viernes, 3 de noviembre de 2023

Diario. 3 de noviembre de 2023

 viernes, 3 de noviembre de 2023

7:00

El viento de ayer ha dejado el aire limpísimo. 

Veamos qué es aquello que está junto a la puerta de la iglesia y junto a la corteza de palmera. Es una teja plana de, aproximadamente, medio metro de largo por veinticinco centímetros de ancho. Debe pesar más de dos kilos. Suficiente para descalabrar a un archidiácono. Tomo nota: hay que poner cemento o algo a las tejas de la fachada. 

Abro la iglesia, enciendo las luces y salgo para el hospital.

7:20

Llego al hospital, bajo a la capilla y preparo el altar.

Hay que sentarse para mirar fijamente al sagrario. 

8:00

Misa de la memoria de san Martín de Porres. 

Al final, responso. 

8:30

Recojo todo. 

Abro en el ordendor una carpeta para guardar lass cosas del hospital. 

Escribo algunas experiencias de este primer año. Creo que tengo que hacer un papelito y llevarlo a las jefas de enfermería de cada planta para que, cuando alguien pida el servicio de capellanía, sepan explicar dónde está la capilla y cómo pueden encontrarme.

9:00

Subo a la segunda planta para buscar a Eva. La estoy buscando y oigo decir: «¡Pater!». Es Eva que me está esperando porque  el doctor S. le ha dicho que necesito un sobre de Almax. Me lo da. ¡Qué amable!

Hay que ir a ver al paciente inglés. Ya está.

Hay que ir a ver a Marcelo. Cuando me estoy despidiendo de él, llega MC, su mujer. El mes que viene va a hacer su consagración a la Virgen. Charlamos. 

Hay que ir a ver a Miriam. La habitación está vacía. Pregunto y me dicen que la bajaron ayer a la UCI. Bajo. Llamo, no me abren. Pasa un empleado del hospital y, al verme allí, plantado, me muestra otra entrada y me  abre la puerta con una tarjeta. 

Hay que ir a ver a don José Luis. Ya está.

Una unción de enfermos y una confesión. Muy bien. 

10:20

Salgo para San Miguel. Atasco  en Torrevieja. 

10:45

Llego a San Miguel, aparco en la calle, entro en la iglesia, saludo a Joan y me revisto para la misa. Analía ha vuelto para seguir limpiando velas. Nos saludamos. Veinticinco mensajes de WhatsApp pero ahora no hay tiempo de ponerse a leerlos. Contesto solamente a Teresa que me ha escrito que hoy no podrá venir.

11:00

Misa de la memoria de san Martín de Porres.

Al final aviso de que iré a rezar el rosario al cementerio y de que puedo llevar en mi León a cuatro pasajeros. Se unen Joan y Carmen. 

11:45

Misterios dolorosos en el cementerio. Encontramos allí a Zbignev. Se nos unen dos más.

12:30

Dejo a Carmen en su casa y a Joan en la iglesia. Voy a la casa abadía y escribo esto. 

Oficio de lectura y laudes. 

12:56

Me pongo a leer La Revolución española vista por una republicana mientras oigo el llanto de un bebé. Unas voces —una de hombre y otra de mujer— le dicen cosas en árabe. Parecen cosas dulces, pero el bebé no debe de saber árabe porque sigue llorando hasta que el reloj del campanario da la una, o sea, hasta la una y un minuto.

13:50

Voy a salir para casa de N&P cuando me llama Carlos Andrés. Que está en la iglesia. Que ya voy.

Nos saludamos y quedamos para vernos a las 15:00.

15:00

Me encuentro con Carlos Andrés en la plaza. Pasamos a la iglesia y nos sentamos en el rincón de san Miguel para charlar largamente.

15.50

Nos despedimos. 

Teresa está mirando fijamente al sagrario. 

Visita al Santísimo. 

Teresa se va a sus asuntos y yo a la casa abadía. 

16:00

Cincuenta mensajes de WhatsApp. Ha muerto Miriam. D.E.P. 

16:15

Hay que darle un repaso a la casa. 

Primero, quitar el polvo al comedor de gala. Y está.

16:31

¿Querrán venir a cenar A&W con las niñas? WhatsApp a AnaIsabel.

Ahora hay que darle un repaso a la cocina. Ya está. 

16:52

Imitación de Cristo. 

