La Torre
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Hoy toca lavar las sábanas, tenderlas —porque todavía no sé usar la secadora—, recogerlas del suelo donde las ha tirado el hermano viento y hacer la cama.
En la iglesia suena el órgano. Colijo que ha venido Miguel. No me equivoco. Nada más verme me dice: «¡No soy de la Murada!». Me lo dice porque escribí en mi diario que es de La Murada. Su padre es de La Murada, él no. Charlamos un poco.
Celebro la misa de San Jerónimo sin pueblo, en la capilla del Santísimo y con aire acondicionado y todo.
Cambio el agua bendita de las pilas y limpio el apagavelas.
Antes de comer paso por casa Fani.
Después de comer me regalo una buena sesión de Schumann. Creo que al pobre Roberto le daban mercurio para curarle la sífilis.
Voy a la iglesia para hacer oración y, justo en ese momento, llega Rosario. Me pregunta que si están apuntadas sus intenciones para el día de la Virgen del Rosario y vamos a la sacristía para comprobarlo: sí, están apuntadas.
Entonces empieza a contarme cosas. Su madre murió, precisamente, el siete de octubre. Y también murió su hija con cuarenta y pocos años. Rosario llora un poco cuando recuerda esto y me cuenta cosas. Yo no lloro, aunque tengo ganas. Ella sigue contándome cosas y recuerda lo guapa que era su hija y yo escucho y no sé consolarla.
Cuando nos despedimos, empiezo con mi oración en la capilla del Santísimo. Al cabo de un rato oigo pasos a mi espalda. Luego, nada. Me doy la vuelta y ahí está Horacio, mirándome en silencio. Recuerdo que ayer, mientras trajinaba en la sacristía, descubrí un gato que me miraba por la ventana silenciosamente, como Horacio.
Voy a La Torre.
Tengo que ir al aeropuerto para recoger a Matthew que llega de Birmingham. El avión llega puntualmente a las 20:20.
A las 20:30 sale Matthew por la puerta de salir. Muy bien. Vamos a cenar a Torrellano, luego vamos a La Torre, saludamos al Santísimo, lo dejo en su habitación y quedamos en vernos mañana a las ocho para desayunar.
Granja de Rocamora
jueves, 1 de octubre de 2026
A las ocho, según lo acordado, desayunamos en La Torre Matthew y yo. Cuando llego, el ya ha puesto la mesa del desayuno.
Luego hacemos una lista de las cosas que va a pintar con pintura negra, barnizar con barniz de madera o proteger con aceite de linaza.
Entonces vamos a la ermita para mirar fijamente al sagrario.
De La Torre vamos a Granja. También allí hacemos una lista de arreglos.
De Granja vamos a Torremendo porque tengo un bautizo a las doce. Matthew me ayuda con el ritual. Muy bien. La familia del bautizando es polaca.
De Torremendo vamos a casa de Joan que nos invita a comer. Al aparcar, Matthew observa alarmado que una rueda de mi Lamborghini se mueve de un modo raro.
Después de comer, mientras muevo mi Lamborghini, Matthew filma la rueda danzante y me manda el documento. Prometo conducir despacio y llevar el coche al taller cuanto antes.
Exposición con el Santísimo porque es jueves. Miguel, el organista, al órgano.
Misa de siete. Santa Teresita del Niño Jesús. Miguel al órgano.
Después de misa ensayo breve.
Ha venido una ermitaña de Virgen del Camino. Asiste a misa cubierta con una capucha. En la sacristía se quita la capucha se presenta y me dice que es natural de la ciudad de Mesi. Se admira cuando le digo que fui párroco de Virgen del Camino. Nos hacemos amigos.
Luego tengo que atender a algunos suplicantes. Pilar necesita una partida de bautismo de un su nieto pero, como no sabe en qué año nació, quedamos en que volverá otro día.
Invito a don Paco a cenar. Me dice que tendrá que ser a las diez porque a las nueve hay reunión de catequsis.
A las nueve abro los locales porque han llegado los catequistas y los padres.
A las nueve y media tomo la palabra:
—Voy a recitaros unos versos que hay que aprenderse de memoria.
Todos me miran horrorizados. Aprovecho la impresión para declamar:
En mi iglesia hay una fuente
que es la pila bautismal
para que todos se laven
del pecado original.
El cirio pascual, al lado,
nos recuerda con su luz
que Cristo resucitado
venció a la muerte en la Cruz.
Y me despido:
—Lo siento, he invitado a don Francisco a cenar y estoy preparando las lentejas.
A las diez llamo a don Paco que sigue en los locales. Llega a las diez y veinte. Cenamos y charlamos. Él también habla con su madre.
Son las once y media o así cuando nos despedimos.
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