Granja de Roc Amour
martes, 15 de septiembre de 2026
Paso la mañana en la iglesia.
Un penitente pide confesión. Primera confesión en Roc Amour.
Antonio se sienta en la capilla para mirar fijamente a sagrario.
Horacio aparece, lo saludo, me mira y mesigue por la sacristía sonriendo. Cuandoi se cansa, se va.
Don Paco va a ver a su madre porque es su cumpleaños. Me encarga que reciba a un obispo venezolano que viene a la parroquia en misión secreta y que le entregue un convoluto.
El obispo llega a eso de las diez y media. No beso su anillo porque no lleva anillo, pero me inclino en ademán de besar su mano. Parece un cura de pueblo. Lleva un bastón y es bajito y jovial. Sabe que estuve en Venezuela y me interroga para conocer más detalles. Lo invito a sentarnos y charlamos largamente haciendo la lista de los amigos comunes. Resulta que es natural de Isla Margarita. Le cuento que estuve allí atendiendo al Padre Ángel cuando estaba enfermo y que luego su chófer, Guaro, me llevó de excursión a La Restinga donde comimos con los pescadores que me regalaron una aguja de remendar redes hecha de madera del manglar.
Llevamos un buen rato hablando cuando llega don Paco y se une a la tertulia. Luego, el sobrino sobrino del obispo que está en la plaza con el carro, nos hace una foto secreta y nos despedimos con nobles palabras de amistad.
Don Paco se va otra vez con su madre porque van a invitarla a comer y yo voy a casa Estefanía para comprar algunos víveres antes de comer.
Paso también la larde en la iglesia rezando, leyendo y acabando de organizar la sacristía de la que saco seis bolsas de basura. Ya sé lo que hay en cada cajón y en cada armario y me siento allí como en mi casa.
Misa de siete a las siete. Al terminar, pido a la Congregación que aguarde un momentito ara ensayar un canto. Ensayamos un canto.
En la puerta de la iglesia saludo —por fin— a Vincent.
Es un joven que llama la atención porque tiene el pelo como Cucurella. Lo vi por primera vez en la misa del domingo siguiente a mi toma de posesión pero no pude saludarlo porque había mucha gente en la puerta de la iglesia y se escabulló. Al día siguiente fui a comer con don Paco en el restaurante de la gasolinera y allí estaba él, en una mesa, solo. Luego lo he visto otros días en misa.Hoy, por fin, lo he abordado y lo he interrogado. Se llama Vincent, es de Miami y juega al fútbol. Yo pensaba que tendría veinte años o así, pero es posible que no tenga ni dieciocho. Tomo nota: hay que rezar por él.
Mensaje del padre Paco: «Una santa del lugar nos hace la cena. ¿Vienes?».
Mensaje para el padre Paco: «¿A qué hora?».
Mensaje del padre Paco: «¿A las 21:15?».
Mensaje para el padre Paco: «Cuenta conmigo».
Tengo tiempo para rezar vísperas y escribir el diario de ayer.
Mi GPS dice que puedo llegar andando a la casa parroquial de Cox en veinte minutos. Mi enfermera de la artritis siempre me recomienda que camine. Pienso que hay algo de providencial en todo esto de mi venida a Roc Amour y, a las ocho y media, voto mis pasos a la Virgen del Carmen y me encamino hacia Cox escuchando a Enric sobre la magnanimidad y sus falsificaciones.
Don Paco me recibe en la puerta su palacio parroquial de Cox —construido por don Paco El Viejo— y me conduce por las escalinatas principales hasta la cocina imperial.
La santa del lugar nos ha preparado un delicioso hervido de judías con una patata tamaño sol y una cebolla tamaño Marte. Está delicioso, pero no lo mencionamos porque nuestros pensamientos están puestos en asuntos pastorales que nos dan bastante risa. Por ejemplo, un ejemplo. Mari Carmen —la santa sacristana de Granja de Roc Amour—ha dicho a don Paco en secreto: «Don Javier está abriendo todos los cajones y lo está cambiando todo». De segundo, la santa del lugar nos ha preparado unas pechugas de pollo que ya quisiera haber catado el rey Baltasar en su famoso —por impío— festín. Don Paco y yo no hablamos der eso porque en el seminario nos dijeron que es de mal gusto hablar de la comida comiendo.
Mientras nos zampamos el pollo —humildemente— pido al Buen Dios que conceda una larga vida a la santa cocinera del lugar y hablamos de asuntos secretos.
Creo que son las diez y media o así cuando nos despedimos. Don Paco me dirige nobles palabras de agradecimiento por mi vista a su palacio. Yo no sé si acierto a expresar con las mías el contento que me ha dado su fraternal y amistosa hospitalidad.
Vuelvo a Granja de Roc Amour caminando en la noche. Vuelvo escuchando esto sobre el origen del hombre.
Son las once o así cuando rezo completas. ¡Bendito sea Dios!
Que lástima, a mí los secretos me gustan ! Jajajaja
ResponderEliminarShhhhh
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