La Torre
miércoles, 22 de julio de 2026
7:00
Llego al hospital. Me está esperando en la capilla una señora que me pide que vaya a ver a Ramón, su querido padre. Le digo que iré en cuanto termine la misa.
Preparo todo para la misa y aún tengo tiempo para rezar el oficio de lectura y las laudes.
7:40
Misa de santa María Magdalena en el hospital.
8:15
Voy a ver a Ramón. Está con sus dos hijas. Agoniza. Le doy la unción de enfermos.
Voy a llevar la comunión a Ana María y a Mauricio. Ana María ha salido. Mauricio comulga.
8:45
Me siento en la capilla para mirar fijamente al sagrario.
9:15
Vuelvo a San Miguel.
9:45
Llego a San Miguel.
10:00
Confesonario.
Tercia.
Lectura del Evangelio de san Marcos.
Lectura de un sermón de Newman, Juan Enrique san.
11:00
Segunda misa de santa María Magdalena.
12:30
Salgo para La Torre.
Allí están: Ignacio, Rosario, Pupé, Jaime, Carmen, Ana, Pablo, Lucía, Javier —en La Torre—, Jesús, Ana —en la Casa Grande—, Elena y Rafael —en la Casa Mitjana—.
Como en la Casa Mitjana con Ignacio, Jesús y Ana.
Ana me cuenta que Rosario sufrió anoche un golpe de calor y hubo que llevarla a urgencias. Todo quedó —gracias a Dios— en un buen susto.
La tarde transcurre apaciblemente. Paso dos horas a remojo en la piscina que está toda para mí.
A las ocho, creo, tercera misa de Santa María Magdalena.
Luego ceno —otra vez en la Casa Mitjana— con Ignacio, Jesús y Ana. Pero, antes, Elena y Rafa me invitan a un aperitivo bajo el gran ficus que está ante la Casa Grande.
¡Cielos! ¿No es maravilloso?
San Miguel de Salinas
jueves, 23 de julio de 2026
A las diez celebro la misa de santa Brígida. Inmediatamente después salgo para el obispado porque tengo una reunión secreta con el Vicario de Evangelización y con don Francisco Román, párroco de Cox y Administrador parroquial de Granja de Rocamora.
A las once en punto entro en el despacho del Vicario de Evangelización. Don Paco Román aún no ha llegado. Me felicito.
A las once y cinco minutos, don Paco Román me llama: que está aparcando en el obispado.
—¿Donde está Paco?— pregunta el Vicario.
—Aparcando— contesto muy ufano de poder responder a la pregunta del Vicario.
A las once y diez don Paco Román entra en el despacho del Vicario. Nos abrazamos sin lágrimas. El Vicario de Evangelización nos invita a un café. Declinamos la invitación. Él se sirve uno. Todo esto es secreto.
A las once y doce, el Vicario de Evangelización se sienta en una mesa de reuniones. Yo me siento enfrente de él, don Paco se sienta en la cabecera de la mesa que está a mi izquierda y a la derecha del Vicario. Todo esto es secreto.
El Vicario de Evangelización nos dice en secreto que el obispo espera que don Paco y yo presidamos en la caridad lo que ahora llaman una agrupación parroquial pastoral (APP) o algo así. Cox —con don Paco al frente— y Granja de Rocamora —conmigo al frente— van a formar parte de un experimento pastoral nunca visto en el mundo: dos pueblos, dos parroquias, una unidad de destino en lo universal, o algo así.
Yo digo que he sido siempre muy partidario de las agrupaciones parroquiales siempre y cuando pueda yo administrar los bienes materiales de la parroquia que se me ha encomendado y, a más a más, no tenga que pedir permiso a nadie para —o excusarme por— celebrar la santa Misa como Dios manda.
Todo esto es secreto.
Del obispado salgo para La Lloseta.
De La Lloseta salgo para La Torre. Allí como en mi piso porque los demás van a comer de las cuatro en adelante y yo ya estoy muy mayor para cambiar mis hábitos.
Después de comer me meto en a piscina y paso allí dos horas a remojo con El jardín eterno.
A las seis tengo que volver a San Miguel para la bendición y la misa tercera de santa Brígida. Entonces recibo una mala noticia: Joan se ha roto un tobillo. Gracias a Dios está con Laura. Entonces recibo otra noticia: mi indigno sucesor no puede tomar posesión de la parroquia el doce de septiembre, como estaba previsto. Propone el viernes dieciocho.
Llamo a Wilder. ¿Será tan amable de ir al hospital para recoger a Joan y a Laura y llevarlas a casa?
Wilder, que has estado trabajando desde las siete hasta las tres en un andamio a cuarenta grados me dice que sí, que claro, que cuente siempre con él. Y va al hospital Son las diez de la noche. Mañana, a las seis, estará preparándose para salir a trabajar.
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