domingo, 31 de enero de 2016

Nazaret

Jesús nació en Belén de Judea y creció en Nazaret. De Nazaret jamás había salido un profeta ni nada bueno. 
Allí vivió durante treinta años una vida ordinaria y oculta: para sus vecinos era, simplemente, el hijo de José o el hijo del artesano. 
A los treinta años fue al Jordán para ser bautizado por Juan y, después de cuarenta días de ayuno en el desierto, empezó a recorrer las aldeas anunciando el Evangelio. Entonces pasó por Nazaret y sus vecinos lo recibieron como se recibe a una persona importante. Habían oído hablar de sus milagros y de esa predicación de Jesús que llegaba al corazón y conmovía y era, ella misma, un milagro. En la sinagoga lo invitaron a leer y a explicar la Escritura y se maravillaron de sus sabiduría y de las palabras que salían de su boca. 
Pero entonces ocurrió algo terrible. Aquellas personas que escuchaban con tanta atención oyeron algo que no les gustó y se pusieron furiosas de verdad, como fieras. Sacaron a Jesús de la sinagoga a empujones -eso era como excomulgarlo y decirle: no eres de los nuestros- y lo llevaron a un barranco para matarlo.
¿Qué fue lo que dijo Jesús para enfurecerlos tanto? Yo no lo sé. Según el evangelista Jesús citó un refrán y dijo que nadie es profeta en su tierra, pero no parece que eso sea para que uno se ponga como una fiera. 
En el corazón del hombre puede haber cosas terribles, demonios de soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza- que están escondidos hasta que -de pronto- algo hace que se manifiesten de un modo horrible. Por eso, cada vez que sale en la tele la noticia de algún crimen espantoso los vecinos del criminal suelen decir que no se explican como pudo hacer eso porque era una persona muy normal. Quizá no saben que esos demonios están en el corazón de las personas normales. 
Lo que está claro es que Jesús habló -como siempre- con verdad y que a los que lo escuchaban no les gustó oírlo y se puso de manifiesto lo que llevaban en el corazón: muy poca caridad y una fiera espantosa.
Uno puede haber estudiado mucho, y haber viajado mucho y saber muchos idiomas y ser muy educado, pero si no tiene amor, si no vive en Gracia de Dios, la fiera que lleva dentro saldrá tarde o temprano. San Pablo dice aún más: dice que uno puede ser muy religioso y hacer milagros y sacrificios enormes y que nada de eso le servirá si no tiene amor. Y luego habla del amor de tal manera que parece que está retratando a Jesús: es comprensivo, es servicial y no tiene envidia, no es grosero ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra con la injusticia pero goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites y aguanta sin límites. 
Para que la Palabra de Dios dé fruto en nosotros no basta con que la escuchemos: es necesario que la acojamos amorosamente en el corazón como hicieron Santa María y San José. Por eso nos han enseñado a rezar diciendo: Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
Jesús dijo que había venido a anunciar el evangelio a los pobres porque sabía qué duro y violento es el corazón del hombre soberbio. Y, por eso mismo, el profeta debe hablar de Dios confiando en Dios incluso cuando se vuelven contra él los soberbios de este mundo: ponte en pie y diles lo que yo te mando, no les tengas miedo. 
Ya solo quedan siete domingos antes de la fiesta de San José. Él sirvió a Jesús y a María con un corazón enamorado. Para los de Nazaret era solamente el carpintero. En realidad fue un gran profeta: humilde, silencioso, sonriente y sabio.

miércoles, 27 de enero de 2016

Pájaros gorriones

8:13 Amanece pero no se nota mucho porque hay nubes y niebla. Esta noche ha llovido. En el Oficio de Lecturas San Bernardo comenta el Cantar de los Cantares:
¿Dónde podrá hallar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador? En ellas habito con seguridad, sabiendo que él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me pone asechanzas, pero yo no caigo, porque estoy cimentado sobre piedra firme. Si cometo un gran pecado, me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor. Él, en efecto, fue traspasado por nuestras rebeliones. ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo? Por esto, si me acuerdo que tengo a mano un remedio tan poderoso y eficaz, ya no me atemoriza ninguna dolencia, por maligna que sea.
9:45 Estoy proclamando el Evangelio en Misa. Estoy diciendo "salió el sembrador a sembrar" cuando un pájaro gorrión entra en la iglesia volando y se posa en el respaldo del último banco de la derecha. Estoy diciendo "vinieron los pájaros y se lo comieron" cuando un segundo pájaro gorrión entra en la iglesia dando saltitos, le pía algo al primero y ambos salen volando. Proclamo el resto del Evangelio muy maravillado.

10:15 Me llama por teléfono una chica: que está en los Juzgados de Orihuela y que tiene que verme urgentemente. Que la espero en Torremendo. Que muy bien.

