miércoles 2 de diciembre de 2009

Pedagogía

http://serypersona.blogspot.com/2009/11/aristoteles-o-rousseau.html

Peces Barba

¡Oh!
http://infocatolica.com/blog/meradefensa.php/0912011141-lo-que-la-iglesia-catolica-me#more6020

martes 1 de diciembre de 2009

Queridísima madre:

Mi cuadragésimo nono cumpleaños merece una carta porque un año cumplido es un año pasado. Decir -a partir del seis de diciembre- que tengo cuarenta y nueve años será mentir. A partir de ese punto y hora andaré instalado en los cincuenta. Y así andaré -instalado en los cincuenta si Dios me da vida- durante diez años, hasta el seis de diciembre del 2019.
Nací -si he de prestar crédito a tu propio testimonio- algo raquítico pero vivo. Esto último debe ser considerado por mí como un gran bien. Cuarenta y nueve años después, tras alcanzar la formidable estatura y fortaleza muscular que todos envidian y todas ponderan, me está creciendo la barriga y me ha salido papada: signos inequívocos de felicidad.
Nací -como todo el mundo- pobre, absolutamente dependiente de los demás -principalmente de ti- e ignorante. Sin embargo -y esto debe ser considerado un gran bien- fui querido desde el primer momento y recibido por una multitud de hermanos como uno más de la familia.
Cuarenta y nueve años después no solamente he aprendido a hablar, a leer y a escribir -primero con lápiz, luego con boli, a máquina y en ordenador- sino que soy poseedor de un fabuloso patrimonio del cual no haré balance por no ser prolijo. Digo, sí, que se compone de casas, tierras, hermanos, hermanas, amigos, sobrinos y títulos como el de Rector Magnífico de las Virtudes. Digo además que tal patrimonio no hace sino crecer cada día.
De modo que, también en esto, todo ha ido de bien en mejor.
¿Soy, entonces, querida madre, el ser humano más feliz del mundo? ¡No! Los más felices están en el cielo. Pero no concibo, aquí en la tierra, que nadie haya sido más mimado, más bendecido sin méritos ni más amablemente tratado porque, entre otras cosas, cuarenta y nueve años de experiencia no han hecho sino acrecer mi esperanza. ¿Será una especie de gula de felicidad?
Cuando nací -querida madre- supongo que lloraría como todos. Todavía lloro, a veces, por tonterías pero se me pasa pronto. Luego pienso: ¡qué bobada! Y me acuerdo de ti. Entonces me entran ganas de decirte: ¡gracias!
Tú sabrás, mejor que yo y más amablemnte, dar las gracias a Dios y a mi padre y a todos por estos años.
¿Querrás mandarme tu bendición?
Tu hijo
Vicens

lunes 30 de noviembre de 2009

Respeto a la ley y ¿a la cultura?

Acabo de leer aquí http://opinionciudadano.blogspot.com/2009/11/no-quereis-minaretes-tened-hijos.html que los países que acogen tienen derecho a exigir al inmigrante el respeto al sistema legal y a la cultura.
No sé qué pensar. Me parece bien de entrada. Luego me pongo en la piel del que llega de fuera y pienso: soy uno más. Porque la ley es igual para todos y está promulgada. Pero aquí no hay cultura excepto la legal, la oficial y subvencionada, que no es cultura ni ley sino fraude. ¿Hay una cultura respetada y respetable? ¿Hay aquí un país o solamente un Estado? ¿Llego a una casa, a una familia acogedora y hospitalaria con sus rarezas y tradicones respetables o a una selva legal áspera y fuerte que invoca constituciones y mata niños? ¿Aquí la gente -respetable siempre- es respetuosa? ¿Hay aquí alguien amable? ¿Pueden darme un ejemplo? Eso sí que sería respetable. Por ejemplo un ejemplo.
Por desgracia suele rozar la ilegalidad eso de la amabilidad. Para que a los inmigrantes no les quepa la menor duda de que, aquí, ser amable es imprudente, la ley manda quitar los crucifijos de las escuelas.

