viernes, 9 de abril de 2021

Hablando de cine con los expertos y discrepando a veces de ellos

A don José Luis Garci:

porque se admira y nos enseña a mirar.

¡Qué grande es el cine!

Son muchos los expertos en cine (EEC) que me han preguntado alguna vez: «¿Cuáles son sus películas favoritas, oh don Javier (DJ)?». 

Voy a hacer aquí la lista justificada de todas ellas eligiendo una por década y dando voz a los EEC. 


Felices años veinte


DJ: De esos años solamente recuerdo una: El acorazado Potemkin, Serguei Eisenstein. (1925). Reconozco que, cuando la vi en Pamplona —hace cosa de cuarenta años —bostecé no poco y aposta. Por estas faltas pido perdón y penitencia a los que hace cuarenta años intentaban desasanarme. Ahora soy capaz de apreciar todo el drama en la famosa escena de la escalera.

EEC: Pues esa película es, en efecto, muy buena. Si usted bostezó cuando la vio por primera vez era usted, en efecto, un asno. Y si lo hizo aposta hace ahora bien en pedir perdón y penitencia. Pero si solamente recuerda esa de los felices años veinte, entonces no es usted un ECC.

DJ: Totalmente de acuerdo con ustedes en todo. 


Tristes años treinta


Sopa de ganso de Leo McCarey con los hermanos Marx. Claro que Blancanieves (1937) película de la infancia que vi en el cine Benlliure tampoco estaba mal. 

ECC: Dejando a un lado el hecho de que usted ha prometido elegir una película de cada década y el hecho de que ha elegido dos de los años treinta, nosotros, los EEC, podríamos elegir otras pero no podemos objetar nada a su elección porque son, sí, dos magníficas películas. 

DJ: Gracias, EEC, por su lógica y por su amabilidad. ¡Gracias!


Años cuarenta


DJ: Seré breve: La Belle et la Bete (La bella y la bestia) de Jean Cocteau (1946). Sobre todo cuando la bestia, ya convertida en príncipe, pregunta a la bella: «¿Tienes miedo?» Y ella le responde: «Me gusta tener miedo cuando estoy contigo».  Dumbo y Bamby ya no me emocionan tanto como me emocionaron en su día.

EEC:No es una mala elección pero tampoco es la mejor de esos años. 

DJ: Decidan ustedes sobre las mejores. Siempre aprendo de ustedes. Aquí hablo de mis favoritas. ¡Gracias!

Años cincuenta


DJ:  Sé que a muchos puede parecerles raro que un cura elija entre todas las pelis de los cincuenta una historia romántica como An Affair to Remember (Algo para recordar) de Leo McCarey (1957). Los EEC y los curas que la hayan visto lo entenderán. 

EEC: Pero —¡alma de cántaro!— en aquella década prodigiosa Elia Kazan hizo La ley de Silencio en la que aparece un cura que queda muy bien. Y Fritz Lang dirigió Mientras Nueva York duerme y Más allá de la duda. ¿Insiste usted en su absurda elección?

DJ: No es absurda mi elección. Insisto. Y ustedes saben por qué. 


Años sesenta


DJ: Como nací en 1960 he puesto una especial atención en las películas que se produjeron en esa década y me quedo con otra de LeoMcCarey El diablo nunca duerme. Antes de que me crucifiquen por semejante elección trataré de justificarla: va de unos misioneros católicos en China que resultan de lo más rídiculo. Y acaba bien. Me siento identificado con esos misioneros ridículos y me encantaría acabar como ellos. 

EEC: No hace usted sino echar lodo sobre su —quizá sobrevalorado— buen gusto cinematográfico. Y no se refugie en su calidad de cura. Hay curas cultos. No hace falta que sean EEC como nosotros. Todos ellos, si les dan a elegir, prefieren a Elia Kazan que consagró los sesenta con Wilde River Esplendor en la hierba y América, América. 

DJ: ¡Oh sí! ¡Elia Kazan! ¡Qué genio! Y ¡qué maravillosas esas tres películas de los sesenta! Pero, por eso mismo, me quedo con la de LeoMcCarey que no perdió su buen humor ni en los años sesenta.


