sábado, 26 de septiembre de 2026

Diario. Sábado, 26 de septiembre de 2026

 Granja de Rocamora

sábado, 26 de septiembre de 2026


Anoche me tomé media pastilla para dormir. A las seis suena el despertador y me levanto fresco como una lechuga. He dormido casi ocho horas de un tirón. ¿Soy el presbítero más feliz del levante español? Sí. 


Voy a la iglesia para hacer mis oraciones y, luego, me pongo a remodelar la capilla del Santísimo. Pretendo —entre otras cosas— celebrar allí la misa ad orientem. 

En primer lugar, traslado la imagen de la Virgen de Hakuna a la capilla de la Dolorosa porque los de Hakuna han emigrado a Orihuela. 

Luego saco de la capilla el ambón que nos servirá —delante del presbiterio— como atril para hacer la oración de los fieles. 


Vienen en mi auxilio Laura y mi ángel de la guarda que la ha traído. 

—¿Puedo ayudarle con algo?—pregunta. 

Ya lo creo. El ambón lo he sacado yo solo, arrastrándolo, y me he machacado el dedo gordo del pie derecho. Además estoy sudando por el esfuerzo. 

La ayuda de Laura va a ser fundamental no solamente para mover las cosas sino también para colocarlas en el mejor lugar. 

Movemos la mesa del altar y la pegamos a la pared, debajo del sagrario. Muy bien. 

Ahora —otra vez su ayuda me parece venida del Cielo— Laura consigue una tela de damasco que nos sirve para cubrir por completo el altar. Muy bien. 

De la sacristía traemos un atril. Muy bien. 

El ambón que yo saqué —arrastrándolo— y puse en un sitio, Laura lo pone —sin arrastrarlo— en otro sitio mejor. Muy bien. 

—¿Si quito esos angelitos que están a los lados del sagrario me ganaré el odio del pueblo?—pregunto a Laura. 

Laura me explica la historia de esos angelitos. En el pueblo se cuenta que una señora los encontró en la basura y decidió donarlos a la parroquia. 

Llego a la conclusión de que puedo quitarlos siempre que encuentre para ellos un lugar más digno que la basura. 

Por último, Laura me hace una delicada observación. Resulta que he puesto la vela votiva del Santísimo en un candelabro murciano de estilo remordimiento y he colocado el candelabro delante del sagrario. 

—Desde aquí —dice sentándose en uno de los bancos de la capilla— una no sabe si adorar al Santísimo o al candelabro.

La comprendo perfectamente. Ponemos el candelabro a un lado del altar. 

Luego dejo en paz en Laura para que pueda hacer su oración. 

Cuando Laura se va, llega su marido: José Luis. Le gusta cómo ha quedado la capilla y se queda a mirar fijamente al sagrario. 


Paso la mañana en la iglesia y, entre otras cosas, limpio y lleno las pilas de agua bendita y concierto un encuentro con dos penitentes para el domingo. 


Como con don Paco en Il popolo. Hablamos de graves asuntos y al final felicitamos a los camareros y a los de la cocina por lo bueno que ha estado todo. 


Nos despedimos a eso de las tres y media. A las cinco tenemos reunión con el Consejo de economía parroquial. 

Llego a los salones un poco antes para encender el aire acondicionado. Van llegando: Damián, Jesús, Lola, don Paco y Guadalupe. Tratamos graves asuntos. Muy bien. 


Nos despedimos a las seis y voy a la iglesia. No ha venido Mari Carmen. Martín me ayuda a prepararlo todo.

Llega Pep porque hoy la Hermandad de la Santa Cruz reparte unos galardones. 

Después de misa se reparten los galardones y alcalde pronuncia unas nobles palabras de agradecimiento. 

A eso de las ocho y cuarto salgo para Consum. 


Son las 22:05 cuando termino de escribir esta página de mi diario. Me muero de sueño y aún no he rezado completas.

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