Granja de Rocamora
miércoles, 7 de octubre de 2026
Paso la noche en blanco con dolores de huesos —por la artritis— y de estómago —por los antiinflamatorios—. Muy bien.
En la iglesia me encuentro con Antonio y con Laura. Laura quiere charlar. Nos sentamos en la sacristía para charlar. Muy bien.
Vienen a poner as flores al paso de la Virgen del Rosario. Muy bien.
A eso de las doce y media salgo para San Miguel. Tengo que parar en Jacarilla para dar una cabezada porque me duermo.
En casa de doña Nati me encuentro con Eva y con Samira. Me han preparado huevos fritos y patatas fritas. ¡Qué amables!
Después de comer, doña Nati se sienta en su butaca de hacer frivolité y yo, enfrente, en mi butaca de ver Pasapalabra. Le pido que me dé unos minutos para sestear.
Unos minutos después rezamos el Rosario. Yo lo rezo paseando para no dormirme.
Después de rezar pido a doña Nati otros minutos para sestear.
Minutos después estamos los dos roncando.
No sé si mis ronquidos despiertan a doña Nati o son los suyos los que me despiertan a mi.
Me levanto, me despido —muac, muac y todo eso— y doña Nati me dice que cada vez me echa más de menos. Doña Nati es de una generación que aprendió a decir cosas amables.
Compruebo que llevo mis llaves, el apagavelas que he comprado por Amazon y que ha llegado a casa de doña Nati, la cesta de Caperucita que me ha preparado con los restos de la comida y mi ordenador. Me voy.
Cuando estoy llegando al coche descubro que he olvidado mi teléfono en casa de doña Nati. Hago el viaje de vuelta con mi coche. Doña Nati está esperándome en la puerta con el teléfono.
Consigo volver a Granja sin parar para sestear pero, una vez aparcado el coche en el garaje, a duras penas llego al palacio parroquial. Dejo en la nevera la ensalada que viene con la cesta de Caperucita. Me como una patata frito y dejo las demás en la cocina. Me derrumbo en la cama —vestido y todo— y me quedo frito.
Son las cinco o así cuando me despierto. Me ducho y voy a la iglesia.
Ester entra en la sacristía, me dice —mondándose de risa— que lee mis diarios y se va.
Empieza dolerme el estómago.
Mari Carmen entra en la sacristía para decirme que no se explica por qué no se enchufaron los carbones del incensario durante la misa funeral de ayer. Ella misma los enchufó en el garaje y comprobó que echaban humo.
Martín entre en la sacristía para preguntarme que si hay que enchufar ya las velas.
La iglesia está atestada. Autoridades, reinas, coro, pueblo… Enchufados las velas del altar, las del ambón, el carbón del incensario…
Tolón. Martín toca la campana del presbiterio y empieza la fiesta. Gloria, Credo, homilía y todo.
En la comunión —¡oh sorpresa!— veo que han venido de La Murada Mari Carmen y Manuel.
Después de la misa el alcalde va a entregar unas placas a los vecinos que nacieron en 1946 y que, por tanto, cumplen o han cumplido ochenta este año.
Me acerco disimuladamente a Laura:
—¿Podrías, gentil Laura, por favor, conseguirme un omeprazol?— pregunto.
Ella asiente y sale volando con Rebeca. Yo aprovecho para quitarme la casulla, ponerme la capa pluvial y sentarme en la semioscuridad de la sacristía con la intención de hacer un rato de oración.
Entran en la sacristía Mari Carmen y Manuel, me saludan, quedamos en que iré a comer a su casa y se van.
Desde la capilla del sagrario, Rebeca y Laura me hacen señas y me muestran un bote de omeprazol de 20 gramos. Vuelo hacia ellas con un corazón desbordante de bendiciones. Pronuncio nobles palabras de gratitud, les arrebato el frasco y me zampo dos cápsulas.
Luego vuelvo a sentarme.
Cuando empieza la procesión, el omeprazol ha empezado a hacer efecto y vuelvo a ser el presbítero más feliz del mundo.
Reinas, estandarte… Hay un problema con el estandarte. Un ser humano me dice que no puede salir la procesión si no hay estandarte. Miro a Martín como esperando que a él se le ocurra una solución. Martín me pregunta que si la procesión puede salir sin incienso. Reconozco con toda sencillez que no tengo ni idea de qué cosas son necesarias para que salga la procesión de la Virgen del Rosario aparte de la Virgen del Rosario. Entonces Martín toma una audaz decisión. Deja el incensario y la naveta en la sacristía y alza en sus manos el estandarte que es bastante pesado.
Ahora sí: reinas, estandarte, el paso, el cura acompañado de Ana María —de la Hermandad de la Santa Cruz— las filas de fieles alumbrando, las autoridades, la banda con su tachín, tachán tachón…. Empieza la procesión.
Aitor está por todas partes, sacando fotos.
Me pongo a rezar vísperas.
Estoy terminando de rezar vísperas cuando llega Martín. Lo han relevado del estandarte —parece aliviado— y ha decidido caminar a mi derecha.
Termino de rezar vísperas y empiezo a hacer preguntas dificilísimas a Martín: ¿Cómo se llamaban los padres de Zacarías? ¿A cuantas personas resucitó Jesús? ¿Cómo se llamaban las hermanas de Lázaro? ¿Y el señor bajito que subió a un árbol para ver a Jesús? ¿Cómo se llama el río que atraviesa Egipto? ¿Que animales peligrosísimos nadan por allí? Martín responde a todo con soltura. Cuando le pregunto los nombres de los doce apóstoles titubea: san Pedro, Santiago… san Pablo. Tomo nota.
La procesión llega a la recta final en, la calle de la arboleda, y se detiene para la ofrenda del castillo de fuegos artificiales. Pim, pam, tracatracatrá, pum. Precioso.
Ya en la puerta de la iglesia, el himno nacional y sanseacabó.
Jose Luis y Martín no solamente me ayudan a apagar las luces y a cerrar la iglesia sino que insisten en escoltarme hasta el palacio parroquial. Allí nos despedimos pero sin muac, muac ni nada de eso.
Una vez en casa me tomo dos patatas fritas, un vaso de leche fría, un omeprazol y una pastilla para morir.
Antes de rezar completas me pongo el pijama por si la pastilla de morir hace efecto muy deprisa.
Ya en pijama y sentado en el borde de la cama rezo completas.
Me arrodillo para rezar tres avemarías. La segunda la rezo en la cama. La tercera la rezo en sueños.
Me encanta su sentido del humor. Cuídese don Javier
ResponderEliminarGracias, amable anónim@
EliminarPerdone la vara. Como si fuera su hermana mayor… o su abuela. ¿Ha ido Vd al médico por esas molestias estomacales que le hacen tomar omeoprazol? Por favor, si no lo ha hecho, le pido que lo haga. Por lo demás me he reído como siempre con su diario (soy Aurora)
ResponderEliminarGracias Aurora. Me paso la vida en el médico, y nada.
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