San Miguel de Salinas
jueves, 1 de enero de 2026
A las ocho menos cuarto me despierto en casa de Jesús y encuentro una nota suya: «Tienes preparado el desayuno en la cocina». ¡Qué amable.
A las nueve menos cuarto me dispongo a cerrar tras de mí la puerta de la casa de Jesús y me detengo un momento: ¿Llevo el teléfono? Sí. La cartera. Sí. El cargador. Si. Muy bien.
Cierro tras de mí la puerta y entro en el ascensor. Me miro en el espejo mientras baja el ascensor: 11, 10, 9… Admiro mi abrigo de paño elegante: 8, 7, 6… ¡Vaya! ¡No llevo mi bufanda elegante! La he dejado en mi dormitorio. Bueno, no importa.
A las nueve menos cinco llega el taxi que había pedido para las nueve. Muy bien.
A las nueve y cuarto estoy en Chamartín y escribo mi primer twit del año para que el mundo sepa que he llegado a la estación y que voy a empezar mi primera lectura del año: Imperios de crueldad, de micer Alejandro Rodríguez de la Peña.
El AVE sale puntualmente a las 10:00. Voy —¡qué gozo!— en el vagón de silencio. Puedo rezar, dormitar, leer sobre las crueldades del mundo cruel y tuitear durante dos horas y media en un bólido que recorre la campiña neblinosa de la Meseta Sur a trescientos kms/h. ¡Cielos! ¿No es un sueño?
A las once imagino que estará comenzando en San Miguel el funeral de Concepción Sáez Galant. Rezo un responso.
A las doce y media en punto llega el AVE a Orihuela. Me apeo y allí esta Wilder esperándome para llevarme de vuelta a San Miguel de Salinas. Nos abrazamos teatralmente porque no nos habíamos vuelto a ver desde el año pasado.
¿Qué mérito habré tenido
para gozar tanto bien?
¿Será el mérito de quien
no ha hecho más que haber nacido?
Sea de ello lo que fuere, no carezco de nada.
Ya en la casa abadía, deshago la maleta, me preparo algo para comer, lo bendigo, me lo zampo, doy gracias por los alimentos, lo recojo todo y me siento para oír el oratorio navideño de Bach.
A las cuatro y media de la tarde vuelo a Torremendo y me siento en el confesonario antes de la misa de cinco.
A las seis y diez comienza, con diez minutos de retraso, la misa de seis en San Miguel.
¡Qué bien!
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