La Torre
domingo, 19 de julio de 2026
10:00
Misa en Torremendo.
12:30
Misa en San Miguel.
Como no hay coro y no ha venido Andrés, lo canto yo todo. Muy bien.
Dios no se olvida de su creación.
El domingo pasado, la parábola del sembrador nos enseñaba que Dios, que lo hizo todo con su Palabra, sigue enviando su Palabra al mundo para fecundar todas las cosas.
Por todas partes encontramos bien. Por todas partes encontramos la huella del Dios. Ved a san Francisco bendiciendo siempre a Dios por todo.
El dimoño, en cambio, quiere convencernos de que el mundo está muy mal y de que la culpa es de Dios. Cada vez que alguien se pone maldecir el mundo podemos estar seguros de que ese tal anda endimoñado.
¿Cuántas veces nos hemos quejado hoy del calor? Yo muchas veces. Mal.
¿Cuántas veces hemos bendecido hoy a Dios? ¿Ninguna? Muy mal. Hay que confesarse.
Claro que en el mundo encontramos también mal y pecado. Y no estoy pensando en los políticos porque aquí estamos en la presencia de Dios para que cada uno mire en su corazón.
Si somos sinceros tendremos que reconocer que la semilla del diablo también crece en nuestros corazones. Si todo en nosotros fuera buena semilla, entonces todos nuestros pensamientos y deseos serían santos, jamás diríamos una palabra hiriente, no habría en nosotros ningún rencor, ningún movimiento de vanidad o de egoísmo o de sensualidad.
Los empleados de la parábola preguntan al amo que si quiere que arranquen la semilla del diablo, la cizaña. Pero el amo les dice que se estén quietecitos porque pueden provocar un destrozo aún peor.
¿Entonces? Pues eso, que tenemos que aprender a ser pacientes y a esperar el juicio de Dios que, a su tiempo, separará el trigo de la cizaña. Tenemos que ser pacientes con el mal que encontramos en los demás y hasta con el que encontramos en nosotros mismos.
Cada vez que alguien se ha propuesto hacer un paraíso en la tierra y acabar con la pobreza, con las injusticias y con todo el mal, ha provocado una catástrofe. Los salvadores de pacotilla suelen proponer un mundo maravilloso en el que no hay pobres porque los han matado a todos; un mundo maravilloso en el que no hay enfermos porque los han liquidado a todos; un mundo en el que no nace ningún niño que no haya pasado la prueba de calidad porque los matan antes de nacer si nos los encuentran suficientemente buenos.
Cuidado con los que prometen la salvación porque no tenemos otro salvador que Cristo. Y cuidado con los que prometen un mundo feliz porque está probado: hacen un mundo que es un paraíso parea ellos y un infierno para todos los demás.
Cuidado también con los que quieren hacer una Iglesia de gente impecable. ¡Fuera todos los pecadores! Pues no quedaría en la iglesia nadie más que los sordos o los hipócritas.
¿Paraíso en la tierra? Está aquí, en el sagrario. Ahí tenemos un pan inmaculado, sin mezcla de cizaña venenosa. Ahí está la hostia pura, santa, inmaculada. La única Víctima agradable a Dios.
En nosotros el trigo y la cizaña crecen juntos.
En el coro tenemos la imagen de la Virgen del Carmen sacando almas del purgatorio. Porque en el Cielo no puede entrar nada que no sea perfectamente santo, tendremos que pasar por el fuego. El fuego del purgatorio es fuego que purifica y limpia. Es otro regalo de la misericordia de Dios.
Muy bien.
Doña Nati se ha ido de viaje con sus hijos. Al terminar la misa voy a La Torre.
Como con Elena, Rafa y Jesús.
Por la tarde, piscina y todo.
Por la noche nos reunimos en la Almazara para ver el partido. Ha llegado Ana de Madrid.
Ana y Elena han preparado picoteo para el partido. Yo también: vasitos co lecho de mayonesa, dos puntitas de espárragos y dos olivas rellenas de anchoa. Muy bien.
Gana España. Muy bien.
Los argentinos se enfurruñan un poco. Muy bien.
Bendito sea Dios.
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