17:30

Once mensajes de WhatsApp. A&W vendrán con las niñas a las 8:30. El coro vendrá a ensayar. 

17:35

Vísperas. 

18:00

Hay que poner la mesa. 

18:20

Hay que terminar la lectura del libro de Miqueas.

Hay que ir a Más y Más.

19:15

Hay que preparar la cena. 

20:00

Mientras llegan, me aplico ala lectura de Gracia de Cristo. 

20:30

Llegan. Charlamos. Luciana hace alarde de sus progresos en inglés. Camila pone caras. Al terminar, leemos otro capítulo de El rey Matías I.

22:19

Los acompaño hasta el carromato estacionado junto a la iglesia. No cierro la iglesia porque el coro sigue ensayando. 

Aún tengo que recoger la mesa. 

Dejo aquí el el diario por hoy. 

jueves, 2 de noviembre de 2023

Diario. 2 de noviembre de 2023

 jueves, 2 de noviembre de 2023

7:28

Suena el primer toque de misa. Colijo que Teresa se me ha adelantado. 

7:35

Llego a la iglesia, saludo al Santísimo, saludo a Teresa, registro los libros y vuelvo a la casa abadía en busca de mi ordenador. 

Regreso a la iglesia, me pongo la sotana y me siento en el confesonario. 

Oficio de lectura.

8:00

Primera misa en el día de todos los fieles difuntos. Pensaba yo que no vendría nadie a estas horas, pero somos dieciséis.

8:45

Llega el archidiácono. Rezamos laudes. 

9:00

Él se va a sus asuntos y yo voy a la casa abadía.

Pastilla rosada.

Me llega en un wasap el manifiesto, firmado por doscientos y pico periodistas, contra el asalto al poder de Sánchez. 

9:20

Vuelvo a la iglesia. Leo el capítulo 16 del evangelio de san Juan y miro fijamente al sagrario. Vuelve el archidiácono, entra en la sacristía, sale con su dalmática, nos saludamos sin palabras. Él se va, yo sigo con san Juan. 

9:50

Vuelvo a la casa abadía para recoger mi maletita con algunos libros para La Torre. Me cruzo con Joan y Laura. Nos saludamos. 

Me advierten en un wasap de que el manifiesto que he leído es ya muy viejo. A mí sigue pareciéndome actual.

10:10

Vuelvo a la iglesia con mi maletita, me pongo la sotana y me siento en el confesonario. 

Tercia. 

Joan me pregunta qué tipo de señal hay que dar para la misa. Sugiero que el toque de difuntos. Poco despues, din, don, din, don… primer aviso para la segunda misa del día. 

10:30

Exposición del Santísimo. 

Andrés, desde el órgano, incoa el Pange lingua.

11:00

Segunda misa de todos los fieles difuntos.

Después de la misa le pregunto a Andrés si puede reparar las puertas de la iglesia y cambiar las cerraduras. Dice que sí. Me felicito 

12:10

Salgo para La Lloseta. Voy con los misterios dolorosos.

12:50

Llego a la Lloseta. 

14:00 

Me estoy yendo de La Lloseta cuando me cruzo con don Iñaki Y. Nos estrechamos las manos por primera vez en la vida. Tomo nota porque es un sabio. Su nombre lo encontraba escrito en el la Historia de la filosofía antigua —manual que aún consulto— cada vez que intentaba meter en mi cabeza alguna noción de filosofía. 

Reconfortado por este encuentro providencial con un sabio, me dirijo al encuentro de un amigo con el que he quedado en Torrellano. 

14:25

Llego a Torrellano y leo un wasap de Juan. Que ya ha llegado. 

Lo ha mandado a las 14:01. Quiere decir que lleva 24 minutos esperándome. No me aflijo porque habíamos quedado a las 14:30. Pero me preocupo porque, la última vez que quedamos en Torrellano se me olvidó que teníamos una cita y lo dejé colgado. Teniendo en cuenta que había venido desde Finestrat solamente para verme, sigue pareciéndome un descuido  imperdonable. El hecho de que él  lo haya perdonado y nunca me lo haya recordado abona mi confianza en su amistad. 

Le mando un wasap: «¿Dónde estás?». Y él:  «En el bar de La Posada». Me asomo al bar y lo veo acodado en la barra con una birra

Nos saludamos afectuosamente y vamos al comedor. 

