Diario. Sábado 17 y domingo 18 de enero de 2025
La Torre
sábado, 17 de enero de 2026
Termino mi retiro y ya me esperan:
1. En San Miguel a las 11:00 para la misa.
2. En la casa de madera a las doce para dar la comunión a Pedro. (Zeus, el, labrador negro, salta sobre mi abrigo de paño elegante y lo mancha de barro. Luego desgarra una bolsa de basura y me trae los restos de un cartón de leche que aún gotea. Es su modo de decirme que se alegra de verme y que me quiere).
3. En Torrellano a las 13:30 para recibir a don JCR que llega de Granada. (Comemos en el hotel Areca y luego mientras él sube a la habitación que le he reservado para ponerse el uniforme de gala, yo me quedo en recepción meditando con At the Service of the Truth: Priesthood and Ascetic Life del cardenal Sarah).
4. A las 5:30 en Crevillente, donde don JCR va a presentar el cartel de la Semana Santa. (Allí nos reciben Cristian y Ramón, nos llevan a tomar un café, saludo a los amigos de cuando fui vicario parroquial de Nuestra Señora de Belén y luego vamos al museo de Semana Santa. Allí saludamos a las autoridades y comienza el lindo acto que ha preparado y presenta Cristian. Hay música a cargo de un cuarteto de viento, discursos, ostensión del cartel y un fervoroso fervorín de don JCR que nos enciende a todos. A también muchos aplausos y eso. Luego hacemos una vista al museo. Luego hacemos una visita a la parroquia acompañados del amable y altísimo parroco —don JCC— y luego vamos a cenar a un famoso restaurante de loca).
San Miguel de Salinas
domingo, 18 de enero de 2026
00:00
Acaba la cena en el famoso restaurante de Crevillente. A decir verdad, no acaba. Don JCR está fascinando a todos con su verbo y tengo que rogarle a él que me devuelva a Torrellano rogando a los demás que nos disculpen. Todos los demás se levantan para despedirnos y para jurarnos amistad eterna y luego se sientan para seguir bebiendo. Cristian nos acompaña hasta el lugar donde don JCR ha aparcado su lujoso coche, un Ebro.
00:30
Don JCR y yo llegamos a Torrellano. Él se queda en el hotel. Dentro de siete horas y media tiene que salir para Madrid. Yo me voy a La Torre. Dentro de ocho horas tengo que salir para Torremendo.
01:00
Me acuesto en La Torre sobre un colchón nuevecito y debajo de un edredón de plumas.
No carezco de nada.
7:00
Me despierto sin despertador y me preparo:
1. Un zumo de naranjas con dos naranjas de La Torre.
2. Un café con leches.
3. Una tostada con mantequilla y mermelada de manzanas.
Muy bien.
7.30
Mientras me aseo y eso, oigo música de Hakuna y danzo un poco.
8:00
Oficio de lectura y laudes.
8:30
Salgo para Torremendo oyendo una piadosa meditación.
9:15
Llego a Torremendo, me revisto con alba, estola y capa pluvial y me siento en el confesonario.
Tercia.
10:00
Misa en Torremendo.
Luego, en la catequesis, me dedico a hacer preguntas dificilísimas a los niños.
Luego salgo para San Miguel llevando conmigo quince euros y veintitrés centavos recaudados en la colecta del catequista nativo. Muy bien.
11:20
En San Miguel hay que abrir la iglesia, encender las luces y las estufas, preparar el altar y poner e marcha la secuencia de campanas «Domingo 1,2,3».
Estoy en ello cuando llega Wilder con los purificadores que ha lavado y planchado Ana Isabel. Llega —¡Oh, Providencia!— providencialmente porque me había quedado sin purificadores. Luego va y se lleva mi coche con dos bombonas de gas vacías para lavar el coche y para traer dos bombonas de gas llenas.
Hay que encender las velas del altar y revestirse.
12:30
Misa en San Miguel.
Luego me esperan Tomás —hay que pagarle la reparación de una cerradura—, Delia y Belén —hay que amarrar algunas cosas de catequesis— y Wilder que me devuelve el coche limpísimo y las llaves.
Hay que apagar las velas, llevar a la sacristía los vasos sagrados y el misal, poner sobre el altar el cubremantel y esperar a Ana Isabel, a Wilder y a las niñas.
14:00
Ana Isabel, Wilder y las niñas vienen a recogerme y a llevarme a un restaurante de Torrevieja que ellos se saben. Cuando llegamos resulta que el restaurante está cerrado. Entonces nos vamos a un restaurante de Ciudad Quesada que ellos se saben.
Cuando terminamos de comer son las cinco o así. Ha valido la pena porque nos hemos reído bastante y hemos comido muy bien.
17:15
Llegamos a San Miguel y Wilder —¡qué amable!—me ayuda a llevar una bombona de gas a la casa abadía.
…
Luego, el domingo transcurre —como de ordinario— de milagro en milagro.
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