sábado, 23 de mayo de 2020

Parroquia en fase 1 (12)

sábado, 23 de mayo de 2020

9:00
Leo un emocionado elogio de Ignacio Trujillo a Ángel Ruiz. Me uno al elogio y a la alegría. 

9:30
Del tanatorio. Que ha muerto Josefina. El entierro será mañana a las diez. 

10:15
Remedios. Que si podemos hablar. Que sí. Nos sentamos en la antesacristía y charlamos largamente. Llega Simon. Que va a cambiar una bombilla del campanario. La charla con Reme se prolonga hasta las once. Nos despedimos. 

11:15
Jessica & Kyle. Que han pensado retrasar la boda hasta el 31 de mayo del año que viene. Iban a casarse el mes que viene. 
12:30
Misa por Josefina. 

13:00
Llega Mari que va a limpiar la iglesia. Le pago los 54 —cincuenta y cuatro— euros que le debo. Apunto el gasto y me voy a casa. 
Escribo la homilía de hoy y mando la traducción a Joan para que la revise, por favor. Me contesta en seguida.

13:45
Publico la homilía en el blog. 
Voy a recoger las viandas que ha preparado doña Nati para Simon y para mí. Me dice que ha muerto otra persona en el pueblo pero no sabe quién. Encuentro a Simon pintando la puerta del comedor de Cáritas. Es un artista. Me entrega una nota de compras por valor de euros 35 —treinta y cinco— centavos 43 —cuarenta y tres—. Le doy veinte porque necesita más pintura. Anoto los gastos. 

15:30
Después de comer, de recoger la cocina y de tender la ropa, ha llegado el momento de rezar los misterios gozosos del Rosario. Vamos allá. 

16:00 
Hay que sacar los cacharros la fregasa— del lavaplatos y llevarle a doña Nati, limpitos, los suyos. Luego hay que ir a la iglesia para meditar sobre ese fruto del Espíritu Santo —el segundo— que es el Gozo.
Pero, antes, mando a IGdL un wasap:
«Hola Iñaki: Ya me he zampado La muerte de Ivan Ilich. ¡Gracias por la recomendación! De la primera lectura me queda —además de los buenos ratos que he pasado— la confirmación de una idea: solamente sabremos lo que es la muerte un par de horas antes de que nos llegue, a menos que nos llegue por sorpresa y como de repente. Tolstoi lo dice mejor, claro. Nadie diría que una larga agonía como la de Ivan Ilich pueda ser una bendición pero ¿que es la vida sino una larga agonía? Y si, al cabo de tanta lucha o un par de horas antes, uno descubre que todo era muy sencillo y aunque no sepa o no pueda decir unas palabras memorables confía en Aquel que todo lo sabe y lo explica mejor que Tolstoi, por horrible que haya sido su vida, el desenlace puede ser una feliz y rápida ascensión. Otra vez: ¡Gracias! Sigue recomendándome libros, querido amigo, por favor». 

Volviendo de casa de doña Nati me encuentro con Esperanza y con su hija. 

17.00
Tercer día del Decenario al Espíritu Santo: el Gozo

17:30
Me despido de Teresa. Diecisiete wasaps.
IGdL aprueba mi exégesis de La muerte de Iván Ilich y me recomienda más libros: «La impaciencia del corazón de Zweig te deslumbrará como su La Marcha Radetzky, imperdible. Y el Job de Joseph Roth ni te cuento». Tomo nota.
18:10 
Mari Sol, de Torremendo. Que si puedo llevarle darle la Unción a su madre en el hospital. Que sí, que voy volando. ¿Podrá comulgar? No, no podrá comulgar. En una bolsa de plástico con cierre hermético pongo una cápsula de aceite de oliva y un bastoncillo de algodón esterilizado. Mascarilla nueva, pantalla para los ojos, guantes de látex y gel hidroalcoólico.
Mari Sol me cuenta un poco emocionada que le preguntó a su madre, «¿me perdonarás por todas las cosas malas que te he hecho?» y que ella le respondió mirándola con los ojos muy abiertos: «No hay nada que perdonar, Siempre has sido buena conmigo». 
Hasta ayer no la dejaron entrar en su habitación. 

19:45
De vuelta a san Miguel paso por Mercadona. 

20:15
Vuelvo a casa, me preparo una merienda-cena, tiro la basura y saco unas fotos a las golondrinas que, este momento, andan —o vuelan— haciendo carreras. Van en grupos de quince o veinte; aparecen por una esquina de la iglesia, giran a la izquierda y pasan piando por la fachada, justo delante de la imagen de san Miguel, vuelven a girar a la izquierda y bajan por la fachada del Collie. Otra vez giran a la izquierda y las pierdo de vista hasta que vuelven a aparecer por la primera esquina. Y así puede estar quince minutos jugando a dar vueltas alrededor de la iglesia como locas. 

21:00
Veamos qué pasa en el mundo. 
Leo que Julio Anguita le dijo al obispo de Córdoba: «Usted no es mi obispo, pero yo sí soy su alcalde». Pienso que, si alguien me rechaza como párroco, lo que rechaza es mi servicio. Y si, además, insiste en que nuestra relación es la del ciudadano con su alcalde me lo pone a huevo porque, en ese caso, estoy por encima de él y es él quien debe callar, escuchar mis demandas humildemente y ponerse a trabajar para mí. Espero y pido a Dios que esté en Cielo y que se ría de buena gana de todas las bobadas que dijo en la vida. Allí sabrán recordarle también las cosas buenas que hizo y, desde allí, podrá ayudar a los alcaldes a servir  y a atender a todos —también a sus párrocos— y a reconocer con humildad que no hay nadie más necesitado del servicio de un obispo que un alcalde. 

Vamos con la Antología poética de Twardowsky. Es una bonita edición de Rialp. 
¡San Francisco,
soy incapaz de imitarte!
No tengo un ápice de santidad;
la Biblia me da dolor de cabeza.

Los peces no salieron a escucharme;
no sé conversar con los pájaros;
me mordió el perro del cura;
y mi corazón he descuidado.

Las montañas y los bosques son hermosos,
las rosas siempre llaman la atención,
pero entre todas las maravilla de la Naturaleza
sólo a la hierba aprecio. 

Pisoteada, siempre a ras del suelo, 
sin dar frutos o espigas de ningún tipo…
¡Hierba, eres mi hermana
carmelita descalza!

2 comentarios:

Es usted muy amable. No lo olvide.