Imaginemos

O lo que es lo mismo, supongamos.
Supongamos que soy un pescador de atunes y que unos piratas me secuestran y que no me muero de miedo directamente. Estoy vivo y secuestrado y solo quiero que me dejen en paz por lo que más quieran. Si, además, me están maltrando lo único que quiero es acabe todo y tengo que ser muy fuerte para no tirarme al mar porque no sé nadar. Entonces llega un barquito del ejército español y se oye una voz que dice: Amables piratas, nosotros somos buenos, no somos piratas. Los piratas nos caen bien y en nuestras escuelas -tenemos escuelas- les decimos a los niños que ser piratas es estupendo. Uno de nuestros mejores poetas -tenemos poetas- hizo una canción que es la Canción del pirata, de ahí su nombre. Ahora bien, una cosa son las poesías y otra cosa muy distinta es el negocio. Negociemos. Ustedes tienen algo que nos resulta muy preciado porque, entre otras cosas, es de los nuestros. Nuestra oferta es esta: suelten ahora mismo al individuo que tan injustamente retienen. Sepan que luego haremos todo lo posible por capturarlos a ustedes con la única finalidad de conducirlos a nuestros amables tribunales -tenemos tribunales amables- donde serán tratados con toda consideranción. Si lo que ustedes quieren es dinero pueden ganar mucho en España cuando salgan de la cárcel escribiendo sus Memorias de un pirata. Pero sepan ustedes que no estamos dispuestos a pagar ni un centavo a cambio de lo que es nuestro porque no estamos acostumbrados a la esclavitud. En España estamos acostumbrados a recurrir hasta las multas de tráfico y, si nos fastidian mucho, llevamos nuestras pendencias hasta donde haga falta: todo menos pagar. España no se dedica a redimir cautivos. De eso se encargan unas ONG católicas que, de paso, pueden evangelizarlos un poquito a ustedes. Es nuestra última palabra.
¿Es mucho suponer? ¿Para qué está el Estado? Y, si es una ONG, ¿por qué recauda impuestos? Al César lo que es del César: un tributo para que se encargue de poner asfalto y policías en las carreteras. Pero si sale en la tele poniéndose medallas porque ha comprado mi vida y yo lo aplaudo ya sé lo que vale mi vida: cuatro o cinco millones de dólares con la imagen del César... nada. Si eso es así entiendo a Espronceda y a los piratas.

Regalitos

Lista de regalitos recibidos con motivo de mi santo (San Francisco Javier) y de mi cumpleaños (San Nicolás) y de las personas que me han felicitado como merezco:
1. Mi tía Janusa. Regalo: Un sobre que llevaba dentro una bolsa de plástico que, a su vez, contenía: 1.a) Un sobre que llevaba dentro una amable carta. 1.b) Una caja de cartón marrón con la leyenda (letras doradas sobre fondo negro) Lenguas de gato rellenas. En su interior había, en efecto, lenguas de gato que Virtu ha mirado codiciosamente mientras me advertía: Cuidado con las admiradoras del "bloh". Dieciocho lenguas de gato en dos bandejitas doradas.
2. Javier G.L. Regalo: Un amable correo.
3. Agustín L. Regalo: Un amable correo.
Mientras espero -como espero- que la lista crezca, agradezco a todos su amabilidad. No tenían que haberse molestado. (30 de Noviembre de 2009)
Balance de felicitaciones y regalos:
Felicitaciones: tres.
Regalos:
Sobres 2
Bolsas de plástico 1
Cartas amables 1
Cajas de cartón 1
Lenguas de gato 36
Bandejitas doradas 2
Amables correos 2
TOTAL: 45 regalitos.