Años setenta


DJ: Me quedo con la segunda parte de El Padrino. 

EEC: Pues no es mala elección para alguien como usted tan lleno de prejuicios.

DJ: Son, precisamente, mis prejuicios los que me hacen elegir las mejores películas de cada década y los que me han granjeado justa fama de infalible en la materia. He dicho. Aunque, ahora que lo pienso, me ha encantado otra película que vi hace poco y que es del mismo año que El Padrino. Se trata de Jeremiah Johnson (Las aventuras de J. Johnson) de Sydney Pollack (1972).


Años ochenta


DJ: Aquí no cabe la menor duda ni la menor discusión y no voy dar voz a los EEC. La mejor película de esos años es de Sidney Lumet (1988) y se intitula Running on Empty.

EEC: ¡Protestamos! No tiene usted ni idea. Protestamos enérgicamente. Hay cien mil películas de los ochenta mejores que esa. 

DJ: Teniendo en cuenta que ustedes —los EEC— son pequeños, los perdono. Pero les ruego que recuerden que este es mi blog y que ustedes vienen aquí a aprender o a enseñar pero no a protestar. Y que no les he dado la palabra. 

Años noventa

DJ: Hace poco he visto The Straight Story (Una historia verdadera) de David Lynch (1999) y la pongo aquí como mi preferida de la década. 

EEC: ¿Podemos decir algo? 

DJ: No. 


Y llegamos a la primera década del tercer milenio


DJ: Me quedo con The Pianist (El Pianista) de Roman Polanski (2002) y con Parásitos de Gisaengchung (2019) y con Nomadland de Chloé Zhao (2020) que vi antier y me encantó. 

EEC:

DJ: No.

domingo, 4 de abril de 2021

Lecturas marzo 2021


1. El último barco. Domingo Villar.

El inspector Leo Caldas y su ayudante, Rafael Estévez, tienen que encontar a Mónica Andrade, profesora de la Escuela de Artes y Oficios, alfarera, por más señas, que ha desaparecido. Recorremos con ellos Vigo y los alrededores: paisajes, agricultura, pesca, aves, arquitectura —mucha arquitectura—, bares y restaurantes en los que oiremos hablar de si las patatas congeladas valen o valen para ser fritas y de si hay que echar o no limón al marisco. Todo con mucha intriga y algunos latines -Trahit sua quemque voluptas (a cada uno lo domina su pasión)- y palabras como «menzazo» y «nebbiolo» que hay que buscar en el diccionario. 

2. Los siete pecados capitales de los arquitectos. Robert Adam.

Después de ¿Quién teme a la Bauhaus feroz? lo más cáustico que he leído sobre los arquitectos famosos. 

3. La Historia taurina a través de la prensa. Antonio Petit Caro. 

El autor —a quien un colega suyo llamó «patricio de la prensa cabal»—murió el 26 de febrero. Descanse en paz.

4 y 5. La otra música y Todavía no. José María Sánchez Silva.

Leyendo el blog de Aurora Pimentel me he animado a leer a Sánchez Silva. 

6. Del amor, del olvido. Miguel d’Ors 1972. 

Sobre el prólogo —divertidísimo— y las erratas hice un tuit.

7. La cuarta copa. Scott Hahn. 

Ya va por la tercera edición. Es de esos libros que uno tiene ganas de releer en cuanto lo acaba. 

8. Conversaciones con J.M. Ibáñez Langlois. 

Muy bueno. 


        ¡Ah! ¡Se me olvidaban! ¡Qué olvido!

9, 10 y 11. Los entremeses filosóficos La sucursal y Don Sandio y el ensayo Palabra dicha y dichosa, todos de Javier Gomá. 


sábado, 3 de abril de 2021

Sábado Santo (II)

 Wilder vuelve de Torrevieja a las 17:30, justo a tiempo para recogerme y partir, conmigo, hacia Torremendo. 

