jueves, 29 de enero de 2026

Diario. Miércoles, 28 de enero de 2026

 La Torre

miércoles, 28 de enero de 2026 

Santo Tomás de Aquino


El día amanece lluvioso. Después de la misa voy a visitar a Mauricio y a  Ana María, y a Ronald y Juani. Cuando vuelvo a San Miguel —a las diez y veinte o así— el cielo se ha despejado y el sol luce como en una mañana de primavera. 

Celebro la segunda misa de Santo Tomás y salgo para La Torre. 

He quedado a comer en Torrellano con Juan. Nos vimos por última vez hace cosa de dos años. Nos alegra mucho volver a vernos y se nos nota el contento. Charlamos por los codos pero no hablamos mal de nadie. Yo evito hablar de Óscar Puente y él evita hablar de Trump. 

Le pido noticias de Cristián —su alegre esposa belga— de sus hijos —Juan y Alejandro— de sus nueras y de sus tres nietos. También le pido noticias de Finestrat y de Tomás y dedicamos un recuerdo a Julia que ya ha muerto. Me cuenta que el restaurante en el que nos conocimos —el Biotopo— ha cerrado.

        Evocamos aquel día. Estaba yo leyendo las Confesiones de San Agustín y esperando que me trajeran el primer plato. En el comedor no había nadie más. Se abrió la puerta y entró un individuo de la especie de humana que ocupó una mesa enfrente de la mía:

—Con la iglesia hemos topado— dijo. Y nos hicimos amigos. 

Estamos evocando eso entre risas y Juan se pone serio: 

—Antes de nada quiero decirte que he sentido mucho la muerte de tu hermana. 

Brindamos por Arantxa y le cuento cómo enfrentó la enfermedad…

y el último combate, y la inmortalidad…

Luego me pide que le hable de mí y, como no se me ocurre nada que no sea aburrido, le cuento el último relato de Jack London que he leído:


Jack London

La curiosa experiencia de un misógino


El narrador se presenta como un individuo de veintiocho o treinta años que vive en una habitación alquilada. La casera y su hija se ocupan de su alimentación y de su ropa. 

Un buen día, al despertar, se extraña porque no oye el habitual jolgorio de los gorriones en su ventana. Aún se extraña más cuando llama a la casera y ella no acude. 

Vaya, al parecer está solo en casa. 

Empieza a leer el periódico. 

¿Hola? ¿Que han desaparecido todas las mujeres del mundo? ¿Que en Berlín, durante un baile, al dar las doce de la noche, los bailarines se encontraron agarrados a unos vestidos de mujer sin mujer dentro? ¿Que no solamente han desaparecido las mujeres sino que también han desaparecido las hembras de todas las especies animales? 

Nuestro amigo se lanza a la calle y aquí empieza el cuento: el cuento de un mundo sin mujeres. 

Lo primero que se nota es un cierto desaliño en los varones. El desaliño abre paso al desinterés. 

¿Cómo se llega del desaliño a la barbarie?



Nos despedimos. Juan vuelve a Finestrat y yo vuelvo a La Torre.

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