jueves, 5 de noviembre de 2026

Diario. Martes 3, miércoles 4 y jueves 5 de noviembre de 2026

 Granja de Rocamora

martes, 3 de noviembre de 2026


Segundo día de rosario en el cementerio. 

Mar me ruega que encomiende a Manu. Empiezo mi primera novena a Rebeca Rocamora. 

A las 11:30 he quedado con don Paco en el banco. Cuando terminamos nuestras gestiones, lo dejo en Cox y vuelvo a casa son las dos y media. Muy bien. 

Me preparo unos garbanzos con chorizo y patatas. 

Misa de siete. 


A las ocho, celebración de San Martín de Porres en casa de Martín con sus padres, su hermana y su abuela. 

¿Hay chocolate y almojábanas? Sí. 

Y vemos la primera parte de una película española y deliciosa:  Fray escoba.  

Luego José Luis y Martín me escoltan hasta el palacio parroquial 


La Torre

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Misa de diez.  

Tercer día de rosario en el cementerio. 

Luego voy a La Torre. 

¿Para qué? 

Para holgar. 


Granja de Rocamora

jueves, 5 de noviembre de 2026


6:00

Suena el despertador en La Torre.

7:15

Me siento en la ermita para oír una piadosa meditación. 

Oficio de lectura y laudes. 


8:15

Me pongo a estudiar.


9:00

Me llama Sandra: que si puedo dar yo la catequesis el domingo. Que sí. 

Mensaje de don Paco. Que si podemos cambiar las misas de mañana. Que no, que he quedado con Damián y Guadalupe después de la misa de siete. 

Me lama Susana desde Murcia. Que, desde que me fui de San Miguel, nadie está llevando la comunión a Ana y que no consigue hablar con la parroquia de La Mata. Que trataré de ponerme en contacto con el párroco de La Mata. 

Me llaman para un entierro mañana a las 17:30. 

Mensaje de Jesús: que ha devuelto los billetes del AVE y le han devuelto el dinero. 

Me llama Delcy desde Colombia. 

Mensaje de Aurora. 

Me llama Joan. 


10:00

Me pongo a estudiar. 


10:45

Hago el tercer día de mi novena a Rebeca Rocamora y mando un mensaje a Mar para interesarme por Manu. 


11:00

Salgo a rezar el rosario paseando por el palmeral. Me llama don Paco. 

Tercia. 


11:45

Lectura de Stefan Zweig. La última página de su Dostoievski es una maravilla aunque hay que decir que los tres jóvenes cantaban en el horno encendido pero sus cuerpos no se abrasaban.  


12:30

Salgo para La Lloseta. 

Don Roque se ha afeitado la barba. No le he pedido permiso para contarlo en mi diario pero apuesto mil dólares a que no le importa un ardite. 


15:00

Vuelvo a la Torre y me preparo un plato de añojo con arroz de guarnición. 


15:45

Me siento en el sofá de la abuela Paquita para leer el Evangelio pero me duermo. ¿Profundamente? Sí. 


16:00

Lectura del Evangelio de san Juan. 


16.30

Salgo para Granja. 


17:00

Llego a Granja. 

Me laman del tanatorio. 


17:15

Me siento en la capilla del Santísimo para mirar fijamente al sagrario.  


17:45

Vísperas. 

Preparo el altar para la exposición del Santísimo y la misa.

Llega Antonio y me ayuda. 

Llega Martín con su madre. Martín me ayuda y a su madre le devuelvo los platos y la fiambrera que me llevaron al palacio parroquial con la cesta de Caperucita. ¿Lavados? Sí. 

Llega Andrés para completar el bollo. Muy bien. 

Suena el teléfono. Es Daniel. Le digo que lo llamaré luego. 


18:35

Empieza, con cinco minutos de retraso, la exposición del Santísimo con Andrés al órgano y Martín de turiferario. 

Un penitente. Muy bien. 


19:06

Empieza, con seis minutos de retraso, la misa de siete con Andrés al órgano y Martín de acólito. Todo muy solemne y ad orientem. 


19:30

Termina la misa. 

Martín y yo vamos a la sacristía. Pido a Martín que recoja el altar pero Andrés —que tiene una voz más poderosa que la mía— entra en la sacristía y se apodera del monaguillo. Va a enseñarle un toque de campanillas. Martín —claro— no duda: pasa del cura y presta toda su atención a Andrés. 

Ahora la sacristía no es el lugar tranquilo en el que el sacerdote puede dar gracias a Dios mientras se quita los ornamentos sino una especie de infierno en el que resuenan el vozarrón de Andrés, los campanazos de Martín —entusiasmado— y las súplicas de algunos suplicantes. 

Huyo. 

Uno de los suplicantes necesita un certificado de confirmación porque va a ser padrino de confirmación. 

Entrego a Guadalupe la colecta del cementerio y voy al despacho para hacer el certificado. 

Resulta que el suplicante es fontanero. Era autónomo pero ha pasado —según sus propias palabras— a mejor vida. Ahora trabaja para otro, cobra cada mes y duerme a pierna suelta cada noche. 


20:00

Entrego al suplicante el certificado firmado y sellado. Estrechamos y sacudimos nuestras manos. Lo felicito por la confirmación de su ahijado y me dice que he sido muy amable y me da las gracias. 

Yo, claro, más hinchado que un pavo por lo de «muy amable» le quito importancia a la cosa: «Non nobis Domine, non nobis».

Y recuerdo la soleá de don EGM en Calla, calla, que te entiendo:

Lo mejor que he conseguido

es que me digas «te quiero»

de tarde en tarde al oído. 


Yo la canto a lo divino.


Todavía tengo que hacer algunas gestiones. 


21:00

Hago la última gestión del día llamando a Daniel. Más que una gestión es un placer.

Luego me preparo una cena ligera y, luego, escribo esto.

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