De 18:00 a 19:10, Vigilia Pascual gozosísima y riente en Torremendo. Al terminar la Vigilia un adulto joven y jovial me aborda: «Padre, ¿me regalaría una bendición?» Y yo: «Que Dios te bendiga a ti, a tu familia y todas tus cosas. ¿De dónde eres?». Y él: «De Colombia por la gracia de Dios, Padre». Y yo: «¿De Colombia? ¡Viva Colombia! ¿Puedo presentarte a un amigo colombiano?». Y él: «Cómo no, Padre». Le pido que me siga y, camino de la sacristía, me informo: se llama Néstor. Ya en la sacristía encontramos a Wilder charlando con Nacho. Hago las presentaciones y se hacen amigos y se alegran mucho de conocerse. Pero Wilder y yo tenemos que salir pitando para San Miguel. 

De 19:30 a 20:36, Vigilia Pascual en San Miguel televisada por VegaFibra. Muy bien. Con incienso y todo. 

A las 21:30 voy a felicitar las pascuas a doña Nati y Paco. Charlamos por los codos. Paco pone la grabación de la Misa que él ha seguido por la tele y nos reímos mucho al comprobar que ni el cura sabe muy bien qué y cuándo tiene que hacer. 

A las 23:00 vuelvo a casa desafiando el toque de queda que las autoridades han decretado con su autoridad. 

Todo muy bien. ¡Bendito sea Dios!

Sábado Santo (I)

 A las 9:30 voy con Wilder a abrir la iglesia. En la puerta están ya esperando J. y  J.M., su esposo, que ha hecho una promesa. De joven cantaba en el coro y no quiere morirse sin cantar otra vez a la Virgen de los Dolores. Pero quiere cantar para la Virgen cuando no haya gente en la iglesia. 

Wilder descubre el camarín de la Virgen de Dolores que está vestida con un velo negro y nuevo, confeccionado por doña Nati. J. se emociona un poco, J.M. se emociona un poco y yo también me emociono un poco. Y me emociono un poco más cuando J.M. empieza a cantar: «La roca fría del Calvario…». 

Sigue teniendo bien templada la voz a pesar de que los años y la emoción le hayan restado algo de la potencia que —al parecer— tenía en sus años mozos. Wilder me dirá luego: «Qué bien ha cantado, Padre, me emocioné». Muy bien. 

Hay que preparar la Vigilia Pascual: descubrir las imágenes, rellenar de cera líquida las velas, mover bancos, poner flores…

Estamos en eso cuando vuelve J. porque se le ha olvidado… darme un generosísimo donativo. «Que Dios se lo pague», digo. Y ella: «Buen pagador es». Y se va. 

A las 11:00 llega Teresa. Preparamos el lucernario, el cirio pascual, el  incensario y el pregón. Muy bien. Preparamos la Liturgia de la Palabra con solo tres lecturas del Antiguo Testamento, la Epístola y el Evangeliario. Muy bien. Preparamos la Liturgia de la Bendición y aspersión del agua y pedimos a la floristería dos guirnaldas para adornar la pila bautismal y el candelero del cirio pascual. Muy bien. Preparamos la Liturgia Eucarística poniendo los manteles, los candeleros, y las flores en el altar, en el ambón y a los pies de San Miguel. Muy bien. 

Llegan Eva y Miguel para ayudar a poner el Cristo Yacente en su altar. 

Un último repaso para asegurarnos de que cada uno sabe qué y cuándo tiene que leer; cuándo y qué luces hay que encender; cómo y cuándo hay que incensar… Muy bien. 

Cerramos la iglesia y nos vamos a comer. 

Después de comer Wilder sale a buscar un locutorio en Torrevieja para mandar un dinero a Colombia. Yo escribo esto y me voy a la Iglesia. (16:09)

viernes, 2 de abril de 2021

Viernes Santo (II)

 viernes, 2 de abril de 2021

A las 16:00 voy a la iglesia y encuentro en El Paseo un nutrido —sí, nutrido— grupo de alegres muchachos enmascarados. Reconozco a dos hermanos de la catequesis: Diego y David. David me saluda: «Hola Papa».   Diego le corrige:  «No es el Papa, es el párroco, don Javier». David insiste: «Sí es el Papa». Y Diego, mucho mejor informado porque es mayor y va más adeantado en la catequesis, lo instruye: «El Papa se llama Francisco y vive en Valencia». Muy bien. 