10:45 Empiezo a recitar el Himno de Tercia que dice

Solo desde el amor   
la libertad germina,   
sólo desde la fe   
van creciéndole alas.
Me acuerdo de los pájaros gorriones.

11:00 Voy a ver a Enriqueta. La encuentro siguiendo la Misa por la tele. Rezamos juntos las oraciones de la Misa. Ella dice las del sacerdote y las del pueblo. Durante la consagración dice muchas jaculatorias y suspira muchos "¡ay Señor!" Cuando las cámaras enfocan la imagen del Sagrado Corazón de Jesús se emociona mucho: "¡Qué bonico que es el Señor! No hay nadie más guapo que Él y que la Virgen!" Al llegar la Comunión me muestra una bolsa con formas que le ha traído de Toledo su hijo. Me explica que su hijo le contó a un cura que ella veía la Misa por la tele a diario y que el cura bendijo las formas para que las tomara durante la Comunión y añade con mucha pena: "¡Ya sé que no es lo mismo!" Y se lleva una forma bendecida a la boca y cierra los ojos y cruza las manos sobre el pecho y hace una Comunión Espiritual a la que me uno. Cuando termina la Misa apaga la tele porque dice: "De la tele solamente me gusta la Misa; lo demás no vale". Y rezamos el Alma de Cristo. Luego recitamos la letanía de los Santos de enero. Luego me enseña los últimos regalos que le han mandado de una Cofradía a la que pertenece: una estampa de la Virgen y un rosario en miniatura. Y me regala una tarjeta de plástico en la que se ve una imagen de la Virgen sosteniendo un letrerito con un nombre: Enriqueta. Me la regala para que me acuerde de rezar por ella. Rezamos el ángelus y le digo que el viernes le llevaré la Comunión.

12:00 Mando un mensaje a la chica de Orihuela: que vuelvo a San Miguel. Cae una lluvia muy fina, muy fina.

12:30 Preparo una charla sobre las parábolas de la misericordia y hago una partida de bautismo. Estoy imprimiéndola cuando suena el timbre. Miro el reloj. Son las

13:15 Es la chica de Orihuela. Hablamos largamente. Me pide que haga una llamada y la hago. Antes de despedirnos le prometo que mañana iré al obispado para arreglar un asunto que le urge. Mando un mensaje a don Tomás: que mañana puedo llevarlo a Alicante pero no traerlo de vuelta porque tengo que ir al obispado y volver volando.

14:10 Durante la comida Fran nos cuenta cosas maravillosas del Mar Menor -por el que navega a diario desde hace años- y de sus islas misteriosas.

15:30 Visita al Santísimo. Observo las grietas que están saliendo en la cúpula.

16:00 Preparo la catequesis. Hoy toca hablar de Sansón. En la lectura de Vísperas leo que Dios puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros. Y tomo nota.

17:00 Catequesis. Al final hago preguntas: "¿Cómo se llamaba la chica que engañó a Sansón?". Muchas manos se levantan. Señalo a una niña muy débil y muy blanca que está -toda ojos azules- en el último banco. Responde: "¡Lalila!"

17:45 El sol se oculta tras las casas de la plaza que están en poniente. Echo un vistazo a mi agenda. Pongo una lavadora y saco los platos del lavaplatos.

18:00 Reunión con los encargados del cementerio parroquial de Torremendo. Ya han preparado los estatutos y ahora hay que convocar una reunión o asamblea o algo así para informar al pueblo. Será, Dios mediante, el 18 de febrero.

18:20 Como estoy en la reunión no puedo ver el final del día. Hemos tenido diez horas y siete minutos de sol. 

18:45 Me estoy despidiendo de los encargados del cementerio cuando llega el representante de Veremundo. Me acuerdo del lema de la Casa: "Velones Veremundo. Los mejores del mundo". Ahora Veremundo no solamente vende velones. También vende sotanas y ornamentos litúrgicos y muebles y sistemas de megafonía. Encargo una sotana, dos camisas y un sistema de megafonía porque los feligreses de San Miguel dicen, con razón, que no se oye nada. Pregunto que cuanto cuesta la maravilla que me ofrecen. Que no me preocupe. Insisto. Insiste. Que me lo van a poner gratis y que si no me gusta me lo quitan y santaspascuas. Que ya, pero que cuánto si me lo quedo. Que nada, que hay facilidades de pago. Quedamos en que vendrán mañana. 

19:40 Tiendo la ropa y me pongo a leer "Dios o nada" del cardenal Sarah

20:30 Suena el timbre. He quedado con un contrayente y dos testigos para hacer medio expediente matrimonial. 

20:55 Llego a casa de mi asesor de imagen justo a tiempo para el Pasapalabra en el que Jero vuelve a ganar a Marisa. Vemos el telediario.

