San Miguel
martes, 11 de agosto de 2026
6:00
Desayuno con Ibuprofeno.
7:00
Abro la iglesia de par en par para que entre el fresco de la mañana. Enciendo siete ventiladores.
Oficio de lectura y laudes de santa Clara.
Me siento para mirar fijamente el sagrario mientras escucho una piadosa meditación sobre santa Clara.
Preparo el misal, el libro de la sede y el leccionario, y cambio el velo rojo del sagrario por el velo blanco. Aprovecho para limpiar —por última vez— el sagrario de san Miguel.
Saludo a Bernardo.
Tiro a la basura varios ramos de flores secas.
Intento, sin éxito, cambiar un tubo fluorescente del camarín de san Miguel. Me rindo.
9:00
Vuelvo a la casa abadía con un amito y unas albas para lavar.
Pongo una lavadora.
Voy al despacho parroquial.
Escribo al diácono para que me mande los datos de Olivia que faltan y poder así asentar su partida de bautismo.
Escribo a Tania pidiéndole que confirme la hora del bautizo de su hija.
Escribo a Sonia, de Torremendo.
Antonio me muestra unos cartelitos con una oración a la Virgen de Monserrate. ¿Puede ponerlos en la iglesia? Sí, claro.
Me contesta el diácono. ¿Puedo concretar qué datos faltan? Sí, puedo. Lo hago.
Marisela quiere bautizar a su hija Camila el 4 de octubre a las 12:30. Lo anoto para la agenda de mi indigno sucesor.
Actualizo las cuentas parroquiales.
10:00
Voy a la iglesia. Hay una persona mirando fijamente al sagrario. Me siento en el confesonario.
Tercia.
10:30
Doy el primer toque de misa y enciendo las velas del sagrario.
Hay dos personas mirando fijamente al sagrario.
Retiro el cubremantel del altar. Llevo al altar el misal, el cáliz con su velo blanco, el copón y las vinajeras. Llevo a la credencia el lavabo.
Doy el segundo toque y vuelvo al confesonario. Un penitente. Muy bien.
10:55
Doy el tercer toque y me revisto para la misa.
11:00
Misa de la memoria de santa Clara.
Después de recogerlo todo con ayuda de Delcy y de preparar para mañana, sin ayuda, el misal, el libro de la sede, el leccionario y el cáliz, rezo el Ángelus porque es la hora del Ángelus y voy al despacho de Cáritas.
12:05
Lo primero es trasladar al despacho parroquial los libros parroquiales que custodiaba Teresa en el despacho de Cáritas. Primero los de bautismos, luego los de defunciones, luego los de matrimonios y los de confirmaciones.
De paso, traslado también algunas carpetas como, por ejemplo, la que contiene los contratos de seguros parroquiales.
12:30
Hago una pausa de hidratación y aprovecho para lavarme las manos.
Luego viene la apasionante labor de destruir montones de documentos que no se pueden tirar a la basura sin más, por la ley de protección de datos. Se trata, sobre todo, de fichas de catecúmenos y de comunicaciones del tanatorio. Muy bien.
13:15
Interrumpo la labor porque no quiero llegar tarde a los Alcázares y, antes de salir para allá, tengo que ducharme y ponerme una camisa de clergyman blanca, limpita y nueva.
13:30
Mando un mensaje a Prado: «Salgo ahora». Y le doy a «Compartir ubicación en tiempo real» para que sepa por dónde voy.
13:58
Prado me manda un mensaje: «Estamos en el restaurante».
14:02
Aparco no lejos de El chato.
14:05
Con cinco minutos de retraso empezamos a saludarnos —muac, muac y todo eso— Prado, María José, David, Gabriel, Sofía y yo.
Hace dieciséis años, Gabriel y Sofía no existían, María José y David estaban delante de mí diciendo «Sí, quiero. Sí quiero» y Prado estaba con César —su caballero de toda la vida— asistiendo, emocionada, a la ceremonia.
Después de la boda nos despedimos y no hemos vuelto a vernos hasta hoy aunque Prado y yo nunca hemos perdido el contacto. Cuando César —el caballero de Prado de toda la vida— entregó su alma a Dios, ella y yo —aunque en la distancia— lo lloramos.
Pero hoy todo es fiesta.
María José y David hablan a sus hijos en inglés.
Durante la comida no hablamos de política aunque comentamos la playlist de Sánchez y los últimos poemas de Óscar Puente.
También hablamos de la conversión de Ernesto Castro y de Paloma Hernández García.
A la hora de los postres recomiendo a Prado —que está en los huesos— un Volcán de chocolate. Le da la risa y lo pide y lo celebra mucho. Lo celebra tanto que sus nietos caen como buitres sobre el volcán de la abuela.
Antes de despedirnos, un amable camarero nos hace una foto delante del letrero que anuncia «Restaurante El Chato». Queda muy linda la foto. Lástima no poder publicarla por la ley de protección del menor.
17:05
Llego a San Miguel.
Visita al Santísimo y unas preces que yo me sé.
Misterios dolorosos dando zancadas por los altares laterales de la iglesia.
17.30
Me siento para mirar fijamente al sagrario pero cabeceo e, incluso, babeo un poco. Juzgo que no es el mejor momento para orar y aborto la operación y corro hacia el despacho de Caritas donde aún hay harta labor que hacer.
17.45
Reanudo la labor de destrucción de archivos y recojo los cadáveres de algunas cucarachas que yacen en el despacho de Caritas.
18:30
Pausa de hidratación. Vísperas. Aprovecho para sentarme ante el sagrario.
19:00
Reanudo mi labor destructora de archivos.
19:30
Llevo tres bolsas de papeles rasgados al contenedor.
El contenedor esta cabe la casa de doña Nati y he prometido a doña Nati que pasaría a verla.
Paso a ver a doña Nati pero tiene una timba organizada. Todas las señoras del pueblo que cuentan algo en sociedad, están reunidas en su casa en torno a una mesa camilla donde se juegan sus patrimonios al parchís.
Doña Nati me tienta: «pasa, pasa».
Nosotros, los ascetas de toda la vida, sabemos que no hay que dialogar con la tentación. Declino la invitación y voy a Masymas.
20:15
Vuelvo de Maymas.
La casa de doña Nati parece tranquila. Llamo a la puerta. Me abre doña Nati. Pregunto: «¿Quien ha ganado?». Doña Nati frunce el ceño y sé que ha perdido y que hay que cambiar de tema. De cambiar de tema se encarga ella. Me da los pantalones que me compró Jesús Z y me ordena: «póntelos».
Obedezco.
Doña Nati marca en los bajos de la pernera derecha el largo del pantalón.
Luego dice: «Ya está». Y sé que tengo que retirarme otra vez para quitarme los pantalones que me regaló JZ y ponerme los míos, los de pana de toda la vida.
Luego charlamos. Le cuento lo de la comida en Los Alcázares y le hablo de Prado y de los demás y le enseño la foto que nos ha hecho el camarero. Doña Nati lo celebra todo y me hace un regalo material de los que me gustan: una botella de güisqui y otra de brandy.
21:15
Cuando nos despedimos, los estorninos han desaparecido pero los vencejos se han adueñado del pueblo.
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