Al llegar a la iglesia C.B. Me pide agua bendita. Se la doy. Es filipina. Me cuenta que su hermano -que vive en Filipinas con su esposa, sus cuatro hijos y su madre de más de ochenta años- tiene una neumonía provocada por el coronavirus. Me cuenta que en Filipinas hay miles de nuevos infectados cada día. Se emociona. Yo también. Me muestra una caja y su contenido: unas velitas que enciende cada día para rezar en su casa; el rosario que le regaló su madrina cuando hizo la primera comunión y un libro de oraciones que le regaló la misma madrina cuando se confirmó. Me pregunta que si lo puedo bendecir todo y la bendigo a ella con todas sus cosas e intenciones. Antes de despedirnos me pide oraciones, me entrega un sobre con un generoso donativo y me da las gracias. Y yo le digo: God bless you. Y ella se queda rezando ante el monumento con su librito de oraciones y sus velitas y su agua bendita y su corazón que vuela del Cielo a Filipinas. 

Salgo con Wilder para Torremendo. 

De 17.00 a 18:00, Oficio de la Pasión en Torremendo. Muy bien. 

De 19:00 a 20:00 Oficio de la Pasión en San Miguel. 

Y luego, silenciosa y respetuosamente, mientras doy la primera catequesis a María y a su hermano Fernando —que quieren bautizarse— y a su madre —que quiere que se bauticen— y mientras oigo algunas confesiones, los de la Hermandad del Cristo Yacente preparan su imagen primorosamente y los de la Cofradía de la Dolorosa retiran la suya. De modo que, cuando termino con lo mío, son las 21:00 y la iglesia está así: 




Y a las 21:30 me despido de Ana Mari y de Gloria, que aún están rezando, y cierro la iglesia por el toque de queda que las autoridades han decretado con su autoridad y vuelvo a casa para escribir todo esto. Muy bien. 

Viernes Santo (I)

 viernes, 2 de abril de 2021

Abro la iglesia a las 9:30. Repaso las rúbricas para el Oficio de Pasión. Wilder llega a las 10:00. Preparamos el presbiterio que queda así: 


Wilder se va a encargar de descubrir la Cruz, de llevar al altar el corporal y el misal y de ayudarme a repartir la comunión. Ensayamos una, dos, tres veces. Muy bien. 

Llegan Marisol y Angelita —y luego Encarnita— para arreglar el manto de la Virgen. Muy bien. Llega Jeanette —y luego, poco a poco, otros seres humanos— para orar ante el monumento. 

Empiezan a llegar los miembros de la Junta de Cofradías que van a organizar el recital de música de Semana Santa. Llegan los estadantartes. Llegan las amables concejalas del Ayuntamiento.

Llegan los romanos. Pasa un niño con su tía y le oigo decir: «Ten cuidad, tía, que ahí hay dos romanos». Se ve que tiene claro quienes son los malos. 

A las 12:30 empieza el recital. Tradicionalmente la banda de mayores sale el Viernes Santo en otros pueblos y son los niños apoyados por algunos profesores los que acompañan la procesión en San Miguel. Este año no hay procesión pero hay recital. Jose Manuel —el presidente de la Junta de Cofradías— dice unas palabras muy bien dichas. 

Me siento cabe el alcalde y su amble esposa pero, antes, voy a casa a buscar un sombrero para protegerme la calva. 

En El Paseo, frente a la iglesia, hay un centenar de almas —alma más, alma menos— y un ambiente de Semana Santa genuino. 


                                        Foto Carmen Rosario


                                        Foto Miguel Escolano













jueves, 1 de abril de 2021

Jueves Santo (II)

 jueves, 1 de abril de 2021


A las 16:00 vuelvo con Wilder a la iglesia. Comprobamos que ya han traído las flores del altar. Muy bien.


Wilder va a oficiar  como turiferario por primera vez así que ensayamos una vez. Otra. Otra vez. 

