jueves, 1 de enero de 2026

Diarios de fi de año. 30 y 31 de diciembre de 2025

 San Miguel de Salinas

martes, 30 de diciembre de 2025


Segundo día sin agua en la iglesia. Los de Getsaqua me dijeron que tratarían de dejarlo arreglado ayer, pero nada. 



Preparo el altar para la misa de once. Estoy limpiando y rellenado las candelas del bosquecillo de candelas cuando llegan los holandeses. Charlamos mientras trajino y me entregan un bonito sobre morado con doscientos dólares, Providencia divina ordinaria que equilibra un poco las cuentas parroquiales algo tocadas después de la factura de los campaneros. 



Después de la misa de once salgo pitando para Torremendo porque hay un funeral allí a las doce. 

Después del funeral llegan los campaneros. Ya hicieron hace unos días la revisión anual —trescientos y piquito de euros— pero quedó pendiente de arreglar la pantalla de programación: otros doscientos cincuenta. ¡Glup!



Como mañana no cenaré en San Miguel, invito a cenar a Ana Isabel, a Wilder y a las niñas para celebrar el final del Año Jubilar. 

De primero una crema de calabacín que hice ayer. Plato principal unos solomillitos de cerdo con mostaza o mayonesa. 

Luciana no viene porque ya tiene trece o catorce años y anda viviendo la vida loca. 



Madrid

miércoles, 31 de diciembre de 2025

San Silvestre


Me llaman del tanatorio a eso de las ocho de la mañana: ha muerto Concepción Sáez Galant. La noticia desata en mi memoria una cadena de recuerdos encadenados:


Concepción es hermana de Isabel —la de la tienda de Isabel— y madre de Raúl, yerno de doña Nati. Raúl es yerno de doña Nati porque  está casado con Irene que es hija de doña Nati. 

El día 17 de noviembre, doña Nati cumplió 94 añitos. Para celebrarlo, unos días después nos invitó a comer en un famoso restaurante local. 

Fue una fiesta muy linda y allí estaba lo mejor de San Miguel. Allí, por ejemplo, estaba Concepción Sáez Galant. 


Todo esto viene a mi memoria mientras los del tanatorio me dicen que la familia de Concepción quiere celebrar el funeral mañana a las once y, entonces, más recuerdos:


Raúl e Irene están en Bali.

Mañana, a las once, yo estaré —si Dios quiere— en el AVE Chamartín-Murcia El Carmen. 


Todo esto viene a mi memoria mientras digo a los del tanatorio que será lo que Dios quiera. 



Si Dios quiere, mañana irá el archidiácono a San Miguel  para dar cristiana sepultura al cuerpo de Concepción Sáez Galant. Una señora amable y sonriente donde las haya. 



Antes de la misa de once, Teresa me da un papelito con intenciones. 

Antes de la misa atiendo a un penitente. 

Después de la misa atiendo a otros dos penitentes, voy al cajero automático y hago cola allí durante veinte minutos pero vale la pena. 



Se acaban el año y sus cosas. 

Wilder me lleva a la estación del AVE de Orihuela y allí nos abrazamos teatralmente porque ya no volveremos a vernos hasta el año que viene. 


AVE a Madrid


1. Coloco mi maleta en el maletero del vagón nº 12 y mi abrigo de paño elegante sobre el asiento del pasillo que es el mío. 

2. Voy al vagón restaurante y pido un menú ibérico con olivas y vino tinto. 

3. Mientras me lo zampo todo, pasamos por Elche.

4. Cuando vuelvo a mi asiento lo hallo ocupado. 

Un caballero que no necesito describir a quienes hayan visto a don Quijote retratado por Gustavo Doré, se ha sentado en mi asiento y ha extendido sus piernas por debajo del asiento de enfrente y ha colocado allí mi abrigo de paño elegante. 

5. Recojo mi abrigo de paño elegante e intento sentarme en el asiento que está enfrente de don Quijote pero se me entumecen las piernas y decido hacer el resto del viaje de pie, paseando por el tren y leyendo Llanto por la tierra amada. 



FIN DE AÑO EN MADRID


Toda la hospitalidad de Jesús, la cena que nos ha preparado, su acogedora y hermosísima casa, el humor de sus hijos… todo revive ante nosotros la sonrisa de Arantxa 

Cristina ha ido a correr en la San Silvestre y ha terminado la carrera en cuarenta minutitos. Luego ha venido a reunirse con nosotros. 

Y, después de la memorable cena y de las campanadas y de las uvas; después de los fuegos artificiales sobre la luna y de todo eso, rezamos un Padrenuestro y un Avemaría por los difuntos y Jesús nos prepara un mojito y ya estamos en el año de la Redención de 2026.

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