21:45 Vuelvo a casa y escribo esto.

Actualización:


23:30 Acabo de cenar y salgo a la plaza y hago esta foto


Y me pregunto: ¿Será Júpiter ese puntito azul que no titila a la izquierda de la Luna? 

Y Google Sky me dice que sí. Que es Júpiter.



sábado, 23 de enero de 2016

Misericordia, oiga

Bienaventurados los que nada esperan 
porque se llevarán una agradable sorpresa. 
(Chesterton)

El que ha sufrido mucho puede acabar llorando de alegría si se encuentra -de repente- con un gran consuelo. 

No sé si saben ustedes lo que le pasa a un perrito que ha sido muy maltratado cuando alguien se acerca a él. Pueden verlo en You Tube. Yo lo he visto. Son animales que han sido apaleados, apedreados; les han dado patadas, los han metido en una jaula,  los han abandonado... y ya no se fían de nadie. Entonces alguien siente lástima y se acerca a ellos para acariciarlos pero ellos se asustan: ladran, lloran, enseñan los dientes, tiemblan de miedo. Y hace falta mucha paciencia y mucho cariño y mucha delicadeza y eso que se llama "misericordia" para ganarse su confianza. Y entonces, poco a poco, dejan de temblar y de ladrar y parece que -con sus ojos de perros- lloran de alegría cuando, por fin, comprenden que no están solos. 

El Pueblo de Dios -que había sufrido mucho en el exilio- volvió a casa y lloraba de alegría al escuchar las palabras de la ley -muy bien leídas y explicadas- y a sus sacerdotes que decían: No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza. Aunque no estaban tristes: lloraban de alegría.

El Papa quiere que este sea el Año de la Misericordia y que no se hable de otra cosa. ¿Por qué? Pues porque hay muchas personas que viven como perritos apaleados y maltratados por el diablo y hace falta que se encuentren con Jesús -Divina Misericordia- y se unan a Él como miembros de su Cuerpo de tal modo y manera que el gozo del Señor sea su fortaleza.

El Papa quiere que este sea el Año de la Misericordia y que no se hable de otra cosa porque Jesús dijo que había venido para anunciar la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y, a los afligidos, el consuelo.

El Papa quiere que este sea el Año de la Misericordia y que no se hable de otra cosa porque todos necesitamos la Misericordia de Dios que se ha revelado en Jesús y que sigue actuando en los siete sacramentos que son -por este orden- el primero Bautismo, el segundo Confirmación, el tercero Eucaristía, el cuarto Penitencia, el quinto Unción de Enfermos, el sexto Orden Sacerdotal y el séptimo Matrimonio.

Pero ¿qué dicen la Virgen María y San José del Año de la Misericordia? Pues la Virgen dice que está encantada con el Año de la Misericordia. Y San José -que sufrió tanto que llegó a pensar en repudiar a María en secreto- no dice nada. Pero si ustedes observan sus ojos verán que también está encantado y que llora de alegría mirándola a Ella.

martes, 19 de enero de 2016

Todo es muy confuso

Lunes 18 de enero de 2016
11:00 Voy a Correos porque tengo en el buzón un aviso de carta certificada del Juzgado de Torrevieja y es la segunda vez que me la mandan porque la primera vez la devolvieron.
11:30 Me entregan la carta y respiro aliviado al saber que no me citan como imputado en un crimen y que se trata de unos huesos que aparecieron en la iglesia cuando se hicieron las obras. 
11:32 Consulto Google Maps porque tengo reunión de arciprestazgo en la parroquia de Cristo Resucitado -o algo así- y me han dicho que está en la calle Diamante número 7. Google Maps me manda aquí:

Respiro aliviado al saber que no tengo que ir en bicicleta -lo que me costaría 37 minutos y mucho esfuerzo- porque mi lujoso FF puede llevarme allí en 18 minutos. 
11:51 Llego a un callejón sin salida en el que me dicen que la iglesia más cercana está a unos quinientos metros de allí, al lado de Mercadona.
12:00 Aparco mi lujoso FF, rezo el Ángelus y consulto Google Maps. 
12:15 Llego a la iglesia de San Pedro y San Pablo y la hallo repleta de voluntarios de Cáritas que reparten bolsas de comida. Pregunto que si es allí la reunión de arciprestazgo. Me dicen que no. Pregunto que si estoy en la iglesia de Jesús Resucitado y me dicen que no, que estoy en la Iglesia de San Pedro y San Pablo y que -si quiero comida- debo apuntarme en Cáritas. Pregunto que si alguien ha oído hablar de la Calle Diamante número 7 y provoco una algarabía: 
Una señora que parece de allí dice que nunca ha oído hablar de tal calle porque las calles del barrio tienen nombres de árboles como "pino" o "abedul". 
El sacristán dice que le suena lo de Diamante. Que debe ser un callejón sin salida que está a unos quinientos metros de allí.
Una chica que está escribiendo en un ordenador se levanta, me entrega una bolsa de comida y me susurra: ¡Gloria a Dios!
12:30 Salgo de allí muy desorientado y dejo la bolsa de comida en la puerta de la iglesia y me vuelvo a San Miguel. 
Primera reunión de arciprestazgo del año. No he ido. Quería ir. Todo es muy confuso. Ya sé que no es excusa. Pero es verdad.