De la comida no hablaré. Charlamos por los codos, como si nos hubiéramos visto ayer. Él habla —vehemente y amablemente— de sus amores: de Cristián, de sus hijos de sus nietos. Me enseña fotos de cuando hizo la mili, de cuando se quedó como encandilado de Cristián —que en la foto se ve linda aunque en la realiad se ve mejor— de su último viaje a Texas  y a Nueva York. Yo le cuento mis cosas y sonríe. Creo que eso es un amigo: alguien que se atreve a hablarte de sus amores y que sonríe cuando le hablas de tus cosas. 

17:15

Nos despedimos como se despiden los amigos: deseándonos lo mejor, dándonos vivas muestras de gratitud y lamentando no vernos más a menudo.

Voy a La Torre por el camino de Santa Ana. El sol y el viento  vienen de poniente. Sé que el sol viene de poniente porque me lo dicen las palmeras, el Maigmó, y las  casas que voy dejando atrás: brillan por la izquierda. Por la derecha se van ocultando. Sé que el viento viene de poniente porque es tibio, como el perezoso sol otoñal. Abre uno las ventanas que dan a poniente y la casa se calienta.

17:30

Llego a La Torre, voy a mi piso y abro las ventanas de poniente. 

Salgo para regar los jazmineros y me encuentro con el jardinero que me dice: «Este viento no trae lluvia ni nada bueno». 

Voy a la ermita con la Imitación de Cristo. 

18:45

Dejo en La Torre los libros que he traído para dejarlos aquí. 

Salgo para Torremendo. Ya es de noche y el viento está, no sé, furioso o algo así. 

Por la autopista vamos tan despacito que nos adelantan los camiones. Al llegar a Elche el viento es huracanado o algo así. Un camión empieza a adelantarme y, de pronto, se me echa encima. Freno un poco, me meto en el arcén y encuentro allí dos arbustos rodantes. Uno pasa por debajo del coche y el otro rebota en el parabrisas y vuela por encima. Por fortuna, los coches que van detrás de mí también circulan despacito. No se me hiela la sangre como dicen los que cuentan historias de miedo pero: 1) Siento en el pecho, por la parte del corazón, como un latigazo. 2) Por la parte del estómago se me hace como un nudo. 3) Me entra un temblor en las piernas. Me repongo y dejo que me adelanten hasta las tortugas. 

19:50

Llego a Torremendo. En la iglesia hay diez personas. En la sacristía está el  archidiácono. Le cuento mi última aventura esperando que me abrace o algo así  pero no. Con fría indiferencia se limita a decirme que en Torremendo también hay un vendaval —cosa evidente— y que se ha ido la luz varias veces. 

20:00

Tercera misa de difuntos. 

El viento silba, sopla, y mueve las puertas y las ventanas. E. se levanta y cierra la puerta de la sacristía. A. se levanta y trata de cerrar las puertas de la iglesia pero no puede. Las deja entornadas. 

Al terminar la misa, el archidiácono y yo bajamos para cantar al pie del  altar el Pie Iesu y rezar un responso. Y entonces, de repente, amaina el viento. 

20.45

Me despido del archidiácono y de los flamantes esposos que se casaron el mes pasado y han venido a recoger unos papeles. 

21:00

Llego a san Miguel. Dos policías locales me saludan. Les devuelvo el saludo mientras aparco en el garaje. 

Subo a la iglesia. Vísperas. 

Apago las luces y cierro la iglesia. 

En la puerta encuentro una corteza de palmera de  unos cuatro pies de largo. 

Llego a la casa abadía y no hay luz. Han saltado los plomos. 

Aquí lo dejo. 

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Diario. 1 de noviembre de 2023

 miércoles, 1 de noviembre de 2023

8:00

Precioso día para celebrar a todos los santos. 

En efecto: el cielo, limpísimo; el aire, fresco pero no mucho; el sol… La verdad es que el sol no se ve desde la plaza a estas horas, aunque su luz llega por las callejuelas que dan al mar coloreándolas con reflejos dorados y carmesíes. 

En la plaza no se oye sino el trinar de los gorriones y un rumor de voces que vienen del Borrascas. 

Abro la iglesia y enciendo las luces. 

Estoy con el oficio de lectura, cuando llega Bernardo muy agitado.

—«San Francisco  Javier: ¿puedo comulgar?».

Le propongo que hagamos una comunión espiritual. Acepta. Los dos miramos fijamente al sagrario mientras voy recitando «yo quisiera, Señor…». Al terminar, me pide la bendición. Doy la primera bendición del día. 

