La Torre
viernes, 3 de abril de 2026
Me despierto a las 5:00. He dormido cinco horas de un tirón. Como sé que el día va a ser largo pongo en YouTube los misterios luminosos por ver si me duermo. Nada.
Me levanto a las seis.
A las ocho menos cuarto —después de poner una lavadora con las toallas usadas para el lavatorio de los pies— abro la iglesia, relleno de cera líquida las velas del monumento, las enciendo y aprovecho la soledad para rezar. Oficio de lectura y laudes. Luego me quedo mirando alternativamente el sagrario, las flores, las velas, la dalmática y la capa pluvial…
A las nueve menos cuarto pongo mano a la obra. Ante todo hay que poner orden en la sacristía y en la iglesia muy afectadas por las celebraciones de ayer. Llamo a Zoila para ver si puede venir a ayudarme. Puede, pero a las tres. Muy bien.
Hay que estudiar la celebración de la Pasión del Señor e ir organizando cosas:
1. Hay que preparar el libro de la sede, el misal, el leccionario del ambón, un leccionario para la sede y los libritos para que los fieles puedan participar en la proclamación del evangelio de la Pasión haciendo las voces del pueblo.
2. Hay que cambiar las pilas del micrófono inalámbrico.
3. Hay que preparar —cerca de la puerta— la Cruz que se va a mostrar para la adoración, cubierta con un paño; dos velas y una caja de cerillas.
4. Sobre el altar hay que colocar —recogido— un mantel. Sobre el mantel hay que colocar un corporal y dos candeleros sin velas.
5. En el trono de la Cruz que está en el presbiterio cubierto con un velo morado hay que colocar dos candeleros sin velas.
6. En la sacristía hay que preparar dos velas sin candeleros
Llega Jose Manuel, repasamos la ceremonia y se compromete a reclutar ceroferarios y otros ministros. También me ayuda a poner junto a la sede un reclinatorio. ¿Cómo me ayuda? Me ayuda poniendo un reclinatorio junto a la sede.
Han empezado a llegar algunos feligreses que desean hacer la visita al Santísimo.
Tengo una llamada del tanatorio. Ha muerto el tío de Manola. Descanse en paz. Hablo con ella, hablo con el archidiácono, vuelvo a hablar con ella y hablo con el tanatorio. El archidiácono irá esta tarde a las 19:00 al tanatorio para rezarrezar un responso. A las nueve vendrá a San Miguel para presidir la Procesión del Entierro.
Voy a la casa abadía para tender las toallas que están en la lavadora.
Vuelvo a la iglesia para asegurarme de que todo está en su sitio.
A las 14:00 estoy ayunando con doña Nati que ha preparado un ayuno de huevos fritos con patatas fritas. Muy bien. Me tomo otro antiinflamatorio.
A las 14.45 estoy haciendo la visita al Santísimo cuando llega Zoila. Le ruego que recoja todas las sillas y las palmas que encuentre en la iglesia y que las lleve al campanario. Luego le ruego que enrolle las dos alfombras del presbiterio y las lleve al rincón de San Miguel. Luego le ruego que pase la fregona por el presbiterio y que barra la iglesia. Lo hace muy bien todo. Mientras tanto, yo me siento para mirar fijamente al sagrario.
A las 15:45 Zoila me ayuda a apagar las velas de monumento, a cerrar a capilla de la reserva con una cortina morada y a llevar los candeleros del monumento a la sacristía. Cuando digo que me ayuda quiero decir que lo hace por mí. ¡Qué amable!
A las 16:15 nos despedimos y traslado el Santísimo desde el monumento hasta el sagrario de la sacristía.
…
A las 17:30 llega Samael a la sacristía. Se pone su alba. Le queda corta porque ha crecido dos centímetros y medio, más o menos. No importa.
A las 18:00 empieza la celebración de la Pasión del Señor. Por primera vez, en vez de postrarme ante el altar, me arrodillo. Es por la artritis. No importa.
A las 19:00 termina la celebración de la Pasión del Señor. Jose Manuel y Wilder entran en la sacristía y saludan a Samael. Les digo que ha crecido dos centímetros y medio más o menos, lo felicitan y él da muestras de gratitud.
A las 19:17 hago una foto de la Cruz que ha quedado en el presbiterio expuesta e iluminada con dos velones. La publico en las RR SS y anuncio al mundo que ha terminado la celebración de la Pasión del Señor.
Llega Delia con un su hijo y me presenta a un su sobrino que responde al nombre de Mario. Mario Me cuenta que vive en Cádiz y que es arqueólogo. Nos hacemos amigos. Lo animo a leer el Diario de Cádiz y los libros del profesor don EGM.
A eso de las 20:00 salgo para La Torre. Llego a tiempo para el espectáculo de una cena de bebés en la cocina. Creo que, en total, los comensales, son seis amentes de entre cero y seis años. Aunque tres de ellos han nacido y viven en Oxford, están todos por civilizar.
Entrego a Rafa los tapones de oídos Quies que son buenísimos para volar.
A eso de las 21:00 los amentes están recogidos en sus dormitorios. Rosario, mi cuñada, la abuela de los amentes —de improviso— hace algo que me deja atónito porque jamás en todos los años de nuestras vidas le había visto hacer algo así: tropieza y cae. Con harta dificultad me levanto del sillón en el que estoy arrellanado y le tiendo mis manos. Ella, que iba hablando y sonriendo cuando pasó ante mí y que seguía hablando cuando cayó, sigue hablando y sonriendo en el suelo. Allí mismo, sin dejar e hablar y de sonreír, se sienta. Entonces llega Jaime, su hijo, y la levanta del suelo como si nada. Y la cosa ni se comenta.
A eso de las 22:30 hemos cenado y anuncio que voy a rezar Completas en la ermita y que, luego, volveré para despedirme. En la ermita, un penitente pide confesión.
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