lunes, 18 de enero de 2016

Mucho miedo

Domingo 17 de enero.
9:35 Empieza la Misa de 9:30. Calculo que hay unas noventa -90- personas en la iglesia. No parecen asustadas. 
10:15 Me despido de los feligreses que parecen muy contentos.
10:30 Me despido de Matthew que me dice algo así como: "Si quieres que me quede para la Misa de 12:30 no tendré inconveniente en hacerlo pero -a decir verdad y para ser honesto- tengo mejores cosas que hacer". No parece asustado. Le digo que haga lo que le dé la gana y se va.
10:35 Me tomo un café con leches y un bollito en la gasolinera más lujosa de San Miguel. Cuando estoy pagando entra un musulmán a quien todos llaman "Jaime" y me saluda con un "buenos días, don Javier". Como no parce asustado me acerco a él, le tiendo mi mano derecha -que él estrecha calurosamente- y le digo: "Buenos días, Jaime, amigo".
11:05 Empieza la Misa de 11 en Torremendo. Cuento veinte -20- personas. No parecen asustadas ni siquiera cuando -al terminar la Misa- salgo a la puerta para estrechar sus manos calurosamente deseándoles un feliz -o un muy feliz- domingo.
11:45 Catequesis en Torremendo. Intento asustar a los niños para que se estén quietos. pero nada. Mientras yo les hablo de las bodas de Caná ellos danzan y se agitan como borrachos o posesos. 
12:35 Empieza la Misa de 12:30 en San Miguel. Calculo que hay unas ciento veintitrés -123- personas. No parecen asustadas ni nada de eso. Los seis primeros bancos de la nave central están ocupados por los niños que se preparan para la primera comunión. Los cuatro bancos de la izquierda están ocupados por los amables jóvenes que se preparan para la confirmación. Entre la multitud -en el cuarto banco de la nave central- reconozco a mi prima MGC. No parece asustada.
13:15 En la puerta de la iglesia bendigo los animales -tres perros, dos tortugas, un par de loros o algo así- y a sus dueños. 
13:25 En la sacristía examino a los jóvenes de confirmación. ¿Dónde nació Jesús? ¿Dónde creció? ¿Dónde fue bautizado? No parecen asustados.
13:45 En la sacristía recibo a unos individuos que dicen ser historiadores interesados por fotografiar los objetos de arte que posee la parroquia. Aunque sospecho que son ladrones no se lo digo. Les muestro la custodia y la desarman y me aseguran que es de plata y del siglo XVIII. Me admiro mucho. 
14:15 Con mi prima MGC y con mi dietista y con mi asesor de imagen me voy a casa de Matthew.
14:30 Llegamos con media hora de retraso a casa de Matthew y su madre -que ya conoce las costumbres españolas- nos sonríe con la sonrisa que dedicamos a los amigos que llegan a tiempo.
16:30 Nos despedimos.
(...)
19:35 Suena el timbre de la casa abadía. Es Matthew. Lo llevo al Seminario de Orihuela y, por el camino, le hablo del Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos. No parece asustado. En realidad se ha dormido.
20:15 Llegamos al Seminario de Orihuela y ayudo a Matthew a llevar sus cosas -muchas y muy pesadas- a su habitación. Saludo al amable Rector del Seminario y a los padres de un simpático seminarista que se llama David  (o Daniel) y vuelvo a San Miguel.
21:15 Visito a mi dietista y a mi asesor de imagen y comentamos el día. No parecen asustados.
22:00 Voy a cenar al JJ. Al salir un amigo me dice: "Padre, en San Miguel le tienen miedo". Le respondo que me parece una buena señal y que siempre voy armado con un revólver. Me mira con incredulidad.
22;45 Rezo Competas y me pregunto -en el examen de conciencia- por las causas del temor que infundo. No las hallo. Vuelvo a casa. Contesto los mensajes del guasap, tiendo la ropa que está en la lavadora desde ayer, y escribo esto.