Sigo con la liturgia de las horas. 

Me aplico a la meditación con el evangelio de san Juan. «Yo soy la vid…».

8:53

Vuelvo a la casa abadía. Antres de entrar miro hacia el cielo y ¡mira! Por la parte de oriente, más alta, mucho más alta que el perezoso sol otoñal, entre las ramas de las palmeras veo la luna, blanca como una oblea.

Me tomo una pastilla rosada. 

Me extraña la quietud de la lavadora. ¿No la puse antes de salir de casa? Sí, metí la ropa y puse el jabón pero olvidé darle al botón de arranque. Casi mejor, porque también olvidé meter las sábanas. Meto las sábanas y pongo en marcha la lavadora. 

Ya, puestos, saco la vajilla del lavaplatos y pongo a trabajar al robot aspirador que no sabe de fiestas. 

9:11

Salgo para Torremendo. Voy oyendo —y cantando— las letanías de los santos: Kyrie eleison… La policía ha cortado una de las entradas al cementerio y ha señalizado los alrededores para proteger a los peatones. No hay peatones. 

El canto de las letanías se interrumpe dos veces por la entrada de sendas llamadas desde un teléfono desconocido. No puedo contestar. 

9:29

Llego a Torremendo. Mientras voy hacia la iglesia noto el calor del sol en mi cogote y veo la luna sobre el campanario. 

El archidiácono está sentado y mirando fijamente al sagrario. Cuando paso junto a él me saluda: «¡Bendición, padre!». Doy la segunda bendición del día. Me revisto con alba y estola —tendría que traer una de las dos sotanas que tengo en San Miguel— y me siento en el confesonario. 

Tercia. 

Wasap de Alfredo. Que si el ensayo puede ser el domingo a las 16:30. Que sí. 

Pongo el teléfono en modo avión. 

De camino a la sacristía, Yoli, Clara y Clelia: «Bendición, padre». Tercera bendición del día. 

10:00

Misa de Todos los Santos. El archidiácono pide la bendición para proclamar el evangelio. Quinta del día. 

En la Plegaria Eucarística, cuando estamos con Cosme y Damián y todos los santos suena un aviso de no sé qué en el teléfono que está en modo avión en la sacristía. El archidiácono lo apaga.

Al final, sexta bendición del día para todos los que han venido a Misa. 

Toca ir a dar la unción de enfermos a algunas personas mayores. 

A Encarna, como ya ha comulgado en misa, no le doy la comunión. Séptima bendición. 

Vamos a casa de Conchi que se rompió un brazo hace poco. Unción, comunión y octava bendición.

Vamos a casa de Josefa, que cumplirá cien años el 1 de diciembre. Unción, comunión y novena bendición del día. 

Como son las once y media, volvemos a la iglesia y me despido del archidiácono. «Ciao, padre. Bendición». «Dios te bendiga. Décima bendición. 

Vuelvo a San Miguel con las letanías de los santos. 

11:45

Saludo a Teresa que aprovecha que estoy aparcando para entrar por la puerta del garaje y que casi se cae por las escaleras pero no se cae. 

Saludo a Laura que está contando las ofrendas de los lampadarios. 

Suena el teléfono. JM. Que si habrá confesiones antes de misa. Que sí.

Me siento en el confesonario. 

Primera absolución del día.

Ángelus.

Segunda absolución del día. El penitente, al despedirse: «Dios lo bendiga,  padre». Primera bendición que alguien me desea hoy. 

Joan: que ha abierto la puerta mientras se confesaba el penitente anterior porque la lucecita estaba verde. Yo: que sí, que se me había olvidado poner la roja, pero que ya está roja. Ella: que no, que no se va a confesar (vuelvo a encender la luz verde). Que ha visto que hay mucha gente en la iglesia y que si llena el copón. Yo: que sí, por favor, y que gracias. 

Voy a revestirme. Estrenamos casulla blanca de fiesta. Samael me hace caer en la cuenta de que no la hemos bendecido. Se lo agradezco  y la bendigo. Décima primera bendición.

12:30

Misa de Todos los Santos. Andrés toca el órgano y canta que se las pela. 

Al final, décimasegunda bendición del día y anuncio: que cada día, durante ocho, después de misa, rezaremos el rosario en  el cementerio. 

Entra M en la sacristía. Que si la puedo confesar. Que sí. Tercera absolución del día.

