viernes, 9 de enero de 2026
El viernes estuve en el hospital, celebré la segunda misa en San Miguel y, por la tarde, estuve con las nuevas catequistas de comunión. No recuerdo nada más. Bueno sí. Recuerdo que, por la tarde, hice la oración con el evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor.
sábado, 10 de enero de 2026
A primera hora recibo la triste notica de la muerte de Ramona. En seguida escribo a Alí para darle el pésame y prometerle que ofreceré la misa de once por ella.
Después de misa comienza el jaleo. He quedado con Joan para tomar un café en el JJ, con Wilder para recoger toda la decoración navideña, con David para explicarle el funcionamiento de la sacristía —porque me voy de retiro y se va a ocupar de preparar las cosas para la misa— y con Joaquín que se va llevar el Árbol de Navidad.
Wilder es el primero en llegar. Le doy instrucciones y voy al JJ pero llego veinte minutos tarde a la cita con Joan. Diez minutos después llega David y tengo que despedirme de la pobre Joan. Voy a la iglesia con David y le explico dónde está cada cosa, cómo se encienden las luces y todos eso.
A las doce y media nos despedimos. Wilder ya se ha ido. Me toca recoger el belén. Estoy en ello cuando llega Joaquín con un empleado del vivero para llevarse el abeto.
Por suerte, cuando se va Joaquín, llega Zakarías y lo pongo a barrer. Luego me ayuda a llevar las cajas, las telas y todos los objetos de cotillón a la sacristía y la basura al contenedor. El niño Jesús que estaba bajo el Árbol de Navidad vuelve a su urna en el altar de santa Teresa de Lisieux.
Aún tengo tiempo de asearme un poco antes de ir a comer a casa de doña Nati que está con Raúl. Hay potaje de garbanzos y bacalao. Lo ha hecho Irene. Muy bien.
A eso de las tres voy a hacer la visita al Santísimo. Vuelvo a la casa abadía y recupero mi teléfono que había quedado allí. Entonces caigo en la cuenta de que tenía una cita con Luis, en el JJ a las tres. Vuelo al JJ.
Luis me está esperando en la calle. Está fumando así que no tiene prisa por entrar en el JJ. Él pide un café con leche y yo un cortado. Empezamos a charlar y charlamos durante hora y media. Entonces nos despedimos y yo vuelo para preparar: 1. La homilía. 2. El altar.
La mis de seis —fiesta del Bautismo del Señor—se ofrece por Concha, madre de Raúl y abuela de tres nietos de doña Nati: Raúl, Roberto y Óscar. Raúl padre, Raúl hijo, Irene y no sé si Roberto, estaban en Bali cuando murió Concha.
Después de la misa de seis, recojo todo y me siento ante el sagrario para rezar.
Luego leo, entre otras cosas, Tempestades jünguerianas, fabulosa reseña que hace don carlos M-B al libro de Ernst Jünger intitulado Tempestades de acero.
Escribo:
IIGM
Ernst Jünger llevaba un diario de trinchera. Creo recordar que en Retorno a Brideshead se habla del entusiasmo con el que se alistaron para la guerra muchos jóvenes ingleses. Dice CMB que Tempestades de acero «no es una proclama antibélica» ni «una apología patriótica de tintes militaristas».
Luego añado Tempestades de acero a mi cesta de Amazon que acumula ya más títulos que la biblioteca de Alejandría.
Para cenar me preparo dos jamoncitos de pollo al horno rociados con aceite de oliva y vino tinto, salpimentados y tomillados. Con ajo. Mientras se hace el pollo, me aplico a la gimnasia oyendo en YouTube un reportaje sobre la rebelión de las masas en Irán.
Al sacar del horno los jamoncitos de pollo ocurre un fatal accidente. El paño que uso para coger la bandeja ha dejado al descubierto una parte de mi pulgar derecho que, al contacto con el metal, se abrasa. Siento un dolor espantoso pero nosotros, los estoicos de toda la vida, somos dueños de nosotros mismos.
Después de cenar, escribiendo esto, observo mi dedo pulgar derecho. Tiene el aspecto de un muslito de pollo al horno. Con la piel socarrada y todo. Estoy por zampármelo, pero no.
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