sábado, 16 de enero de 2016

El buey y la mula en el Cielo

Veamos:
Jesús nació en Belén, en un establo por más señas. Se diría que lo hizo adrede para poder bedecir al buey y a la mula con esta hermosa bendición: fui forastero y me hospedasteis. 
Hoy es la Jornada Mundial de las Migraciones y hay cientos de miles de personas que -huyendo de la guerra- piden asilo y refugio en Europa.
¿Qué podemos hacer nosotros?
Hay dos cosas que no debemos hacer y otra que podemos hacer.
Dar refugio a cientos de miles de personas no es nada fácil pero si alguien dice "es muy difícil, no es asunto mío" ese tal no debería hacer eso. 
Dar refugio a miles de personas es dificilísimo y, por eso, si alguien dice que es facilísimo y que la culpa es de los políticos, ese tal no debería hacer eso. 
Las dos cosas que no deberíamos hacer son decir "no es asunto mío" o "la culpa es de los políticos" porque se trata de dos mentiras. 
Entonces: ¿qué podemos hacer? Pues podemos hacer oración confiando en que el Espíritu Santo que reparte sus dones como quiere le dirá a cada uno lo que debe hacer. Y no solamente le dirá lo que debe hacer sino que le dará la fuerza para hacerlo.

Veamos:
Jesús creció en Nazaret de Galilea. Tenía unos treinta años cuando unos novios de Caná de Galilea lo invitaron a la boda a Él, a sus discípulos y a su Madre, la Virgen. A San José no lo invitaron porque ya el Señor se lo había llevado al Cielo en cuerpo y alma. Pero invitaron a María y a Jesús y a sus discípulos porque sabían que nadie puede separar a Jesús de María, ni a Jesús de sus discípulos, ni a María de sus hijos, los discípulos de Jesús.
Al diablo le encanta separar lo que Dios ha unido. Por eso hay tantas divisiones en el mundo. Jesús hizo su primer milagro en una boda para decirnos que lo que Dios ha unido no lo deben separar ni el hombre ni el diablo. Y para decirnos que Él es el Novio que viene a reunirnos a todos en un mismo Espíritu, en un mismo Cuerpo, en un mismo abrazo y en una misma Iglesia Santa y Católica.
Las peores de todas las divisiones del mundo son las divisiones entre los cristianos. La Iglesia no está dividida: Ella es Una, Santa y Católica. Somos los cristianos los que estamos divididos. La Madre Iglesia siente esas divisiones como heridas y no hace más que pedirnos que hagamos lo que Jesús nos manda.
¿Qué podemos hacer para que haya unidad entre los cristianos? Pues pasado mañana empieza el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos. Solamente podemos hacer una cosa: ponernos a hacer oración como Cristo -"que todos sean uno"- con Santa María. Y el Espíritu Santo -que acude volando allí donde los hombres se acercan a Jesús y a María- hará que empecemos a querernos y a comprender que el Vino Bueno y el Pan de Vida no son fruto de la vid y del trabajo del hombre sino una Bendición de Dios. 

Veamos:
Los animales domésticos están muy bien. Los creó Dios y los domesticamos nosotros. Los bendijo Dios y mañana los bendeciremos nosotros. Pero hay cosas que están bien y cosas que están mal. El que bendice a su loro y maldice a su hermano se irá al infierno con su loro y la culpa no será del loro. El que alimenta a su gato y niega el pan a su hermano se irá al infierno con su gato sin que el gato tenga culpa. Y los que dicen que el perro es el mejor amigo del hombre se sonrojarán en el Purgatorio durante siglos por haber preferido la amistad de un bicho a la amistad de Dios. Porque todo eso está muy mal. 
Lo que está muy bien es al amor a Dios sobre todas las cosas que conduce a amar al prójimo como a uno mismo. Quien tal hace, hace bien a todas las criaturas. Santa María, como siempre: ¡Bendita! La mula y el buey lo entendieron muy bien.

viernes, 20 de abril de 2012

Programa Pastoral y manifiesto de las ovejas.

Viernes 20 de abril de 2012

Sirve para quien está al frente de la Iglesia Universal, para los metropolitanos, para los obispos diocesanos y sus vicarios de zona, para los arcedianos y arciprestes, para los párrocos y para todo aquel que preferiría dimitir de la sociedad y marcharse al desierto pero -sin saber cómo ni por qué- ha de gobernar cualquier empresa o familia.