«Je, je» —pienso para mí— «se diría que lo ha estado haciendo toda la vida». Muy bien.

A las 17:30 salimos para Torremendo. Nacho lo ha preparado todo. Muy bien 

De 18:00 a 19:00, misa de la Cena del Señor en Torremendo. Muy bien. 

A las 19:05 Wilder y yo salimos de Torremendo para San Miguel. El aforo  permitido en la iglesia —setenta y cinco almas— está completo. 

De 19:30 a 20:00, misa de la Cena del Señor en San Miguel. Empieza Teresa con una monición para advertir que la colecta se destinará a Cáritas. Muy bien. 

Después de la Misa y de la reserva del Santísimo, Wilder me ayuda a  mover la pesada roca que sostiene la gran Cruz del presbiterio  —y la misma Cruz— en el centro del presbiterio. Luego me ayuda a poner la imagen de la Dolorosa en un pedestal junto a la Cruz. Doña Nati se ofrece a hacernos un caldo de pescado para el ayuno y la abstinencia de mañana, Viernes Santo. Se lo agradecemos mucho con palabras de agradecimiento. 

El altar queda desnudo, como mandan las rúbricas. 

A las 21:30 nos despedimos para que a Wilder le de tiempo a volver a casa antes del toque de queda que han decretado con su autoridad las autoridades. 

Antes de salir apagamos las velas del monumento pero dejamos encendida una lamparilla roja que titila como diciendo: «aquí estaré toda la noche». 

Muy bien. 

Jueves Santo (I)

 jueves, 1 de abril de 2021

Wilder llega a las 9.30. Hay que preparar la Misa dela Cena del Señor con el cáliz de mi ordenación, limpiar los bancos con Moblysol, engrasar la puerta del garaje, y llevar la Comunión a Ana y a Conchita.

Los ornamentos quedan  así:

Los libros así:





    A las 10.30 llegan Marisol y Angelita para poner el manto negro a la Dolorosa. Wasap a Ana: que si es buen momento para llevarle la Comunión. Que sí. Pues que voy.  La Virgen queda en la sacristía.


A las 11.45 llegan las primeras flores para el monumento. Mientras Wilder las coloca desde arriba, Marisol, Angelita, X y yo le damos indicaciones confusas y contradictorias desde abajo: «ese más a la derecha; no, ese no, el otro; el otro, el otro hacia afuera; gira un poco ese; no hacia ti; no hacia nosotras».

A las 12:30 sostengo la puerta para que entre una señora que parece extranjera por su acento cuando me dice: «Vengo a ver al Señor. Él dirá: ‘¡Oh, no! ¡Ella otra vez!’». A lo que replico: «Seguramente se alegrará mucho con esta visita». Y ambos nos reímos pero no a carcajadas ni nada de eso. Junto al Sagrario la lamparilla titila como haciéndonos un guiño. 

Llegan  las últimas flores del monumento que queda asina:

Llamo a Conchita. Que si es buen momento para llevarle la Comunión. Que sí. Allá que voy. 

A las 13:30 vuelvo. Wilder ha dejado los bancos brillantísimos. 

La credencia queda así: 

Todavía no han llegado las flores del altar. Nos vamos a preparar la comida del Jueves Santo. 

miércoles, 31 de marzo de 2021

Monseñor Johan Bonny

     Nunca había oído hablar de él. Al parecer es obispo. De Amberes, por más señas. Y, al parecer, ha declarado que se avergüenza de la Iglesia Católica porque, a la pregunta de si los sacerdotes podemos bendecir las uniones homosexuales, la Iglesia Católica entera con el Papa a la cabeza, ha dicho que no, que no podemos hacerlo.

Yo, cura de pueblo, ya sabía que no podíamos porque no podemos bendecir lo que Dios no bendice (Catecismo 2357). Dios nos bendice a todos pero no bendice todo lo que hacemos. A san Pedro, por ejemplo, Dios lo bendijo muchas veces y lo nombró obispo de Roma pero cuando se puso a hacer el tonto le dijo: «Apártate de mí satanás». Y sin ir más lejos a mí, que no soy san Pedro ni obispo de Amberes, me ha echado una bronca hoy mismo por medio del cura que ha oído mi confesión. En honor al cura que ha oído mi confesión debo decir que, tras la bronca, me ha dado la absolución aunque podría haberme ahorrado la bronca porque yo había ido a confesar mis muchos pecados con sincero arrepentimiento y propósito de la enmienda —Dios me ayude a mantenerlo como me ha ayudado a formularlo— muy firme. 

