miércoles, 18 de marzo de 2026

Diario. Domingo, 15 de marzo de 2026

San Miguel de Salinas

domingo, 15 de marzo de 2026


6:30

Me despierto en La Torre.

Oficio de lectura y laudes. 

Lira 40 y última del Cántico espiritual:

Que nadie lo miraba,

Aminadab tampoco parecía,

y el cerco sosegaba,

y la caballería

a vista de las aguas descendía.

Termina el Cántico con el perfecto descanso del alma en Dios cuando, en un retiro sin testigos —«que nadie lo miraba»—,  desaparecido el diablo y sosegado el cerco de las pasiones, los sentidos internos y externos —«la caballería»— descienden a las aguas espirituales.



8:15

Salgo para Torremendo. Me muero de sueño pero no olvido llevar conmigo algunas formas grandes de la sacristía de la Torre porque en el sacristía de San Miguel ya no quedan. 

Control de policía en la autopista. Nos obligan a entrar en el área de servicio de Elche y allí nos separan como en el juicio final pero al revés: a los corderos nos dejan seguir por la izquierda para volver a la autopista y a las cabras las mandan a la derecha para asegurarse de que no llevan bombas, drogas y eso. 

Como voy con tiempo y me muero de sueño, antes de volver a la autopista salgo del coche para estirar las piernas y dejar que me despeje el fresquito de la mañana. 


8:50

Me muero de sueño. Paro en el área de servicio del Realengo para estirar las piernas. 

Si la policía tuviera un detector de sueño y me hicieran soplar me quitarían todos los puntos del carné de conducir o licencia de manejar. 


9:10

Llego —por milagro— sano y salvo a Torremendo. Me felicito. Me recibe el archidiácono. Me alegro. Le entrego dos certificados de confirmación que me encargó y algunas palmas para el Domingo de Ramos y Palmas. 


10:00

Misa.

Luego atiendo a algunos suplicantes que piden palmas para el Domingo de Palmas y certificados de confirmación para ser padrinos de sus nietos. 

Llega Joan. Ha preparado todo para la misa de San Miguel. Viene —de camino a Murcia— para recordarme que nos hemos quedado sin formas grandes en San Miguel y que hay que llevar algunas. De paso me advierte: «todas las calles de San Miguel están cortadas».

Que Joan vaya camino de Murcia tiene una explicación. El arzobispo Athanasius Schneider está en Murcia y va a celebrar allí según el tradicional rito malabar, o algo así. Se la ve radiante y yo me alegro por ella y por el arzobispo. 


11:30

De vuelta a San Miguel, toca hacer un oficio que hace llorar. Ha muerto Antonio Francisco, un varón que antier, a sus cincuenta y dos años, era capaz de conducir un tractor y de volver a casa para alegrar a su buena esposa y a sus niños —Edurne y Antonio— que están abrazados a su madre y conteniendo el llanto a duras penas. Antonio hizo su primera comunión el año pasado. Allí están también los padres del difunto con una pena que se ve en los ojos y no habla. 

Volvía antier Antonio Francisco a casa con su tractor. Nadie sabe explicar cómo una furgoneta lo alcanzó por detrás y volcó el tractor. 

Ahora, Antonio Jr gime y trata de contener el llanto abrazado a su buena madre mientras al sacerdote que proclama el evangelio de la resurrección de Lázaro disimula sus propias lágrimas tosiendo un poco y sonándose las narices. 


12:30

Misa sin coro y con medio aforo porque la mitad del pueblo está en el cementerio acompañando a los deudos del difunto. 

Al final, aunque no hay coro, cantamos a San José que está en el presbiterio porque ya es su séptimo domingo.  

Doña Nati me invita a comer en casa de Eva y Miguel que van a celebrar el cumpleaños de Pablo pero no me encuentro bien y se lo confieso y me absuelve. 

Voy a la casa abadía, me preparo un arroz blanco —basmati— y dos muslos de pollo, los bendigo, me los zampo y me acuesto. 



17:30

Wilder me ha invitado a tomar un café maravilloso —colombiano y eso— en su casa. De camino paso por la gasolinera. El gasoil está a un euro con noventa y piquito centavos: casi dos dólares el litro. 


18:30

Vuelvo a la casa abadía. Llevo retrasados los diarios. Me toca tomar notas de ayer y de hoy para publicar los diarios de ayer y de hoy pasado mañana o cuando Dios quiera. 

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