San Miguel de Salinas
lunes, 2 de marzo de 2026
Por la mañana, como es lunes, voy al hospital. Allí, en la capilla, después de la misa y de la visita a los enfermos, me siento ante el sagrario con la lira vigésima séptima del Cántico espiritual.
Allí me dio su pecho,
allí me enseñó sciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dexar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.
Darse el pecho uno a otro es comunicarse amor y secretos y eso hace el amado con el alma cuando le enseña contemplación, que es sabrosísima ciencia porque es conocimiento amoroso.
Luego, como sigue siendo lunes, hay que volver a San Miguel para sentarse en el confesonario, celebrar la misa, ir al banco y despachar en el despacho.
No es raro que los lunes, vengan Gracia y José María para ver a doña Nati. Hoy es lunes. Gracia y José María han venido a ver a doña Nati. No es raro.
Por regla general, los lunes por la tarde voy a La Mata para llevar la comunión a Ana María. Hoy voy a La Mata porque es lunes pero no encuentro a Ana María con su camarera ucraniana —qui nomen est Tatiana—ni con su camarera alemana —de cuyo nombre no puedo acordarme— sino con una su hija —la que vive en Londres— que ha venido de Londres para pasar unos días con su madre. Después de darle la comunión a Ana María y de rezar un ratito, la hija de Ana María y yo charlamos animadamente. Ana María no participa en la conversación porque no oye bien, pero sonríe de tal modo y manera que parece decir: «me encanta que habléis animadamente».
…
El invierno del Rey Mendigo
Written by Alejandro Rodríguez de la Peña
7 de enero.
El emperador llegó ayer —solemnidad de la Epifanía— a Susa.
La Margravina Adelaida de Turín —su suegra— lo recibió en su castillo (de ella) y aprovechó la ocasión para exigirle algunas cosas.
Si se hubiera limitado a suplicar, quizá no las habría conseguido. Pero, exigiendo y humillando al emperador, Adelaida de Turín demostraba que estaba en su casa y que el único camino que podría llevar a su suegro —conocido como el Rey Mendigo— hasta Roma, era el camino de la humildad que no es el de los que caminan mirando al suelo sino el de los que siguen adelante, con la mirada puesta en la meta aunque, a cada paso, sean despojados de algo que el mundo, el demonio, la carne y la suegra estiman valioso.
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