Especial responsabilidad del ejemplo político

Es sabido que la autoridad hay que ganársela. Lo saben lo padres y los maestros como lo saben los políticos quienes -por su protagonismo social- no pueden sustraerse al juicio de la opinión pública. La notoriedad, como la nobleza, obliga.
Calígula podía hacer lo que le viniera en gana. En democracia los políticos han sentido la necesidad de rodearse de asesores de imagen. Claro que eso no basta porque el público -avisado- se pregunta qué clase de persona hay detrás de esa imagen y acaba adivinándolo. La pregunta es esta: ¿es una persona fiable?
Don Javier Gomá estudia en el último capítulo de Ejemplaridad pública el papel de la Corona como símbolo y, más aún, como el principal símbolo de una monarquía.
Si ascendemos por los peldaños de la pirámide estatal y atravesamos las estancias, cada vez más elevadas, de los funcionarios, los políticos y los magistrados, nos encontramos con la sorpresa de que, al final, hay algo tan simple -¡oh!- como una familia.
Tanto encumbramiento o maiestas está justificado por su función simbólica. Sus miembros han sido educados para vivir y envejecer a la vista de todos.
La ejemplaridad se llama aquí "lealtad a su significado simbólico". Si, encerrándose en su propia anécdota -escribe Don Javier-, es desleal a su simbolismo, pierde al punto su anterior gravedad y encanto y se torna ejemplo ininteresante, caprichoso cosmético, bagatela desechable. El antiguo mito político sólo vale entonces como cuento para niños. La vulgaridad de vida banaliza la corona y vacía el trono.
En fin, se ve que nadie escapa a ese imperativo: ¡reforma tu vida!, ¡sé ejemplar!
Habrá que hacer algo.

domingo 29 de noviembre de 2009

Las ansias infinitas de paz

Lo malo de las ansias infinitas es que son muy ansiosas. Cuando poseen a un presidente de gobierno suelen conducir al gobierno a un delirio extremo.
Los chinos, que son muy prácticos, dicen que si uno quiere organizar la provincia, primero tiene que organizarse él mismo, luego tiene que poner orden en su casa, en su barrio, en su municipio, en su comarca... total que para apaciguar la provincia hay que ser muy viejo y estar cargado de méritos y de paciencia, cosa que se aviene mal con la ansiedad.
Aquí, paciencia, poca. Pero por ansias que no quede: llamar infinitas a las nuestras es quedarse corto. Si Cervantes viviera escribiría una novela ejemplar titulada El zapatero ansioso.
Nuestras ansias de paz nos llevan a abrir fosas comunes, a perseguir a Pinochet sin tregua, a pedir reparaciones para los moriscos expulsados de España antes de Franco, a luchar con denuedo por los derechos de los babuinos... lo nuestro, ¡vaya!, no es ser prácticos. Lo global, lo global: ¡eso es lo es lo nuestro! Nosotros siempre a lo grande.
En Españita ya no hay pinos. ¿A quién le preocupa eso? Lo nuestro es el calentamiento global. ¿Vamos a plantar pinos? No, que eso es fascista. Lo que vamos a hacer es desmontar las centrales nucleares y poner molinillos de viento que dan mejor rollete. Las centrales nucleares se las dejamos a los franceses que son unos paletillos preocupados solamente por poner en orden sus provincias.
En Españita pasa con el agua como con todo: o calvo o tres pelucas. Inundaciones que harían temblar a Noé o una sequía de espanto. Pero como los embalses y los transvases son fascistas aquí andamos bebiendo agua de mar desalinizada; y el que quiera lujitos y se los pueda pagar que trasiegue San Pelegrino, Acqua Panna, que de algo tienen que vivir los italianos.
¿Oiga, eso de las desalinizadoras contamina? Sí, claro, pero solo contamina el Mediterráneo que, al fin al cabo es el Mare Nostrum. ¿A quien le preocupa eso? Lo nuestro es lo global: salvar focas.
Y así con todo, capturamos un pirata y nos sale carísimo y no sabemos qué hacer con él porque ni siquiera sabemos si es un pirata de verdad o es un bebé. En el primer caso habría que llevarlo a la ONU para que decidan y, en el segundo habría que devolvérselo a su madre deshaciendonos en excusas: lo sentimos mucho, señora, es que nuestro ejército -como Doña Bibiana Aído- no distingue muy bien y tiende a confundir cualquier ser vivo con un pirata.
Y así, desplegadas sobre la aldea global nuestras alas como ansias infinitas de paz, el mundo, atónito, nos mira y se pregunta: ¿será verdad tanta belleza?

