrecito!
Al pasar de la nave derecha a la izquierda, hay que detenerse ante el sagrario y decir que allí no hay una imagen, que allí está el mismo Dios: Jesucristo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Hay que enseñarles a hacer una genuflexión y hay que decirles que si alguna vez ven una iglesia que está ardiendo y les dan a elegir entre salvar un cuadro —aunque sea de Velázquez— o salvar la Eucaristía, que corran a salvar la Eucaristía.
En el altar de la Inmaculada hay que hablar del pecado original, del demonio, de Adán y Eva, de nosotros, hijos de Eva. Después del pecado original todos hemos nacido privados de la gracia. ¿Todos? No. Aquí está la Inmaculada y ahí, al lado, la pila bautismal en la que hemos renacido nosotros para ser hijos de Dios.
En el altar de Santa Teresa de Lisieux a cuyos pies está la imagen del Niño Jesús que veneramos en Navidad, hay que hablar de Ávila, de santa Teresa de Ávila y de la reforma del Carmelo.
Por último, en el altar de la Virgen del Carmen, hay que mostrarles el escapulario que lleva la Virgen —un escapulario muy pobre— y el escapulario de oro que lleva el cura porque se lo regaló su abuela Carmen cuando hizo la primera comunión. Y hay que decirles que, aunque sus abuelas no puedan regalarles un escapulario de oro no pasa nada porque yo —si vienen a misa el día de la fiesta de la Virgen del Carmen— les regalaré un escapulario de tela para que se lo pongan y mueran en gracia de Dios.
Son las seis y tres o cuatro minutos cuando terminamos nuestra peregrinación y nos despedimos amablemente.
Yo aún tengo que seguir entrelazando labores y oraciones.
A las 21:14, termino de escribir esto.
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