Granja de Rocamora
jueves, 24 de septiembre de 2026
Esta mañana —gloriosa, cielo azul, limpísimo— he estrenado el tendedero de la azotea tendiendo las sábanas mientras —según la mejor tradición— canturreaba el «Tú has venido a la orilla».
En la iglesia, he coincidido con Antonio que me ha ayudado a mover algunas cosas y a ordenar una capilla. Luego nos hemos sentado para mirar fijamente al sagrario y se nos ha unido María del Rosario.
Después de rezar el oficio de lectura y laudes, he ido a la sacristía para la preparar la misas de la tarde.
Como Antonio se ha ofrecido a ayudarme, le he enseñado a preparar el misal, el libro de la sede, el leccionario y el cáliz.
Tenía que ir a La Lloseta porque es jueves y he ido a La Lloseta. Luego he comido en La Torre y he vuelto a Granja.
Tenía que celebrar a las siete y lo he hecho. Al terminar la misa ha entrado en la sacristía alguien que se ha presentado con Marina, me ha dado la bienvenida, me ha explicado que no es del pueblo pero que suele venir a Misa porque le viene bien el horario. También me ha preguntado que si vamos a retomar los jueves eucarísticos. Y también me ha dicho que agradecería mucho una predicación diaria porque es nueva y, a veces, le cuesta entender el evangelio.
Tenía que celebrar a las ocho en Cox y lo he hecho.
Luego tenía que repostar. ¿Urgentemente? Sí.
La más barata y cercana era Gasoil Pepe Ramón S.A. Allá que me he ido cruzando lobreguísimos paisajes y adentrándome en un lugar desierto y de mucho miedo. Al llegar, he encontrado la estación abierta pero desierta. Un ser humano barbado ha venido en mi ayuda. ¡Qué amable! Luego he lavado el coche.
Tenía que volver al palacio parroquial, recoger la ropa que tendí por la mañana, hacer la cama y la cena… Lo he hecho.
Tenía que escribir esta página del diario y rezar completas.
Son las 22:50 cuando termino esta página del diario. Luego rezaré completas, si Dios quiere.
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