Granja de Rocamora
miércoles, 28 de octubre de 2026
Después de la misa de diez me entero —por un wasap de María— de que ha habido otro accidente de tren hace menos de dos horas. Trasteo en las RR SS. Se habla de decena de muertos.
No me voy a Alicante porque la rodilla no me permite conducir sin recios dolores.
En la tienda de Estefanía me encuentro con Martín que está vendiendo papeletas para un viaje de fin de curso o algo así. Le compro algunas.
Granja de Rocamora
jueves, 29 de octubre de 2026
A las siete y media abro la iglesia.
Me siento en la capilla del Santísimo para mirar fijamente al sagrario. Oficio de lectura y laudes.
A las ocho y media voy al despacho parroquial.
Subo al palacio parroquial para coger mi tarjeta de la SS. No la hallo. Aprovecho para poner una lavadora.
Busco la tarjeta en mi Lamborghini, allí está. Voy a la farmacia.
Al salir de la farmacia compruebo con pesar que no tengo las llaves. Colijo que me las he dejado en el palacio. Llamo a don Paco que tiene llaves del palacio. Don Paco esta fuera y no volverá has dentro de una hora. Muy bien.
Puedo entrar en la iglesia, pero no en la sacristía. Voy a la capilla del Santísimo. Tercia.
No bien he terminado de rezar cuando me ilumina una luz luminosa. ¿No he encontrado mi tarjeta de la SS en mi Lamborghini? ¿Y no he dejado allí las llaves?
Hallo las llaves en mi Lamborghini, doy gracias al Cielo, me felicito y llamo a don Paco. Se alegra mucho.
Ha llegado una carta del banco que Noes para mí. Voy al banco para devolverla.
Voy al banco. Entrego la carta a Alfredo y él me entrega otra. En ella el banco me conmina a presentar mi nombramiento como párroco y un poder. Mi nombramiento ya lo presenté —presenté además el acta de mi toma de posesión— y lo del poder no está claro. Yo no necesito que me apoderen pues, en mi calidad de párroco tengo poder de atar y desatar. ¿Entonces?
Voy al despacho y busco mi nombramiento y el acta de la toma de posesión.
Vuelvo al banco. Alfredo lo fotocopia todo y conviene conmigo en que todo eso ya fue presentando por mí y fotocopiado y enviado por él. Lo del poder tampoco él se lo explica. Me dice que no me preocupe y que todo se arreglará. Muy bien.
Voy a buscar mi Lamborghini para ir a La Lloseta pero, por el camino, a mis espaldas, oigo:
—Oiga, oiga. Oiga, oiga.
La farmacéutica —¡qué amable!— viene corriendo hacia mí y agitando en su mano derecha una factura de la electricidad que, al parecer, he olvidado en la farmacia cuando he ido a buscar mis remedios. Se lo agradezco mucho.
Son las doce. Rezo el ángelus y salgo para La Lloseta.
A las dos voy a comer a Torrellano y luego vuelvo a Granja.
Tenemos exposición y bendición porque es jueves y viene Andrés. La misa, muy solemne, con órgano y todo, la ofrecemos por las víctimas del accidente.
Son las ocho y media o así cuando salgo para Crevillente. Mari Mar y Manuel me han invitado a cenar.
Me abre la puerta Josemaría. Estrecho su mano llamándolo Isidro. Se ríe y me sigue la corriente inventándose los nombres de sus hermanos mayores. Saludo a sus padres y a Ricardo y a Pascual y —¡oh, sorpresa!— a Manuel que ha venido de Valencia. Solamente falta María que está estudiando en Madrid.
Durante la cena —maravillosa— no hablamos de política.
Son las diez y media o así cuando me despido. Manuel padre y Manuel hijo insisten —por mandato expreso de Mari Mar— en acompañarme hasta el lugar donde he aparcado mi Lamborghini.
¡Qué amables!
Vuelvo a Granja recordando cosas.
Manuel y Mar eran novios cuando —año 2000— llegué a Crevillente como vicario parroquial. Nos hicimos amigos a primera vista. Celebramos juntos la entrada del nuevo milenio porque ya lo celebrábamos todo juntos. Hicimos una buena pandilla con Manuel, Ramón, Antonio, Mario… Mari Mar era la única chica por entonces.
En 2001 nos despedimos porque fui nombrado párroco de Finestrat y administrador parroquial de Sella pero no se desvaneció nuestra amistad.
Me invitaron a su boda y luego al bautizo de cada uno de sus cinco hijos.
Por cierto, en mayo tengo que volver a Crevillente para la primera comunión de Josemaría pero —¡atención!— estoy llegando a Granja.
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Es usted muy amable. No lo olvide.