Lo puso en práctica el amable san Agustín:

Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los pendencieros, moderar a los ambiciosos, animar a los desalentados, apaciguar a los contendientes, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos, tolerar a los malos y [¡pobre de mí!] amar a todos.
(Sermo 340, 3: PL 38, 1484)

NOSOTROS:
Los indisciplinados: No somos malos pero propendemos a ir por libre. 
Los pusilánimes: Por todas partes vemos obstáculos insalvables y enormes dificultades.
Los débiles: Diversos achaques debidos a nuestra constitución física y psíquica, a la edad y a otras causas nos impiden caminar al ritmo de los más fuertes.
Los adversarios: Razonamos las cosas. No siempre atendemos a razones. 
Los insidiosos: Tampoco somos malos del todo, pero nos sentimos irresistiblemente inclinados a sembrar cizaña. 
Los ignorantes: Cuando alguien nos pregunta contestamos no sé. O no contestamos. A veces ni entendemos la pregunta.
Los indolentes: No nos gusta que nos llamen vagos pero, a decir verdad, lo somos. 
Los pendencieros: Tenemos un bajo nivel de mansedumbre. Esa y no otra es la razón de que andemos siempre a la gresca.
Los ambiciosos: Siempre aspiramos a más, pero no siempre aspiramos a lo mejor y, no raras veces, nuestras aspiraciones no se corresponden con nuestro talento.
Los desalentados: Lo único que nos pasa es que, a veces, sentimos que ya no podemos más.
Los contendientes: Tenemos una buena razón para pleitear pero el diablo u otras causas hacen que nuestros contrincantes piensen lo mismo.
Los pobres: Vivimos de la caridad del prójimo.
Los oprimidos: Nuestra triste situación hay que achacarla a alguien o a algo que es más fuerte que nosotros y nos puede.
Los buenos: Cumplimos con paciencia y abnegación todos nuestros deberes y no nos importa nada que, por eso, nos llamen tontos o fracasados. Más aún, nos divierte y le reímos la gracia al gracioso.
Los malos: En realidad no somos malos. Es que hemos descubierto que para ser bueno hay que ser muy bueno y preferimos que el esfuerzo lo hagan otros.
NECESITAMOS UN PASTOR
que nos corrija
que nos conforte
que nos sostenga
que nos refute
que se guarde de nosotros
que nos instruya
que nos estimule
que nos aplaque
que nos modere
que nos anime
que nos apacigüe
que nos ayude
que nos libere
que nos muestre aprobación
que nos tolere
y que nos ame a todos.
PERO LO NECESITAMOS ¡YA!

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Don Joaquín.

Nació en 1924 y hasta las seis de la mañana de hoy vivió siempre entre La Murada y La Virgen del Camino con el paréntesis de la mili que no fue corto. Al volver de la mili se casó con una amable señora -que estuvo a su lado desde entonces hasta las seis de la mañana de hoy- y puso un próspero negocio de carnicería. Desde hace años puede decirse que era él quien estaba al lado de su amable esposa, cuidándola y mimándola.
Del matrimonio nacieron tres hijos Joaquín, Adelita y Manuel que, a su vez, se casaron y le dieron a Joaquín seis amables nietos. Joaquín Jr y Manuel siguieron los pasos de su padre y abrieron sendas carnicerías. Adelita puso un negocio de ropa infantil.
Cuando llegué a la Murada, mi primera parroquia, en 1993 -creo- conocí a Manuel. Nos conocimos en el la barra de un bar. Él estaba tomándose un güisqui y yo estaba interesándome por el menú del día. Le debí dar pena y me invitó a comer a su casa. Quedamos para el día siguiente.
Al día siguiente conocí a Mari Carmen, la amable esposa de Manuel, y a su dos hijos: Manuel y Mari Carmen (Cuqui) que debían tener doce y ocho años respectivamente. Fui a comer y puede decirse que me quedé a vivir allí porque empezaron a invitarme primero a comer, luego a cenar y luego a desayunar todos los días.
Después de nuestra primera comida le dije a Manuel que necesitaba un monaguillo. Al día siguiente apareció su hijo, Salva, en la iglesia y comenzó una amistad cura-monaguillo que aún dura aunque Salva ya no es monaguillo y no tardará en casarse con su amable novia si ella quiere, claro.
Poco después conocí a don Joaquín. Siempre lo llamé don Joaquín. Él me llamaba Padre Javier y no entendía que yo lo llamase don Joaquín pero yo le decía: usted se lo merece. Me impresionaban su altura, su reciedumbre, su fortaleza, su prudencia y su buen corazón tanto como el cariño y el respeto con que lo trataban sus hijos, sus nietos, sus nueras y su yerno.
Un día caí en la cuenta de que me recordaba a Anthony Quinn
y se lo dije. Y sonrió como el actor. Hablábamos mucho. A veces se unía a la sobremesa en casa de su hijo y charlábamos hasta muy tarde. Jamás le oí hablar mal de nadie.
Hoy me ha llamado Manuel para decirme que su padre había muerto. Nos hemos encontrado en el Tanatorio de Albatera.
A solas, delante del féretro y en voz bajita, Manuel y yo hemos rezado un responso. Luego le he preguntado:
-¿Cuánto medía tu padre?
Me ha mirado sonriendo un poquito y con algo así como una humildad muy consciente de la estatura de su padre, ha reconocido:
-Un metro noventa...
Y ha añadido:
-... como su padre, que también era muy alto.
Y le he dicho:
-No, más alto que mi padre.
Lo que no le he dicho -porque él lo sabe- es que su padre, en las cosas del alma, me recordaba al mío.
Lo enterraremos mañana, si Dios quiere.
Descanse en paz.