Pero estaba pensando en Monseñor Bonny, obispo de Amberes. Algunos le recomendarán que, si se avergüenza de la Iglesia, renuncie a su obispado. Otros —peor intencionados— le recomendarán que provoque un cisma. Yo llevo un buen rato rezando por él y le aconsejaría que hiciera examen de conciencia y que viniera a hacer una buena confesión con el cura de San Miguel de Salinas (Alicante pegando ya con Murcia). Y le prometería que no habría bronca ni siquiera en el caso de que no mostrase arrepentimiento aunque, si lo mostrase, después de la absolución habría Misa presidida por él y comilona pagada por mí con coles de Bruselas y todo.

Yo no me avergüenzo de la Iglesia ni del obispo de Amberes ni de san Pedro. La bronca que hoy me ha echado el cura con el que me he confesado -ahora que lo pienso— ha reforzado la vergüenza que siento de mí mismo y mi propósito de la enmienda. ¡Bendito sea el obispo de Amberes!

domingo, 28 de marzo de 2021

Pobreza evangélica

 No hay sacerdote —creo—que no haya meditado alguna vez con la primera de las bienaventuranzas «bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos». Y muchos tenemos esquemitas o fichas de predicación agrupadas bajo el título «pobreza evangélica». 

Por «pobreza evangélica» solemos entender un estilo de vida austero, desapegado de los bienes materiales y del propio yo, ligado a la obediencia como compromiso con Cristo y su Iglesia. 

Esa pobreza evangélica, a la que nos hemos comprometido públicamente antes de recibir el sacramento del orden sacerdotal, no se diferencia esencialmente de la que compromete —sin promesas públicas— a cualquier cristiano. 

Yo la he visto encarnada en todos los laicos y sacerdotes santos a los que he conocido, que no han sido pocos.

No he conocido al cura de Ars ni a ningún sacerdote que viva la pobreza como él la vivió, pero los sacerdotes santos a los que he conocido siempre me han hablado bien del cura de Ars. 

No he conocido a san Fernando de León y Castilla ni a san Luis de Francia, pero todos los laicos santos a los que he concido me traen a la memoria el recuerdo de esos reyes. 


domingo, 28 de febrero de 2021

Lecturas de febrero

1. The Cultivation of Christmas Trees. Eliot para despedir la Navidad el dos de febrero, como todos los años.

2 y 3. Carta Apostólica Patres corde y Encíclica Fratelli tutti

Fratelli tutti tiene 287 puntos. Si uno no tiene tiempo para leerlos todos pero desea enterarse de lo más importante puede empezar en el punto 200 y acabar en el 284. 

4. Padres e hijos. (1862)

Una novela llena de páginas y de personajes inolvidables. Por ejemplo, Arina Vlásievna una auténtica rusa de vieja estirpe. Era muy devota y sensible; creía en toda clase de predicciones, adivinaciones, conjuros y sueños; creía en duendes, en espíritus del bosque, malos encuentros, hierbas curativas, remedios caseros, maleficios y el inminente fin del mundo; creía que si un domingo de Pascua no se apagaban las velas, entonces el trigo sarraceno crecía bien, y que las setas no crecían si las contemplaba el ojo humano; creía que al diablo le gusta estar allí donde hay agua y que cada judío lleva en el pecho una manchita de sangre; tenía miedo de los ratones, serpiente, ranas, gorriones y sanguijuelas, del trueno, del agua fría, de las corrientes de aire, de los caballos, de los machos cabríos, de las personas pelirrojas y de los gatos negros… La descripción de esta mujer se extiende todavía hasta ocupar una página entera sin que decaiga el ritmo. Arina es la madre del protagonista: un médico nihilista. 

