San Miguel de Salinas
martes, 7 de julio de 2026
6:00
Suena el despertador.
Me tomo una pastilla azul y me acuesto.
7:00
Me levanto.
8:00
Abro la iglesia. Oficio de lectura y laudes.
Me siento para mirar fijamente al sagrario.
9:00
Voy al ayuntamiento.
Para la gestión que tengo que hacer hay que pedir cita previa y no la he pedido pero, como no hay nadie más, me atienden. ¡Qué amables!
Voy a la gestoría. No está Inma pero encuentro a Ana María. Ella le dirá a Inma que me llame. ¡Qué amable!
Voy al despacho para instalar en mi Mac la firma digital. El sistema me advierte de que puede haber problemas si uso Safari y me sugiere que use Chrome. Cometo el error de hacerle caso y, a partir de ese momento, pierdo el control sobre mi ordenador.
10:00
Vuelvo a la iglesia, saludo a Joan, me revisto con mi traje de pescador y voy al confesonario. Un penitente. Muy bien.
Tercia.
Leo la introducción al Evangelio de San Marcos.
11:00
Misa votiva de los ángeles porque es martes.
Terminamos cantando en el altar de la Virgen del Carmen porque hoy empieza su novena. Y es de ver el contento de todos.
11:45
Me despido de Joan. Un mensaje en mi móvil me alerta de que alguien ha cambiado algo —desde Madrid— en mi cuenta de X.
No puedo entrar en mi cuenta de X.
Vuelvo al despacho y paso la mañana tratando de recuperar mi correo —lo consigo— y mi cuenta de X. Esto último no lo consigo a pesar de que acudo a la intercesión de algunos santos famosos y a algunos amigos como RN y a algunas amigas como Mar.
Mando un mensaje a Manolo: si voy a Crevillente esta tarde, ¿tendrá un rato para ayudarme a recuperar mi cuenta de X? Sí, a partir de las seis. ¡Qué amable!
14:00
Voy a comer con doña Nati. Le cuento mis aventuras y ella me cuenta las suyas. Nos reímos bastantito.
Luego nos ponemos serios y rezamos los misterios dolorosos aunque sonreímos un poco —y a veces con algo de picardía en la sonrisa— cuando anunciamos nuestras intenciones antes de cada misterio.
15:00
Están dando las tres en el reloj del campanario cuando me despido de doña Nati y voy a la iglesia para hacer la visita al Santísimo.
Voy a la casa abadía y, para burlar al sueño en esta hora crítica, me pongo a hacer tareas domésticas.
Luego empiezo la lectura del Evangelio de San Marcos. Es el más cortito, y el más antiguo y tiene tres partes: ministerio en Galilea, camino de Jerusalén y ministerio den Jerusalén. En cada parte hay una voz: en la primera, la del Padre —desde el Cielo— en el Jordán; en la segunda, la del Padre —desde la nube— en el Tabor; en la tercera, la de Cristo en la Cruz.
16:00
Voy a la iglesia para mirar fijamente al sagrario. Llego cuando están dando las cuatro en el reloj del campanario.
Tengo que buscar tres partidas —las hallo— y asentar una. La asiento.
Tengo que tratar de hablar con los padres de la niña que se bautiza el sábado. No lo consigo. ¿Me llamarán ellos antes del sábado? ¡Qué emoción!
17:15
Voy a la casa abadía para coger mi ordenador y salgo para Crevillente.
18:10
Me encuentro con Manolo en una pizzería de Crevillente donde celebra su cumple el mejor amigo de un su hijo.
Nos sentamos en sendas sillas cabe una mesa y allí le explico mi problema. Al parecer me han jaqueado la cuenta de X.
Manolo trastea un poco y confirma mis sospechas: han entrado y han cambiado el correo por uno .jp de Japón. No hay nada que hacer sino unirse a la celebración del cumpleaños y de la vida y —eso sí— no lamentarse por tan poca cosa sino recibirla con parsimonia y buen humor.
19:00
Nos despedimos y salgo para San Miguel.
1. El bluetooth de mi Lamborghini no funciona.
2. El aire acondicionado tampoco.
¿No son ocasiones maravillosas para ejercitar la parsimonia?
19:30
Voy a Masymas. Cuando voy a pagar caigo en la cuenta de que no tengo dinero. No importa, puedo pagar con la tarjeta del teléfono.
Pues no, no la admiten. Ni a la primera ni a la segunda. Trasteo un poco. A la tercera la admiten. No carezco de nada.
20:00
Recojo en casa de doña Nati el nuevo dispositivo de bluetooth para mi Lamborghini. Acaba de llegar por Amazon. No carezco de nada. Me despido de doña Nati y voy a la casa abadía para prepararme una cena ligera.
Creo que también eso de haber perdido mi cuenta de X justo cuando acababa de alcanzar los 1.000 —mil— seguidores tiene su gracia. Para un sacerdote —especialmente para uno que está cambiando de parroquia— cualquier llamada a ir cortando lazos y a empezar de nuevo suena a cosa del Cielo.
Eso sin tener en cuenta que, gracias a esa pérdida, he vuelto a Crevillente, he pasado un rato estupendo con Manolo —¡qué amable!— y he estado en una fiesta de cumpleaños. No carezco de nada.
Dejo aquí mi nueva cuenta de X para los millones de seres humanos que arden en deseos de leer mis diarios.
Ahora que lo pienso, no me duele nada.
Que Dios nos bendiga a todos.
Amén.
Le sigo de nuevo en X, don Javier, un saludo desde Nuevo León, México. Qué lástima lo del hackeo de su cuenta.
ResponderEliminarGracias, mi doña.
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