sábado, 4 de julio de 2026

Diario. Viernes, 3 de julio de 2026

 La Torre

viernes, 3 de julio de 2026


De seis a nueve la rutina de abrir la iglesia, ir al hospital, celebrar la primera misa del día… Como Mauricio y Ana María han vuelto de Barcelona, voy a llevarles la comunión. 


De nueve a doce la rutina de volver a San Miguel, atender el confesonario —cuatro penitentes, muy bien— celebrar la segunda misa del apóstol Tomás. Con homilía, claro. 


De doce a dos la rutina del despacho parroquial. 

¡Albricias! Ha llegado a la cuenta de San Miguel un donativo —cinco mil dólares—no esperado aunque sí suplicado por la intercesión de San Nicolás. Voy a poder dejarle a mi sucesor unas cuentas saneadas. Benditos sean Dios, san Nicolás y la generosísima donante. 

Hay que hacer una transferencia de dos mil quinientos dólares a la cuenta de la parroquia de Torremendo que estaba en las últimas. 

Hay que hacer dos certificados de dos mil quinientos dólares cada uno para que la generosa donante pueda desgravar su dádiva de la voraz Hacienda. 


A las dos, de camino a casa de doña Nati, hay que pasar por la iglesia para hacer una alegre acción de gracias. 


Después de comer en casa de doña Nati, rosario —misterios dolorosos—con doña Nati. Tanto ella como yo somos conscientes de que estamos despidiéndonos poco a poco del mejor modo posible. 


Mientras espero a Gerardo que va a instalar unos ventiladores, rezo un poco. 


A las seis y media he quedado con Gema para recibir a los padres y padrinos de Vega que será bautizada mañana. Gema llega antes de tiempo —que amable— y los padres y padrinos llegan a tiempo. Muy bien.


Gerardo ha instalado un ventilador en el coro y lo ha preparado todo para instalar otros cuatro mañana. 


La secta del orgullo LGTBQ+ ha preparado un concierto en El Paseo. Eso quiere decir que, si me quedo en San Miguel, me atormentarán con una música infernal hasta la madrugada. Decido huir. 

Meto algunos libros y una muda en mi maleta y salgo para La Torre. 


En La Torre —¡albricias!— encuentro a Elena, a Rafael, a Marta a Valen, a sus churumbeles, a Saray —la muchacha que los cuida— y a otros amigos. Están bebiendo verdejo y picoteando boquerones en el palmeral. Me invitan a sentarme con ellos per declino la invitación: antes que nada debo darme un chapuzón en la piscina. Misterios gozosos en la piscina. 


Luego —ahora sí— me arrimo a la mesa del verdejo y los boquerones pero pido tinto y me sirven uno excelente. 

Charlamos y charlamos. Quieren saber de mi nuevo destino en Granja de Rocamora y, como no sé nada de mi nuevo destino, invento cosas para entretener a los que tan amablemente se interesan por mí. 


A eso de las nueve, Elena me invita a cenar pero declino la invitación porque todavía tengo que deshacer mi maleta y escribir esto antes de irme a la camita. 

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