domingo, 22 de marzo de 2026

Diario. Domingo, 22 de marzo de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 22 de marzo de 2026


A las diez hay que celebrar en Torremendo. Antes de misa hay que decir que la colecta es para el seminario. Después de misa hay que decir que la procesión del domingo de Ramos saldrá desde el garaje de Antonio. Luego hay que hacer algunas preguntas muy difíciles a los niños de catequesis. 


A las doce hay que estar en el confesonario de San Miguel. Un penitente. 


A las doce y media hay que celebrar la segunda misa del domingo, con coro y todo. Hay que decir que la colecta es para el seminario y que Luciana estará en la puerta con palmas grandes, medianas y de solapa para el Domingo de Ramos. 


A las dos menos diez hay que estar en casa de doña Nati para que Wilder nos lleve a casa de Heidi y Armin que han vuelto de Suiza. 


Armin ha perdido diez kilos porque tuvo un desgarro muscular que lo obliga a caminar con muletas y un derrame interno en el que perdió la mitad de la sangre que, en su caso, fueron unos tres litros. Podía haberse muerto pero no se ha muerto. Brindaos por ello. 


Ana Isabel y Wilder se unen a nosotros a eso de las cuatro y media. Saludan a Heidi y a Armin con gran contento y se interesan por la salud de Armin que vuelve a contar lo de la sangre y lo de que casi se muere pero que no se ha muerto. Volvemos a brindar porque no se ha muerto. 


A eso de las cinco, Ana Isabel y Wilder nos devuelven a San Miguel. Dejamos a doña Nati en su casa y vamos a la iglesia para cubrir las imágenes como es costumbre hacer después de la misa del quinto domingo de Cuaresma. Entre tanto, en los locales parroquiales, las catequistas han reunido a los niños y a sus padres para una sesión de cine con chuches en el descanso. 


A las siete hemos terminado. Wilder me lleva otra vez a casa de Heidi y Armin porque he olvidado allí mi chaleco de plumas y mi documentación 


A las siete y media en punto, Wilder y yo entramos en El Collie donde nos esperan Ana Isabel, su madre, Luciana y Camila. 


Cenamos y charlamos y charlamos y charlamos. Luciana se sincera: ha venido a cenar con nosotros porque su madre la ha obligado. Ella estaba jugando al fútbol con su amigos y está deseando volver con ellos. Mientras se zampa un plato de huevos rotos sin jamón —solamente come jamón si es ibérico— nos dice que antier estuvieron jugando al fútbol durante cinco horas. Termina su plato y pide permiso para retirarse. Su madre se lo concede y Luciana desaparece en la noche. 


Cuando nos despedimos son las nueve o así. Wilder, Ana Isabel, su madre y Camila se van a su casa. Yo voy a la iglesia para rezar completas antes de apagar las luces y cerrar las puertas. 


Luego vuelvo a la casa abadía para escribir esto.

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