lunes, 19 de enero de 2026

Diario. Lunes 19 de enero de 2026

 San Miguel de Salinas

lunes, 19 de enero de 2026


Vuelta a la bella rutina:

7:40

Misa en el hospital. 

8:15

Oficio de lectura y laudes. 

8:40

Meditación ante el sagrario

9:10

Vuelta a San Miguel. 

Tengo que dejar el Lamborghini en el taller de Bruno porque la puerta del conductor, al echar la llave, se queda abierta. 

9:30

Le dejo el coche a Bruno y voy paseando hasta la iglesia. 

9:40

Meto en una bolsita de la farmacia las monedas que se recogieron durante el fin de semana en San Miguel y en Torremendo: 120 euros. Muy bien. 

A continuación, voy al banco para hacer el ingreso. No hay cola, me felicito. 

Vuelvo a la casa abadía y anoto el ingreso cuidadosamente en  los libros de cuentas de San Miguel y de Nuestra Señora de Monserrate. Muy bien. 

10:00

Voy a la iglesia y doy el primer toque de misa. Luego — parsimoniosamente— retiro del altar, doblo y pongo en la credencia el cubremantel.

Parsimoniosamente enciendo a los lados del sagrario sendas velas. 

Parsimoniosamente coloco el lavabo en la credencia y —en el altar— las vinajeras, el cáliz con su velo morado y su carpeta de corporales del mismo color y el misal. 

Parsimoniosamente registro el libro de la sede y el leccionario que queda abierto por el pasaje en el que Dios rechaza al rey Saúl después de hacerle algunas preguntas: ¿por qué no has obedecido?, ¿no es, por ventura, mejor la obediencia que los sacrificios?

  Hay que dar el segundo toque. 

También hay que: 

1. Encender las luces de la iglesia en el escenario: «Misa y altar». 

2. Encender la megafonía. 

3. Cambiar el velo verde del sagrario por el velo morado del sagrario. 

4. Colocar —cabe el sagrario— la caja que contiene la llave del sagrario. 

5. Revestirse con el amito, el alba, el cíngulo morado y la estola.. 

Todo esto hay que hacerlo, claro, parsimoniosamente. 

Luego hay que apagar las velas de los lados del sagrario y encender las del altar. 

Luego hay que dar el tercer toque y revestirse con la casulla morada. 

Luego hay que esperar a que den las once y, entonces, hay que tocar la campana del presbiterio y dirigirse al altar cantando el De profundis. 

11:00

Segunda misa por las almas del purgatorio porque es lunes. 

11:30

Doña Nati entra en la sacristía con la colecta y anuncia que hoy no somos ricos. Quiere decir que no hemos llegado a las mil pesetas. Nos miramos y nos reímos. ¿Carecemos de algo?

Hay que recogerlo todo. Ya está.

Hay que ir al taller para recoger el coche. Buenas noticias. Dice Bruno que la cerradura funciona bien y que no hay que cambiarla. Me felicito. 

Hay que ir a Los Montesinos para la reunión de arciprestazgo. 

12:30

Llego a Los Montesinos. El arcipreste está reunido con los prestes y con el archidiácono. 

Saludo y soy saludado. 

Luego el arcipreste —qué amable— resume para mí lo tratado hasta el momento. 

Luego sigue la reunión y me duermo. 

Me despiertan:

1. Para preguntarme que si puedo celebrar la Misa en Los Montesinos del 2 al 5 de enero porque don Isidro se va de retiro. 

2. Para preguntarme que si acepto encargarme de «animar a los enfermos del arciprestazgo» o algo así. 

3. Para informarme de que me toca comentar cierto punto del plan de pastoral no sé qué día. 

Digo que sí a todo aunque sin advertencia plena. Lo anoto todo en mi agenda y vuelvo a dormirme. 

14:00

Don Paco M me llama a un aparte porque tiene algo para mí. Una de las enfermas a las que visita le ha entregado 100 —cien— euros con este mandato: «Son para la parroquia de Nuestra Señora de Monserrate». 

Pregunto a don Paco por el nombre de la donante para agradecer el donativo pero la donante también ha ordenado que no se me revele su nombre. 

14:15

De vuelta en San Miguel, voy a comer y como con doña Nati. 

