San Miguel de Salinas
lunes, 10 de agosto de 2026
4:00
Me despierto en la Torre.
Oficio de lectura de san Lorenzo, caballero del Santo Grial.
Me acuesto.
5:15
Suena el despertador.
6:15
Salgo para el hospital por la carretera de la costa oyendo una piadosa meditación.
7:00
Llego al hospital con tiempo para preparar el altar y rezar laudes antes de la misa de 7:40.
Después de misa recojo todo y voy a llevar la comunión a los enfermos. Ana no está y Mauricio está durmiendo. Voy a despedirme del doctor B.
9:15
De vuelta a San Miguel, toca contar las moneditas de los lampadarios y las colectas para llevarlas al banco.
En el banco, en vez de apuntarme un ingreso me apuntan un egreso. Voy a reclamar pero sin enfadarme ni nada. Corrigen el error. Me felicito.
Hay que poner en marcha el toque de campanas «diario 1, 2, 3» y preparar el altar para la segunda misa de san Lorenzo. Canon Romano, claro.
11:30
Entro en la sacristía. Detrás de mí entran doña Nati, una señora que ha estado fuera durante casi un año y Jose Manuel.
Me despido de todos y voy a la casa abadía con Jose Manuel. Me presenta a un empleado moldavo que lleva más de veinte años en España. Van a inspeccionar la casa abadía para tomar nota de todo lo que hay que reparar y pintar. Muy bien.
12:30
Nos despedimos.
Llega José Miguel y le enseño la casa abadía y el lugar secreto en el segundo cajón del despacho donde guardo los documentos de San Miguel y Torremendo que hay que entregarle al nuevo párroco.
Nos despedimos.
Reservo una mesa para seis en el restaurante El Chato de Los Alcázares porque mañana, si Dios quiere, comeré allí con Prado, María José, David, Gabriel y Sofía. A Prado la vi por última vez hace dieciséis años. Muy bien.
Viene Gerardo. Va a limpiar la iglesia. Le doy las llaves.
Llama Tania. Quiere bautizar a su bebé en octubre. Como yo no estaré, tomo los datos y lo anoto en la agenda de mi indigno sucesor. Tania quiere que el bautizo lo haga don José. Tomo nota.
13:43
Voy a la iglesia. Gerardo sigue laburando.
Voy a casa de doña Nati y saludo a doña Nati, claro, a José María, a Gracia y a Eva.
Han preparado un plato de estofado de toro toreado en la plaza de Baza. Excelente. Como sobra algo, me preparan una cesta de Caperucita para la cena.
15:15
Nos despedimos.
Visita al Santísimo. Rezo unas preces que yo me sé.
15:30
Me tumbo para ponerme las gotas óticas y para rezar el rosario. Me pongo las gotas óticas y me quedo frito.
15:50
Me despierto, me levanto, enciendo los dos aparatos de aire acondicionado y rezo el rosario paseando elegantemente por la casa abadía.
16:15
Tengo que despejar el despacho parroquial para mi indigno sucesor.
En las estanterías hay:
1. Cuarenta libros míos.
2. Cuarenta libros de la parroquia.
3. Un número indeterminado de carpetas con documentos míos.
4. Un número indeterminado de carpetas con documentos de la parroquia.
6. Mezclada entre los libros y los documentos, gran cantidad de cartelería fina y papelería inútil.
Empiezo separando mis libros y llevándolos a la mesa del comedor de la casa abadía.
Me llama Gerardo. Que ya ha terminado de limpiar la iglesia. Bajo a darle las gracias y a pagarle el trabajo y vuelvo al despacho.
Luego llevo los libros de la parroquia a la librería elegante -con puertas acristaladas y todo— que mandé hacer para la casa abadía.
17:00
Hago una pausa de hidratación y bajo a la iglesia para mirar fijamente al sagrario. De paso llevo algunas estampas que han aparecido en el despacho.
Llamo al padre Román. Nada.
17:40
Vuelvo al despacho.
Ahora viene lo más emocionante: separar el grano de la paja.
A la mesa del comedor de la casa abadía van dos carpetas personales en las que guardo mis nombramientos, algunas cosas del banco y eso. Allá van también algunas cartas que conservo.
Al montón destinado al fuego van cuatro bolsas de papeles inútiles.
En la estantería del despacho parroquial queda lo imprescindible para que mi indigno sucesor, al llegar, no tenga que revolver: los informes de restauración de los libros parroquiales, el informe de la instalación eléctrica, un archivador con modelos de certificados y algunas carpetas vacías.
Mañana, si Dios quiere, traeré los libros parroquiales.
18:30
Toca hacer dos viajes al contenedor de papel.
Después del segundo viaje aprovecho para entrar en la iglesia y rezar vísperas.
El cielo está cubierto. Bochorno.
18:45
Vuelvo al despacho.
Hay que limpiarlo todo.
19:15
Voy a la casa abadía.
La mesa del comedor está cubierta de libros. Hay que ir metiéndolos en cajas, mochilas y maletas para llevarlos a La Torre.
Luego hay que limpiarlo todo.
19:45
Todo está limpio menos yo.
Me ducho y me pongo una camisa blanca, de clergyman, limpita, nueva.
20:15
Voy al garaje. Un coche bloquea la puerta. Toco el claxon y llega Ana Isabel. Es el carro de Wilder que está reparando el aire acondicionado de Esperanza. Comento con Ana Isabel lo del terremoto de Colombia. Nos despedimos. Me llama el padre Román. Mientras hablo con él, noto que me está saliendo un lobanillo en la nariz, pero al padre Román no le digo nada de eso. Con él hablo de mi sucesor en el hospital y de mi próxima entrada en Granja de Rocamora. Nos despedimos.
Voy a Masymas.
21:10
Vuelvo de Masymas. Completas. Apago las luces y cierro la iglesia.
Ceno en la casa abadía restos de toro toreado en Baza. No carezco de nada.
Escribo esto.
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