5. Inscritos en el libro de la muerte. José Calderero de Aldecoa. 2020. Hice un tuit sobre este

6. El surgimiento del judaísmo rabínico y el Nuevo Testamento. Tomás García Huidobro. 2020

El año 70 las legiones romanas destruyeron el templo de Israel. A partir de ese momento los hijos de Abraham se dividieron: unos siguieron el camino de la circuncisión y se agruparon en la Sinagoga, otros tomaron el camino del bautismo y se agruparon en la Iglesia. El cristianismo y el judaísmo rabínico son dos ramas de un mismo y viejo tronco. 

Bien, Pero, mucho mejor:

7. El Pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana. Pontificia Comisión Bíblica. 2001.

Todo el documento, desde el prólogo del cardenal Ratziger, es una joya. Gracias a don Ramón Sáez que me lo ha recomendado. 

El Nuevo Testamento reconoce la autoridad del Antiguo como revelación divina y no puede ser interpretado sin él y sin la tradición judía que lo transmite. Los reproches que el Nuevo Testamento dirige a los judíos son los mismos que se encuentran en el Antiguo Testamento. 

8. El Greco. Sergei Einsenstein. 

Dos textos, el segundo dedicado a las cinco versiones de La expusión de los mercaderes del templo, en los que el cineasta analiza el pathos —«algo que fuerza al espectador a saltar de su silla (…) que lo impulsa a moverse, a gritar, a aplaudir (…) a salir de sí mismo»— en la pintura del Greco cuya sepultura regó Góngora con sus lágrimas… poéticas, claro. 

9. Un Eliot para españoles. Jaime Siles.

Si Eliot es oscuro —y aún más oscuro en sus textos críticos que en sus poemas— sus comentaristas no le van a la zaga. Ciento setenta y cuatro páginas de letra diminuta —sin capítulos ni epígrafes ni divisiones— y treinta y cinco paginas de notas de letra microscópica. 

    Al final he encontrado alginos comentarios sabrosos a La Tierra Baldía y unás páginas dedicadas a la crítica —implacable— que hacen JRJ y Neruda a Eliot. 

lunes, 1 de febrero de 2021

Lecturas de enero

     «Esta conexión entre liturgia y serena y alegre mundanidad (Iglesia y taberna) siempre ha sido considerada como típicamente católica y, de hecho, lo es». (El espíritu de la liturgia, Ratzinger)


     1. Un cuento de Navidad para Le Barroux. Natalia Sanmartín Fenollera.

Muy bien.

2. Leer contra la nada.

Preciosa edición (2017) de Siruela.

Antonio Basanta habla de literatura y comunica al lector su pasión por la lectura. 

3. Georges Simenon.

Editado (2012) por Acantilado incluye una novela corta, El hombre de la calle, varios artículos sobre Simenon —uno de Antonio Muñoz Molina y otro de Carlos Pujol— algunas cartas dirigidas a él, una colección de elogios como el de Faulkner —adoro leer a Simenon— y una galería de retratos del escritor.

4. Cartas (I)

Primer volumen de la edición (2020) crítica y anotada de las cartas del Fundador del Opus Dei preparada por Luis Cano. 

5. El espíritu de la liturgia. Romano Guardini.

Primera publicación de Romano Guardini. Cuando la leí por primera vez  no me pareció fácil aunque me pareció hermosa. Al releerla ahora sigue pareciéndome hermosa y oscura.  

6. El espíritu de la liturgia. Ratzinger.

Leí por primera vez este libro de Ratzinger cuando se publicó en castellano y, de resultas, me animé a leer el de Guardini. 

Al releerlo ahora sigue pareciéndome una maravilla hermosa y oscura. puede que sea porque la misma liturgia, siendo muy hermosa, no deja de ser un misterio. 

7. David Copperfield. (Primera parte) Charles Dickens. 

Joan me regaló por mi santo dos cedés con una versión del novelón resumida y leída por un actor inglés que hace voces magistralmente. Me he animado a releer la novela que leí por primera vez, creo, hace cuarenta años. Muy bien. Muy bien.