Vamos a rezar el rosario en el cementerio. 

Luego llevo a Joan y a Laura hasta su coche. Se despiden: «Thank you,Fr: God bless you». Segunda bendición que me dedican hoy. «God bless you too». Décima tercera bendición que doy hoy. 

14:17

Voy a casa de N&P. 

Bendición de los alimentos. Pedimos a Dios que, no como buitres, comamos en paz y con un corazón agradecido, los alimentos que Él nos da y que no nos devoremos los unos a los otros. Amén. Décimacuarta bendición del día.

15:00

Me despido. Samira me dice que me lleve el regalo que ha dejado en la puerta: una caja enorme de cartón para tirar al contenedor. Me encantan los regalos. 

Visita al Santísimo.

Voy a la casa abadía, tiendo la ropa y encuentro en la lavadora una moneda de dos euros. Me felicito. 

Treinta mensajes de WhatsApp. Felicitaciones del coro para Mari Ángeles. Pinceladas bíblicas sobre Halloween de MGC. Teresa: que si mañana habrá rosario. Que no,que después de misa me iré a Alicante. Chat de hermanos. Chat de capellanes de hospitales. Chat de Asociación Tabarca.La reflexión diaria de Patricia. Felicitación de Todos los Santos de Visi, desde Mejorada del Campo. Juan A que muy bien al plan de comer mañana en Torrellano. Don Fernando Y manda un video de José Mota sobreel cambio horario. Armin: que acaba de mandarme por correo electrónico el plan del viaje. 

Correo electrónico. Borro cincuenta y tres correos y dejo cinco para leer en otro momento. 

15:30

Anoto en la cuenta de San Miguel los ingresos de hoy. 

Trasteo en Twitter.

16:00

La revolución española vista por una republicana. 

17:00

Salgo para el hospital. Voy oyendo Gianni Schichi. 

Parón en Torrevieja. Ha habido  un accidente. 

Aparco en la entrada de urgencias cuando Lauretta está cantando el O mio babbino caro. Me aseguro de que no hay ningún vigilante cerca y me uno al canto. Luego detengo el video y bajo a la capilla. Me pongo mi bata nueva.  

Voy a ver al paciente inglés y anglicano. Antes de entrar en la habitación me pongo la bata verde, los guantes azules y la mascarilla. Lo encuentro solo. Está despierto pero no puede hablar. Rezo un padrenuestro y le doy la absolución. Cuarta absolución del día. 

Voy a ver a Miriam. Está con sus hermanos: María José y Eduardo. Son navarros recios y simpáticos. Charlamos. Miriam no puede comulgar ni, casi, hablar, pero quiere recibir la unción. Prometo volver con el óleo después de visitar a don José Luis. Eduardo me acompaña hasta la habitación de don José Luis y me va contando cosas alegres con las que nos reímos y cosas tristes que lo emocionan un poco. 

Me pongo otra bata verde y otros guantes —ahora no hace falta mascarilla— me despido de Eduardo y entro a ver a don José Luis. Está con Mercedes. Hoy no va a poder comulgar. Le doy la bendición con el Santísimo. Décimaquinta bendición del día. Antes de despedirme le pido que nos bendiga. Saca la mano derecha de debajo de  las sábanas  y nos bendice. Tercera bendición que recibo hoy. 

Bajando a la capilla me cruzo con un vigilante y lo saludo. Subiendo a la habitación de Miriam volvemos a cruzarnos y bromeamos. 

Le doy a Miriam la absolución —quinta del día— y la unción y, a los tres hermanos, la bendición. Décima sexta del día. 

18:50

Salgo para San Miguel oyendo Gianni Schichi. 

19:17

Aparco. La ópera está a punto de acabar. Me quedo en el coche viendo el final. 

Subo a la iglesia.

Vísperas.

Leo un punto de la Imitación de Cristo y me quedo un rato mirando fijamente al sagrario. Leo otro… Y así.

20:00

Voy a la casa parroquial y me aseo un poco. Ante el espejo me felicito por el corte de pelo que me hicieron ayer. 

¿Voy a pasar a ver a N&? Sí. Luego cerraré la iglesia. Pero, antes, voy a darle a «publicar». Sé que el blog  me preguntará que si, de verdad, quiero publicar esta entrada. Tendré que darle otra vez a «publicar» y luego, cuando la lea, veré que hay un montón de erratas. No importa.