14:45

Me despido de doña Nati y voy a hacer la vista al Santísimo. 

He quedado con Zakarías a las 15:30. Al parecer le cortarán el suministro de agua si no paga 125 euros ya. 

En mi calidad de especulador, especulo: si hemos recaudado 120 y gastamos 125 en Caritas vamos perdiendo ya desde enero. 

En mi calidad de presbítero especulo: si lo hemos dejado todo por Él podemos esperar de Él 12.500 ya —ciento por uno— y, luego, la vida eterna. 

Vale la pena. Negocio redondo.

15:30

Llega Zakarías puntualmente. Le encomiendo la limpieza del presbiterio. Cumple bien y rápidamente la encomienda. 

16:00

Nos despedimos hasta mañana y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

16:30

Llevo a la casa abadía manteles, toallas y otras cosas para lavar. Pongo una lavadora. 

Deshago la maleta que hice para irme de retiro. 

17:00

Vuelvo a la iglesia.

Vísperas. 

17:30

Salgo para Guardamar con el Santísimo para llevar la comunión a Ana. 

18:00

Llego a casa de Ana. Me ha echado de menos. Le cuento lo de la muerte de Arantxa y me abraza llorando y me pregunta que qué edad tenía Arantxa. Le digo que era más joven que yo y me abraza aún más fuertemente. Le digo que no llore y me pregunta que si Arantxa tenía hijos. Le hablo de Jesús, el marido de Arantxa —ahora viudo— de sus hijos y de sus nietos. Yo le voy hablando y ella va besándome las manos y regándolas con sus lágrimas. 

Luego empezamos —ya sin lágrimas— con el ritual de la comunión de enfermos. Todo esto pasa en Guardamar. Si miramos a mi derecha vemos el hogar y —en él— un fuego. Si miramos a mi izquierda vemos el Mediterráneo batido por el viento y —en el cielo— nubes. 

18:45

Vuelvo a San Miguel. 

19:15

Compro algunos víveres en Masymás. Vuelvo a la casa abadía. Ceno algo y escribo esto pensando que, cuanto más especulo, más feliz y más afortunado me siento.

¿Carezco, acaso, de algo?

San Miguel de Salinas

lunes, 19 de enero de 2026


Vuelta a la bella rutina:

7:40

Misa en el hospital. 

8:15

Oficio de lectura y laudes. 

8:40

Meditación ante el sagrario

9:10

Vuelta a San Miguel. 

Tengo que dejar el Lamborghini en el taller de Bruno porque la puerta del conductor, al echar la llave, se queda abierta. 

9:30

Le dejo el coche a Bruno y voy paseando hasta la iglesia. 

9:40

Meto en una bolsita de la farmacia las monedas que se recogieron durante el fin de semana en San Miguel y en Torremendo: 120 euros. Muy bien. 

A continuación, voy al banco para hacer el ingreso. No hay cola, me felicito. 

Vuelvo a la casa abadía y anoto el ingreso cuidadosamente en  los libros de cuentas de San Miguel y de Nuestra Señora de Monserrate. Muy bien. 

10:00

Voy a la iglesia y doy el primer toque de misa. Luego — parsimoniosamente— retiro del altar, doblo y pongo en la credencia el cubremantel.

Parsimoniosamente enciendo a los lados del sagrario sendas velas. 

Parsimoniosamente coloco el lavabo en la credencia y —en el altar— las vinajeras, el cáliz con su velo morado y su carpeta de corporales del mismo color y el misal. 

Parsimoniosamente registro el libro de la sede y el leccionario que queda abierto por el pasaje en el que Dios rechaza al rey Saúl después de hacerle algunas preguntas: ¿por qué no has obedecido?, ¿no es, por ventura, mejor la obediencia que los sacrificios?

  Hay que dar el segundo toque. 

También hay que: 

1. Encender las luces de la iglesia en el escenario: «Misa y altar». 

2. Encender la megafonía. 

3. Cambiar el velo verde del sagrario por el velo morado del sagrario. 

4. Colocar —cabe el sagrario— la caja que contiene la llave del sagrario. 

5. Revestirse con el amito, el alba, el cíngulo morado y la estola.. 

Todo esto hay que hacerlo, claro, parsimoniosamente. 

