San Miguel de Salinas
martes, 18 de marzo de 2025
5:00
Me despierto y juzgo que es un buen momento para rezar el oficio de lectura.
Luego me acuesto y me quedo frito.
7:30
Me despierto. Todas mis articulaciones están agarrotadas y adoloridas. No importa.
11:00
Celebro toda la misa desde el altar para no tener que subir a la sede y sustituyo las genuflexiones por inclinaciones profundas.
12:00
Quería dedicar la mañana a estudiar pero José Manuel me pide que revise el programa de Semana Santa para darle el visto bueno. Lo reviso y le doy el visto bueno. Entonces José Manuel me pide que escriba unas palabritas para el programa. Escribo unas palabritas para el programa y se las mando. Entonces Zakarías me pide: 1) disculpas por la molestia, 2) víveres. Le ruego que me mande una lista de las cosas que necesita y voy a Más y Más. Luego llevo la compra a la casa de Zakarías y, mientras lo espero, me llama Jesús, el carpintero. Que ya ha terminado el marco para el cuadro de San Vicente Ferrer. Mando la foto del marco a Alba, la amiga de Blanca que podría estucarlo, pintarlo y estofarlo para que parezca la falsificación de una marco del siglo XVIII. Entonces llega Zakarías y: 1) me saluda 2) me da la gracias 3) me pregunta que si puede hacer algo por mí. Yo le devuelvo el saludo, le digo que de nada y que sí, que puede ayudarme a reparar algunas cosas en la iglesia. Zakarías me dice que me ayudará de mil amores, se lleva la compra y vuelve para ayudarme de mil amores.
13:00
Zakarías sube una silla al camarín de san Miguel. Con grave riesgo de su vida, se sube a la silla y empieza a forcejear con los dos tubos fluorescentes que están fundidos: uno grande y otro pequeño. Toda la operación se realiza en una oscuridad apenas mitigada por la linterna del teléfono móvil que sostiene entre los dientes.
Zakarías es argelino. Probablemente es el argelino más delgado del mundo. Debe de tener unos treinta años; sus manos están siempre heladas y, cuando sostienen algo, tiemblan bastante. Su tono de voz, su parsimonia, sus modales y su mirada delatan un alma refinada. A veces, divagando, lo imagino nieto de Abdelhamid ben Muhammad al Mustafá ben Makki ben Ibn Badis. Si algún día tengo más confianza con él, quizá me atreva a preguntarle por qué razón abandonó los jardines y palacios de Cirta para venir a mendigar a San Miguel.
Le hablo de los lampadarios y de sus guiños. Los revisa y concluye que, a veces, el polvo cortocircuita los circuitos y que si le consigo un secador de pelo puede limpiarlos.
Nos despedimos a las 13:45 sacudiendo nuestras manos. Las suyas están heladas. El trota hacia su casa. Yo, arrastrando los pies, cruzo la calle para ir a comer a casa de doña Nati.
14:00
Comida en casa de doña Nati.
14:45
No para de llover. Es posible que me duelan los huesos por la lluvia pero bendita sea esta lluvia. Si me dijeran que van a durar cuatro semanas más la lluvia y mis dolores de huesos yo, la verdad, me alegraría.
Y sí, por la tarde he tenido tiempo para rezar, para arrastrar por San Miguel mis huesos dolientes, para estudiar, para leer, para charlar con algunos amables vecinos y para escuchar el divertido discurso que ha pronunciado Ayuso en Londres defendiendo un liberalismo a la española y citando a Cervantes y a Juan Pablo II.
Espero con ansia que cuelgue usted una foto del marco de Jesús el carpintero, cuando esté terminado con el lienzo de San Vicente y estofado y dorado
ResponderEliminar¡Qué ganas tengo también yo de verlo acabado! (Javier)
Eliminar¡Ánimo Padre! Y claro, bendita lluvia que nos manda nuestro Padre Dios. Permítame contarle que soy del norte de México y durante casi tres año tuvimos una intensa sequía, racionamiento del agua (usado políticamente, una tristeza), las presas secas y en septiembre pasado, que llega la tormenta Alberto y todas las presas se llenaron, tuvieron que soltar agua, la ciudad un caos, pero sobre todo que nuestro Padre nos dio lo que tanto necesitábamos. Dios es bueno. Saludos.
ResponderEliminar¡Qué linda historia! ¡Gracias! (Javier)
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