La Torre
miércoles, 16 de septiembre de 2026
6:.00
Suena mi despertador en Granja de Rocamorix. Hay que ofrecer las obras del día y desayunar con antiinflamatorios. Hay que hacer la cama y recoger la cocina y preparar una bolsa para La Torre. Hay que ducharse y asear el aseo.
7:00
Listo para rezar el oficio de lectura y laudes.
Apenas he terminado, llama Mari Carmen: ha muerto un vecino. Le pido que dé mi teléfono a la familia. Poco después me llama la hija del difunto. Quedamos en que me llamará cuando decidan la hora del funeral de mañana y en que, si puedo coger el teléfono, me mandará un mensaje.
8:15
Toca mirar fijamente al sagrario y encomendar a Vincent, que tiene el pelo como Cucurella y a José, el primer difunto de Granja de Granja de Rocamorix desde que llegué.
9:00
Salgo para la Torre. En cuanto entro en la autopista empieza a sonar el teléfono y no para hasta que llego a mi destino. No pasa nada: calma, parsimonia.
9:30
Llego a la Torre. Miles de mensajes de WhatsApp y varias llamadas perdidas: de don Paco, de la hija del difunto, del tanatorio, de don Juan Berchman Mulumeoderwa Nyirabwiza…
Confirmo a la hija del difunto que el funeral será mañana a las cinco de la tarde. Llamo al padre Mulumeoderwa y charlamos largamente. Es de Ruanda y nunca tiene prisa. Me pregunta por mi salud y por mi nueva parroquia, me cuenta un chiste, se ríe muchísimo y le doy la enhorabuena porque lo han hecho hijo adoptivo de Relleu, la parroquia en la que ha servido durante veinticinco años. Entces me habla del motivo de su llamada: necesita alguna información sobre San Miguel de Salinas, claves del rúter y de los bancos, etc.
Cuando termino de contestar a todos los mensajes de suplicantes, son las doce de la mañana. Rezo el Ángelus y juzgo que ha llegado el momento de dejar el teléfono, de revisar la despensa y de ir a hacer la compra.
…
Después de comer salgo a pasear por el palmeral con los misterios glorioso y, acto seguido, me meto en la piscina.
Al borde de la piscina, me aplico a la lectura de 1077.
Luego voy a la ermita para celebrar la misa sin pueblo. La verdad, no echo de menos al pueblo cuando celebro la misa sin pueblo.
Luego me siento ante el sagrario y digo cosas que yo me sé y no oigo nada. Bendito sea el Buen y Silencioso Dios.
Vísperas.
Pongo una lavadora con el programa corto de catorce minutos y —catorce minutos después— saco la ropa y la tiendo.
Hago una lista de las personas a las que he conocido estos días y cuyos nombres recuerdo o no recuerdo.
Dramatis personae
Don Venancio, don X, don Fernando.
Obispo de Venezuela.
Domingo, Mari Carmen, Maica, Domingo, Ester.
Rosi, Laura, Jose Luis, Martín, Rebeca, Rosa, Lourdes.
Guadalupe y Elena.
Pepe. Ex alcalde.
Ana, Catequista.
Horacio.
Jose Manuel (Alcalde)
Jose camisa caribeña cierra a la una.
Estefanía y Antonio (su padre).
Víctor seminarista.
Pep y Águeda.
Antonio cooperador.
Ramón Cuenca escultor.
Jose Antonio monaguillo.
Vincent.
Jose Luis (o José Antonio) de la Hermandad del Sto Cristo y su madre, Rosario.
Se nota que los días se han acortado. Ordenando mi biblioteca ojeo La luna nueva de Tagore: «Pero mi memoria sigue todavía dulce de aquellos primeros jazmines blancos que tuve en mis manos de niño».
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