San Miguel de Salinas
domingo, 12 de julio de 2026
03:30
Me despierto y me levanto.
Antiinflamatorio y Oficio le lectura.
Me acuesto.
05:59
El reloj del campanario da las seis.
06:00
Mi despertador da las seis. Me levanto.
Antes de salir pongo las sábanas en la lavadora.
07:00
Abro la iglesia. Todo: puertas grandes, cortavientos, puerta de la torre, ventanas de la sacristía. ¡Qué entre la fresca! ¿Qué fresca? Yo me entiendo.
Hay que barrer la entrada porque las washingtonias de la plaza están soltando polen.
07:15
Me siento para mirar fijamente al sagrario.
Laudes.
08:15
Vuelvo a la casa abadía y tiendo las sábanas. Me premio con una horchata.
Lectura del evangelio de San Marcos.
Lectura de un sermón de san Juan Enrique Newman: «La individualidad del alma».
Escribo a Matthew para recordarle que necesito un lugar en el que celebrar misa mientras esté en Coventry.
Saco la vajilla del lavavajillas.
09:00
Salgo para Torremendo.
Un penitente. Muy bien.
10:00
Misa en Torremendo.
11:00
Vuelvo a San Miguel.
11:30
La sábanas están secas. Las doblo y las guardo.
12:00
Me revisto con mi traje de pescador y voy al confesonario. Un penitente. Muy bien.
12:30
Segunda misa. Coro, homilía y todo.
Después de misa anuncio que esta semana vendrá el padre Juan Berchman —nuevo párroco— y que habrá tiempo para que puedan verlo y tocarlo todos los que quieran.
13:30
Me cambio de camisa y voy con Joan y Laura al Collie. Me invitan a una fizzy water. Muy bien.
14:00
Como con doña Nati.
Luego rezamos el rosario. Cada vez que me siento me duermo. Doña Nati me despierta, me levanto y sigo, y así.
…
Escribo a don Isidro para organizar con él nuestro verano.
Escribo al Padre Juan Berchman para que me confirme qué día vendrá. Me lo confirma: vendrá el viernes a las nueve.
…
La temperatura en la casa abadía es de 29º C. En el comedor, con el aire acondicionado, consigo rebajarla hasta los 25. Muy bien.
…
Visita a doña Nati. Hablamos de cosas que ya no se ven: mercerías y eso. También hablamos de Lágrimas en la lluvia, el programa que tanto le gustaba a Paco y que veíamos a menudo con él. Y doña Nati, sin dejar su labor de frivolité: «¡Cuánto que lo echo de menos!».
Luego nos despedimos y voy a la iglesia para rezar completas, apagar las luces y cerrar las puertas.
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