San Miguel de Salinas
sábado, 3 de enero de 2026
5:00
Me despierto.
Oficio de lectura.
Me acuesto.
7:00
Me despierto.
8:00
Laudes.
Me siento para meditar ante el beleén.
9:00
Primer paseo del año: ¡Oh campiña!
10:15
Vuelvo al pueblo y preparo el altar.
10:30
Primer toque.
11:00
Misa.
Luego me toca emplearme en la limpieza de la sacristía pero, como seguimos sin agua, lo único que consigo es transferir la suciedad a mis manos y a mi ropa.
12:30
Voy a la casa abadía para asearme un poco. Luego vuelvo a la iglesia, reservo una hostia en el el portaviático y voy a la Casa de Madera para ver a Jose.
A principio del año murió su hermano Pedro. Luego murió su querida madre, Josefa. Hace un mes enfermó él.
En la puerta de la Casa de Madera hay un letrero: «Cuidado con los perros».
Tienen dos labradores negros, muy fuertes. No les tengo miedo porque son inofensivos y muy juguetones, pero los evito porque no quiero que ensucien mi abrigo de paño elegante.
Pepe está en su habitación de madera que parece la habitación de un hobbit.
Sobre el cabecero de la cama tiene su escopeta del doce, dos cañones; una Arrieta, según creo.
Empezamos hablando de caza. Me pregunta que si he visto la cabeza de jabalí que está en el piso de arriba. La vi cuando vine por última vez a visitar a su madre. Le digo que mi padre fue alguna vez a una montería pero que disfrutaba más con la caza menor porque le daba pena matar un ciervo o un jabalí. Entonces Pepe me confiesa que, ahora, a él le pasa lo mismo:
—Mis hijos empezaron a decirme: «¿Cómo haces eso papa? ¿Qué mal te han hecho los animalitos? Y acaban dándote pena». Se refiere a los animalitos.
Luego hablamos de su infancia. Me cuenta cosas que ya me sé. Su padre los abandonó y su madre se los llevó a Alemania para tratar de sacarlos adelante allí. Trabajó mucho su madre. Luego volvieron a Españita y montaron dos o tres supermercados especializados en productos muy demandados por los extranjeros. Les fue muy bien. Pudieron construir dos casas con sus jardines y todo. La casa de madera —la suya— y la casa de piedra que está al lado, donde viven la viuda de su hermano y sus sobrinos.
Luego me habla de la evolución de su enfermedad y filosofa un poco:
—No sé en qué parará todo esto pero, ¿quién puede saber qué va a pasar mañana o dentro de un rato?
Luego, entre la filosofía y la teología:
—A veces hay milagros.
Por último, una petición que es una confesión de fe católica:
—El caso es que, si es posible, quiero comulgar todas las semanas hasta que Dios quiera.
Le doy la comunión y nos despedimos hasta el próximo sábado.
Los labradores me acompañan hasta la puerta saltando sobre mí y llenando de barro mi abrigo de paño elegante.
No importa.
14:00
Como en casa de doña Nati.
16:15
Salgo para Torremendo.
16:30
El archidiácono lo ha dejado todo preparado y me ha dejado una nota: no va a asistir a a misa porque está pendiente de las noticias de Venezuela.
17:00
MIsa en Torremendo. En la oración de los fieles pedimos por el pueblo hermano de Venezuela y, especialmente, por los ocho millones de venezolanos que han tenido que huir de su patria y por los cuatro mil que no han podido huir y están siendo torturados en las cárceles del inicuo régimen comunista de allí.
18:05
Misa en San Miguel. Empieza con cinco minutos de retraso.
Después de misa me alegran con dos regalos: una caja de bombones suizos —Lindt por más señas— y un penitente.
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