martes, 19 de julio de 2011

Explorando mi nuevo destino (V)

Miércoles 13 de Julio.
16:00 El diácono se despierta:
-Mucho ser bonito este pueblo, Padre. ¡Mejor dicho!
En la plaza nos espera el PS con dos caballeros que nos son presentados como el Amable Alcalde Pedáneo de Torremendo y el Amable A. De este último y de su colaboración con la parroquia hace el PS un encendido y largo elogio mientras nos dirigimos a la iglesia. El Amable A abre, primero, la puerta de la iglesia para que entremos y, luego, la boca para decir:
-Ciertamente, durante muchos años he colaborado amablemente. Creo que ha llegado el momento de buscar otro Amable colaborador.
-Bobadas, bobadas... -dice el PS.
-Uy, Padre, qué lindas pinturas tiene esta iglesia, ¡mejor dicho!
Observo las pinturas. Nadie puede colegir por mi rostro el estremecimiento que experimenta mi corazón.
Pasamos a la casa parroquial y el Amable A y el Amable Alcalde Pedáneo me aseguran que allí viviré mejor que en San Miguel de Salinas. El semblante del PS adquiere una expresión sardónica -los ojos semicerrados y una sonrisa lateral que a penas deja ver un fino colmillo- cuando musita con voz aterciopelada:
-Tienes que elegir qué vecinos prefieres que te critiquen.
Terminada la inspección salimos a la calle, la cruzamos y entramos en la Taberna del Monje. El PS saluda alegremente a los parroquianos allí reunidos y anuncia la llegada del nuevo párroco. Los parroquianos se arremolinan en torno al diácono dándole la bienvenida, ofreciéndose para lo que desee y preguntándole si no quiere beber algo. El diácono, muy contento, pide un güisqui (uisce beatha), el PS se pone a jugar al parchís en un rincón y, aprovechando el barullo, inicio un grave y reservado coloquio con el Amable Alcalde Pedáneo. Al parecer Obamix le ha escrito interesándose por unas fincas que son propiedad de la Parroquia.
Entre tanto crece el número de los parroquianos que rodean al diácono. Algunos parecen irlandeses y todos parecen contentos. El Amable Alcalde me asegura que no son  pocos los irlandeses y británicos  establecidos en la pedanía.
16:45
El PS -contento porque ha ganado la partida- el diácono -contento por el güisqui o por otras causas- el Amable Alcalde -contento aunque ha tenido que pagarle la juerga al diácono- y yo -con un estado de ánimo del que nada dicen mis facciones- salimos a la calle y nos despedimos.
En mi GPS pulso Home.
-La ruta calculada incluye carreteras sin asfaltar . ¿Desea evitar las carreteras sin asfaltar?
-No Hal, -respondo- quiero explorar la ruta más corta.
Mi GPS parpadea antes de proponer la nueva ruta. Siguiendo sus instrucciones atravesamos el pueblo y salimos por una estrecha carretera bordeada por altas cañas.
-Padre, ¿no está cortada la carretera ahi delante?
En efecto, a quinientos metros la carretera se sumerge en las verdosas aguas del pantano. Mi GPS parpadea de un modo extraño. Se diría que sonríe irónicamente. Imposible dar la vuelta allí sin salir de la carretera y quedar atrapado en el lodo.

domingo, 17 de julio de 2011

Explorando mi nuevo destino (IV)


Miércoles 13 de Julio.
15:30
Nos despedimos cordialmente del APP y salimos a la calle convertida por el sol en un desierto calcinado donde la lechosa luz de julio reverbera de tal modo que uno ha de cerrar los ojos tras los cristales polarizados de sus gafas... ¡uf!
El ps va a sacar su coche del garaje. El diácono y yo vamos a sacar el Ford Fiesta del polvoriento solar donde lo dejamos en el primer capítulo de esta serie. Por el camino le digo al diácono:
-Lo primero que haré cuando tome posesión de esta parroquia será ordenar imperiosamente que le pongan al garaje una de esas puertas modernas y automáticas.
Me consta que al diácono le impresiona mucho esa facilidad que tengo para hacerme cargo en seguida de lo que es necesario hacer y para disponer que se haga.
Llegamos a la parroquia justo cuando el ps sale del garaje con su lujoso y limpio automóvil. La puerta del garaje se cierra automáticamente tras él. Miro al diácono de reojo y observo su mal disimulada risa.
15:45
Partimos para Torremendo. La carretera serpentea por la amena campiña, entre verdes huertecillos de naranjos y parduzcos bancales de almendros, y se encarama suavemente hacia el paraje boscoso y hostil -je, je, boscoso y hostil- de la sierra Escalona.
Justo antes de llegar a Torremendo se ve la cola del embalse de la Pedrera y mi ánimo decae -como el pantano- entre las cañas, hacia el lodo.
-Me se desploma la alma - pienso recordando... Qué bien entiendo a aquella sacristana amable que usaba esa expresión para hablar de su pena: Me se aploma la alma.
El diácono parece muy contento.
-Uy, Padre, mire ese conejo. Vea... ¡mucho ser pequeños los conejos aquí! Allí en Colombia cuando nacen miden ya cuatro metros... ¡Mejor dicho! ¡Uy!
Allí está Torremendo, tras una longaniza de adosados que uno puede comprar a sesenta mil euros la unidad.
-Lo primero que haré cuando tome posesión de esta parroquia  -digo para ahuyentar la tristeza que siento- será comprar todos esos adosados.
El diácono se ha dormido. Mi tristeza va en aumento. Me encomiendo a la Virgen de Monserrate y le encomiendo el alma de Sixto IV, el sueño del diácono y la salvación de los torremendenses...
Aún no han dado las cuatro.