Pilar Rahola

Se puede ser caldeo y divertirse (Mingote)
http://www.religionconfidencial.com/index.php?option=com_content&view=article&id=902:empanada-de-laicidad&catid=62:columnista-1&Itemid=80

Arantza Quiroga Cía

La presidenta del parlamento vasco habla de la nueva ley del aborto.
http://eselsenor.blogspot.com/2009/11/erroro-inicio-de-cambio.html

sábado 28 de noviembre de 2009

Parlamentarios católicos, aborto y comunión.

En Religión digital Don Jesús Bastante cita dos textos del Magisterio de la Iglesia que, en su opinión, impiden negar la comunión a quienes voten a favor de la nueva ley del aborto. En realidad los dos textos dicen lo mismo.
El primero es este: un parlamentario, cuya oposición personal a las mismas sea absoluta, clara, y de todos conocida, podría lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de dichas leyes y programas.
Y el segundo es este: un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley.
Se trata de parlamentarios que, personalmente, se oponen absoluta y claramente al aborto de manera pública y notoria. Por eso mismo jamás podrán apoyar una ley que apruebe o facilite el aborto. Podría ocurrir, en cambio, que un gobierno quisiera revisar una ley muy permisiva. Los parlamentarios podrían votar a favor de una ley más restrictiva. Con su voto no estarían haciendo otra cosa que optar por el mal menor, es decir por una ley que, aún permitiendo el crimen del aborto, limitase los daños de una ley anterior.
Claramente no es el caso que se les presenta a los parlamentarios españoles ahora. Lo que tienen que decidir es si votarán a favor o en contra de una ley de plazos que, objetivamente, facilita el aborto y que otorga a la mujer el derecho a abortar durante las primeras semanas del embarazo sin ninguna restricción.
Aquí no se puede invocar el mal menor porque la nueva ley no solo no limita los daños de la anterior sino que los agrava. Lo siento, pero es así. Trabajar para que no prospere la descabellada idea de que las menores puedan abortar sin consentimiento ni conocimiento de sus padres está muy bien. Luchar para que se reconozca la objeción de conciencia de los médicos es lo mínimo que se puede hacer.
Pero la cosa está clara: quienes han dado su voto a este proyecto han apoyado una reforma que facilita el aborto. No han apoyado una ley más restrictiva sino todo lo contrario. Ellos lo saben muy bien. Lo sabe todo el mundo. No nos han dicho "vamos a revisar la legislación anterior que es demasiado permisiva" sino todo lo contario. Nos han dicho "vamos a revisar la legislación anterior que es demasiado restrictiva". Y cuando tengan que votar la ley definitiva, aunque se reconozca la objeción de conciencia y se suprima lo de las menores, el dilema será el mismo: a favor o en contra de una ley aún más dañina que la anterior. Hasta yo puedo darme cuenta de eso. Don Jesús Bastante, si quiere, puede entenderlo mejor que yo.
Hay algo que, si Don Jesús Bastante me lo permite, sí quisiera explicarle. Creo que de eso no sé menos que él porque soy cura. Quisiera explicarle a Don Jesús que negarle la comunión a alguien no es un placer sino todo lo contrario. Es algo que, con harto dolor de su corazón, tiene que hacer la Iglesia por amor y por fidelidad a Cristo.

Adviento (III)

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