miércoles, 14 de abril de 2021

Decálogo del buen ciudadano. Victor Lapuente.


Se aborda aquí el problema de la polarización y del enfrentamiento en una sociedad que ha perdido los vínculos religiosos y patrióticos. 

El libro está maravillosamente escrito; abunda en anécdotas sabrosas, comentarios ingeniosos y reflexiones luminosas y nos anima a tratar de entender al prójimo evitando convertir al adversario en enemigo a abatir. 

A uno le dan ganas de conocer al autor a quien se imagina como un hombre excelente, muy culto, sensible y amable.

Deja claro que, de la religión, le interesa su función social, no sus dogmas. Si no lo he entendido mal, para él —como para el don Manuel Bueno Mártir  de Unamuno— el Evangelio es una colección de cuentos hermosos que pueden hacer mucho bien a la gente sencilla y en la que la gente culta puede encontrar inspiración poética y cierta sabiduría humana tradicional bellamente expresada. Y, si no lo he entendido mal, propone que las religiones tradicionales sigan cumpliendo su función social para que la política pueda mantenerse en los límites de la razón y de la sensatez. 

Lo que no acabo de ver claro es cómo una colección de cuentos hermosos y antiguos puede contribuir a la cohesión de una sociedad que, por una parte, no encuentra en ellos nada más que inspiración poética y sabiduría humana y, por otra, tiene a su disposición muchas otras colecciones —antiguas y nuevas—  de relatos hermosos. 

En cualquier caso, según ese esquema, una Iglesia que predicase el Evangelio como Palabra de Dios y a Cristo como único Redentor de los hombres y no como uno entre tantos arquetipos míticos en el panteón de la literatura de género religioso, sería percibida como una piedra en el zapato para la cohesión social. Don Víctor lo dice mucho mejor, claro. 

Hay un solo punto sobre el que me ha parecido que don Víctor Lapuente pasa de forma —¿como diría yo?— menos elegante. En un momento se pregunta «¿por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes?». Y él, que con toda razón nos anima a tener en cuenta los argumentos de los demás y a evitar hasta las microagresiones, lo explica así: se debe a la actitud misógina de la actual jerarquía eclessiástica. 

He disfrutado y aprendido mucho con esta lectura. 

1 comentario:

  1. eclesiástica...y asomó la patita el Lobo.

    Admiro que pueda concluir la lectura sin quemar ese libro.

    Bendita piedra en el zapato si nos hace salir de la autopista y encontrar el sendero estrecho que nos lleva a la felicidad verdadera, ¡Sólo Jesucristo salva al hombre! Abrazos fraternos.

    ResponderEliminar

Es usted muy amable. No lo olvide.