Granja de Rocamora
lunes, 14 de septiembre de 2026
Tengo que hacer las actas de la toma de posesión de mi indigno sucesor en San Miguel de Salinas y en Torremendo, don Juan Berchman. En las actas se hace constar el balance de las cuentas —las pesetas— y los libros parroquiales que se entregan.
Ahora tengo que ir a San Miguel de Salinas.
Llegado a San Miguel saludo a Bruno y a su amable esposa que fueron a Granja de Rocamora el día de mi toma de posesión. ¡Qué amables!
Acto seguido voy al ambulatorio y pido hora para hacerme unos análisis y para que m médico de cabecera me vea el oído derecho. Me dan hora para el lunes 21 a las 8.00 —análisis— y a las 9:00 —consulta—.
Acto seguido voy a la farmacia para comprar pastillas amarillas pequeñitas y potentes antiinflamatorios. Potentes antiinflamatorios no les quedan. Compro una gafas —porque he perdido las mías— y me regalan la cuerdecita para atarlas al cuello. ¡Qué amables!
Ahora tengo que ir a casa de doña Nati. Está con Eva. Nos saludamos —muac, muac— con mucho contento y les ruego que me dejen una esquina de la mesa para trabajar con mi Mac.
Han llegado dos convolutos de Amazon para mí: dos ejemplares de un libro —yo solamente quería uno—y un ingenio que se cuelga en la mampara de la ducha para poner el champú, la crema antiedad y eso.
Justo cuando termino con mi trabajo, llegan Joan y Matthew. Doña Nati —qué amable— los ha invitado porque sabe que se alegran de verme.
Charlamos alegremente hasta que notamos que doña Nati no está bien del todo. Ha preparado un espectacular arroz con caracoles pero ella no lo cata.
Dice que no pasa nada, pero algo pasa si doña Nati pasa del arroz con caracoles.
Después de comer ayudamos a recogerlo todo. Doña Nati se encuentra —según dice— mejor. Pasamos todos al recibidor, nos sentamos y rezamos el rosario.
Luego Joan y Matthew se despiden y se van. Yo me quedo para dar una cabezada. Doña Nati me ofrece una de las mil camas que hay en su casa pero prefiero sentarme en un confortable butacón enfrente della.
Cuando me despierto, doña Nati me dice que he dormido media hora. ¿Puedo beber una cocacola para acabar de despejarme? Sí, puedo.
Nos despedimos —muac, muac— hasta el día 21.
El trayecto desde San Miguel hasta Granja de Rocamorix dura —pagando peaje— 28 minutos y treinta segundos. Pago peaje.
Llego a tiempo para darme una ducha, ir a la iglesia y mirar fijamente al sagrario durante media hora.
Me sobra tiempo para devolver dos llamadas perdidas y contestar a ocho o diez suplicantes por WhatsApp.
Pero no puedo dormirme en los laureles porque es la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, tengo que celebrar misa en la ermita y don Paco me ha advertido de que —quizá— no haya en la ermita ornamentos, vino, formas, vasos sagrados… ¡Qué emoción!
Son las cinco y media o así —quema el sol, el aire abrasa— cuando dirijo mis errantes pasos a la ermita de la Santa Cruz.
Por el camino encuentro a una anciana sentada en la puerta de una casa —a la sombre— cabe su anciano.
—Buenas tardes —saludo—. ¿Está por aquí la ermita?
Los ancianos se me quedan mirando como si yo fuera una seta o algo así. Repito mi saludo y mi pregunta y —al unísono— contraatacan:
—¿Qué?
—Buenas tardes —insisto— soy el nuevo cura y estoy buscando la ermita.
La anciana —dirigiéndose al anciano— dice: «Paece que anda buscando la ermita».
—¿Ve aquel árbol?— dice el anciano señalando el único árbol que se ve en Granja de Rocamorix. Y añade: «Es allí»
Le doy las gracias y sigo caminando hacia el árbol mientras el anciano, a mis espaldas, grita: «por la primera no, por la primera no».
Cuando llego al árbol, que está en la segunda, veo la ermita.
Allí encuentro a Pep que me presenta a Águeda y me consigue vino y agua. Luego llegan Mari Carmen, Domingo y Víctor que van a la iglesia para traer albas y eso.
Saco la estauroteca del tabernáculo y la coloco sobre el altar. La ermita está llena hasta la bandera. La misa comienza, puntualmente, a las siete.
Misa con Gloria, con homilía y todo. Ayudan Martín y los dos seminaristas: Domingo y Víctor.
Muy bien.
Que lástima! No lo he visto por el pueblo ... San Miguel de salinas
ResponderEliminarSoy invisible
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