Luego hay que apagar las velas de los lados del sagrario y encender las del altar. 

Luego hay que dar el tercer toque y revestirse con la casulla morada. 

Luego hay que esperar a que den las once y, entonces, hay que tocar la campana del presbiterio y dirigirse al altar cantando el De profundis. 

11:00

Segunda misa por las almas del purgatorio porque es lunes. 

11:30

Doña Nati entra en la sacristía con la colecta y anuncia que hoy no somos ricos. Quiere decir que no hemos llegado a las mil pesetas. Nos miramos y nos reímos. ¿Carecemos de algo?

Hay que recogerlo todo. Ya está.

Hay que ir al taller para recoger el coche. Buenas noticias. Dice Bruno que la cerradura funciona bien y que no hay que cambiarla. Me felicito. 

Hay que ir a Los Montesinos para la reunión de arciprestazgo. 

12:30

Llego a Los Montesinos. El arcipreste está reunido con los prestes y con el archidiácono. 

Saludo y soy saludado. 

Luego el arcipreste —qué amable— resume para mí lo tratado hasta el momento. 

Luego sigue la reunión y me duermo. 

Me despiertan:

1. Para preguntarme que si puedo celebrar la Misa en Los Montesinos del 2 al 5 de enero porque don Isidro se va de retiro. 

2. Para preguntarme que si acepto encargarme de «animar a los enfermos del arciprestazgo» o algo así. 

3. Para informarme de que me toca comentar cierto punto del plan de pastoral no sé qué día. 

Digo que sí a todo aunque sin advertencia plena. Lo anoto todo en mi agenda y vuelvo a dormirme. 

14:00

Don Paco M me llama a un aparte porque tiene algo para mí. Una de las enfermas a las que visita le ha entregado 100 —cien— euros con este mandato: «Son para la parroquia de Nuestra Señora de Monserrate». 

Pregunto a don Paco por el nombre de la donante para agradecer el donativo pero la donante también ha ordenado que no se me revele su nombre. 

14:15

De vuelta en San Miguel, voy a comer y como con doña Nati. 

14:45

Me despido de doña Nati y voy a hacer la vista al Santísimo. 

He quedado con Zakarías a las 15:30. Al parecer le cortarán el suministro de agua si no paga 125 euros ya. 

En mi calidad de especulador, especulo: si hemos recaudado 120 y gastamos 125 en Caritas vamos perdiendo ya desde enero. 

En mi calidad de presbítero especulo: si lo hemos dejado todo por Él podemos esperar de Él 12.500 ya —ciento por uno— y, luego, la vida eterna. 

Vale la pena. Negocio redondo.

15:30

Llega Zakarías puntualmente. Le encomiendo la limpieza del presbiterio. Cumple bien y rápidamente la encomienda. 

16:00

Nos despedimos hasta mañana y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

16:30

Llevo a la casa abadía manteles, toallas y otras cosas para lavar. Pongo una lavadora. 

Deshago la maleta que hice para irme de retiro. 

17:00

Vuelvo a la iglesia.

Vísperas. 

17:30

Salgo para Guardamar con el Santísimo para llevar la comunión a Ana. 

18:00

Llego a casa de Ana. Me ha echado de menos. Le cuento lo de la muerte de Arantxa y me abraza llorando y me pregunta que qué edad tenía Arantxa. Le digo que era más joven que yo y me abraza aún más fuertemente. Le digo que no llore y me pregunta que si Arantxa tenía hijos. Le hablo de Jesús, el marido de Arantxa —ahora viudo— de sus hijos y de sus nietos. Yo le voy hablando y ella va besándome las manos y regándolas con sus lágrimas. 

Luego empezamos —ya sin lágrimas— con el ritual de la comunión de enfermos. Todo esto pasa en Guardamar. Si miramos a mi derecha vemos el hogar y —en él— un fuego. Si miramos a mi izquierda vemos el Mediterráneo batido por el viento y —en el cielo— nubes. 

18:45

Vuelvo a San Miguel. 

19:15

Compro algunos víveres en Masymás. Vuelvo a la casa abadía. Ceno algo y escribo esto pensando que, cuanto más especulo, más feliz y más afortunado me siento.

¿Carezco, acaso, de algo?

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