martes, 1 de septiembre de 2026

Diario. Lunes, 31 de agosto de 2026

 La Torre

lunes, 31 de agosto de 2026


A las diez o así voy a despedirme de los que se vuelven a Madrid. JB ha ido a llevar a Serafina a la estación. Me despido de María, de María jr —que hoy ha empezado a leer las Crónicas de Narnia—, de Lourdes —que ayer empezó a leer Harry Potter—, de Elena —que, vanamente, intenta controlar a Pablo y a José— y de Pablo y de José que está haciendo el bestia por el palmeral. 

Nos damos besos y abrazos y nos decimos nobles palabras de despedida. Acto seguido salgo para San Miguel rezando los misterios gozosos a gritos para no dormirme. 


Antes de salir he mandado un mensaje a doña Nati: «¿Me invitas a comer, oiga?». Durante el viaje, el teléfono suena un montón de veces. Cuando llego a San Miguel encuentro un mensaje de doña Nati: «Sí, oiga». También hay una llamada perdida de Almudena. La llamo. Me dice que llega esta tarde con Pepe y con Fátima. Me felicito. Pensaba que iba a quedarme solo en La Torre. También hay varias llamadas perdidas y un mensaje de Marina, la wedding planner: que unos irlandeses quieren casarse en San Miguel el año que viene. Le mando el contacto de mi indigno sucesor. 


Hago una visita al Santísimo recordando el día que llegué a San Miguel y arrodillándome en el mismo sitio —más o menos— en que me arrodillé aquel día. Luego, sin pérdida de tiempo, voy a la casa abadía. Ana Isabel y Wilder la han dejado como los chorros del oro. Ahora tengo que sacar las últimas pertenencias que me quedan allí. Algunas —no pocas— para el contenedor de basura. 

Con mis idas venidas por la casa abadía y con mis idas y venidas de la casa abadía al contenedor de basura, empiezo a sudar. No importa: «¡Adelante, Vicens!». 


Todo sudado, voy al banco. 


Es la una y media cuando —todo sudado— llego a casa de doña Nati que me ofrece una ducha y un quinto de cerveza. Elijo el quinto. Saludo también a Eva que está con su madre. Saludo también a Miguel, que ha venido a cortarse el pelo y viene a ver a su suegra. Saludo también a Raúl que ha cortado el pelo a su tío y viene a saludar a su abuela. Luego, cuando todos se van, doña Nati y yo comemos y charlamos largamente. 


A las dos y media o así me despido de doña Nati. Visita al Santísimo.

A eso de las tres salgo de vuelta para La Torre. Me muero de sueño. Me detengo en una gasolinera para tomar una cocacola. Me detengo en otra gasolinera para reclinar el asiento y quedarme frito. 

A eso de las cuatro y media llego a La Torre. Vestido y todo me tumbo en la cama y me quedo frito y feliz. 


Calculo que serán las cinco y media o así cuando me despierto, me ducho y me pongo en marcha. Lo más urgente es sentarse en la ermita para mirar fijamente al sagrario. Luego hay que acarrear hasta mi piso los bultos que he traído y acarrear hasta el coche la basura de la que quiero deshacerme. 


A las ocho y media o así oigo voces en la Casa Grande. Son las gemelas y Pepe que han llegado de Madrid y han regado el patio para que esté fresquito. Me invitan a cenar. 


A las nueve y media vuelvo a la Casa Grande para cenar. Muy bien.