viernes, 15 de julio de 2011

Explorando mi nuevo destino (III)

Miércoles 13 de julio
14:15 El ps ha quedado con el Administrador de las Pesetas Parroquiales -APP en adelante- en un restaurante local. Un sol, ejem, ardiente calcina las desiertas callejuelas de San Miguel de Salinas. Mientras nos dirigimos en silencio hacia el restaurante pienso que necesito un gorro.
El diácono, el ps y yo tomamos asiento y nada más hacerlo nos levantamos para recibir al APP. Pongo entre él y yo una silla y extiendo mi mano hacia él por encima de la silla para asegurarme de que no me abrazará cordialmente. Estrecha mi mano cordialmente, saluda a los demás del mismo modo y toma asiento.
El menú del día cuesta nueve dólares. El ps, el APP y yo pedimos el menú del día. El diácono pide la carta: langostinos. melón con jamón y escalibada. Calculo que su cubierto me costará tanto como los otros tres pero nadie puede leer en mi impasible ademán la irritación que nace en mi pecho.
Durante la comida hablamos exclusivamente de las finanzas parroquiales. Al parecer casi todas las rentas de los últimos años se han invertido en Deuda griega y doña Ángela Merkel está interesada en saber si el nuevo párroco -o sea yo- seguirá con la misma política. El ps y el APP me miran como esperando una respuesta. Simplemente exclamo: ¡Oh! Mi rostro tampoco puede aclararles mucho.
Terminamos de comer y el ps pide la cuenta. Nadie nota el alivio que siento. La propietaria del local local anuncia que todo está pagado. Por lo visto una señora llamada María ha llegado antes que nosotros bañada en lágrimas y ha ordenado que le pasen la factura.

jueves, 14 de julio de 2011

Explorando mi nuevo destino (II).

Miércoles 13 de julio.
13:45 El párroco saliente me invita a inspeccionar las dependencias parroquiales. En vano escudriña mi rostro tratando de colegir por él las impresiones que la visita me causa. No sabe que he pasado tres meses en Quebec con Jonathan Duhamel. Ni siquiera se refleja en mis ojos el sentimiento de codicia que invade mi corazón cuando me muestra la Cámara de los Tesoros Parroquiales.
-¿No desearías poseer estos tesoros parroquiales?- dice para tentarme.
Y miento yo:
-¡Oh, no! Mi noble pecho no conoce la codicia.
Y justo entonces sorprendo al diácono tratando de disimular la risa.
Salimos de la iglesia y cruzamos la plaza. El párroco saliente -"ps" a partir de ahora- va a mostrarnos la Rectoría. Nos dirigimos hacia un hermoso palacete rodeado por un amplio parque sobre cuyas tapias se encaraman y se demoran y se desmayan las buganvillas. La Rectoría está al lado.
El ps abre una puerta y nos conduce por una escala a lo que parece ser un entresuelo. Abre otra puerta y entramos en la Rectoría. Ustedes se quedarán en la puerta por ahora y esperarán allí, en la puerta, hasta que salgamos el ps, el diácono y yo. El ps y yo saldremos de la Rectoría hablando de Teología Pastoral y de otras cosas elevadas e importantes. En vano buscarán ustedes en mi rostro algo expresivo. Pero miren, miren y escuchen al diácono:
-Es muy linda... es una linda casa parroquial, ¡mejor dicho!, es muy linda. ¡Mucho ser bonita!
Ahora nos vamos a comer. Ustedes podrán entrar con nosotros al restaurante de San Miguel de Salinas y escuchar nuestras convesaciones aunque no podrán catar las viandas. Pero será mañana. Por hoy acabo aquí mi cuento.