La Torre
domingo, 8 de marzo de 2026
8:00
Oficio de lectura y laudes.
Me siento ante el sagrario con la lira 33 del Cántico espiritual:
No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dexaste.
El alma reconoce que no había en ella gracia alguna cuando el Amado la miró y la agració. Y así, no puede olvidar que toda su gracia se debe a la mirada del Amado.
…
Mañana de domingo: misa y catequesis en Torremendo, misa en san Miguel.
Después de misa preparo una maleta con libros que quiero llevar a la Torre. Preparo también una comida de domingo porque doña Nati está en Murcia.
A eso de las dos y media salgo para La Torre.
…
15:30
Llego a La Torre.
16:30
Misa.
17:30
Me despido de MVP, de AZV y de sus amigas. Ellas se van a Madrid, yo me quedo holgando en La Torre.
…
EL POZO DE SICAR
(Homilia en La Torre)
Hace años escribí una poesía muy buena. Cada vez que me encuentro con un grupo de personas indefensas se la recito. Hoy la he recitado para los niños de Torremendo y de San Miguel. Esa poesía muy buena dice así:
En mi iglesia hay una fuente,
que es la pila bautismal,
para que todos se laven
del pecado original.
El cirio pascual, al lado,
nos recuerda con su luz
que Cristo Resucitado
venció a la muerte en la Cruz.
¿Por qué hoy esta poesía tan buena?
Pues porque hoy, tercer domingo de Cuaresma, empieza en toda la Iglesia la gran catequesis bautismal que precede a la Pascua.
A los que se bautizarán en la Vigilia Pascual, se les hace hoy el primer escrutinio y, en el evangelio de la samaritana, oirán hablar del misterio del agua viva.
El domingo que viene —domingo Laetare— se hará el segundo escrutinio y, en el evangelio del ciego de nacimiento, oiremos hablar del misterio de la luz.
El quinto domingo de Cuaresma, tercer escrutinio y evangelio de la resurrección de Lázaro.
En realidad, toda esa catequesis bautismal es una catequesis sobre el Espíritu Santo que se nos da en el bautismo para que seamos hijos de Dios.
Espíritu que lava y quita la sed. Espíritu que ilumina: el que me sigue no caminará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida. Espíritu que nos hace renacer a la vida eterna.
Muy bien. Pues hoy toca el evangelio de la samaritana.
He leído la versión abreviada porque tenéis que volver a Madrid y no quiero que se haga de noche.
La versión completa tiene tres partes.
1. Diálogo de Jesús con la samaritana.
2. Conversación de Jesús con los discípulos.
3. Evangelización de los vecinos de Sicar.
Jesús, cansado del camino, se sienta junto al pozo. Un verso del maravilloso himno Dies irae, dice así: quaerens me sedisti lassus. Búscándome, cansado, te sentaste.
¿Para qué se hizo hombre el Hijo de Dios? Para redimirme. ¿Para qué se fatigo? Para buscarme. ¿Para qué se sentó junto al pozo? Para encontrarme.
Así tenemos que contemplar esta escena: en el pozo, Jesús, cansado, esperándote.
Era la hora sexta —el mediodía— cuando llegó la samaritana. Los sabios han observado que nadie va a buscar agua a la hora de más calor a menos que quiera evitar el encuentro con otros. Aquella mujer —o sea, yo— de pasado algo turbio, ¿quería evitar encontrarse en el pozo con otros vecinos? Es posible. Pero allí se encontró con Jesús.
Mujer, pecadora, samaritana.
Imposible imaginar una interlocutora menos recomendable para un rabino. Ellos no tenían discípulas, Jesús sí, y excelentes. Para Jesús no hay barreras: ha venido a buscar, precisamente, lo que estaba perdido. Ha venido a buscar a la mujer pecadora y extranjera, o sea, a mí.
Dame de beber.
Ahora está de moda hablar de vulnerabilidad. Jesús se muestra así, vulnerable, necesitado. No empieza diciendo «tengo algo que necesitas» sino «necesito algo de ti».
Cuando ella le pregunta que cómo pide de beber a una samaritana siendo él judío, Jesús dice algo misterioso que intriga a la mujer: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber». Ella acabará pidiendo a Jesús esa agua viva. Y así, una samaritana nos enseña a orar en cuaresma: «Señor, dame de esa agua». Podemos estar seguros de que Dios no dejará de dar el Espíritu Santo a quien lo pida.
La mujer corre al pueblo —olvidando el cántaro cabe el pozo— y comienza su misión evangelizadora: «He encontrado a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho en mi vida». No dice: «He encontrado a un hombre que me ha dicho que soy una santa».
Los apóstoles aprenderán también a evangelizar así. San Pablo recordará siempre que persiguió a los cristianos. San Pedro querrá que el evangelio hable de las tres veces que negó a Cristo y los demás apóstoles tampoco querrán ocultar que discutían por quién era el más importante y que todos abandonaron al Señor en el momento de la prueba.
Así evangelizaremos también nosotros:
—Mira, he encontrado un lugar en el que saben cómo soy y me quieren.
—¿Dónde?
—Ven y verás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Es usted muy amable. No lo olvide.