Granja de Rocamora
viernes, 18 de septiembre de 2026
04:30
Me despierto, me tomo un antiinflamatorio y me acuesto, pero no me duermo.
Rezo un rosario y nada.
Cuento ovejas y nada.
Me siento al borde de la cama y rezo el Office of Readings.
Recojo los platos de la cena de anoche.
Me acuesto y nada.
Veo a Gregorio Luri en Pisa es lo de menos.
07:30
Me levanto definitivamente.
09.00
Cuando llego a la iglesia la encuentro abierta. Están limpiando. Una señora me saluda. Le pregunto su nombre.
—Me llamo Josefa, pero todos me llaman la Rojica o la Roja. Me gusta que me llamen así. Soy la madre de Maria José.
Me siento para mirar fijamente al sagrario.
09:50
Llegan Ana María —vicepresidenta de la Hermandad de la Santa Cruz— y Pep, el cronista.
Nos sentamos en la sacristía y me cuentan muchas cosas. Yo pregunto muchas otras.
Hacemos un plan de celebraciones y quedamos en visitar a una vecina enferma —La Navajera— que no pudo besar la reliquia de la Cruz el día de la procesión de enfermos.
Luego vamos a la ermita para llevar la caja de la estauroteca. Me enseñan a desconectar y a conectar la la alarma y recogemos el palio rojo para devolverlo a la iglesia.
Volvemos a la iglesia, desmontan el palio y guardamos los varales en el garaje y la tela en un armario de la sacristía de los que vacié y limpié. Muy bien.
Nos despedimos hacia las once y media.
Sexta.
Ángelus.
Atiendo a algunos suplicantes en la sacristía —primero— y luego en el despacho.
13:00
En el palacio parroquial intento leer pero se me cierran los ojos.
Me preparo una ensalada con lechuga, tomatitos, aceite de oliva, vinagre de Jerez y sal marina. También me zampo los restos de la cena de anoche y un melocotón. Acto seguido me acuesto y me quedo frito.
15:00
Me despierto una hora después bastante repuesto.
Ahora sí, puedo ponerme a leer y a trabajar.
Quedo con Matthew para ir a Alicante el martes por la noche.
Quedo con doña Naty para cenar y dormir en su casa el domingo.
La TGSS —Tesorería General de la Seguridad Social— me informa de que se ha ordenado el primer pago de la pensión de Jubilación en mi cuenta terminada en ****(secreto). Soy, oficialmente, un jubilado. Pido al chat GPT que me haga un plan de viajes con el IMSERSO y, mientras el chat trabaja, celebro la noticia con júbilo y con una cerveza.
De pronto me acuerdo del insensato del Evangelio: «Tienes bienes acumulados para muchos años. Come, bebe, holgazanea».
¡Glup!
—¡Parsimonia!—me digo.
—¿No te estarás haciendo Metodista?—pregunta mi Ángel.
Confesonario. Un penitente.
Misa y ensayo de cantos.
Voy a Casa de Estafanía. No le importa que la llamen Fani, pero se irrita si escriben su nombre abreviado. Tomo nota.
Las uvas que tiene en el mostrador son bastante tentadoras. Le pregunto que si está maduras y me regala un racimo de esos que vieron en la Tierra Prometida los exploradores que mandó Moisés. Dulcísimas.
Las elogio y oigo al marido de Estefanía que dice desde el fondo de la tienda:
—Si le han gustado las uvas, más le gustará el nombre.
—¿Cómo se llaman?—inquiero.
—¡María!—dice. Y parece una jaculatoria encendida.
Luego le pide a Estefanía que me enseñe una de las tablas de quesos que hace ella.
La tabla que me enseña es una obra de arte. Las hace por encargo. ¿Puede prepararme una para mañana? Nada más fácil.
Vuelvo al palacio parroquial. Me muero de sueño. Me preparo una cena muy ligera y me tomo una pastilla para morir. A las nueve me meto en la cama y ni me da tiempo a apagar la luz
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